Sueño

Minato llegó hasta el último piso debiendo ayudarse de las manos para subir los escalones que le faltaban. En el pasillo, aparentemente, no había nadie más que ellos, porque aún con los gritos ninguno de sus compañeros de piso aparecía. La puerta de la habitación estaba abierta y Kizashi con la cabeza inclinada hacia afuera recargándose en el alfeizar de la ventana al final del corredor.

—¡Kizashi-san! —volvió a llamarlo mientras se acercaba a tropiezos, pero este seguía emitiendo un ruido entre chillido y grito, se inclinaba más y su compañero lo sujetó con fuerza de la cintura apenas notó que sus pies ya no tocaban el suelo.

—¡¿Lo tienes?! ¡¿Lo tienes?! —preguntaba Kizashi haciendo señas con los brazos a alguien abajo, presa de la euforia e inconsciente de su situación de riesgo, Minato tardó un poco en hacerlo entrar de nuevo al edificio usando la fuerza porque era como si quisiera deliberadamente caerse para tener su propia leyenda en el campus.

—¿Lo viste? ¡¿Lo viste?! —preguntó insistentemente, esta vez dirigiéndose a él.

Minato tartamudeó, no quedándole muy claro de qué le hablaba, pero repentinamente la visión del hombre en las escaleras regresó a él con fuerza estremecedora. Por un instante lo había apartado de sus pensamientos debido a la precaria situación de Kizashi, pero el dolor en el pecho aún estaba presente.

Iba a negarlo, pero fue incapaz, ni siquiera estaba completamente seguro de nada, su mente se había puesto en blanco, quizás tanto como su rostro cuando Kizashi agitó frente a su rostro: la fotografía instantánea que había tomado con la Polaroid y que ya había fijado la imagen. En ella. estaban las escaleras que llevaban a la azotea, la misma por la que él había subido unos instantes antes, y se podía distinguir un destello de luz azul, mortecina, con una figura difusa de un hombre encorvado que subía.

Minato tuvo un estremecimiento, como si soplaran aire helado en su cuello y por un instante, Kizashi calmó su euforia prestándole más atención. Tomo sus manos entre las suyas, estaban frías y temblaban como sus piernas, el excéntrico muchacho se puso serio súbitamente y arrastró a su compañero escaleras abajo, sin detenerse en pormenores, como que iba solo en ropa interior y descalzo sobre el pavimento frio. Consiguió que el rubio corriera un par de bloques, pero al final, presa de una inaudita debilidad, no pudo siquiera sostenerse y Kizashi debió acomodarlo sobre su espalda.

Minato perdió el sentido al poco rato…

Abría los ojos intermitentemente, sentía los párpados pesados y una angustia creciente junto con el dolor del pecho que lo había aquejado. A veces veía a Kizashi frente a él, y a veces solo cortinas púrpuras. El ambiente olía extraño, como incienso rancio y el ruido de fondo era quizás solamente su corazón.

Hubo un momento en que el frío volvió a invadirlo, después el sudor y finalmente la claridad del día entrando por una ventana a su izquierda.

Sentía la espalda y la nuca empapada, como cuando corría por horas, las piernas estaban entumecidas y los brazos adoloridos, como si hubiese tenido una pelea de varios contra uno. Hasta respirar se convirtió en una tarea cansada, si no fuera por su elemental necesidad, quizás lo habría dejado de hacer. Giró un poco el rostro para no recibir la luz directo en la cara, pero un mechón de pelo rosa le picó la nariz y los ojos.

—¿Kizashi-san?

Hablar fue doloroso, pensó que se había comido un rollo de alambre de púas, y a propósito de aquellas extrañas comparaciones, realmente le gustaría saber exactamente qué había sucedido.

Kizashi, que estaba dormido a su lado, se removió entre sueños haciendo que toda la cama de agua temblara como una gelatina. No tenía fuerza para levantarse por sí mismo, pero tampoco le quedaban ganas de dormir, por muy vapuleado que estuviera.

—¿Kizashi-san? —insistió tratando de mover un brazo para sacudirlo un poco.

La cama volvió a temblar, lo que no fue agradable, pero le pareció que el chico empezaba a despertar.

—Kizashi-san.

Él se volvió a girar pasando una de sus piernas por encima de Minato, pero el contacto lo terminó de despertar haciendo que abriera mucho los ojos.

