Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


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Capítulo 4

Bella estaba segura de tres cosas en su vida.

La primera era que cuando fuera mayor, encontraría un príncipe y se casaría con él para convertirse en una princesa de verdad y usar un vestido igual al de Aurora o al de Bella, Angela decía que, aunque se llamara igual, eso no la hacía una princesa.

Y hablando de Angela, esa era la segunda, Angela sería su mejor amiga para toda la vida, aun cuando ambas estuvieran viejitas y arrugadas como la nona de Angela, seguirían estando juntas, quizás hasta vivirían juntas, serían muy felices viviendo en su castillo.

Y la tercera, y más importante de todas, su papi era solo suyo, completamente suyo y de nadie más, es por eso que la tonta bruja que estaba dormida en la cama de su papi abrazándolo la pagaría muy caro.

Solo ella podía dormir abrazando a su papi.

Se subió a la cama y con todas sus fuerzas aventó a la mujer hasta que cayó al suelo, llevándose las mantas con ella, la mujer gritó asustada haciendo que su papi se despertara y la mirara sobresaltado.

—¿Qué mierda? —dijo ella sosteniendo la manta a su cuerpo—. ¿Quién eres tú?

—Aquí yo hago las preguntas. —Se llevó las manos a la cadera—. ¿Por qué estás en la cama de mi papi, en mi lugar?

La mujer se puso de pie, sosteniendo las mantas a su cuerpo, su papi también se aferraba a la manta sobrante y se cubría con la almohada, los adultos a veces eran raros.

—Amor, Bella, cariño, ven, vamos a tu habitación —dijo Charlie poniéndose de pie y tirando de su mano.

—No, hoy es sábado, papi, siempre vemos la televisión acurrucados en cama los sábados y no quiero que ella vea televisión con nosotros —se quejó cruzándose de brazos y mirando a la intrusa—. Habla, ¿por qué estás en la cama de mi papi?

—Porque tu papi me invitó después de que perdiera mi zapatilla. —Se encogió de hombros—. ¿Acaso no sabes que las princesas a veces perdemos las zapatillas?

—Eso solo lo hace Cenicienta.

—No, lo hacemos todas, es algo que nos caracteriza.

—No te creo —dijo, aunque no muy segura de sus palabras—. ¿Cómo te llamas?

—Esme, ¿y tú, pequeña gruñona? ¿Acaso te le escapaste a Blancanieves? Porque estoy segura de que eres uno de sus siete enanos.

Bella entrecerró los ojos mirando a la mujer que acababa de insultarla.

—Quizás sí lo soy —respondió cruzándose de brazos—. ¿Yo cómo sé que no eres la bruja malvada que intenta quitarme a mi papi y después envenenarme?

—Eso es fácil, tu papi es muy guapo y lo quiero mucho pero no soy mujer de compromisos, así que pierde el miedo.

—Esme —dijo su papi usando su voz de advertencia.

—No te pongas todo autoritario conmigo, Charlie, que ya lo hiciste por la noche —respondió mientras se ponía la camiseta que su papi usaba para dormir—. Vamos, ve a darte un baño que apestas, mientras que yo voy con Bella a su cuarto a arreglar su cabello.

—Mi cabello está bien —protestó Bella—, además, ¿cómo sabes mi nombre?

—Porque yo lo sé todo, ahora andando, que voy a enseñarte cómo debes peinar tu cabello por las noches para que no despiertes con un nido de pájaros.

—Yo no tengo un nido de pájaros, además tú estás más despeinada que yo.

—Pero lo mío fue porque estuve jugando toda la noche.

—¡Esme!

Bella se rio al notar como Esme ignoraba a su papi mientras ambas salían de la habitación, al entrar a la de ella, Bella saltó a la cama mientras que Esme inspeccionó todo a su alrededor.

—¿Realmente eres una princesa?

—Claro que sí, ahora vamos, ven a que te cepille el cabello y después ambas esperaremos a que tu papi prepare el desayuno.

Bella asintió y se acercó a Esme, quien tenía el cepillo en las manos.

—¿Tú no preparas el desayuno?

