Terror nocturno

Hasta hacía unas horas, su vida había dado un giro tan impresionante que parecía sacada de un guion para miniserie de televisión. El protagonista, un chico normal y sin ningún tipo de preferencia por lo extraordinario, más allá del romántico sentido de que su misión en el mundo era llegar a lo alto para poder cambiar algunas cosas, tenía ante sí, una realidad de monstruos y fantasmas, y aunque no sabía si tenía que enfrentarlos o solo dejarlos ser, ya estaba en el mismo barco que los demás.

Contra todo pronóstico, las reuniones de las que Kushina le había hablado durante todo el camino, no se realizaban en el sótano con túnicas, velas y lenguas muertas, sino que parecían algo más familiar, casual.

Habían llegado antes que la mayoría y luego de algunos saludos animosos, no se sintió con valor para salir corriendo ya que, aunque presentó sus disculpas varias veces, resultó imposible que le dejaran marchar. El último en llegar fue Hayashi Inuzuka, lo supieron enseguida con el aparatoso rugido de una motocicleta.

—¿De quién es el Austin Healey? —preguntó al entrar.

Minato levantó la mano tímidamente, esperando haber quedado aparcado en su lugar para tener una excusa válida para salir y subirse al coche. Sin embargo, lo que sucedió, fue que el chico le sonrió e hizo una seña de aprobación para luego colgar su chaqueta en el perchero. Enseguida, Chōza llamó a todos a cenar y de esa forma acabó en el comedor, con Inoichi encabezando un extremo de la mesa, quedando él entre Kizashi y Kushina. De nada le valieron sus aseveraciones de que ya había cenado, igual le sirvieron.

Para cuando la mesa se hubo despejado, Inoichi se aclaró la garganta.

—El siguiente fin de semana, la luna estará en un punto propicio —dijo, acallando con eso la charla en murmullos que sostenían Shibi y Shikaku.

—Voy a intentar de nuevo purificar el lago, ttebane —dijo Kushina mientras clavaba con innecesaria fuerza la cucharilla en su postre.

—Sí, de hecho, quisiera que llevaras a Minato-kun.

—Pero él lo arruinó la última vez— se quejó frunciendo el ceño.

Inoichi le dedicó una mirada severa, como la de un padre hacia su hija rebelde, y de la misma manera, la chica no dijo nada más, solo hizo un mohín.

—No quiero causar problemas — dijo Minato —, si no quiere, no puedes obligarla Inoichi-san.

Por toda respuesta, el rubio le sonrió de una forma inquietante, como si supiera de su reticencia a participar en las actividades del grupo, al tiempo en que tenía planeado algo para contratacar.

—Acompáñanos esta noche —dijo Inoichi sin dejar de sonreír —, te prometo que no será demasiado tiempo.

Minato asintió y tras un rato en que se dieron indicaciones pertinentes sobre las actividades de la semana, Shikaku e Inoichi se prepararon para salir.

—Ven.

El chico obedeció manteniéndose al lado de Inoichi y al cabo de un rato, los tres iban sobre la calle en dirección al campus.

—Kizashi-kun me dijo que te prestó el diario de su madre.

El comentario hizo que Minato reaccionara súbitamente, había quedado de llamar a Yurika para revisar lo concerniente a los suicidios en la universidad. Casi enseguida cayó en cuenta de que antes de saber del club de Parapsicología, él ya había empezado una investigación.

—Iba a confirmar los reportes policiales — susurró —, una taza tan alta de suicidios es un punto importante de atención.

—Debes de conocer entonces la idea sobre la dama jinchūriki.

—¿La dama jinchūriki? — preguntó.

—Vi ese diario hace tiempo, pero me parece que no la llamó así, creo que se refiere a ella solo como la esposa del fundador de la universidad.

—Ah… la pelirroja —dijo absteniéndose de comentar algo respecto a que un tiempo creyó que estaba relacionada con Kushina.

—Su nombre es Uzumaki Mito.

Minato casi se atragantó y los chicos lo notaron.

—Así es —dijo Shikaku dándole una fuerte palmada en la espalda —, está emparentada con nuestra Kushina.

—La familia de Kushina-chan —interrumpió Inoichi —, se ha hecho cargo del templo más importante de Uzushio desde la fundación del mismo, por eso ella es, de todos nosotros, la más versada en temas de rituales.

—Ah —fue todo lo que pudo responder.

Siguieron en silencio un rato más hasta que el edificio de la rectoría apareció frente a ellos.

—¿Conoces la leyenda de la fundación de la universidad, Minato-kun?