—Lo siento —fue todo lo que dijo mientras se incorporaba haciendo que las sacudidas del colchón fueran casi exageradas, como un maremoto, de tal manera que no pudo evitar emitir un quejido.

—¿Todavía te duele?

—¿Qué de todo?

Kizashi seguía solo con la ropa interior y para horror de Minato, notó que él mismo se encontraba en similares condiciones.

—¿Qué pasó con mi ropa?

—Tenías fiebre, tuve que quitártela.

Intentó en vano incorporarse.

—Te traeré algo de comer, y me temo que tendrás que quedarte aquí hasta que te puedas levantar.

No esperó respuesta, desapareció detrás de las cortinas de tela púrpura y cuentas doradas. Se preguntó en dónde estaba, pero más allá de las cortinas y la cama de agua, no había pista alguna. Una de las pocas cosas que podía aseverar, sin temor a errar, era que en un hospital no estaba.

A través de la ventana solo pudo ver la copa de un árbol, estaba en el segundo o tercer piso de algún lado y eso era todo lo que podía deducir. Al cabo de un rato Kizashi volvió con un enorme vaso de algo entre verde y amarillo.

—Bebe esto.

Él había dicho "bebe", pero no había manera de que pudiera hacerlo, "come" habría sido mas apropiado, pero la textura pastosa no era lo peor de aquél batido, sino el sabor de limones agrios y leche cortada.

—¿Qué es esto?

—El especial resucita muertos de Chōza-sama

Tras la primera sensación agria, un calor se apoderó de su garganta llegando al estómago con tal fuerza que consiguió incorporarse con la sensación de que iba a vomitar magma o algo parecido, lo que al final obviamente no sucedió.

—Pues, si que resucita muertos…— consiguió decir mientras halaba profundas bocanadas de aire, sintiendo los ojos llorosos.

—Siempre tan propio, Minato-kun, eres el primero que no dice "¿Qué es esta mierda?" después de probarlo.

No pudo con más de la mitad del vaso, y aunque se había incorporado, prefirió no arriesgarse a intentar ponerse de pie por sus medios.

—¿Y en donde estamos? —preguntó mientras Kizashi devoraba uno de los dos enormes emparedados que estaban en el plato que también había llevado consigo.

—En la casa del grupo de Parapsicología de la Universidad —respondió con la boca llena, aunque cuidando de no escupir. Minato asintió, aquella información era ciertamente reveladora, aunque solo aumentaba la vergüenza el saber que la gente más excéntrica del campus lo había visto ya en ropa interior. Ya se había cubierto con una sábana, pero a esas alturas el daño estaba hecho.

Al menos no era rosa fosforescente.

—¿Y ya puedes decirme qué es lo que pasó?

Kizashi tragó, luego suspiró, dejó su último bocado en el plato y se rascó la barbilla.

—Pues… preferiría que te lo explicara Inoichi-sama porque seguro no me vas a creer.

—No es como si fuera a confiar más en un desconocido.

—Verás… ¿Cuál es tu último recuerdo lúcido?

—Tú tratando de saltar por la ventana.

—Ah eso… entonces un poco antes, en las escaleras ¿Lo viste? Al profesor, me refiero.

Minato se puso rígido de repente. Si decidía negarlo todo en ese momento bastaría con pedir un cambio de habitación y la cosa sería olvidada en cuestión de días. Pero una parte de él, la más curiosa, le incitaba a seguir el juego, a darle un toque especial a la respetable vida que le aguardaba como estudiante de Economía.

—No estoy seguro.

—¡Oh! ¡Vamos! ¡Fue el avistamiento más nítido que hemos tenido en años!

—¿Años? No exageres, eres de primer año también.

—Sí, pero yo formo parte del grupo desde la preparatoria, a veces me colaba al campus con Inoichi-sama para hacer el seguimiento. He estado en esto desde hace casi nueve años, y el campus de la Universidad ha sido el centro de mi trabajo desde hace tres. Sé lo que te digo, no puedes no haberlo visto.

—No dije que no lo había visto, dije que no estaba seguro de lo que vi.

Kizashi se montó de nuevo en la cama haciéndola temblar y tomó de los hombros a su compañero.

—Lo que te pasó, es que sintonizaste con el profesor.

—No entiendo.

—Lo que quiero decir, es que fuiste capaz de entrar al mismo plano que él, un umbral de muerte y todos los sentimientos que atan esa pobre alma a este mundo ¿No lo sentiste? ¿Su dolor? ¿Su angustia?

