Vigilia

A primera hora de la mañana, uno de los estudiantes del dormitorio frente al suyo llamó a la puerta diciendo que había un montón de cajas para Minato Namikaze que estaban causando un problema de circulación en el vestíbulo.

—Vas a necesitar ayuda para subir eso —dijo Kizashi en cuanto vio las enormes cajas de archivo.

—Quisiera llevarlo a la casa de Chōza-san, y tengo que ver a Shibi-san para empezar a capturar información.

—¿Qué es?

Minato le hizo una señal para que dejara de hacer preguntas o comentarios en voz alta y le pidió que le ayudara para subirlas al auto, cosa que en un par de viajes lograron sin problemas.

Cuando llegaron a la casa, recién estaban sirviendo el desayuno, pero apenas Minato les dijo lo que traía, dejaron todo de lado para ayudarle a bajarlas o solo curiosear.

—¿Cómo las conseguiste? —preguntó Inoichi limpiándose la boca con una servilleta de tela.

—Una novia de mi padrino trabaja en la jefatura de policía, así que de verdad necesito que nada de esto salga de aquí porque no quiero meterla en problemas.

—No te preocupes por eso.

Shibi les indicó que lo mejor era que se quedaran en el estudio, donde tenían el ordenador y así lo hicieron, aunque resultó difícil acomodarlas entre todas las demás cosas que había ahí.

En general la habitación era amplia. Los cuatro muros tenían libreros empotrados, frente a ellos un montón de cajas y VHS apilados, más de los que ya había en la sala de estar. Minato no podía quejarse demasiado, en realidad, estaba bastante ordenado y había algunas etiquetas que ayudaban a identificar los lotes.

—Cielos, estoy verdaderamente emocionado —dijo Shibi Aburame, cosa que a Minato le costaba creer por el tono excesivamente moderado de su voz y la expresión neutra de su rostro —. Pero tengo una práctica hoy a la que no puedo faltar.

—Yo tampoco pensaba faltar a clases, de hecho, debo ir a entrenar ahora mismo, luego tengo dos clases y un descanso de una hora, solo que quedé de ver a Mikoto y a los Hyūga, así que podré venir en la tarde, más o menos a las seis.

—A las siete —dijo Shibi —, te enseñaré lo que he estado haciendo y cómo introducir los nuevos datos.

Minato hizo memoria, esperaba no perderse de nada y como no recordaba algún otro compromiso, acordó la reunión a esa hora.

"Necesito comprar una agenda", pensó.

Normalmente no tenía problemas para recordar lo que tenía que hacer en su día a día, pero con tanta presión le aterraba la idea de saltarse algo importante. Creía haber visto unas en la tienda de la escuela, con pastas baratas de imitación de cuero que serían suficiente para su propósito.

Miró su reloj de pulsera. Ya iba tarde, tendría que llevarse el auto para estar a tiempo.

—Voy a la pista de atletismo ¿alguien quiere que lo deje por ahí?

Shikaku levantó la mano mientras se preparaba una última tostada, saltó al lugar del copiloto sin abrir la puerta, algo que a Minato siempre le había puesto nervioso sin ningún motivo específico, sentía que podría acabar en un accidente.

—Siempre he creído que Inoichi exagera cuando tira las cartas —dijo Shikaku limpiándose los dedos en el hombro de su chaleco—, pero no se equivocó contigo, de verdad eres una mina de oro.

—¿Exactamente qué dijo?

—Todo empezó en las vacaciones de fin de curso, con unos sueños recurrentes de él y Kushina, nunca fueron muy claros, la interpretación de sueños es subjetiva, pero en algún momento empezaron a decir que Acuario nos estaba iluminando. Eres Acuario ¿no?

Minato asintió.

—25 de enero.

Ya no le sorprendían sus respuestas, su predisposición para creer había crecido tanto que en cualquier momento él mismo estaría usando ropa de color fosforescente. Sacudió la cabeza, necesitaba mantenerse firme y concentrar su perspectiva para resolver el problema.

—Probablemente por sugestión, porque Kizashi-kun no tiene ninguna habilidad especial, también empezó a tener sueños. Inoichi le tiró las cartas y le dijo que él sería el primero en encontrarse con una luz de verdad y justicia que nos salvaría de la oscuridad, por eso no le dejó quedarse en la casa, dijo que encontraría su destino en el edificio de los dormitorios.

