Vela
La alarma del despertador sonó. Rápidamente, Minato extendió el brazo para apagarlo. Le estaba costando abrir los ojos, y sentía que recién se había acostado.
—Kushina-chan te matará si llegas tarde —farfulló Kizashi desde su cama, envolviéndose entre las cobijas y dándole la espalda.
—Estaré listo en un minuto.
Realmente no lo creía, serían quince a lo mucho, por eso puso la alarma anticipadamente.
Normalmente, él no tenía problemas al levantarse a las cinco menos cuarto para llegar a sus entrenamientos. Pero cuando tenía que dormirse pasada la media noche, para dejar listas sus tareas de clase y las del grupo de la Cumbre de la Gran Alianza, ya no era tan fácil. Además, no eran las cinco menos cuarto, eran las tres menos veinte.
Bostezó estirando los brazos tanto como pudo, y cuando alguna de las articulaciones tronó, tuvo una sensación liberadora.
Arrastró los pies hasta la silla del escritorio que le correspondía, no quería encender la luz pese a que su compañero estaba parcialmente despierto, así que se vistió con la muda que había preparado antes de acostarse. Se anudó las agujetas de las zapatillas y salió sin despedirse, pasando al baño para lavarse la cara y los dientes.
Luego de eso, con el viento otoñal golpeando su rostro, se sintió más lúcido, por lo que fue capaz de apresurar el paso para llegar a su cita.
—Buenas noches —dijo.
Kushina levantó el rostro, mirándolo con gesto inquisitorio, algo a lo que ya se había acostumbrado. Algún día le preguntaría exactamente qué le resultaba molesto de su persona, porque no creía haberla ofendido de alguna manera, al menos no una tradicional.
La pelirroja lo señaló con el dedo, deteniendo su camino.
—Esta noche —le dijo casi gritando, a diferencia de él, que había modulado su voz como si temiera despertar a alguien, pese a que estaban bastante lejos de cualquier edificio —, te voy a enseñar las bases del Fūinjutsu.
—Excelente… ¿Qué es el Fūinjutsu?
Kushina puso los brazos en jarras. Sonriendo. Minato se sintió afortunado de verla de esa forma, así que concluyó que tal vez debería mostrarse más receptivo para ponerla cómoda, seguramente su renuencia, se debía principalmente a que Inoichi había creado toda una mitología en torno a él, alterando el statu quo del grupo.
—Son técnicas de sellado —dijo —, aunque pueden usarse de diferentes maneras según se requiera.
Minato asintió, acercándose hasta uno de los botes que yacían en la orilla del lago, con la intención de usarlo de banquillo.
—Te observo —le dijo.
—No, lo vas a hacer —aclaró, incitándolo a parase junto a ella.
El chico imitó su postura, con la espalda muy recta y los brazos frente a su pecho.
—Las posiciones con los dedos ayudan a desbloquear la energía.
Kushina continuó hablando, explicándole sobre la forma en la que incluso necesitaba respirar, despejar su mente… dejar fluir la energía…
Minato suspiró. No había entendido nada en la clase de electrotecnia cuando le hablaban de corrientes, apertura y cierre de circuitos, y eso tenía piezas que podía manipular con las manos. De lo que estaba hablando Kushina, tenía menos idea todavía.
No sabía de qué flujo le hablaba, ni menos aún cómo era que la energía circulaba.
—¡Pero sí que eres torpe! —exclamó Kushina al cabo de un rato —¡Tu energía se mueve como pato borracho, ttebane!
—¿Un pato borracho?
—¡Ni siquiera lo estás intentando!
Minato se encogió instintivamente cuando ella empezó a agitar la mano frente a él, como si intentara pegarle, pero se controlaba justo a tiempo para no hacerlo.
—Hago mi mejor esfuerzo ¡de verdad!
—¡No es cierto!
Por un instante, el chico creyó que sí lo iba a golpear y retrocedió un paso, sin embargo, la pelirroja pasó de él, volvió a tomar postura con las manos, cerrando los ojos, haciendo un gesto de absoluta concentración.
Minato la miró, poniendo toda su atención, intentando descifrar qué era lo que no estaba haciendo correctamente.
