El hombre a su costado seguía hablando y hablando. Ella no podía dejar de ver al hombre que atendía la barra con mucha agilidad. Sus emociones estaban a flor de piel, su respiración atorada.
- Y bueno esa es la razón por la que necesito darles esa estabilidad sino no aceptarán ir a Seattle.
Bella giró para verlo otra vez.
- ¿Me da la lista de los empleados que irían? - voz se notaba bastante afectada.
El hombre se descolocó por el cambio en su voz.
- Si. Si. Por supuesto. Iré por ella de inmediato.
El hombre se retiró dejándola sola con su guarda espalda. El moreno parecía preocupado era probable que su rostro delatara su condición de sorpresa.
- Kenet, pide en la barra un whisky doble.
Le ordenó mientras ella en medio de su nerviosismo escribía en su teléfono para aparentar que se encontraba tranquila.
Su mirada volvió a la barra. Era probable que él no la viera por las luces y distancia, además físicamente había cambiado un poco ya que era una mujer de veintiséis no una niña de dieciséis. Al igual que él, ya no era un niño de dieciséis y su cuerpo lo demostraba por la presencia de músculos. Cuerpo desarrollado gracias a muchas horas de trabajo, posiblemente en esa barra lanzando botellas al aire.
- Aquí esta. - el hombre había vuelto en algún momento mientras ella vigilaba la barra. Al parecer tampoco había notado que Kenet ya tenía servido su vaso y esperaba en silencio a que ella lo tomara.
Aún nerviosa bebió un par de tragos antes de animarse a leer la hoja de papel que el hombre le entregó.
Su vista no había fallado.
Las lágrimas querían hacer su aparición en ese instante.
- Yo lo llamaré. - Isabella se puso de pie luego de acabar su vaso de golpe. - Tengo que irme.
Tomó a Kenet del brazo para ni caer.
Salir del lugar fue difícil pero no lo recuerda, su guardaespaldas fue su guía en todo el camino entre cuerpo sudorosos y bebidas. Ella sólo podía aferrarse a él para poder mantenerse estable.
Llegó al hotel donde se alojaría y se retorció de dolor apenas tocó su cama. Las lágrimas que ya brotaban sin parar ahora fueron acompañadas por gemidos lastimeros. Los recuerdos la inundaban en ese momento, de alguna manera se encontraba tan conmocionada que no podía pensar con claridad.
Jasper la llamó preocupado cuando pasaron las horas y ella seguía sin comunicar ninguna noticia.
- Jasper...
- ¿Bella? ¿Qué pasa? ¡¿Estas bien?! ¡¿Sucedió algo?!
- No, no. Sólo tengo un enorme dolor de cabeza.
- Bella... no me mientas. - gruñó su hermano.
- No es nada Jas. - respiró hondo. - No llegué a un acuerdo, me quedaré un día más.
- ¿Quieres que yo vaya a negociar? ¿Es un patan?
- No. Quédate, ya sabes que los niños te extrañan cuando viajas. Yo lo solucionaré.
- No me gusta esto. - admitió su hermano muy preocupado.
- Jas... confía en mí. Estare bien. - insistió. - Ahora cuéntame sobre Haley, ¿qué hizo en el preescolar?
Su hermano le comentó algunas aventuras de su hija, traviesa y muy segura de siempre se metía en problemas. El pequeño Nathan había tenido un día difícil por la gripe que se le pegó por salir a jugar en la lluvia con su madre, Maria apesar de haber sido modelo de pasarela tenía costumbres diferentes que la alejaban del prototipo de modelo ya que era aventurera, sencilla y gracias a sus raíces latinas tenía una manera diferente de criar a sus hijos que tenía a Jasper fascinado.
Bella se acostó esa noche luego de tomar una pastilla, su mente llena de recuerdos de épocas oscuras y agridulces batalló para que ella no pudiera descansar tranquila. En sus sueños estuvo presente el cobrizo que le robó el aliento luego de cada beso, también no pudo evitar que su mente viajara a esos días recluida en una prision donde sólo podía pensar en regresar con él y escapar al fin lejos de ese maldito lugar. No recibir ni una llamada o que él no contestara las suyas no fue impedimento para que su esperanza continuara vigente. Cuando su hermano apareció al fin ella no pudo evitar llorar desconsoladamente contando todo el infierno que había pasado durantes sus meses de encierro, su aborto y como su madre la había obligado. Jasper logró sacarla de ese lugar luego de chantajear a su madre. Apenas salió libre le rogó que la ayudara a volver a la escuela en ese instante, necesitaba ver a Edward... llegar y ver que había sido expulsado y nadie sabia sobre su paradero la mató por dentro.
- Te busque. - susurró pensando en el cobrizo que había cambiado su vida.
Y con esas palabras se quedó dormida.
Al despertar esa mañana se dio cuenta de lo estupida que habia sido su reacción. Que en ese momento pudo cumplir su anhelo de al fin hablar con él y pedirle perdón otra vez por lo que paso, saber que hizo con su vida aunque verlo detrás de la barra era un adelanto de esa respuesta.
