Trasnoche
En contra de su voluntad, Minato terminó al frente de la pequeña reunión con el trio que recién le presentaban. Convencido de que estaba ruborizado no se animó a levantar la vista y apenas pudo hacer algo más que tensarse cuando Inoichi lo rodeo para hacer algo como un intento de abrazo.
—Tranquilo, aquí no se hacen sacrificios — susurró, mientras con un ademán de su brazo lo dejaba sentado en el lugar más próximo a él —. La reputación de esta sociedad de estudios parapsicológicos no hace justicia al trabajo que realizamos. Todos aquí aspiramos a convertirnos en verdaderos profesionales, pero no por aceptar y convivir bajo las reglas más convencionales, significa que haremos lo mismo que el resto y nos desentenderemos de la realidad efímera que componen los planos existenciales de los espíritus.
Minato respiró profundamente, el incienso hacía tan denso el aire que no podía respirar con normalidad. Sin dejar de ver a Inoichi, ni siquiera podía decir que él no era parte del grupo que los juzgaba como locos excéntricos, pero tampoco quería unirse a ellos.
Los ojos azules del joven, en claro contraste con sus ropas, lo obligaban a mantenerse atento, sin interrumpir para intentar huir cuando menos.
—Lo que te ha sucedido esta noche, es la prueba del poder oculto que tienes.
Kizashi le había dicho algo similar, pero ser el elegido de alguna profecía del grupo le parecía una opción atemorizante, pese a la aseguración de Inoichi de que no practicaban sacrificios, al menos en ese lugar.
—No creo que yo sea esa persona que está usted esperando, Inoichi-san —dijo tímidamente, a lo que el otro solo sonrió.
—Primero, no me hables con tanta formalidad, suficiente tengo con Kizashi-kun, y segundo, pocas personas son consientes de su propia grandeza, así que no te juzgues tan a la ligera.
Después se giró hacia el resto de la concurrencia que aguardaba pacientemente a que se revelara el motivo de la reunión, aunque la presencia de Minato, de quien habían estado hablando mucho últimamente, gracias a los positivos comentarios de su vicepresidente, auguraba algo verdaderamente grande.
—Compañeros. Anoche, Kizashi-kun nos trajo a la única persona capaz de lograr una sintonía perfecta con las almas penitentes que rondan este mundo, aunque su poder es inmaduro y debí obligarlo a regresar con nosotros, sin duda es la persona que hemos estado esperando. Kizashi-kun, por favor.
El chico sacó de su camisa la fotografía instantánea que había tomado en su edificio la noche anterior y se la dio al primero que estaba a su lado, este, después de examinarla unos instantes, se la dio a su vecino que hizo mas o menos lo mismo.
Las expresiones que había generado la prueba de la existencia del profesor errante, lejos de asemejarse a los gritos eufóricos de Kizashi, solo se limitaron a mirar detenidamente, asentir y una esporádica sonrisa de satisfacción.
Minato ya había notado que el grupo era reducido, pero, aunque había contado a diez en un principio, y ese número lo decepcionó, la realidad fue más dura aún; quizás vio sombras porque solo había, aparte de Inoichi Yamanaka y sus dos compañeros, Chōza Akimichi y Shikaku Nara, otras cuatro personas, Kizashi entre ellas.
—Disculpa la descortesía de no presentarlos antes —dijo de pronto Inoichi bajando de la pequeña plataforma que era su escenario.
—Ellos son Aburame Shibi y Inuzuka Hayashi.
Shibi era alto, de pelo oscuro al igual que una pequeña barba con bigote que apenas pintaba su mentón. Llevaba lentes oscuros y estaba enfundado en un anorak blanco, pese a la sensación de sofoco que había en el sótano.
Hayashi tenía un aspecto desgarbado como el de Shikaku, pero por alguna razón él parecía más salvaje, con la mirada avispada y la sonrisa maliciosa que no se había desvanecido de su rostro desde que viera la fotografía instantánea.
