La inauguración del local llegó trayendo con ella la atención de algunos patrocinadores de diferentes bebidas. Las modelos pasaban utilizando trajes llamativos promocionando las bebidas, esto último estaba sacando de quicio a Bella ya que Edward trataba con ellas directamente y vestido tan bien como se veía les robaba más de una mirada.
Los celos no eran novedad, ya los había sentido durante esa semana cuando lo veía interactuar con las empleadas del hotel. Quiso despedir a más de una pero no podía ser tan poco profesional además ellos no tenían nada... ni siquiera conversaciones ya que Edward la ignoraba cuando trataba de tratar temas diferentes a los laborables, no estaba respetando el trato ya que también había rechazado sus invitaciones a pasar el rato y ella no sabía como hacerlo respetar el trato a la fuerza. Con rabia sólo se dedicó a firmar los papeles que le correspondía y vigilar el desenvolvimiento del local.
- Señorita Swan. - saludó Lafferti con una gran sonrisa y un ramo de rosas bajo el brazo.
Debía ser una maldita broma.
El hombre debía tener unos cincuenta años, se conservaba bien ocultado sus canas con una película de tinte rubio. Se notaba que fue atractivo en su momento pero a Bella no le atraían los hombres mayores o rubios... a quien engañaba, sólo tenía ojos para Edward.
- Señor Lafferti. - saludó educada y tomó las rosas. - Gracias.
Bella le hizo señas para ir a su oficina ya que por el sonido de la música sería imposible tener una conversación.
- Pase. - lo invitó educada. - ¿Cómo ve el local?
- Creo que todo va de maravilla, mi Rose decoró este lugar esquisitamente como siempre. - admitió orgulloso. - Y Edward hace un buen trabajo, es un buen muchacho.
- Lo es. - admitió Bella y no mentía.
- Me apenó que venga, era mi mano derecha en Los Ángeles pero la oferta era imposible de rechazar.
Bella sólo le sonrió con educación.
- Isabella esta fusión esta funcionando de maravilla. - comentó arreglándose la corbata obviamente nervioso. - Quizás podríamos discutir nuevos proyectos en algún lugar menos... impersonal.
Pobre hombre no sabía con quien trataba.
- Señor Lafferti creo que por el momento no hay algun proyecto en mente. Mi hermano y yo estamos aún evaluando el desenvolvimiento de este, despues quizás podríamos conversarlo.
- Oh comprendo. Es algo pronto para pensar en una nueva fusión... pero quizás podríamos conversar de otros temas que interesen a ambos.
El hombre hacía su mejor esfuerzo por ser encantador con ella, cosa que parecía haberle funcionado antes con otras mujeres.
Bella le sonrió cordial dispuesta a rechazarlo cuando la puerta se abrió.
Edward entró a la oficina. Estaba aún impecable con ese traje azul marino ajustado, a pesar de haber estado trasladandose por todos lados.
- ¿Bob?
- ¡Edward! - saludó el hombre levantándose. Le dio un abrazo. - ¿Cómo estas muchacho?
- Bien... todo bien. - algo confundido por su presencia lo saludó. - ¿Viniste con Rose?
- No, ella esta en Los Angeles. Alguien tiene que cuidar ese gallinero cuando este gallo no esta. - bromeó dejando relucir el acento texano.
- Entiendo. - Edward sonrió sinceramente. Bella había extrañado tanto su sonrisa.
- Estaba hablando con Isabella. - la tuteó con familiaridad. Ella sólo lo observó sorprendida. - ¿Puedo decirte así no cariño? Yo soy Bob y tu Isabella, me gusta tratar a la gente con cariño.
Ella no supo contestar.
Edward le palmeó el hombro a Bob buscando su atención.
- Tienes que hablar con Paul y Thomas. Estaran felices de verte. - le señaló abriendo la puerta. - Estan en la barra, tienes que verla. Te encantará.
Bob parecía apunto de rechazar la oferta pero alguno de los dos muchachos lo diviso a la distancia y le hizo señas.
- ¡Paul! - lo saludó. - No tardaré Isabella, discúlpame unos minutos.
- No hay problema. - le sonrió incómoda. Moría porque se vaya.
El hombre salió pero Edward quedó dentro. Bella decidió encargarse de sus tareas e ignorarlo no tenía ganas de sentir su rechazo luego de verlo con mujeres por todos lados.
- Aléjate de Bob. - su orden llegó filosa mientras cerraba con llave la puerta.
Sorprendida alejó la mirada del cuaderno de pedidos que había empezado a revisar.
