Vio la botella romperse en miles de pedazos, una mancha en la pared quedaría por el líquido que aún existía en la ella.
Edward lleno aún de rabia se sentó en la cama para tironear sus cabellos.
- Lo siento. - susurró. Bella corrió a su encuentro.
- Tranquilo. Todo va a estar bien. Te daré lo que necesitas sólo debes explicarme que sucede.
Edward fijó la mirada lejos de ella y rehuyó cuando quiso acariciar sus cabellos.
- No quiero darte detalles. - admitió incómodo. - No quiero que te involucres más de lo que estoy dispuesto a permitir. Sólo puedes saber que... tengo una deuda.
- ¿Te metiste en problemas? - preguntó preocupada, quizás tenía algún vicio.
- No quiero hablar de eso. - rebuscó en su bolsillo. - Esta es la cuenta donde debo depositar el dinero. Verás que hay intereses y que crece cada mes, seguirá creciendo un tiempo más. Cuando acabe lo sabrás porque no figurara ninguna deuda.
- ¿Qué...?
- Sólo te pido que no investigues. No quiero que te enteres de que trata la deuda y mucho menos que te involucres. Yo trabajaré aquí pero espero que todo mi sueldo sea usado también en la deuda.
- Edward...
- No me refutes. Yo tengo un techo y comida gratis aquí, no necesito más. No me importa no tener más.
- Sabes que no lo cobraré de tu sueldo.
- Necesito que lo hagas para no sentirme peor, ya me siento una mierda en este momento.
- No lo veas así.
Edward sólo apoyo su rostro entre sus manos.
- Trabajaré aquí el tiempo que sea necesario para cubrir la deuda. No me iré hasta cubrirla, puedes estar segura.
- Esta bien. - ella acarició su hombro, realmente quería quitar esa mueca torturada de su rostro.
Edward se levantó de la cama huyendo de su contacto.
- Yo estaré a tu disposición para lo que necesites. - Le aseguró pero se notaba la pesadez de la carga que era para él hacerlo. - Ya te revelé mis intenciones, la razón por la que te queria aquí en Seattle. Estoy seguro que no habla bien de mí, pero puedes estar segura que no volveré a planear algo similar.
- Te creo. - le aseguró sintiéndose decaer al verlo tan abatido. - Confió en ti.
Edward sólo apartó la mirada y se quedó en silencio. Fueron minutos largos donde ella lo observó meditando como el tiempo había echo estragos en ambos. Ahora que había sido sincero y mostró sus reales intensiones no sabía como continuar, podía irse a Inglaterra en ese momento y él no la retendría porque ya había conseguido su objetivo. Ella quizás en el fondo hubiera querido que él si fingiera sentir cariño, era una confesión demasiado difícil de procesar. Pero había pasado diez años esperando el momento de mostrar que era otra persona y que había mejorado... tenía que arriesgarse y jugarse cada una de sus cartas, aferrarse hasta a la última esperanza. Ahora él estaba en deuda con ella, debía usarlo a su favor.
- Acepto pagar todo, cederé a todos tus términos sobre la deuda y no preguntaré. - le prometió.
Edward la observó expectante.
- Sólo quiero algo a cambio.
El rostro del cobrizo se frunció, estaba asqueado por sus palabras.
- Quiero volver a conocerte. - le aseguró tomando valor para acercarse. - Quiero pasar tiempo contigo, ver quien eres ahora...
El hombre puso sus manos en los bolsillos mientras ella se acercaba más a él. Tocó ligeramente su camiseta eliminando una pelusa inexistente, Edward sólo la miró sin inmutarse.
- No creo que sea buena idea. - la rechazó retrocediendo.
- No es una idea, es el único requisito que pongo. - le aseguró poniéndose fría como lo hacía delante de gerentes o directivos.
- No. - Edward lo rechazó. - No quiero hacerlo de esa manera.
- ¿Seguro? Edward sólo es pasar tiempo juntos. No te pido nada más. - suspiró por milésima vez.
- No.
- Bueno entonces investigaré que demonios hay detrás de este papel. - sacudió el número de cuenta.
- Olvide que trataba con una manipuladora de mierda. - suspiró arrepentido.
- No quiero ser esa persona. - le susurró para luego tomar valor. - No sabes lo mucho que me cuesta tratarte así.
- Siempre has sido así, no puedes ir contra tu naturaleza. - la violencia subía por sus poros, Edward siempre había sido un muchacho tranquilo ahora ya hecho un hombre parecía apunto de asesinar a alguien en cualquier momento.
- Y tú siempre has sido un buen hombre. - suspiró. - Odio ponerte en esta posición pero he esperado diez años por una oportunidad.