—Oh, aquí estás —Minato giró el rostro porque Inoichi tocó su hombro llamando su atención, y lo que vio le dejó perplejo.
—Ella es Uzumaki Kushina.
Sus ojos grandes, bien abiertos, su larga cabellera roja cayendo libremente sobre sus hombros y espalda, tan solo con un intento fallido de sujetarlo con una cinta delgada en la frente, casi absurda considerando la cantidad total de cabello. Tragó saliva rehusándose a pensar en las suposiciones absurdas que había hecho sobre ella, su extraño comportamiento y la forma en la que aparecía y desaparecía. Sin contar el hecho de que aparentemente, no dormía mucho ya que prefería deambular por el campus.
Kizashi le dio un golpe en la espalda, lo que ayudo a que recuperara un ritmo normal en la respiración.
—¿Conoces a Kushina-chan? —preguntó Kizashi.
Ninguno de los dos respondió, después de que al joven lo mirara un rato, le arrebató la fotografía instantánea a Hayashi.
—Eres un tipo problemático, ttebane —dijo ella devolviéndole el papel a Kizashi, pero refiriéndose a Minato.
—Pero ¿qué hice?
—Es el mejor avistamiento que hemos tenido y no pudimos darle seguimiento por tener que traerte.
—Kushina-chan —llamó Inoichi pasando su brazo por encima de sus hombros —, si no fuera por Minato-kun, no habría sido posible el avistamiento, en primer lugar. En segundo, mientras no reclamemos el alma de ese pobre hombre, podremos verlo otro día.
La pelirroja hizo un mohín, pero nada más.
—Esta noche sería demasiado precipitado, sobre todo considerando el delicado estado en que ha pasado Minato-kun todo el día.
Con un movimiento de la mano, Inoichi dispersó al grupo mientras que él, regresando su mano al hombro de Minato, le condujo hacia las escaleras. Subieron sin prisas, pero abrir la puerta y recibir el aire fresco, fue la experiencia más gratificante que pudo haber sentido el joven Namikaze, si bien no llevaba más de media hora en el sótano.
En ese momento, también sintió la necesidad de decirle a su anfitrión que, aunque estaba agradecido por lo que fuera que hubiera hecho para ayudarle, no quería formar parte del grupo. Sin embargo, sus palabras quedaron en sus labios.
La planta baja se encontraba bien iluminada, había una buena cantidad de ventanas por las que entraba la luz de la tarde y las lámparas poco a poco se encendían conforme Kizashi accionaba los interruptores. Sintió que su boca se secaba, tuvo el impulso de frotase los ojos, pero una parte de él sabía que no serviría de nada, aquellas figuras que se arremolinaban entre los muros de la sala de estar parecían mirarle, aún cuando su rostro no se definía por completo y parecía más el resultado de una fotografía con mala exposición. Tuvo un ligero escalofrío mientras miraba la expresión divertida de Inoichi.
—¿Es necesaria la ambientación? —preguntó concentrándose en la realidad, mirando hacia las lámparas en busca de alguna cartulina recortada que proyectara las formas.
Inoichi lo sostuvo con más fuerza, como si temiera que fuera a salir corriendo.
—Solo tú y yo podemos verlas, Shikaku-kun un poco.
Minato volvió a parpadear sin atreverse a preguntar si se refería a las sombras ya que ninguno de los dos había dicho textualmente la palabra.
—Ven —agregó después guiándolo a la sala de estar. Con un ligero empujón le dejó sentado en uno de los dos sillones individuales que había disponibles. El joven no podía creer la facilidad con la que le conducía, como si fuese un muñeco, pero sencillamente aún sostenía la deliberación interna sobre la existencia o no, de las cartulinas, porque aceptar lo primero significaba que era una persona muy impresionable, pero lo segundo lo llevaba a una nueva realidad que aparecía ante él de forma abrupta.
—Los chicos quieren salir a cenar —dijo Chōza acercándose con una charola en mano —, pero les dejo esto, mientras charlan.