—No se me da muy bien eso de la cocina, además, querida Bella, debes entender que una buena manicura no se puede arruinar con la estufa.

—¿Manicura?

Esme le mostró sus manos perfectamente cuidadas.

—Puedo llevarte a que te arreglen las uñas cuando quieras.

—¿Angela puede venir?

—¿Y ella quién es?

—Mi mejor amiga, hacemos todo juntas y nos contamos todo.

—¿Todo?

—Sí, ella me dijo que la próxima vez que encontrara a alguna bruja en cama de mi papi la tirara de la cama.

—¿Has encontrado a amigas de tu papi en la cama?

—No como a ti, las veo salir de la habitación, algunas se van sin que me vean, otras preparan el desayuno y me aprietan las mejillas, ¿tú no lo vas a hacer, verdad? —preguntó alejándose solo un poco.

—No, yo no —respondió distraídamente cepillando el largo cabello castaño—. ¿Te puedo pedir algo?

—Depende.

—¿Depende de qué?

—De qué voy a recibir a cambio.

Esme se rio mientras negaba con la cabeza

—Sabía que había algo de Renée en ti, pequeña.

—¡¿Conocías a mi mami?!

—Sí, ella y yo… bueno… hablamos un par de veces, pero no nos desviemos del tema, necesito que hagas algo por mí y a cambio te regalaré lo que tú me pidas.

—¿Todo lo que yo te pida?

—Así es, pero tienes que hacer lo que yo te diga al pie de la letra.

—De acuerdo.

Bella corrió dentro de la casa seguida de Angela, ambas riendo mientras cargaban a sus muñecas, habían terminado de tomar el té, pero aún querían más palomitas, habían ido a buscar el paquete que se encontraba en la alacena.

Bella se detuvo provocando que Angela chocara con ella.

—Bella, princesa —dijo su papi dejando de abrazar a la mujer de cabello rojo—. ¿Ya se aburrieron de jugar?

—Queríamos más palomitas —respondió Bella.

—Claro, claro, les daré más palomitas, Mackenna…

—Ve, Charlie, no te preocupes. —Le guiñó el ojo empujándolo y agachándose a la altura de Bella y Angela—. Las fotos no te hacen justicia, preciosa, eres realmente muy bonita, todo un ángel. ¿Tu papi te ha comprado ese vestido? Porque es muy lindo.

—Gracias.

Bella sintió el suave empujón de Angela, recordándole cierta cosa.

—¿Ella es tu bebé? Es muy linda, ¿ambas tienen muñecas iguales?

—Sí, nos las regaló Esme.

Bella notó como la sonrisa de la pelirroja tembló.

—¿Esme?

—Sí, nos las regaló hace dos semanas cuando hizo una pijamada con mi papi, yo no estuve aquí, ya que yo tuve mi propia pijamada con Angie, pero Esme nos invitó a desayunar después, ¿verdad?

Angie asintió rápidamente.

—Que linda fue Esme.

—Sí, es muy linda.

Su papi regresó en ese momento con las bolsas de palomitas y se las entregó.

—Gracias. —Ambas salieron de la casa.

Siguieron jugando, pero sin dejar de prestarle atención a la casa, para cuando Charlie salió veinte minutos después con el teléfono en mano, sabía que Esme estaría muy feliz con ellas.

—Sí, ella se lo dijo… Te casaste con ese fulano, Esme… Fue cosa de una vez… bueno, sí, han sido más veces, pero no tienes derecho, yo estoy soltero, tú no… Eres imposible… Tienes suerte de que te quiera demasiado… Sí, le diré que mandas saludos, solo deja de meterle ideas a mi hija… Estás loca, mujer.

Charlie colgó la llamada, se rio y volvió a entrar a la casa.

—¿Crees que nos regale otra muñeca por eso? —preguntó Angela acomodando el vestido de su muñeca.

—Tal vez sí.


Yanina, muchas gracias por la ayuda con la revisión del capítulo, eres la mejor en el mundo entero.

Dejenme sus comentarios, opiniones, críticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review.

Nos vemos muy pronto


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