Era una cobarde. Aunque si lo pensaba mejor no era solamente cobarde, era un remedo de cobarde. Había huido de tantos momentos importantes que se sorprendía por la cantidad de veces que el destino colocaba de nuevo una oportunidad.
- Señorita Swan, el local empezó a vaciarse. - Kenet con su paciencia infinita le dijo en voz calmada ya que estaba tan concentrada en la barra que no quería asustarla.
Avergonzada tomó su bolso y dejó dinero sobre la mesa como venía haciendo las últimas dos semanas. Porque si, ella llevaba siendo una acosadora mediocre dos semanas sin parar ya que no se atrevía a hablar con él. Cuando lo tuvo casi al frente y lo vio salir de la bodega con una mujer salió corriendo del lugar sin pensarlo dos veces, amargamente recuerda haber vomitado junto a algún contenedor de basura afuera del local y gracias a Kenet logró regresar a su hotel a sentirse miserable pero con privacidad.
Esos habían sido sus días en Los Ángeles pero ahora ya se acababan, necesitaba volver a Inglaterra ya que Jasper estaba a punto de tener un aneurisma por la preocupación además la fusión con el hotel de Seattle se daría en un par de días y ella no tenía nada que hacer en el lugar.
Caminó entre la multitud como venía haciéndolo de martes a sabado, las miradas lascivas la perseguían y más de uno quiso sacarla a bailar pero siempre se negaba, era su marcha de la vergüenza. Algunos días se iba más temprano ya que podía ver algunas visitantes entrar a la bodega o al baño de empleados acompañadas...
- Hey, hoy no te puedes negar. - un rubio que llevaba bastantes días invitándola a bailar tomó su mano.
Kenet se apegó de inmediato.
- Suéltame. - le ordenó tirando de su brazo.
- Oh vamos. - bastante seguro la apegó a su pecho. - Yo sé que te gusto.
- Me gustaría verte lejos.
Ácidamente se soltó y se apegó a Kenet otra vez.
- Te invitaré un trago nena. - Esta vez el hombre volviendo a ser insistente tironeo de su brazo.
Todo paso tan rápido que Kenet no pudo tomarla. El tipo la tomó de la cintura y la empujó hasta la barra en un sólo movimiento. Bella se encontró de pronto entre el cuerpo musculoso y ebrio del tipo y la barra a la que había estado vigilando por semanas.
- ¡Dos cervezas! - ordenó el rubio apegándose a ella y tomó su barbilla con mucha confianza. - Ahora tú...
Iba a besarla.
Bella reacciono empujando su cuerpo lejos de ella.
- Nena... - el tipo insistió siendo brusco.
Kenet se acercaba rápidamente pero los cuerpos de bailarines se interponían en su camino.
El tipo quiso besarla de nuevo a lo que ella respondió con otro empujón.
- Me encantan los retos. - se burló besando su cuello.
Asqueada volvió a empujar.
- ¡Hey! Ella no quiere que la toques. - la voz detrás de ella bloqueó cualquier interacción con el extrerior.
- No te metas. - gruñó el tipo.
- Suéltala. - de pronto se lo quitaron de encima dejándola libre.
Era Kenet que lo tomó reteniéndolo entre sus fuertes brazos.
Por otro lado una mano tomó su hombro.
- ¿Te encuentras bien? - su cuerpo tembló por completo. - Tranquila. No tiembles.
El hombre inconsciente de su efecto la giró para ver su rostro. El tiempo se detuvo en ese instante. La sorpresa debió ser tanta que él no reaccionó, la había reconocido. Di algo se gritaba por dentro.
- Hola. - su débil voz apenas se escuchó debido a la música tan alta.
El no contestó sólo la soltó y retrocedió.
- Gracias, él es muy insistente.
El hombre sólo la observó fijamente hasta que su guardaespaldas hizo su aparición nuevamente.
- Fue echado del local señorita Swan. - le anunció.
- Esta bien. - observó de nuevo al hombre que había vuelto a sus labores.
No sabía que hacer, las cosas no se habían dado como hubiera querido. Pero ahora tenía la oportunidad de hablarle antes de la fusión donde él también participaría. Tomó valor, tenía que hacerlo.