En la charola había dos tazas de té humeante y otros dos emparedados como el que Kizashi le había dado recién despertó. Su estómago dijo que tenía hambre, pero su cabeza se mantuvo firme en la idea de rechazar a Inoichi y salir educadamente, tal vez alcanzaría al encargado de dormitorios y pediría un cambio lo antes posible.
—Nos vemos después —se despidió el regordete muchacho alcanzando al resto que ya estaba en camino a la salida armando tremendo jaleo.
Apenas la puerta se cerró los dos que quedaban, sin proponérselo, regresaron la vista uno al otro.
—Sabes que es verdad —dijo Inoichi —¿Acaso no siempre has sabido que tu intuición es más fina que la de la mayoría? Seguro que especialmente para lograr empatía con otras personas; las que tienen problemas, las que sufren de alguna manera.
Minato miraba su taza; era blanca pero el agua oscura le devolvía un turbio reflejo, entonces supo que su mano estaba temblando. Sin sorber siquiera, la dejó sobre su platillo.
—Cuando yo era un niño —continuó diciendo Inoichi —, me di cuenta de que podía ver cosas que otras personas no. En un inicio mis padres asumieron que era imaginativo, pero fue mi abuela quién se dio cuenta de mi talento. Creo que, de no ser por ella, seguramente no estaría en la facultad de Filosofía, y tal vez habría terminado en el hospital psiquiátrico.
Hubo una pausa quizás demasiado prolongada, Inoichi lo miraba, aún expectante del momento en que se pusiera de pie y se marchara acusándolo de fanático demente, pero el joven invitado se mantenía todo lo sereno que le permitía el ligero temblor que sacudía su cuerpo.
—Conocí a Shikaku-kun en la secundaria, el primer año, y juntos empezamos a trabajar en la investigación parapsicológica. Él fue la primera persona que conocí, que era mas o menos como yo. No puede verlos, solo sus sombras. Chōza-kun se unió a nuestro grupo casi cuando estábamos por graduarnos, pero él es más ciego que nadie en este aspecto, las personas normales usualmente sienten un escalofrío o se les eriza la piel, pero a él ni siquiera eso. De cualquier forma, aceptó ayudarnos a fundar La Sociedad. Esta casa pertenece a su familia, y pone una buena parte de los recursos para el equipo. Estuvimos un tiempo solos y un día, de repente, Kizashi-kun salió de la nada agitándonos un cuaderno de notas en la cara.
— ¿Él también…? — había creído que solo lo pensó, pero en cuanto vio a Inoichi negar con la cabeza, supo que lo había dicho en voz alta.
¿Qué había preguntado exactamente? ¿Si Kizashi también era uno de esos llamados elegidos, especiales, sensibles o lo que fuera?
Claramente tenía que irse de ahí cuando antes, estaba decepcionado de sí mismo por su falta de voluntad y lo fácil que era impresionarlo.
—Él no puede ver ni sentir nada, tampoco su madre, aunque el talento artístico de ella es innegable, el cuaderno lo hizo con base en un muy respetable trabajo de documentación.
Minato se animó a beber para quitar de su boca la sensación de que había comido un puñado de arena.
—Hayashi-kun se unió poco después, tampoco es especialmente sensible, pero su familia se dedica a criar perros para la policía, y los animales por naturaleza son receptores. En algunas investigaciones de campo, a las que Shikaku-kun o yo no podemos ir, va alguno de los perros, solo para asegurarnos de que habrá alguien alerta. A Shibi-kun lo reclutó específicamente Shikaku-kun, él estudia informática ¿Sabes? Y ha sido un muy fuerte apoyo en la documentación y el ordenamiento de nuestras investigaciones, hasta entonces basadas meramente en el método empírico, fue con su ayuda que empezamos a obtener un giro más… científico.
Inoichi se rió al decir lo último.
—Mucha gente se ríe cuando llego a esta parte —agregó, pero su acompañante se limitó a darle una media sonrisa.
—No veo la gracia. Es claro que para ti no es solo una cuestión espiritual, sino de conocimiento.