—Algo así me contó —respondió —, y tengo miedo de que sea literal, como lo del demonio de la fundación.

No pudo evitar el sentir un escalofrío al recordar aquella figura amorfa bajo la luz de la luna.

—¿Sabes cómo puedo entrar a tu facultad?

—No te preocupes, ya vas tarde, puedo caminar el tramo que falta.

Shikaku volvió a saltar sin abrir la puerta y por despedida solo sacudió la mano antes de emprender el camino a paso lento. Con casi nada de tiempo, Minato entró a los vestidores para cambiarse la ropa y alcanzar al resto del equipo que empezaban a hacer su calentamiento.

—Namikaze-san — lo llamó el entrenador Yūhi acercándose a él. Minato se ruborizó, había llegado tarde y lo normal era que le llamara la atención —. Solo quiero que tenga en consideración que las pruebas para los selectivos universitarios son casi al mismo tiempo que la Cumbre de la Gran Alianza ¿es consciente de eso?

Minato se quedó perplejo, no lo había pensado. Si su equipo quedaba seleccionado, tendrían que irse a la capital para cubrir la agenda, las tres semanas completas.

—En realidad es una semana después —dijo recordándolo —, si para usted no hay problema, cuando regrese compensaré el entrenamiento.

—No soy yo el que va a tener la carga de trabajo ¿Para ti eso está bien?

El chico se quedó callado. En realidad, era una terrible idea, pero no quería dejar de entrenar porque correr lo mantenía en calma, apaciguaba sus pensamientos y el cansancio físico le resultaba relajante en muchas maneras.

—Puedo hacerlo.

—Si sientes que es demasiado trabajo, dímelo, no estás defraudando a nadie —y sonrió de medio lado, lo que era extraño considerando que normalmente tenía una expresión seria —, porque esta Universidad no se dedica a eso, usamos el deporte como una actividad complementaria, los chicos sobrevivirán un año más sin una fiesta de la victoria.

—De verdad está bien —insistió Minato.

—Entonces ve con los otros.

Luego del calentamiento, lo que le pareció una larga sesión de ejercicios, y un par de carreras en la pista, Minato se quedó quieto con las manos en las rodillas sintiendo su cuerpo caliente y empapado por su propio sudor. Miró a sus compañeros, más de la mitad estaban en el suelo, y los que aún podían sostenerse en pie, respiraban con dificultad.

—¡Eres un monstruo! — se quejó uno de ellos apenas fue capaz de pronunciar palabra.

Minato sonrió.

—¡Pero si estoy igual de cansado que ustedes!

—¡Pero hiciste casi el doble que nosotros!

No pudo evitar reírse, aunque no había arrogancia en esa risa, y debido a su natural encanto, todos lo entendieron de esa forma y de ninguna otra. El mismo chico que le había llamado monstruo se acercó a él y le dio un par de palmadas en la espalda antes de marcharse a los vestidores.

—¡Contamos contigo para los selectivos! ¡No tienes idea de cómo espero ver la cara de los imbéciles de Kumo cuando dejes comiendo polvo al estúpido Raikage!

—Me parece que tienes una idea demasiado exagerada de mí.

—¡Claro que no! Nosotros vamos para completar el equipo, pero solo tú vas con la opción a ganar.

Si su cuerpo no estuviera aún colorado por el esfuerzo y el bombeo exacerbado de sangre desde su corazón, seguramente se habría ruborizado.

Una vez que el cansancio inicial desapareció tras la ducha, Minato tomó las dos clases que tenía programadas con entusiasmo. Había conseguido concentrarse únicamente en los temas que le ocupaban, y para cuando llegó la hora de ver a los Hyūga, recién se dio cuenta de que realmente tenía hambre.

—No me sorprende —dijo Mikoto —. Eres el único hombre que conozco, que realmente tiene un gasto energético considerable. Estoy segura de que los chicos no tendrán problema si vamos a la cafetería a trabajar.

—Por cierto… no quiero ponerte incómoda, pero ¿no se supone que iban a implementar un plan de seguridad? Ya sabes, guardaespaldas de traje y armados.

Mikoto desvió la mirada.

—Convencí a mi padre de que eso llamaría la atención como un faro en el puerto. Hasta ahora, soy invisible, tanto como lo puede ser una chica. Pero, cuando seamos seleccionados para representar a la universidad en la Cumbre de la Gran Alianza, entonces sí que tendré al menos a cuatro hombres armados y listos siguiéndome a luz y sombra.