Minato se quedó en una pieza. Sabía muy poco del tema, decir que entendía que los fantasmas no eran figuras con sábanas blancas era lo más que tenía de conocimiento de ello, más las películas claro estaba, pero el cine de terror no le parecía una filmografía adecuada para citar.

—¿Solo estaba angustiado?

—Sí, en teoría solo fue una crisis, pero Inoichi-sama consiguió sacarte de ese plano y regresarte con nosotros.

—Ya veo…

—No me crees ¿Verdad?

—No es eso. Es extraño, lo reconozco, pero efectivamente sentí lo que me dices.

Kizashi hizo algo como un grito de la victoria y en el acto la cama tembló de nuevo, Minato estaba harto de ella, pero ya había intentado fallidamente levantarse dos veces.

—Entonces, supongo que conoceré a Inoichi-san ¿Cierto?

—¡Por supuesto! Pero él ahora no está, regresará a eso de las seis.

Con un suspiro cansado, se resignó a esperar aceptando el nuevo ofrecimiento por el emparedado que quedaba.

—Esto si es bueno —dijo después del primer bocado.

—Receta secreta de Chōza-sama, pero tengo la certeza de que es carne de res con salsa de champiñones.

Minato le dio la razón, los sabores eran demasiado fuertes como para ignorarlos.

Kizashi se sentaba a ratos en la cama para hacerla temblar, a propósito, según pudo constatar, y a ratos en un viejo sillón al lado. Hablaba mucho, especialmente sobre la tradición artística de su familia, de la que estaba innegablemente orgulloso.

—… Y todos los Haruno de sangre tenemos el pelo del mismo color.

El rubio levantó una ceja, era genéticamente imposible.

—Si no es así, entonces es adoptado… aunque mi hermana es pelirroja…

La atención de Minato regresó en ese instante.

—¿Pelirroja?

—Sí, ella dice que todos deberíamos ser también pelirrojos pero que de alguna manera nos desteñimos.

—¿Cómo se llama? ¿También estudia aquí?

—Para tu carro compañero, te aprecio y todo, pero mi hermanita tiene doce años, no voy a dejar que te acerques por muy guapo y simpático que seas — dijo seriamente. Pero no fue necesario que ahondara en el asunto, la edad no correspondía a la imagen de la pelirroja que tenía Minato en la cabeza, así que ya no le interesaba.

—¿Y tú? ¿Qué me dices? ¿Qué hay de tu familia?

—Vivo con mi padrino, él me ha cuidado desde que fallecieron mis padres cuando era niño, y no tengo hermanos o a alguien más, aunque tengo algo como tías, Jiraiya-ojisan…

—¡¿Jiraiya?! —exclamó casi exageradamente —¡¿El dueño de Icha Icha Paradaise?!

Minato sonrió tímidamente, no era vergonzoso decir que su padrino era el dueño de una prolífera industria de la literatura y material gráfico para caballeros, pero a veces era un poco incómodo.

—Sí, es él…

Kizashi estalló en sonoras carcajadas.

—¡No lo imagino! ¡No puedo!

—Es un buen hombre en realidad…

—¡Eso no! ¡Tú viviendo en la mansión con todas esas chicas!

No pudo evitar el ruborizarse, era ciertamente difícil encajar no solo a él, sino a prácticamente cualquier niño en una casa enorme en la que vivían no menos de cincuenta mujeres de entre veinte y treinta años usando solo traje de baño como ropa de diario. Siempre se preguntó qué pensaban los de servicios sociales respecto a eso.

—Supongo que me dejó de ser incómodo hace mucho tiempo, y se volvió normal…

—Te diría que te envidio, pero estoy casi seguro de que al final, solo fueron un montón de mamás preocupadas por ti.

Le concedió la razón, salvo algunas excepciones cuando estuvo entrando a la adolescencia, ellas no lo veían como "un hombre" en la casa. Incluso se atrevía a pensar que para la mayoría pasó a ser como la pequeña mascota a la que mimar o molestar, según el caso.

—Ya debió secarse tu ropa ¿Te das un baño? —preguntó, a lo que aceptó ante la sensación de estar pegajoso tras haber sudado una buena parte de la noche. Kizashi le ayudó a levantarse, no resultó tan desastroso como esperaba y el cuarto de baño tenía un asiento permanente, recubierto de azulejos a juego, pero lo usaría solo en caso de que no pudiera sostenerse por su cuenta.