- Oye, ¿podemos hablar? - le preguntó cuando estuvo sin clientes.
El hombre no la observó pero respiró hondo y asintió. Bella sintió que sus huesos de hacían de gelatina, en ningún escenario de su mente las cosas ocurrían de esa manera. Por esa razón cuando él empezó a caminar hacia la bodega ella se quedó en blanco unos segundos antes de seguirlo.
Él entró a la bodega tomando la puerta para dejar que pasara, seguía siendo un caballero. Luego cerró la puerta con llave.
La bodega era espaciosa y contaba con diferentes tipos de alcohol distribuidos en toda la extensión. Pero nada le llamó la atención ya que lo tenía a él otra vez cara a cara, la ansiedad de abrazarlo hizo su presencia sorprendiéndola.
- ¿Cómo has estado estos años? - le preguntó con interés real. El la observó y encogió los hombros.
- Así como me ves ahora.
Bella tragó saliva por su tono.
- Creí que estud...
- No lo hice. - contestó antes de que terminara de hablar.
- ¿No? - los nervios se apoderaron de ella. - ¿Qué pas...?
- No fui aceptado. - contestó sin emoción.
- Eso es imposible, eras el mejor de todos.
- No suelen darle becas a alumnos expulsados.
Bella respiró hondo aguantando el golpe.
- Aun no es tarde. - ya lo había pensado antes, cuando lo vio tras la barra. - Pued...
- Lo es. Ya no quiero estudiar. - volvió a cortarla.
- Era tu sueño. - recordo con pena.
- Los sueños cambian. - relajado se apoyó sobre las cajas y la recorrió con la mirada. - Las personas no.
Ningun insulto hubiera sido más doloroso que escuchar esas palabras. Ella había cambiado, ella se esforzaba día a día por ser una mejor persona, su ropa no significaba nada y sólo se la había puesto por él porque quería gustarle, que tonta fue al pensarlo ya que parecía lo que es; una niña rica.
- Eso no es verdad. - refutó mirándolo a los ojos.
- ¿Qué haces aquí Isabella?
No iba a admitirlo. Apesar de todo, tenía orgullo.
- Estoy aquí por trabajo.
- La fusión con los hoteles Swan. - el sonrió cínicamente.
Ella se quedó sin aire, él era consciente del trato y a donde iría a trabajar.
- Lo sabes.
- Por supuesto. Yo soy uno de los que irán a Seattle. Pagarás bien.
- ¿Estas dispuesto a trab...?
- Si, es dinero Isabella. El dinero lo es todo. Tú más que nadie lo sabe.
Sacó un cigarro y se lo llevó a la boca. Aspiró tranquilo observándola.
- No lo es. - susurró.
- Bueno creo que no pensamos igual. - él se encogió de hombros. - Pero eso no importa ahora serás mi jefa.
- Yo no estar...
- Sé del trato que hiciste con Bob, su hija es amiga mía y me contó todo. Tú pagarás nuestros sueldos, somos tus empleados no de Bob.
- Hice el trato porque ustedes solicitan alojamiento en el hotel pero necesitamos registrarlos como nuestros empleados.
- ¿Apesar que eso incluya más gastos para ti? ¿Seguro, alojamiento...?
- Es lo que legalmente corresponde.
- Que justa. - se burló. - Haré horas extras, seguro las remuneraciones serán grandes.
- Recibirás el dinero que te corresponda.
- También me darás de comer, seguro y una habitación de hotel. ¿Puedo elegir la habitación? Nunca he estado en una suite.
Bella carraspeo.
- Ah lo siento, sólo soy un empleado así que no podría soñar con una habitación así. Esas sólo pueden ser ocupadas por gente como tú.
- Puedes alojarte cuando puedas pagarla, existen descuentos...
- Para empleados. - Edward rió cínicamente. - Ahorraré todo el año para ese momento. Sentirme como tú por un día es un sueño.
Sus palabras hirientes y sarcásticas la lastimaron.
- No serás un empleado más y lo sabes. Gozarás de todos los beneficios que te corresponden y... - respiró hondo, tenía que ser sincera con él. - tendrás la administración del local.
- ¿Qué? - eso lo sorprendió.