—¿Cuándo seamos seleccionados? ¿No ser elegidos, no es una opción?

—Por supuesto que no. Si vamos a hacer esto, es porque vamos a ganar, no a tratar de ganar.

Minato levantó las cejas. Esa chica le asustaba y le fascinaba por igual.

Los gemelos aceptaron la idea de la cafetería enseguida. Su horario de clases era el menos generoso de todos, aunque con la conveniencia de que era el mismo para ambos. Así que esa valiosa hora para almorzar era lo mejor que tendrían hasta las seis.

Les cedieron sin problema un gabinete en el fondo, gozando de una privacidad poco común en una universidad con tantas personas. La mesa funcionó como escritorio hasta que llevaron los platos con el almuerzo, que era la variedad occidental de emparedados y biscochos, huevos con salchichas y tocino, verduras al vapor, puré de patatas y platos de fruta en cubos, entonces debieron guardar a toda prisa los papeles y periódicos. A ninguno le hacía gracia dejarles manchas de grasa o salsas.

Pese a la sencillez, sobre todo comparado con la cena servida en la casa Hyūga, Minato se sentía feliz de estar con ellos y compartir ese momento. Se preguntó si cuando fueran mayores, cuando los hermanos tomaran posesión de la fortuna familiar y Mikoto fuese un prodigioso miembro de la comunidad política, serían capaces de tener una reunión así de amena. Incluso con el silencio y la poca expresividad que los caracterizaba, le alegraba encontrar personas que compartieran con él, la visión de lograr cambiar el mundo.

Sin proponérselo, saltó a sus pensamientos el recuerdo de la cena en la casa del club de Parapsicología. Ellos eran todo escándalo y familiaridad. También le gustaba eso, le gustaba la ligereza en el trato de personas que se conocen de siempre y harían todo uno por el otro, como cruzar media universidad en ropa interior cargando a un hombre ardiendo en fiebre.

—Debo estar loco —murmuró.

¿Cómo podía sentirse a gusto en dos ambientes completamente diferentes?

Acabaron el almuerzo con tiempo de sobra para volver a leer las notas, hacer unas observaciones y después correr cada uno a su siguiente clase.

Minato tuvo que separarse de Mikoto, y le decepcionó reconocer que no podría esperarla para llevarla a su dormitorio porque tenía la cita con Shibi Aburame, y de verdad no podía postergarla.

Se preguntó si era normal que no hubiese pensado en el asesino serial sobrenatural en todo el día, que fuese capaz de concentrarse en una cosa a la vez y no se hubiera convertido en un manojo de nervios al que le asaltaban pensamientos en momentos donde no eran convenientes. Incluso se pudo concentrar en su entrenamiento matutino sin percances.

—Debería darte una llave —dijo Chōza Akimichi al abrirle la puerta.

—No quiero causar molestias —respondió tímidamente.

—Si llegaras a necesitar algo de material y no hay nadie para abrir, sería problemático.

Lo acompañó al estudio, en donde ya estaba Shibi encendiendo el inmenso aparato que ocupaba toda la maciza mesa de madera. Le señaló una silla a su lado y Minato obedeció, mientras que Chōza les informaba que él volvía a la cocina para acabar con la cena.

—Es la primera vez que veo una computadora doméstica —dijo Minato a modo de conversación cuando notó que se estaba volviendo incómodo el silencio.

—¿Te gusta?

—Es interesante, y algo intimidante.

—La armé yo —respondió —. Las piezas son de los equipos que se destruyeron luego de que colapsara la sala de computo en el terremoto de hace dos años. Inoichi-san se sigue burlando de mi por el tiempo que pasé rebuscando en los escombros algo que fuese útil. Regresaba a la casa cubierto de polvo y la ropa rasgada, decía que un indigente tenía mejor aspecto.

—Pero parece que valió la pena.

—Sí. Lo valió. Esta máquina es casi tan potente como la computadora central de la facultad, y es como tres cuartas partes más pequeña. Los chicos se quejan de la factura de la electricidad, pero se quedan callados cuando tienen resultados.

Minato contuvo el aliento cuando finalmente pudieron iniciar el sistema y Shibi empezó a teclear. En la pantalla, como de un enorme televisor, empezaron a aparecer las líneas de texto.