Mientras su extraño compañero iba por la ropa, él se quitó lo que le quedaba y abrió las llaves de la regadera. El agua tibia resultó relajante y le ayudó a quitar lo entumido a las piernas, así como aminorar el dolor de los brazos. No se tomó mucho tiempo, seguía en una casa desconocida pese a todo y para cuando terminó, Kizashi le anunciaba que su ropa estaba incluso planchada.

—No debiste molestarte.

—No verás a Inoichi-sama con una camisa arrugada.

Estuvo listo en minutos, Kizashi le esperaba afuera y armándose de valor, se dirigió a su encuentro.

—Está en el sótano con los otros, convocó a una reunión del grupo completo.

Esa idea si lo incomodó, pero después de haber estado convaleciente en su casa, lo menos que podía hacer era agradecerles personalmente las atenciones, por extrañas que fueran.

La casa era bastante amplia. Las habitaciones, si eran todas como en la que estuvo él, daban hospedaje al menos a media docena, pudiendo doblar en número dependiendo si compartían o no.

Abajo estaba una amplia sala de estar con televisión y videocasetera, un enorme comedor y una cocina que sería el sueño de cualquier ama de casa. Todo con un toque de extraño orden, limpieza y aire hogareño con la eterna presencia de varas de incienso, y algunas cosas relativamente normales, como libros y álbumes de fotografías apilados cuidadosamente, así como varias cintas de video caseras.

Las escaleras que llevaban al sótano estaban bajo las escaleras principales, donde regularmente solo había cuartos de escobas. Al abrir la puerta, un golpe de aire caliente con olor a sándalo le dio de lleno en la cara. La iluminación era pobre y Kizashi fue primero para guiarle. La madera crujió bajo su peso, las llamas de las velas se agitaron un instante y en lo que parecía ser un campo de cojines de todas formas y colores, un grupo de diez personas le miró entrar.

Entre aliviado por lo reducido del grupo y decepcionado por lo mismo, fue detrás de Kizashi que le indicó que se sentara en un enorme cojín circular color rojo con flecos dorados en el ruedo. Las velas de pronto se apagaron, solo quedaba una lámpara de "lava" color rojo.

Alguien en algún lado empezó a hacer sonar una campana.

—Los designios del destino son misteriosos…

Escuchó la voz, pero no estaba seguro de dónde provenía, se aventuró a pensar que era detrás de unas cortinas de terciopelo rojo.

—Y esta noche nos han de reunir con el gran destello que ha deslumbrado los sueños de los aquí presentes, este destello es el de Acuario, el cargador del agua, que nos mira desde el cielo, acércate, Minato-kun.

¿Acercarse, a dónde? era una buena pregunta, pero, tal como lo había supuesto, detrás de las cortinas rojas emergió un muchacho con aire dramático, extendiendo su mano hacia él. Su cabello era rubio, muy largo, atado en una coleta alta. Su ropa era… dorada, y sobre los hombros llevaba algo entre una capa y una bata larga de color bermellón con aplicaciones brillantes.

Con los ademanes de un verdadero gurú, se sentó en el único sillón del lugar, al frente.

Hubo movimiento, todos se acercaban y a su derecha tomó lugar un chico de aspecto despreocupado, aunque definitivamente más rudo que el rubio, con un chaleco que Minato estaba seguro, originalmente era una chaqueta, el deshilado de las costuras era evidente, los pantalones de mezclilla rotos en las rodillas y unas botas negras, gruesas, de esas que vivirían mil años sin desgastarse.

A la izquierda otro muchacho impuso su presencia, pelirrojo, con una cinta sobre la frente que intentaba sujetar la larga cabellera. Era en definitiva demasiado robusto y cuando cruzó las piernas para acomodarse en su cojín, pensó groseramente en un buda, solo que con un gracioso bigote igualmente pelirrojo.

—Yo soy Inoichi Yamanaka, soy el mediador de las fuerzas cósmicas y espirituales en este mundo terrenal, el guía de los que buscan la verdad, y ellos son mis compañeros de viaje en este camino que llamamos vida, Shikaku Nara y Chōza Akimichi.


Comentarios y aclaraciones:

Chōza con bigote me mató de risa cuando lo imaginé… en fin, les presento al Ino-Shika-Cho ¿Qué les pareció?

¡Gracias por leer!