- Debes estar bromeando... no puedo creer que pienses que perderé mi tiempo contigo. - se burló molesto.
- No es una broma, yo realmente quiero esta oportunidad. - admitió acercándose otra vez.
Edward sonrió al entender sus intensiones.
- Sigues siendo la misma, las personas no cambian. - suspiró él con una sonrisa asqueada.
- No soy la misma pero necesito una oportunidad para probarlo.
- ¿Pagarás por una "oportunidad"? - volvió a burlar.
- Tómalo como quieras. Yo sólo quiero ayudarte.
Edward soltó una carcajada llena de ira. La odiaba por ponerlo en esa posición tan denigrante. Bella por dentro lloraba sintiéndose miserable por lo que acababa de hacer, su intento de demostrar su cambio había fallado y tuvo que recurrir a sus últimos recursos para lograr algo con él.
Ambos estaban cara a cara.
Edward la media.
Ella esperaba fingiendo solidez mientras temblaba por dentro.
- ¿Cuando empezamos? - preguntó serio.
Bella quiso brincar de felicidad por dentro pero no podía demostrar que tan afectada estaba, no podía darle tanto poder.
- ¿Te gustaria cenar conmigo? Estoy sola en la ciudad y me vendría bien algo de compañía. - le preguntó midiendo su reacción, no quería invadir su vida si no era bienvenida.
- Esta bien. - Edward suspiró con las manos en los bolsillos, se veía fastidiado. - No he visitado muchos sitios pero creo que podemos ir a un par.
- Genial. - ella se levantó y tomó su bolso.
- Nos encontramos en el estacionamiento.
Ella se detuvo confundida.
- ¿Por qué?
- No quiero que demos una mala impresión con los empleados. - Edward aseguró implacable. - No quiero que me vean con la jefa.
- No me importa lo que piensen si nos ven juntos.
- A mi si. Quiero que crean que me gane el puesto de administrador, no que fue un chantaje personal.
- Edward... - Bella suspiró, con él nada era fácil.
- No todo será como tu quieras. Ahora es a mi a quién avergüenza tu compañía.
Bella alejó la mirada.
- Nunca me avergonzó ser tu novia.A suspiró tomando valor. - Esta bien, nos encontramos en el estacionamiento.
Edward sólo le dedicó una mirada tensa antes de irse.
- Esto será difícil. - suspiró ella observando la puerta cerrada.
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El se veía increíble apoyado en un auto Ford Fiesta azul, estaba concentrado en su teléfono así que no la escucho llegar.
- Hey. - llamó su atención con una sonrisa, se sentía motivada al estar cerca suyo.
- No te escuche. - admitió guardando su teléfono. - Vamos a tomar un taxi.
- Oh, pensé que este era tu auto. - señaló el auto estacionado.
- Lo es. - admitió sin interés.
- Vamos en él
- No es apropiado. - contestó con simpleza. - No iremos a comer hamburguesas...
- Podemos hacerlo. Me gustaría, jamás lo hice. - se acercó a la puerta. - Vamos Edward, muéstrame la ciudad.
El cobrizo suspiró sacando sus llaves, no parecía contento de hacerlo. Bella en cambio se sintió en el cielo al estar en su auto, olía deliciosamente a él.
- No puedo creerlo. - susurró ella. - Me encanta tu Batman.
El juguete decorativo movía la cabeza con el movimiento del auto, lo tenía desde la secundaria de hecho ella siempre lo tomaba para entrenerse cuando lo visitaba en su habitación.
- Lo tengo hace años. - encendió el auto colocándose el cinturón.
- Lo recuerdo muy bien. - jugueteó con su cabeza. - ¿No conseguiste a Robin?
- No. - contestó sin detalles, impersonal.
- Es una lástima. Lo buscaré, en alguna página de internet deben venderlo.
- No gastaré dinero en juguetes. - aseguró Edward concentrado en el camino.
- No lo harás. Puedo regalártelo.
Obviamente eso lo molesto mucho, su cara se tenso y apretó el volante.
- No me gustan los regalos.
- Quieres ese Robin hace muchos años. De hecho quería dártelo en la secundaria como regalo pero no tuve el tiempo de buscarlo, ahora será más fácil.
- No quiero nada Isabella.
Ella suspiró bajando su teléfono donde ya había empezado a teclear.
- Esta bien.
Siguiendo su camino por las calles concurridas de Seattle llegaron hasta un pequeño establecimiento de comida rápida.
- En ese lugar venden hamburguesas.
Le señalo el cobrizo.
- ¿Podemos pedirlas para llevar? - le preguntó intentando con todas sus fuerzas ser encantadora. - Podemos comerlas mientras vemos las estrellas en algún lago.