—Bien, empecé a capturar datos desde que logré hacerla funcionar, de la mejor forma que pude, porque sus primeras investigaciones son bastante subjetivas, hacían las notas como si estuvieran narrando una historia de terror e Inoichi-san es bastante dramático. Ya lo notaste ¿no?

Minato sonrió, tenía una idea bastante clara sobre a lo que se refería.

—Los mandé de vuelta a hacer la investigación con cosas que importaran ¿qué es lo que necesitas saber?

Minato volvió a repetir el criterio de búsqueda que había establecido antes, pero a medida que Shibi le respondía, se daba cuenta de que no había un patrón definido, todo parecía ser completamente aleatorio, por edad, por sexo, por ocupación. No había suficientes coincidencias como para identificar un modelo.

—Supongo que lo que tenemos que hacer es comparar esto —dijo Shibi señalando su monitor —, con eso — y señaló las cajas.

Minato se estiró para abrir la primera, sacando el fardo de papeles apretujados en un fólder sujeto con un cordel.

—Esta es mujer, encargada de limpieza en la rectoría —leyó saltándose los detalles personales como nombre y edad, Inoichi no tenía esa información y no la necesitaban, lo único que iban a comparar era que los casos de muertes y las investigaciones de fantasmas coincidieran, además, no deseaba exponer la identidad de los difuntos, aunque sí le dio el número de expediente por si acaso necesitaban algo extra a futuro.

—¿Colgada de una viga en el pasillo principal de la segunda planta? —preguntó Shibi.

El corazón del rubio dio un salto.

—Sí.

—¿Cuándo fue eso? —preguntó de nuevo Shibi, ese dato no lo tenía y lo consideraba necesario para establecer la línea de tiempo.

Minato respondió, había ocurrido en la primavera de hacía cuatro años, pero apenas le dio la fecha, se distrajo con las fotos anexas y reportes policiales.

—¿Sucede algo?

—No es un suicidio —respondió Minato.

—Inoichi-san lo sospechaba, dijo que sentía que esa mujer no quería morir, y los suicidas normalmente no piensan así.

—¿Pero solo la han visto colgada?

—Sí, Kushina-san dice que abre los ojos cuando se da cuenta, por decirlo así, de que estamos ahí. La primera vez que hizo eso, Kushina-san gritó y Hayashi-san salió corriendo, pensé que iba a saltar por la ventana, y eso que él no la pudo ver.

—Sí, bueno ¿qué otra… aparición… hay en el mismo edificio?

—Diles "casos" si te incomoda la palabra.

Shibi volvió a teclear.

—Ocho —continuó —. Solo cuatro mujeres contando a la colgada, quizás cuatro y medio, hay un caso que no sé cómo catalogar.

—¿Cómo es eso?

—En todo este tiempo, ni Inoichi-san ni Kushina-san la han podido ver, pero logramos un EPV bastante bueno ¿quieres oírlo?

—¿Qué es un EPV? —preguntó Minato, aunque la lógica le decía que era un audio.

—Una psicofonía —respondió, aunque al notar que la expresión del chico no cambiaba, intentó de nuevo —. Es un fenómeno de voz electrónica, grabaciones de sonidos en frecuencias que normalmente los humanos no podemos escuchar, pero los aparatos de grabación sí.

—Ah.

Shibi sonrió ligeramente, solo por un segundo antes de ponerse de pie y dirigirse a uno de los libreros, sustrayendo una caja pequeña, como de zapatos, pero forrada en papel manila y cerrada con cordel trenzado, como si fuese a ser enviada por correo. La abrió sacando una cinta que puso en un pequeño espacio que quedaba libre en el escritorio, luego abrió un cajón y sacó un reproductor bastante profesional. Minato puso atención a la forma cuidadosa en la que acomodaba la cinta en el aparato, la rebobinaba mientras se quejaba de que ninguno de los otros tenían la educación de dejar las cintas que ocupaban en el inicio de la misma. Luego sacó unos audífonos, los conectó y le pidió que se los colocara. Con cuidado de no abrir demasiado la diadema, Minato se los puso y Shibi le hizo una señal para advertirle que iba a empezar a reproducirla.