—¿La del demonio? Sí, de acuerdo con la tradición, este territorio era gobernado por un demonio. Hashirama Senju, el fundador, luchó contra él y al derrotarlo, reclamó este territorio para la humanidad.

Inoichi asintió mientras miraba la estatua de Hashirama Senju, alto e imponente, con la mirada de piedra fija hacia la escuela que tenía enfrente.

—Se considera la leyenda del demonio como una alegoría para la ignorancia — dijo después —, con la fundación de una universidad, su derrota simbólica.

El mayor lo miró con la misma sonrisa que tenía desde la cena.

—La historia siempre ha sido injusta con las mujeres — dijo Shikaku —, a menos que revises una biografía detallada, jamás te enterarías de que el nombre de su esposa fue Mito Uzumaki.

Volvieron a quedar en silencio, con el viento barriendo las hojas de los árboles.

—El motivo por el que llamamos a Mito Uzumaki, dama jinchūriki —dijo Inoichi retomando el tema que habían dejado hacia un momento —, es porque, ella fue en realidad quien contuvo al demonio.

Minato quedó perplejo, mirando a uno y otro en la oscuridad de la noche.

—¿Quieres decir que había un demonio, literalmente?

Inoichi asintió, pero en lugar de explicar nada, se limitó a indicarle con la cabeza que levantara la vista hacia lo alto del edificio de la rectoría y Minato así lo hizo. La luna se asomaba sobre la cúpula haciéndola resplandecer. En ese momento sucedió algo extraño, algo para lo que no se sentía preparado y probablemente jamás lo estaría.

Trepando por el muro oeste, o quizás arrastrándose si se cambiaba la perspectiva, una sombra trataba de alcanzar la cumbre. Intentó describirla, darle una forma que en su mente tuviera más sentido que lo que estaba viendo. Quiso hablar, pero solo fue capaz de jadear.

Vio los tentáculos agitarse furiosamente y las garras arañar la piedra, siempre en silencio, aunque la boca monstruosa parecía proferir alaridos. Por un instante todo se detuvo, y aquella cosa giró la vista clavando sus ojos rojos y llameantes sobre ellos.

—Hay que salir de aquí —dijo Shikaku tomando a ambos del brazo con brusquedad para obligarlos a moverse porque ambos habían quedado pasmados.

La criatura intentó saltar sobre ellos, pero algo la detuvo, los chicos no indagaron más al respecto y regresaron por donde habían llegado, solo que con más prisa.

—Maldita sea, Inoichi, te dije que Minato lo iba a atraer.

El rubio rio sin dejar de correr, aunque para ese momento, era Minato quien los jalaba a ambos.

—¡Pero era necesario!

—¡¿Eso era…?! ¡¿Eso es…?!

—¡No sé exactamente qué es! ¡Pero estoy totalmente seguro de que es responsable de las muertes en la escuela!

—¡Creí que eran suicidios!

—Criaturas como esas, pueden influir en el subconsciente —explicó Inoichi sintiendo que le dolía el pecho por el esfuerzo de hablar y correr al mismo tiempo, pero no se quejó porque sospechaba que Minato no iba a detenerse sino hasta llegar a la casa, sin importar nada —, pueden implantar una idea para que una persona se obsesione con eso, ya sea para que dañe a alguien más o se dañe a sí mismo.

No supieron exactamente cuánto les tomó regresar, pero Inoichi con el rostro completamente colorado y Shikaku con dificultad para respirar, sintieron que fueron solo unos segundos.

—Deberíamos dejar de fumar —dijo Inoichi, pero ni bien empezaba a recuperarse, Minato se giró hacia él.

—¿Tienen teléfono? Tengo que hacer una llamada urgente.

El rubio señaló una mesa en la esquina y Minato se dirigió hacia allá marcando el número de Jiraiya.

Icha Icha Paradise…

—Necesito a Yurika-san, por favor, es urgente, habla Minato.

La chica al otro lado de la línea gimoteó por el modo brusco en el que le habían hablado, pero dejó la bocina y fue a buscar a su compañera. Se escuchaba música de fondo, y no importaba que recién empezara la semana, era obvio que se trataba de una fiesta. Tardaron largos minutos en responder, pero finalmente, entre risas, Yurika atendió.

¡Minato-kun! Creí te habías olvidado de tu misión.

Minato tragó saliva, quiso decir algo, pero de sus labios solo salió un sonido parecido a un jadeo.

¿Todo bien?

—Si… es solo que… creo que… bueno, creo que, si no me equivoco, hay más de lo que te dije ¿No?