—¿Ves a lo que me refiero? Eres especial. Sospecho que has querido marcharte desde que despertaste, pero no te animas a expresarlo abiertamente porque no quieres ofenderme, por lo mismo, tal vez solo esperas a que termine mi discurso.
Minato sintió que se ruborizaba.
—Escuchar respetuosamente a alguien que ha cuidado a uno mientras estaba enfermo, es lo mínimo que se espera de una persona decente.
—Llegué a la parte que quería, no tardaré mucho. Minato-kun, estás en tu derecho a negarte a participar, no es como un destino ineludible solo por tu habilidad.
—Respecto a eso… es esa la parte que no entiendo. Tú mismo has dicho que siempre lo has tenido, igual que Shikaku-san, pero yo en mi vida he tenido una experiencia similar, no tiene mucho sentido que un día, en el que ni he tenido una experiencia cercana a la muerte o en general no pasó nada destacable, haya despertado, así como así… un… un algo como lo que dices.
—No sucedió anoche, sino cuando llegaste al campus.
Minato frunció el ceño obligándose a recordar qué había pasado el primer día, además de llegar tarde al registro de dormitorios.
—Esa noche, conociste a Kushina-chan ¿O me equivoco?
El joven se sintió contrariado, aunque no negó que era verdad. Esa noche, de hecho, había empezado su pequeña obsesión por descubrir la identidad de la pelirroja que desaparecía de pronto.
—¿Y eso que tiene?
—Pues que esa noche, Kushina-chan estaba empezando un ritual para reclamar el alma de un ahogado en ese lago cuando la interrumpiste, y por un afortunado accidente, la purificación la tomaste tú. A lo que pude entender de lo que ella explicó, es que te envolvía algo como un velo que impedía que tu habilidad se desarrollara más allá de la empatía con las personas que viven un momento emocionalmente fuerte.
Quedaron en silencio, pero como Minato no se animaba a decir nada, Inoichi fue quien continuó.
—Ve a tu dormitorio, mañana es domingo y Kizashi-kun se quedará aquí para que puedas estar a solas y en paz.
Minato se puso de pie mirando con tristeza el emparedado. Ciertamente tenía hambre, pero había sido incapaz de prestar mayor atención a su estómago ante tanta información.
—Será mejor que te lo lleves —dijo el otro —, Chōza es muy sensible respecto a que desprecien su comida.
—Inoichi-san, independientemente de lo que pueda pensar esta noche, o mañana, quiero agradecerte toda la ayuda.
Hizo una reverencia educada, como la que ya no era tan usual ver en jóvenes de su edad, propensos a la influencia extrajera menos protocolaria, pero sintió que debía hacerlo, para hacerle saber de alguna manera que su opinión sobre él, y su grupo en general, continuaba sin inclinarse hacia el escepticismo despectivo, si bien estaba lejos del convencimiento total.
—Gracias a ti, Minato-kun, por escuchar lo que tenía que decir.
Inoichi le acompañó hasta la puerta.
—Eres bienvenido aquí cuando lo desees o si lo prefieres, puedes encontrarme en la facultad de Filosofía, aunque Shikaku te queda más cerca, en la de Física.
Minato recorrió el camino de gravilla que cruzaba el jardín hasta la acera, de pronto, se giró recordando que no había llegado consiente a ese lugar.
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó Inoichi, él solo negó con la cabeza, de verdad necesitaba tiempo a solas para asimilar todo lo que había escuchado.
—Como prefieras, solo sigue todo derecho hasta la librería, gira a la izquierda y llegarás a un acceso del campus que conduce al estacionamiento de tu facultad. No te tomará más de media hora.
—Gracias, de nuevo.