- Yo hice el trato para tener el poder de darte el puesto de gerente. No necesitarás estar en la barra y ganarás mucho más de lo que creías.
- Nunca he administrado un pub.
- Bueno parece que tienes mucho tiempo en esto y sé que no fallarás. Tu contrato esta en Seattle esperándote.
- Sigues siendo una caja de sorpresas Swan. - acabó su cigarro y se acercó a ella. Afectada sólo se quedo quieta. - Pero no es una novedad que sigas siendo una manipuladora. - ella retrocedió al escuchar sus palabras. - ¿Te ofenderás? ¿No lo fuiste? Fingir un embarazo, acostarte con media escuela por venganza y amenazar a mis amigos. Eres una manipuladora.
- No soy esa persona.
- Si lo eres Isabella. - se acercó acorralándola contra las cajas. - Esa palabra es la que mejor te define en todos los sentidos.
- No negaré lo que hice pero haría lo que fuera por cambiar todo.
- ¿Así? - se burló cruzándose de brazos.
Ella no dudo.
- Si. Todo.
Edward sonrió. Se acercó acorralándola entre sus brazos.
- Creo que podemos empezar por el primer cambio. No más acoso. Estoy cansado de sentirme observado, me recuerda a esa maldita escuela en Londres.
Bella se quedó sin aire. Él lo había notado.
- Yo...
- Quiero también un par de beneficios. - sus palabras sedosas eran pronunciadas sobre sus labios. - En Seattle me sentiré muy solo, una habitación de hotel...
Ella tragó saliva, se sentía ahogarse.
- No puedes meter mujeres. - replicó de inmediato. - Esta prohibido. Es política de la empresa.
- Bueno tenía algo más en mente. - tomó sus caderas con una sonrisa que le quito el aliento. - Debes tener una casa impresionante.
- Yo vivo en Inglaterra. Estoy aquí sólo por la fusión. - admitió con sinceridad.
- Es una lástima.
- Edward... ¿Qué intentas probar? - preguntó, su corazón estaba latiendo tan fuerte que era posible que no fuera delatada.
- Quiero ver que tan lejos me dejarás llegar. - admitió sincero apegándose tanto que ella sintió la silueta de su verga.
- No creo que sea correcto. - admitió ella alejado su vientre del suyo.
- ¿Segura? - jugueteó con sus labios sin llegar a besarla. - ¿Qué es correcto? ¿Obligarme a ser tu empleado haciendo un trato con mi jefe o fingir un embarazo para obligarme a estar contigo? ¿Sabes distinguir lo que es correcto?
- Edward... - sorprendida quiso alejarse.
- Sigues siendo la misma manipuladora. - volvió a lastimarla. - No cambiarás jamás.
Las lágrimas comenzaron a asomarse.
- Sólo que ahora si sé que puedo llegar tan lejos como quiera. - la apegó bruscamente de las caderas. - Ya no somos niños.
- No. - le pidió. - No quiero que esto sea así. Yo si cambie, te lo prometí y cumpli. No hubo día que no te pensara.
- No quiero tus mentiras. Vamos Bella. - su diminutivo la emocionó. - Estamos grandes, sabes lo que quiero y lo que quieres.
- Quiero estar contigo. - admitió.
- Yo tambien. - le respondió con una sonrisa.
- No en ese sentido. - ya llorosa, lo empujó. - Quiero lo que teníamos, siempre lo quise.
- Yo tambien lo quiero.
- Edward por favor...
- ¿Qué teníamos Bella? - se burló. - Cogiamos mientras decías que me amabas.
- Te amaba, realmente lo hacía y tú me amabas. Arruine todo y me sigo arrepintiendo pero lo que teníamos era real.
- Eramos niños. - le quitó importancia.
- Si, niños que pasaron por mucho.
Edward suspiró cansado de la conversación.
- Bueno. - quitó pelos que se colaban en su rostro. - No estarás en Seattle cuando implementemos el pub.
- No. - contestó quedamente.
- Es una lástima. - admitió acercándose de nuevo.
- No juegues más. - le rogó.
