Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y son utilizados por mí para crear esta historia.
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-Me gustaría que pudieras quedarte. -Edward suspiró besando su frente.
- La próxima semana lo haré. - le prometió besando su cuello.
Estaban relajados sobre la cama desecha de él, sólo cubiertos por su cobertor azul. Edward seguía dentro de ella y se negaba a salir, por lo que ella se recostó sobre su pecho.
- ¿Quieres dormir un poco? - él siempre estaba preocupado por ella y eso la enamoraba cada vez más.
- Sí. Sólo un poco. -se acomodó sobre su pecho y pronto por la relajación de su cuerpo fue quedándose dormida.
Esos días habían sido muy intensos para ambos, pero Edward sentía que podía vivir así. Se sentía tan enamorado que no le importaba lo que tuviera que hacer para tenerla, se mataría estudiando para algún día lograr darle la vida que ella quería y estaba acostumbrada. Como un idiota sólo podía pensar en cómo sería el futuro con la mujer que tenía entre sus brazos.
Pronto el sueño lo venció y también se quedó dormido.
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- Vamos... - susurraba alguien.
- Espera... - un gruñido cerca a su rostro. - Esta muy adentro...
Sintió un jalón en su entrepierna que se sintió deliciosa por lo que volvio a su encuentro. Un gemido se escuchó.
- No follaras delante mío. - la voz parecía algo escandalizada.
- Dame diez minutos. - susurraron aún cerca a su rostro.
- ¡Estas loca! - gritaron en medio de un susurro. - Lo vas a despertar.
- Será rápido. - aseguró ya moviéndose sobre su pelvis logrando sacarle un gemido profundo.
- Mierda Bella... -luego escuchó cómo cerraban la puerta.
Ella comenzó a cabalgarlo con fuerza logrando terminar de despertarlo por completo.
- Ah. -gimió ante la imagen de ella desnuda sobre él.
- Que rico te sientes bebé. - ella lo besó sin dejar de moverse. - La tienes tan gruesa... - gemía sin parar. - Te la mamaria pero no hay tiempo.
Sus palabras sucias apuraban su orgasmo a pasos agigantados y ella lo sabía.
- Ven. - con voz necesitada la atrajo para chupar sus pechos.
- Así bebé. - ella gemía mientras guiaba su pezón a su boca. - Chupa. - gimió cuando él apuró las embestidas.
Edward gruñía tomándola de las caderas para que bajara sobre su miembro con más fuerza.
- Ah... ah... ah... -ella se estaba acercando cada vez más.
Él la giró sobre la cama para penetrarla con más fuerza. Bella no soportó y lo atrapó en su interior, al sentirla su corrida se apuro y dejó salir su semen.
Pasaron unos minutos recuperándose.
- Tengo que irme. - ella con pesadez comenzó a pararse. Edward resbaló fuera de ella y se recostó.
- ¿Qué hora es? -pregunto él.
- Casi las 5. - la escuchaba vestirse apurada.
Abrió los ojos con pesadez y la observó ya con pantalones buscar su sostén.
- Viniste sin él. - le recordó con una sonrisa traviesa.
- Cierto. - se colocó la camiseta rápido.
- ¿Escuche otra voz? ¿Había alguien?
- ¿Aquí? - se sorprendió por sus palabras. - Me llamaron por teléfono, tal vez sea eso.
- Me gustaría que pudieras quedarte... - bostezo perezoso entre las sábanas.
- No puedo bebé. - se acercó a besarlo. - Nos vemos en dos días.
Luego de eso salió de la habitación.
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- Escuché que perdieron. - James le contaba mientras almorzaban juntos.
- Riley lleva jugando mal mucho tiempo. - opinó Seth.
- ¿A qué hora llegan? - a Edward no le interesaba los resultados del partido.
- No deben tardar, ya están en la ciudad. - Seth le contestó ya que Tanya le había avisado.
- Tanya y tú se han hecho más amigos... - Edward le sonrió.
- Nos llevamos muy bien. - contestó con una sonrisa en el rostro.
James suspiró, hubo un tiempo en el que Victoria y él lo habían sido.
- ¿Cuándo se lo dirás? - Edward le preguntó socarrón.
- Es muy pronto, aun sólo somos amigos. - susurró avergonzado.
- Estoy seguro que ella aceptará. - lo animó palmeando su hombro.
- No entiendo que le ven a esas chicas. - Bree comentó con amargura. - Ellas son tan frívolas y engreídas.