Suspiró y emprendió el camino. Ya había oscurecido y el viento soplaba débilmente. En el barrio residencial las luces estaban encendidas en su mayoría, además, el alumbrado de las calles funcionaba correctamente así que, aunque la luna permanecía oculta detrás de unas nubes, al igual que buena parte de las estrellas, el camino estuvo bien iluminado. No obstante, la sensación de ser seguido por las recién descubiertas figuras humanoides iba en aumento, por lo que miraba sobre su hombro cada tanto, encontrándose con que no había nada, o nadie mas que él sobre la acera.
Quizás solo las había imaginado luego de dejar que las palabras de Inoichi lo envolvieran, pero en honor a la justicia, las había visto antes de que él explicara nada.
"¿Por qué siquiera lo estoy pensando?"
Su firme convicción de negarse a participar en lo que fuera que hacían en sus llamadas investigaciones, se desvanecía a medida que le daba vueltas al asunto y la nitidez de las imágenes que había presenciado con sus propios ojos daba fe de que no se trataba de un elaborado proceso de reclutamiento.
Decidió dejar de pensar en ello, y al hacerlo recordó que no había tenido oportunidad de despedirse de Mikoto, que se marchaba a pasar el fin de semana con su familia. Esperó que no lo atribuyera al rechazo que ella le había dado, pero dado que no tenía forma de comunicarse con ella ya que no tenía el número telefónico de la casa de sus padres, no quedaba más remedio que esperar al lunes que se presentara a clases.
Miró su reloj de pulsera, recién daban las ocho así que no sería imprudente el presentarse en la casa de los Hyūga, le prepararía una pequeña sorpresa a Mikoto esperando limar toda aspereza.
Llegó al edificio de dormitorios, primero se comió el emparedado que Inoichi le había obligado a tomar, y después se dio una segunda ducha para quitarse el olor a incienso, se puso un traje caqui, que era lo menos claro que tenía en el guardarropa, aparte de uno negro que estaba reservando para una ocasión imperativamente formal. Tomó las llaves de auto y volvió a salir.
La dirección que habían dado los hermanos era un domicilio privado en un barrio no muy lejos de ahí, sin ningún tipo de esfuerzo deductivo, ya había asumido que los muchachos pertenecían a la misma familia Hyūga que era propietaria del emporio Byakugan, llegó en menos de diez minutos y al tener enfrente la enorme casa, se preguntó si no debió llamar previamente para concertar una cita. Se encogió de hombros, ya estaba ahí, un segundo rechazo no iba a matarlo. Sin embargo, luego de explicar al guardia su propósito, y que este lo comunicara al interior, la gran reja se abrió de par en par permitiéndole entrar al jardín que más parecía un parque.
Al girar en la fuente que hacía de retorno, notó que la puerta principal estaba abierta y en lugar de un mayordomo, lo que no le habría sorprendido mucho, se encontraba uno de los dos hermanos, no estaba seguro de cuál, pero a juzgar por el gesto menos severo, debía de ser Hizashi.
—Namikaze-san, que sorpresa, no le esperábamos.
El rubio sonrió mientras bajaba del auto y se apresuraba a darle el encuentro en el pórtico.
—Buenas noches, Hyūga-san, realmente lamento la hora, y no haber llamado antes.
—No hay ningún problema, por favor, vamos adentro.
El emporio Byakugan tenía control sobre poco más del 40% del mercado mundial de diamantes, pero su verdadero poder recaía en algo más mundano como el cristal tallado, que derivaba en artículos de lujo como el candelabro que colgaba del techo en el vestíbulo y cuyo corte no tenía nada que envidiar a una verdadera piedra preciosa, hasta maquinaria para la industria de la construcción.
Con todo eso, no se preguntaba bajo qué parámetros los hermanos habían hecho su elección de plan de vida, o cuál era su objetivo al convertirse en abogados puesto que la empresa tenía bajo contrato al despacho más respetable e importante de todo el país, sin contar los despachos que operaban en cada uno de los lugares del extranjero en los que hubiera presencia de la empresa, lo que posiblemente podía ser todo el mundo.
Tragó saliva sintiéndose pequeño, casi sintiendo ganas de estallar en carcajadas al recordar sutilmente su preocupación de hacía unas horas con el asunto de Inoichi.