Kushina caminó lentamente hacia la orilla del lago, entrando en el agua hasta que esta llegó a los tobillos, haciendo que el pantalón de enorme campana que llevaba, perdiera un poco de su volumen.
Pronto se dio cuenta de que ocurría algo. Las ondas que había provocado al caminar se extendieron de forma inverosímil varios metros, como si pudiese llegar a todas las orillas, creando circunferencias tangentes, Incluso le pareció que su largo cabello rojo se movía formando también ondas imposibles en las puntas.
El viento sopló arrastrando las hojas caídas de los árboles cercanos. Ese mismo soplo le causó un escalofrío, por lo que se encogió en el cuello de la chaqueta. Aun así, se sentía incapaz de mirar hacia otro lado.
Tragó saliva a medida que cada vello de su cuerpo se erizaba, y enseguida apretó los labios, tensando las piernas para no salir corriendo apenas se percató de que las ondas en el agua que Kushina había provocado, venían de regreso, y al seguir esa dirección, vio… algo.
—Si gritas, te mato, ttebane —masculló Kushina con algo de dificultad, cambiando la expresión de su rostro por una que demostraba cierto esfuerzo, enfatizado por la tensión de sus manos que mantenían en la misma posición, pero empezaban a ponerse blancas.
Minato no creía que fuera a gritar. No lo había hecho, o al menos no recordaba haberlo hecho, cuando Inoichi lo llevó a conocer a la entidad del capitel, pero sabía que, si giraba la vista, no iba a poder dormir en días, o le iba a dar algo como lo que le pasó cuando vio al maestro suicida de su edificio. Algo que no podía permitirse porque tenía reunión con el grupo de debate.
El oleaje del agua se volvió más violento, y el viento por sí mismo no podría logar, y venía acompañado de algo como un sollozo.
Decidió concentrarse mejor en Kushina, porque a medida que los segundos avanzaban, se convencía más de que no era un sollozo, sino palabras, que lo que fuera que estuviera en el lago, estaba hablando.
A la luz de la luna, parecía más pálida de lo que realmente era, pero tenía un perfil bonito, con todo y el ceño levemente fruncido, con facciones finas y pequeñas que le daban cierto aire de niña ruda, o como lo que solían llamar en Icha Icha, una tomboy.
Nunca le había quedado del todo claro el concepto, Jiraiya lo entendía y explotaba visualmente de una forma, mientras que artistas y cantantes lo hacían de otra, y la gente de diario, de otra.
Aun así, era la primera palabra que le pasaba por la cabeza tan solo viéndola con el pelo desordenado, sus camisetas enormes y la manera ruda con la que, al menos con él, se comportaba.
Entonces, mientras seguía mirándola, se dio cuenta de que entre las manos de Kushina había algo como finos hilos color celeste
—No le hagas caso —dijo de pronto, sin mirarlo siquiera —. Dirá lo que sea para evitar que acabe con esto.
Tragó saliva. Un frío intenso se había apoderado de su cuerpo, pero luchó contra esa sensación simplemente metiendo las manos en los bolsillos de la chaqueta y encogiendo los hombros para que el cuello acolchado de la misma lo abrigara un poco.
—Él ya la ha elegido.
Minato cerró los ojos con fuerza. Esa voz era la descripción perfecta de lo que en los relatos de Lovecraft se solía traducir como "sonido reptante" y que, hasta ese momento, no tenía idea de cómo entenderlo.
—La quiere para él, y no podrás salvarla.
—¡Cierra la boca, ttebbane! —chilló Kushina cambiando abruptamente la posición de sus manos, con lo que esos fijos hilos azules se sacudieron y en un instante, Minato, abriendo los ojos para saber si podía ayudar en algo, creyó verlos convertirse en cadenas, y enredarse alrededor del cuerpo de lo que parecía una mujer, pero algo en su aspecto no permitía que terminara de asentar esa idea en su cabeza.
Sus ojos, su enorme boca, la lengua bífida o la parte inferior de su cuerpo, parecida a una serpiente…
Entreabrió los labios.
—Eso no es un fantasma —fue lo primero que se le ocurrió decir.