La voz de Inoichi lo sobresaltó por su volumen, casi enseguida se escuchaba a Shibi, en la grabación, advirtiéndole que no era necesario gritar, que el micrófono era lo suficientemente sensible. Luego de eso el audio iba con normalidad, Inoichi se presentaba, anunciaba que el grupo de esa noche estaba formado por él, Shikaku y Shibi, daba la fecha, la hora y la localización. Estaban en el segundo piso del edificio de la rectoría, y como nota aclaratoria, Hayashi Inuzuka estaba afuera para llamar la atención del velador si acaso veía su linterna acercándose a donde estaban ellos. Luego pedía silencio, iba a tratar de contactar con "la entidad".

La grabación quedó en silencio por casi dos minutos, hasta que hubo algo como un golpeteo, luego un jadeo y a Inoichi siseando para acallar al impertinente. Después, un murmullo que no era de ninguno de los tres varones registrados como presentes, Minato se llevó las manos hasta los audífonos que cubrían sus orejas y su expresión empezaba a tornarse grave, a medida que su concentración crecía.

El murmullo tomó forma: no, por favor.

No, por favor.

No, por favor.

¡No, por favor!

Minato saltó llevándose consigo la grabadora cuando el murmullo se convirtió en una serie de espantosos gritos y golpes, pero en la confusión no acertaba quitarse la diadema, así que Shibi optó por desconectarlo.

El rubio, en el suelo, con los audífonos puestos y el rostro pálido se le quedó mirando.

—Sí que eres fuerte —le dijo Shibi ofreciéndole la mano para ayudarlo a levantarse —. Inoichi-san dice que se escucha mejor, mientras más poder espiritual tenga quien lo escucha. Yo no escucho casi nada.

—¿Qué fue eso?

—No lo sabemos. El primer reporte de esos ruidos lo obtuvimos de la secretaria, dijo que los escuchó una noche que se quedó adelantando papeleo para pedir permiso de faltar el viernes siguiente.

—¿Y eso es todo?

—Esa noche fue intensa, Shikaku-san y yo debimos sacar a rastras a Inoichi-san, estábamos ahí esperando que algo pasara cuando de repente todo lo que estaba en el escritorio salió volando, Inoichi-san se quejó, un dolor en el pecho y se desmayó. Apagué la grabadora mientras Hayashi-san empezaba a gritar y arrojar piedras a las ventanas de abajo para evitar que el vigilante subiera y pudiéramos escapar.

Minato frunció el ceño.

—Las otras mujeres de la rectoría ¿qué les pasó?

—Con exactitud no sé. Una aparece de pie en la ventana superior derecha, pero solo si se le espera desde abajo, jamás la hemos podido ver en la habitación. Otra, que sabemos era secretaria, se dispara en el vestíbulo mientras grita "¡Te dije que lo haría!" y la tercera es una anciana que sube las escaleras y luego rueda por las mismas.

Minato asintió.

—Esta grabación y la que aparece ahorcada son la misma, es un asesinato.

Habiéndose recuperado de la impresión inicial, recuperó el folder con el expediente y le mostró las fotografías. El cuerpo de la mujer, fotografiado una vez que la bajaron de la viga y la despojaron de sus prendas, tenía golpes que no se correspondían con un suicidio por ahorcamiento, a las manos especialmente destrozadas, le faltaban varias uñas.

—A ella la atacaron antes de colgarla. "No, por favor". Tiene que ser ¿no? Además, Inoichi-san dice que ella no quería morir.

Shibi se llevó la mano a la barbilla en gesto pensativo.

—Kizashi-san me dijo —explicó Minato —, que solo pueden manifestarse a partir de sus propios recuerdos, de ahí que conserven su ropa, no es ropa espectral, es lo que recuerdan tener puesto. Y recuerdan sus últimos momentos de vida porque son intensos, es lo que hace… fijar la imagen ¿no?

Shibi asintió.

—Este audio no tiene manifestación visual porque ella no entiende que pasó, quizás la atacaron con las luces apagadas, todo es oscuridad para ella y es eso lo que recrea, quizás incluso está relacionado con eso que dice Kushina-san de que abre los ojos, la creen muerta y la cuelgan para encubrirse, pero despierta para verse a sí misma en sus últimos momentos en el reflejo de la ventana.

Shibi volvió a asentir.

—Voy a anotar eso. Desconozco si dos diferentes manifestaciones pueden ser del mismo espíritu.

Chōza los llamó a cenar desde el otro lado de la puerta y los chicos salieron en silencio. Tenían que explicarle la teoría a Inoichi y averiguar si era posible.


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