—Pasa, mi hermano está en el estudio.
La puerta de madera cedió sin ruido alguno y Hiashi Hyūga se puso de pie para recibir al invitado.
Tras los más cordiales saludos que Minato había hecho en mucho tiempo, decidió exponer brevemente la idea del club de debate.
—Mikoto-san está especialmente interesada en consolidar un grupo que pueda representar a la universidad en la cumbre de La Gran Alianza, aunque faltan varios meses, la realidad es que el tiempo apremia para asegurar los trabajos de investigación y la formulación de objetivos.
Hiashi asintió.
—En la facultad también hay mucho revuelo por eso, a decir verdad, son muchos los grupos que se están formando, entre Derecho, Economía, Sociología, Politología, incluso Administración y Contabilidad tienen candidatos.
—¿Ya han recibido invitaciones en otros grupos? —preguntó el rubio, muy consiente de que se trataba de un riesgo real.
—Sí. Pero no hemos dado respuesta a nadie —se apresuró a responder Hizashi.
—A decir verdad, no tenemos aún nada concretado, y por miembros solo estamos ella y yo.
Los gemelos intercambiaron miradas un instante, entonces Hiashi habló.
—He hablado de esto con mi hermano. Queremos participar en la cumbre, y claramente necesitamos un equipo, y la realidad es que estábamos considerándolos a ustedes, la cuestión es que… Nakahara-san es, con todo respeto y señalando lo evidente, una dama.
Minato se mordió el labio, pero Hiashi no le permitió continuar.
—El que haya decidido continuar con una formación profesional no encaminada a la apreciación de la belleza, ya la pone en una situación complicada. Sabemos que es la única mujer de la facultad de Economía, y la sexta entre todas las áreas de Ciencias Sociales, pero las otras cinco tienen aspiraciones de perfil bajo. Nakahara-san, no. Ella desea más, puedo verlo tan claramente como en cualquier otro hombre con ambición, y no estoy seguro de que el mundo esté listo para una mujer así. El papel de la mujer fuera de un hogar ha sido motivo de un cambio en nuestra sociedad, tanto los que están a favor como en contra, pero para no dar largas a nuestro punto de vista, pensamos que debe incluirse a una mujer porque la agenda de la cumbre toca temas referentes a todo el género ¿Tiene sentido que un hombre hable por una mujer? ¿No eso contradictorio? El éxito es una probabilidad, pero el riesgo de la marginación social podría frustrar cualquier aspiración ma?
de la extrañeza de inoichi por vuelta, con portada nueva y avanzando grandes pasos entre un lado y otro de la balanzás convencional como un matrimonio, por ejemplo. Si sopesa sus probabilidades y aún así decide seguir adelante, será grato tenerla con nosotros.
Minato asintió, por un instante se había preocupado, pensando que los hermanos, aunque habían sostenido un buen diálogo con ella, no la consideraran digna de ocupar un lugar en el grupo.
—En todo caso, y ya que usted ha dejado claro que fue iniciativa suya el presentar la candidatura, respetaremos su nombre como representante oficial del grupo.
Aquello era una verdadera sorpresa, no había creído que las cosas fueran tan bien, sobre todo porque habría creído que Hiashi reclamaría el puesto de líder a condición de aceptar.
—Quédese a cenar, Namikaze-san, hay mucho que trabajar si queremos presentar una propuesta razonable para el lunes temprano.
Comentarios y aclaraciones:
Con todo lo que ha pasado desde la última vez, me alegra decir que estamos de vuelta, con portada nueva y avanzando grandes pasos entre un lado y otro de la balanza.
¿Qué más puede pedir Minato? Todos se pelean por él, ¿realmente podrá alejarse de la extrañeza de Inoichi y compañía? (por cierto, Hayashi es personaje de mi fic Alfa, si lo han leído sospecharán el objetivo de su presencia)
¿Alguna duda? ¿Qué les parece el rumbo que toman las cosas?
¡Gracias por leer!