—Pues no —respondió Kushina con un jadeo, haciéndolo sonar como si fuese la cosa más obvia del mundo a la vez que tiraba de las cadenas —. Es una Nure-onna ¡Ayúdame!
Minato dio un salto corriendo hacia ella que estaba siendo arrastrada al interior del lago. Sin estar seguro de a qué se refería, simplemente decidió rodear con ambos brazos su cintura y levantarla, jalándola hacia tras para salir del agua.
Ella apenas pesaba, pero el tirón de las cadenas hizo que por poco perdiera el equilibrio. Sin embargo, con el espíritu inflamado de una fuerte determinación a no permitir que lo que fuera aquella criatura los venciera esa noche, cerró los ojos repitiendo las escuetas indicaciones que le diera Kushina al inicio para "liberar su poder".
—¡Por la melena dorada de Inoichi! —exclamó ella.
En tan solo un instante, sus cadenas habían adquirido un brillo adicional y la criatura que estaban atando se retorció con más insistencia.
—¡Bájame! — gritó sujetando los brazos del muchacho para tratar de soltarse, aunque no logró nada más que hacerlo reaccionar —¡Hay que completar el sello!
Minato aflojó el agarre, pero antes de que pudiera bajarla con cuidado, ella ya había dado un salto y empezaba a correr alrededor del lago, aunque no lo hacía del todo bien y sospechó que se debía al enorme pantalón de mezclilla completamente empapado más que a una falta de habilidad real.
Dejando los detalles irrelevantes de lado, fue detrás de ella, que seguía cambiando la posición de manos, creando más cadenas, hasta que la criatura quedó en el centro del lago, sostenida desde varios puntos, de modo que no podía ir a ningún lado.
—¡Lo hicimos! —exclamó entre jadeos Kushina levantando las manos.
—¿Terminamos?
—¡Claro que no, tonto! ¡Sellamos a la Nure-onna! ¡Falta reclamar el alma del ahogado!
Minato dejó escapar un suspiro.
En sus entrenamientos de atletismo corría más que el perímetro del lago, y con una mayor exigencia, sin embargo, se sentía terriblemente agotado.
Por su parte, Kushina, aun bastante fresca, pero con los movimientos extraños que provocaba su inmenso pantalón mojado, volvió a acercarse al lago. Esta vez la posición de sus manos era la más tradicional a un rezo ordinario, con las palmas juntas cerca de su mentón.
—Tomará solo un momento, ttebane.
Minato se sentó en el suelo, con las piernas extendidas, ligeramente encorvado, pero atento a lo que sucedía.
El agua volvió a agitarse, poniéndolo en alerta. Sin embargo, la sensación resultante de ello fue completamente diferente. En lugar de la pavorosa necesidad de no mirar, un sentimiento de pena insoportable lo invadió.
Un muchacho, de la misma edad que ellos emergió lentamente.
Llevaba un pantalón obscuro y una camisa blanca de manga corta mal acomodada. Minato lo miró con atención, negándose en rotundo a ceder al pánico que provocaba la anti naturalidad de aquella aparición.
Tenía la cabeza levemente agachada y al andar parecía en realidad que alguien más lo movía, pero no como una marioneta, no había tensión en sus articulaciones, no estaba seguro de cómo explicarlo porque en primera instancia, no debería de ser capaz concebir eso como algo real, por lo mismo era un hecho que no se ajustaría a las leyes naturales. Buscó su mirada, por un instante pareció ser consciente de su presencia y muy lentamente levantó el rostro.
Con un hueco en el estómago, entre los rasgos hinchados y azules de aquel muchacho, Minato vio un par de ojos en los que reflejaba la más absoluta de las tristezas., no eran los agujeros negros del profesor de su edificio, eran unos ojos normales que delataban cierta conciencia, por lo que pese a la tragedia por la que había acabado en el lago, Minato sintió cierto alivio.
—Hay no… —dijo Kushina sin cambiar su postura.
—¿Qué sucede?
—¡Hay más de uno!
Ni bien acababa de decir eso, del lago emergieron varias figuras más, y todas se dirigían hacia donde estaban.
Kushina haló aire exageradamente, mientras que él sentía solo la necesidad de encogerse, fingiendo que no estaba ahí.