Edward la miró levantando una ceja.
- Esto no es una cita. - le recordó tajante.
- Quiero conocer los sitios turísticos de Seattle. - le respondió sin problemas. - No busco más que seas mi guía.
- Yo no soy de aquí. - le recordó.
- Pero viviste en un pueblo cercano, ¿me equivoco? - le preguntó segura.
Edward respiró hondo quizás buscando tranquilizarse.
- No hay muchos lugares que visitar aquí.
Ahora fue Bella quien dudo antes de hablar.
- ¿Forks queda muy lejos...?
- Si. - contestó cortante alejando la mirada. - No te llevaré ahí.
- Me hubiera gustado mucho conocer Forks... a veces fantaseo con las cosas que me contaste sobre ese pueblo. - admitió mirando el camino mientras se acercaban a pedir las hamburguesas.
- Era mentira. - contestó cortante. - Casi nada de lo que te dije era verdad, en realidad quería que quisieras vivir allá y decía cosas sobre el clima y el paisaje que eran exageradas.
- Igual me gustaría ir. - aseguró entregándole su tarjeta de crédito para que pagara con ella las hamburguesas.
Edward hizo el pedido incómodo, cuando pidieron que digite la clave Bella le contesto confiada.
- La clave es la fecha de nuestro aniversario. - admitió.
- No la recuerdo. - Edward le contestó cortante otra vez.
- Fue siete días después del cumpleaños de tu madre. - le recordó algo triste.
Edward contó los días en su mente molesto.
- No deberías darme ese tipo de confianza. - gruñó cuando ya salieron del lugar con su pedido.
- ¿Quieres vaciar mi cuenta? - se burló guardando su tarjeta. - Casi todas mis contraseñas son esa fecha. - le aseguró. - Puedes hacer lo que quieras.
Edward se quedó en silencio exasperado por como estaban dándose las cosas.
- Eres demasiado confiada.
- No, no lo soy. - le aseguró. - Pero sabes que no te negaré nada. Sabes que puedes estafarme y ni siquiera recibirás una denuncia.
Edward no volteó a verla pero por lo blanco de sus nudillos se podía ver la rabia que se cargaba encima por tener que escucharla.
- Nunca has sido plenamente consciente de lo que haces en mi hasta ahora. La secundaria hubiera sido diferente si lo hubieras notado.
- ¿Qué hubiera conseguido de ti aparte de sexo? - le gruñó recordando esos años. - Sólo sabías mentirme y jugar conmigo.
- Edward realmente hubiera hecho de todo por ti. - admitió. - Cuando volví a la escuela...
- Ya estaba expulsado, tu madre se encargó de embarrarme. - recordó con odio. - No quiero hablar de esos tiempos, fueron los peores días de mi vida.
Bella estaba desilusionada y triste por como su vida había sido arruinada.
- ¿Tu sueño de ser médico murió? - le susurró afectada.
- Si.
- Yo puedo...
- Basta Bella. En serio me agotan tus intentos de redimir todo lo que hiciste. No voy a perdonar todo lo que ocurrió y estoy aquí contigo fingiendo que tolero tu cercanía porque realmente necesito el dinero.
Su discurso contundente la dejó sin palabras. Su rechazo fue el peor golpe que pudo recibir en años.
El silencio se instauró entre ellos dos hasta llegar a un lago. El lugar era precioso y debido a la altura se veía la ciudad adornada de luces.
Bella tomó su hamburguesa en silencio. No tenía hambre pero quería que el nudo de su garganta sea combatido por cada mordida.
Edward por su lado se quedó en silencio también, ella lo conocía y sospechaba que se sentia incómodo por el mal momento. El rencor que le tenía era tan grande como su necesidad de dinero.
- Deja de poner esas caras. - le pidió ella sin mirarlo. - No insistiré con esos temas, sólo ten presente que la oportunidad de estudiar esta vigente.
- No quiero nada tuyo.
- Y yo quiero darte todo de mi. Estamos en una situación difícil.
- No, es simple. Soy tu empleado. Sólo quiero pagar mis deudas con el fruto de mi trabajo, no quiero estudiar ni tampoco regalos. Sólo quisiera que me dejes tranquilo pero contigo eso parece imposible.
- Si es imposible. - admitió ella.
Quisiera admitir que era noble y que lo dejaría seguir su vida mientras ella se alejaba de él para ser miserable el resto de su vida. Pero no, era una Swan después de todo y no iba a rendirse.
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Aca tenemos un nuevo capítulo! Ahora que les parece la actitud de Edward? Espero sus reviews para seguir esta historia.