Nerviosa visualizó los escenarios que pasaban por su cabeza, en todos ella salía lastimada después de la conversación. Su guardaespaldas vigilaba sus movimientos mientras ella se dirigía a la nueva reunión que había pactado por teléfono con Lafertti.
- Basta Kenet, tus miradas me ponen nerviosa.
El moreno alejo la mirada en ese momento gracias al tono amenazante de la mujer.
Al llegar al local otra vez sintió una ola de sentimientos revoloteando en su estómago, había tomado una decisión que luego de muchos años era completamente egoísta.
- Señorita Isabella. - el hombre nervioso se acercó a saludarla. - Vamos a mi despacho.
El local estaba siendo limpiado aun, el personal de limpieza la veía de reojo mientras pasaba entre ellos y pudo ver algunas meseras de la noche anterior. El decorado era interesante y a pesar de ser temprano le llamó poderosamente la atención.
La oficina no escapaba de ser un ambiente personal con fotos del hombre junto a su familia. Curiosamente no pudo evitar fijarse en una cara conocida en alguno de los retratos.
- Es mi hija Rose. ¿Es hermosa verdad? - el nombre no le dijo nada a Isabella, sólo atinó a asentir. - Es arquitecta y me ayudó con la construcción de este lugar además de decorarlo. Ella es mi orgullo.
Ella en cambio era la decepción de sus padres, sintió envidia de Rose en ese momento.
- Bueno dígame que oferta es la que tiene en mente señorita Swan.
Bella activó todo su encanto en ese momento.
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No pudo evitar sonreír con nerviosismo al verse al espejo, quería verse hermosa para él. Era ridiculo tener esperanza, lo sabía, pero no podía evitarlo.
Kenet manejaba tranquilo el auto alquilado hacia el local por segunda vez ese día. Bella debía admitir que era un hombre centrado en su trabajo ya que ni una vez la recorrió con la mirada apesar de llevar un vestido tan corto y verse despampanante.
- Kenet, lo que pase hoy no puedes comunicarlo a nadie. Será confidencial y te costara tu trabajo.
El hombre serio asintió.
- Si no te pido que intervengas no lo hagas. - el hombre levantó la mirada en ese momento. - Hablo en serio. Yo lideare hoy con todo, no intervengas.
Con esa consigna entraron al local, ya existía un lugar asignado para ella donde se sentó nerviosa y reviso su maquillaje otra vez.
- Kenet pide un martini. - se deshizo de su guardaespaldas y nerviosa observó a la barra.
Ahí estaba de nuevo. Moviéndose ágilmente y al parecer sonreía a sus clientes por algo que estos decían, Kenet llego a la barra en ese momento pero fue atendido por otra persona. Estaba decepcionada, quería probar como preparaba sus tragos la otra persona.
Ella no quito la mirada de la barra en ningún momento. Kenet le entregó su pedido y ella lo bebió buscando tener valor. El hombre que mezclaba en la barra completamente ajeno a ella quedó algo solo luego de que el dj llamara a todos a bailar. Era el momento. Acabo su trago de golpe y se paro en ese momento. Bajó las escaleras repasando que iba a decir. Las luces provocaban que sintiera como daba cada paso.
Se valiente, se repetía internamente.
Cuando la visión de la barra apareció delante de ella su mirada buscó y buscó al encargado pero parecía haberse esfumado.
- ¿Te sirvo algo? - le preguntó el compañero de barra con un tono sugerente.
- Ehm buscó a tu compañero.
El hombre se rió en ese momento de algún chiste privado.
- Esta en la bodega. Ocupado. - admitió. - Pero yo no.
Su tono sugerente la fastidió demasiado.
- Lo esperaré.
El muchacho levantó las manos en signo de rendición pero volvió a comersela con la mirada.
Pasaron muchos minutos donde ella sólo podía fijar su mirada en la copa de martini que había terminado pidiendo. Su mirada se dirigía a la bodega esperando el instante donde él haría su aparición. Su nerviosismo empeoraba asi que pedía que su vaso sea rellenado una y otra vez. Cuando acabo el quinto la puerta se abrió. Asustada quiso escapar, estaba ebria no podía verla en ese estado que demonios estaba pensando. Se levantó dispuesta irse cuando vio quien salía de la bodega; era una mujer que arreglaba su vestido que tenía algunas arrugas y detrás de ella estaba él que relajado terminaba de alisarse la camiseta, era más que obvio lo que había ocurrido ahí adentro.
- ¡Hey, te buscan! - lo llamó su compañero en ese momento mientras Bella seguía en shock por lo que acababa de ver pero al escuchar la voz entró en un estado de ansiedad por escapar increíble.
El cobrizo giró en ese momento para ver que pasaba.
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Aquí vamos de nuevo! No demore casi nada. Muchas me preguntan por Límites Obligados les contaré la verdad; yo tenía escritos cuatro episodios hace muchos meses pero no había creado una conexión argumental con ellos hasta hace poco y cuando quise revisarlos no aparecieron, yo los tenía en mi teléfono en una app de word pero parece que esta se actualizo y eliminó las versiones antiguas de word con eso pueden imaginar hace cuanto escribí esos capítulos. Bueno ahora estoy tratando de reescribirlos pero entenderán que es un proceso largo.