—Ahora voy a abrir la puerta, pon atención.
Asintió, aunque ella no tenía manera de saberlo, pues aún estaba con los ojos cerrados. Separó sus manos colocando una arriba y otra abajo para luego moverlas a la inversa, como el aleteo asimétrico de un ave.
El viento volvió a soplar. Minato respingó la nariz, le había llegado un ligero olor a podredumbre, y aunque pudiera haber parecido normal dadas las circunstancias, lo cierto era que no se había manifestado desde el principio, y por algún motivo, estaba seguro de que no provenía del lago.
El pelo de Kushina se revolvía con insistencia, aquellas apariciones seguían arremolinándose. Entonces, una de ellas extendió la mano, como si quisiera tocarla.
Minato sintió una punzada en el pecho y la urgente necesidad de evitar que hicieran eso. De un salto se puso de pie y acortó la breve distancia que los separaba, atrapando a Kushina entre sus brazos, quitándola del alcance de la criatura. Ella chilló, abriendo los ojos justo a tiempo para ver cómo aquellos rostros, que por mayor deformidad solo presentaban la hinchazón y la peculiar coloración azul, casi púrpura, se deformaban grotescamente, abriendo sus bocas de forma exagerada.
Enjambres de moscas emergieron de aquellas cavidades formando un denso nubarrón que producía un estruendoso sonido.
Kushina apretó el brazo del chico, mientras sus ojos no se podían apartar de eso.
Por su parte, Minato tenía puesta su atención en otra cosa y poniéndose de pie con la pelirroja en brazos, se apartó del sitio un poco más. Los siniestros cuerpos habían seguido su camino, aunque pronto se percató de que no iban por ellos, que pretendían seguir un trayecto que no le costó absolutamente ningún trabajo imaginar que era la rectoría.
Una carcajada espantosa recorrió el bosque, y ambos miraron hacia el centro del agua, donde aún permanecía atada aquél otro espectro con forma de serpiente.
Las cadenas que la ataban se estremecieron, apagando gradualmente el destello azul.
—Hay que decirle a Inoichi —dijo Kushina.
Minato asintió, pero se detuvo enseguida al sentir que ella se aferraba a su brazo, notando que no había sido capaz de sostenerse sola.
—Me lastimé el tobillo cuando caímos.
—Lo siento —dijo Minato, consciente de que, en realidad, él la había empujado —. Te llevo.
Kushina quiso objetar, pero el dolor punzante recorrió toda su pierna, así que dejó que la cargara, echándole los brazos al cuello para tratar de distribuir mejor su peso.
—Creo que esto es peor de lo que creímos —susurró Minato.
—No tanto. Me imaginaba que podría pasar. El territorio sobre el que tiene influencia el demonio es bastante amplio, y hay más yōkai, creo que deben ser sirvientes menores, ttebane.
Minato no pudo evitar el suspirar.
—Oye —le dijo—, no soy especialista en diseño curricular, pero una clase teórica sería fantástica antes de otra práctica de campo.
—Pensé que estarías aterrado.
—Lo estoy —repuso Minato con total franqueza —. Ten por seguro que voy a tener pesadillas el resto de mi vida, y sin el consuelo de creer que son solo sueños.
Kushina levantó la mirada, haciendo contacto con sus ojos azules, claros y brillantes aún en la obscuridad, como si él mismo desprendiera una luz que disipaba cualquier sombra.
—Perdón por ser tan grosera.
Minato sintió que se sonrojaba, no estaba seguro del motivo, quizás descubrir que sí era personal y no solo una forma general de ser.
—No… no tienes porqué disculparte.
—Cuando tengas tiempo, y si no estás muy cansado, puedo darte la clase teórica, o al menos explicarte lo poco que he entendido sobre lo que sucede aquí… para el informe que haces con Shibi, quiero decir.
El rubio sonrió. Siempre había preferido tener amigos que enemigos, y saber que cualquier cosa que hubiera hecho para ofenderla estaba arreglada, le causó cierta felicidad.
—Gracias.
Kushina bajó la cabeza recargándose en su pecho.
Para cuando la casa de la Sociedad de Estudios Parapsicológicos apareció en su campo de visión, ella ya se había quedado dormida.
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