- No las conoces Bree.
- Sus personalidades no son un misterio para nadie.
- No seas amargada Bree... - Seth chasqueo la lengua. - Si nos hablaras de algún chico te apoyaríamos.
Sus palabras la avergonzaron.
- No soy una amargada. - se levantó de la mesa. - Tengo cosas más importantes que hacer.
Y se fue dejándolos atónitos.
- ¡Maldita sea Seth! - Edward lo golpeó en la cabeza.
- No quise fastidiarla. - levantó las manos en señal de inocencia.
- Bree siempre esta al borde. - se quejó James.
- Así son las mujeres. - Seth se encogió de hombros.
Edward observó su silueta alerjarse sintiéndose preocupado por su amiga. Ella era impredecible, podía ser divertida y siempre preocupada por sus amigos pero al día siguiente podía estar deprimida y tratando de alejarlos.
Sus pensamientos fueron cortados de golpe cuando las porristas comenzaron a entrar, Bella Swan iba a la cabeza. La atención de todos se giró hacia ellas, las chicas desbordaban seguridad y belleza.
- ¿La falda está más corta o es mi imaginación? - Seth comentó acomodándose la corbata.
-Esta mucho más corta. - Edward podía dar fé de eso.
Los jugadores entraron luego de un rato, no hubo ningún recibimiento especial ya que habían perdido. Lucían muy molestos entre ellos, Caleb tenía un ojo morado y Jacob miraba fijamente a Bella parecía especialmente molesto con ella.
Las chicas se sentaron en el rincón de siempre dejando a los jugadores por su lado. Había una división entre ellos, cosa que era extraña.
Edward moría por besar y abrazar a su novia, pero esperó y esperó hasta que fue ella la que le dio la señal para verse en la biblioteca. Luciendo un poco desesperado se adelantó y llegó antes que ella. Se dirigió a la zona de matemáticas que era donde solían encontrarse pero grande fue su sorpresa al encontrar a Bree sollozando en la esquina. Preocupado se acercó.
- ¿Bree? - preguntó. - ¿Qué pasa?
- Nada, nada. - avergonzada limpió sus lágrimas.
- Algo te pasa. - insistió. - Dime, estoy preocupado por ti.
Bree tenía la mirada en el suelo.
- Sólo no me siento bien. - se acercó a ella y con cariño limpió la lágrima que corría por su mejilla.
- Puedes contarme lo que quieras, ¿lo sabes no?
- ¿Edward vuelvo luego para la tutoría? - la voz de Bella ocasionó que su cuerpo se tensara.
- Adiós Edward. - Bree escapó de inmediato.
Bella la observó pasar a su lado lanzándole una mirada envenenada.
Edward tenía una sonrisa en el rostro al verla, la había extrañado mucho. Se acercó a penas su amiga desapareció y abrazo la cintura de su novia.
- Te extrañe bebé. - suspiró antes de buscar sus labios.
Ella parecía distraída pero al sentir la electricidad que brotaba cuando la besaba se dejó llevar.
Con seguridad él metió su lengua a su boca atrayéndola más con sus brazos hacia él. El beso duro mucho, se besaron a conciencia y al separarse sonrieron cómplices.
- ¿Como te fue ? - le preguntó pero parecía más interesado en cariciar su mejilla con cariño y sonreírle.
- Ellos perdieron. - se burló ella. - Pero fue divertido, conocimos al otro equipo y hicimos nuevas amistades.
- Ah. - los celos lo picaron. - ¿Te pidieron tu número?
- Sí. - se rió de su expresión. - Pero les dije que mi novio se pone celoso si lo hago.
- Y eso es verdad. - Edward enterró su cabeza en su cuello para dar un tierno beso.
- ¿Vamos a mi habitación? - propuso ella. - No quiero ir a gimnasia.
- Pero yo debo ir... - le recordó.
- Hoy no hará clases con los chicos, esta en reunión con el director por el pésimo desempeño del equipo. - se volvió a burlar.
- En ese caso, vamos. - la tomó de la mano pero luego recordó que no podía agarrarla en público y la soltó con un suspiro. - Adelantate.
Ella salió de la biblioteca mientras él fingía recoger un par de libros. Recorrió la fila de anatomía y la de historia.
- Hizo más que sólo dar su número. - volteó sorprendido por la voz.
- ¿De qué hablas? - pregunto mirando a la persona.
- Ella te esta engañando.