Sí, así es —respondió ella adoptando un tomo más serio —. No revisé a profundidad, pero son casi cien casos documentados de suicidios confirmados, al menos una docena de indeterminados y otra veintena de homicidios, si Jiraiya ve esto te hará regresar, son cifras demasiado escandalosas y no hay una investigación en curso que siquiera lo considere un problema cuando evidentemente lo es.

—Lo sé…

¿Es eso en lo que está trabajando? ¿Violencia en el campus?

—Sí… creo que hay un… patrón.

La chica suspiró.

Debiste volverte investigador, es lo que siempre has hecho.

Minato quiso reír, sin éxito. No le iba a decir exactamente qué tipo de patrón acababa de descubrir y su poca o nula relación con cualquier estudio social o psicológico.

Sabes que es muy ilegal que tengas los archivos ¿verdad?

—Pero no los tengo.

Todavía no, deberían estar llegando el miércoles, quizás, solo te lo advierto para que los trates con cuidado.

Minato se ruborizó al comprender que ella los había enviado ese mismo día, previendo que quería revisarlos más que como solo un índice general.

—Muchas gracias —dijo.

Debo colgar, Jiraiya ya está preguntando por mi.

Para cuando Minato colgó, el vacío en su estómago casi se había convertido en un agujero negro, dejándole una sensación helada que incluso le había entumido los dedos.

—Ustedes saben que no son solo los del diario de la señora Haruno ¿verdad?

Chōza ya se había reunido con ellos y permanecía sentado junto a sus amigos mientras servía el té que había preparado a propósito del susto que Inoichi tenía planeado hacerle pasar al chico, dejando claro que no estaba hablando en serio cuando le dijo que no tenía que formar parte de la sociedad si no quería, él estaba decidido a reclutarlo.

Minato aceptó la taza para poder volver a sentir sus manos.

—Creemos que son cerca de quinientos espíritus atrapados en todo el territorio — respondió —, no los hemos identificado a todos por su nombre.

Minato se tomó el té de un solo trago, en ese momento habría preferido algo más fuerte, pero la sensación caliente en su garganta le dio a su cuerpo otra sensación en la que concentrarse, además del terror. Chōza le ofreció más y él lo aceptó, aunque ese no lo tomó, solo lo sostuvo entre las manos.

—¿Cómo lo han estado tratando? —preguntó, luchando por mantener lúcidos sus pensamientos.

—¿Tratando? —preguntó Inoichi sin comprender.

—Me refiero ¿cómo pueden saber si esa… cosa… estuvo relacionada con… la muerte de alguien o no?

—Bueno —dijo Shikaku —, normalmente Kushina-chan o Inoichi nos lo dicen.

—¿Quieres decir que es algo que se ve?

Inoichi asintió.

—A los espíritus, normalmente sí se les pueden ver los ojos, por eso muchas personas con percepción especial fuerte, no se dan cuenta de lo que están viendo hasta que el contexto lo deja claro. Pero nos dimos cuenta de que los que hay aquí, con excepción de uno o dos, solo tienen agujeros negros.

Minato se estremeció recordando al profesor que había visto en las escaleras del dormitorio. Aquellas cuencas vacías que habría querido que solo fueran parte de su delirio febril.

—¿Y han reconocido algún patrón? ¿La mayoría son hombres o mujeres? ¿De qué edades? ¿Cuál es el intervalo entre cada incidente?

Los tres se quedaron callados, intercambiando miradas.

—Shibi-kun es quien ha estado capturando la información, debería poder darte esos datos.

Minato asintió.

—Yo… no quisiera faltar al respeto sobre sus métodos, pero realmente quisiera… necesito —dijo enfatizando la palabra "necesito" casi con desesperación —tratar esto como si estuviésemos hablando de un asesino de carne y hueso.

Inoichi volvió a asentir.

A partir de ese momento, no hubo absolutamente ninguna necesidad de explicarle que habían convertido el propósito de la Sociedad de estudios parapsicológicos, el detener a aquella criatura que cobraba víctimas en la universidad, reteniéndolas más allá de la muerte. Así como tampoco de hacerle entender que necesitaban ayuda, especialmente de todos los que poseyeran esa peculiar habilidad para ver lo que aguardaba tras la muerte.

Minato lo supo enseguida, desde el momento en que vio aquella monstruosidad irguiéndose en el capitel comprendió que no podía ignorar el asunto, porque la misma parte racional de él que quería estudiar Economía para ayudar a mejorar la sociedad en la que vivía, le recriminaría no hacer algo al respecto de lo que acababa de descubrir.


Comentarios y aclaraciones:

¡Volvimos! No dejé cumplir el año.

¡Gracias por leer!

¡Feliz 2018! (todavía cuenta, seguimos en enero)