- Me gusta jugar. ¿Recuerdas cuando estudiabamos en tu habitación y te apretabas contra mi brazo cuando estaba concentrado? - Ella lo recordaba, le gustaba jugar. - Estoy seguro que si. - besó su mejilla.
- ¿Qué es lo que quieres? - preguntó de nuevo.
- No vuelvas a Inglaterra.
- No puedo yo...
- Quiero que estes en Seattle. - exigió cortándola. - Quiero beneficios por esta fusión.
- Mi hermano me está esperando en Inglaterra, tengo trabajo allá. No puedo quedarme por ti...
El la soltó pero no se alejó.
- Te sigue importando lo que dirá el mundo. - Bella empezó a negar en ese momento. - Sigues siendo la misma.
- Edward no, no vayas por ese camino. Si quieres que volvamos a tener algo no lo ocultaré, pero hay que conocernos de nuevo... yo... - estaba nerviosa. No sabía como reaccionar, jamás se imagino en una situación similar.
- No te estoy forzando. - Edward se alejó. - Mira la vida que tengo. Gano suficiente dinero para sólo poder mantenerme, no tengo nada que ofrecerte y no lo tendré ya que tú estás acostumbrada a otra vida. Las cosas entre tú y yo no han cambiado con los años.
- Edward eso a mi no me importa. - admitió tranquila. - En serio es lo último que me interesa. Yo he cambiado, mis prioridades son otras y...
Edward la examinaba seriamente tanto que jamás descifraría si lo que estaba escuchando lo molestaba o le agradaba.
- Tus prioridades son tu empresa y tu familia.
- Mi familia. - aceptó. - Mi empresa es parte importante de mi familia porque así es como nos ganamos la vida.
- Entiendo. - se colocó las manos en los bolsillos y suspiró.
- Edward... - suspiró y se acercó a él. - Yo he cambiado, puedo demostrarlo.
- ¿Cómo lo sabré si no estarás en Seattle? - cuestionó aún con el rostro petreo.
- Vendré a revisar el funcionamiento cada...
- ¿Mes? - se burló.
Ella se quedó en silencio era muy probable.
- No estoy interesado. No perderé el tiempo. - admitió indiferente. - Trabajaré como dicta en el contrato y me largaré cuando una propuesta mejor aparezca.
- No puedo retenerte. - triste por como se estaban viendo las cosas suspiró. - Puedo mejorar las ofertas, sabes que intentaré ayudarte en todo.
- No sé si lo harás, no soy una de tus prioridades pero gracias. - se encogió de hombros indiferente pero le dedicó una sonrisa.
- No dejaré que me manipules. - susurró.
- No es lo que intento. - se burló él. - No todos somos como tú. Sólo estoy siendo sincero y te demuestro que es lo que quiero, no te obligaré a nada.
- No lo siento de esa manera.
- Quizás es porque no estoy dispuesto a aceptar condiciones que me perjudiquen, y no me importa si te perjudican a ti. No estas acostumbrada a estar en desventaja.
- Siento que estoy en una negociación y no hablando de nosotros.
- Bueno tú eres la que esta aquí esta noche y también la que me contrató turbiamente. Creo que la interesada en un acuerdo eres tú.
Bella se quedó en silencio. Había sido descubierta mucho antes de ser consciente de que tan irracionales eran sus actos. Él no apostaba nada porque en esta conversación no salia perdiendo de ninguna manera.
Edward la observó de pies a cabeza. La media, conocía esa mirada ya que la había visto antes pero en el mundo de los negocios, esa mirada indicaba que estaba fingiendo; él no le estaba haciendo un favor al hacer esta propuesta, él también ganaría algo que no quería que ella descubra.
- Debo ir a Inglaterra. - respondió lento examinando sus movimientos. - Hablaré con Jasper... - Edward sólo la observaba en silencio. - Necesito tranquilizarlo.
- Luego...
- Iré a Seattle. - aceptó, se metería a la boca del lobo, ciega y sin dudar.
Edward sonrió de lado.
- Nos veremos ahí.
Luego salió dejandola sola en esa bodega.
o
o
o
Capítulo complicado! Lo escribí tres veces y aún así tengo dudas, espero que les haya gustado. Me encantan sus reviews ya saben que son mi motivación para escribir.