- ¿Disculpa?
- Es un buen hombre, yo lo estimo y no quiero que lo utilices de ninguna manera. Lograste que cediera nuestros contratos, eso significa que sabes como manipularlo.
- Edward no quiero utilizarlo. No hay algo que me interese de él.
Molesto el cobrizo se cruzó de brazos analizándola.
- ¿No? Quizás quedarte con el buen nombre de sus locales...
- Edward tengo hoteles, no tengo pubs ni clubes. No estoy interesada en algo más que una fusión. Deja de acusarme sin razones.
Su rostro siguió igual de serio y acusatorio.
- Déjame sola por favor. Realmente no quiero discutir contigo esta noche. Comprendo tu desconfianza y te prometo que me alejaré de él.
Edward aceptó sus palabras y parecía dispuesto a irse cuando tocaron de nuevo la puerta.
- Entrega para la señorita Swan. - un repartidor apareció con un ramo de rosas.
- ¿Quién las manda? - preguntó parándose para tomarlas.
- El señor Marcus...
- Valero. - suspiró ella tomándolas. - Gracias.
Le entregó la propina y llevó sus rosas junto a las de Lafferti. Tenía dos ramos más lo que provocaba que el lugar tuviera un olor dulzón alrededor.
- ¿No saldrás en toda la noche? Algunas personas me preguntaron por ti, quizás fueron los que mandaron estas rosas.
- Planeo quedarme una hora más revisando esto y luego saldré a ver como va todo antes de subir a mi habitación.
- ¿No serás parte de la fiesta?
- No tengo ganas hoy. - sobó sus sienes, tenia un terrible dolor de cabeza
- Bueno te comunicaré todo lo que pase. - continuó él.
- Bien.
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Tardó más de una hora en tomar valor y salir de la oficina. Ya el local estaba en su mejor momento. Los cuerpos de bailarines se veían por doquier frotándose entre si al ritmo de la música. Se acercó a la barra a ver si los pedidos no tenían atrasos, los empleados se movían de manera fluida acostumbrados a los lugares abarrotados. Revisó la evolución de los pedidos para analizar las tendencias en ellos. Estaba concentrada así que no notó que un hombre se aproximaba a ella.
- Isabella. - reconoció la voz inmediatamente.
- Marcus. - lo saludó.
El caballerosamente tomó su mano para besarla.
- Estas hermosa como siempre.
- Gracias. Y también gracias por tus rosas.
- No fue nada, sabes que amo llenarte de detalles. Una mujer así de hermosa no merece menos.
Bella sólo sonrió con educación.
- ¿Qué te pareció el club?
- Me sorprendió que escogieras esta ciudad pero por lo visto existe un mercado interesante.
- Así es.
Estaba conversando tranquilamente con Marcus cuando a la distancia pudo divisar claramente a Edward; estaba muy bien acompañado por una modelo con la que conversaba cómodamente.
- ¿Qué dices...? sólo será una cena. - Marcus había estado hablándole mientras ella veia la escena a lo lejos.
- No lo creo Marcus. Sabes que no voy a cenas... personales. Fue bueno verte pero tengo que irme. - se despidió antes que divisara algo más.
Apurada sorteó a los asistentes, el camino fue complicado pero logro llegar a la salida donde para su mala suerte estaba Lafferti.
- ¡Isabella! - se acercó a ella de inmediato. - Este local es todo un éxito.
- Asi es. - le sonrió tenue.
- ¿Qué dices si vamos a un lugar más tranquilo? - le propuso. - Podemos conversar del negocio y más, es mi única noche aquí.
- Señor Laf...
- Soy Bob. - le recordó de nuevo. - Y estaré encantado de tener tu compañía esta noche.
- Bob... yo...
- Señorita Isabella. El señor Valero está buscándola. - la voz ronca e inconfundible de Edward sonó a sus espaldas sacándole un estremecimiento nervioso.
- Ya me despedí de él. Gracias Edward. - contestó sin voltear. - Adiós... Bob que tengas un buen viaje.
Se despidió educadamente empezando a alejarse.
- Isabella. - quiso insistir tomando su brazo.
- Bob... creo que debo acompañarte a tu habitación. - intervino Edward alejándolo de ella.
- Pero...
- Bebiste demasiado esta noche. Déjame llevarte.
Isabella se apresuró a alejarse. Pedir el asensor no era una posibilidad ya que tendría que compartirlo así que fue a las escaleras. Eran diez pisos. El largo camino le sirvió para tranquilizarse, realmente se sentía mal tanto anímica como físicamente cuando llegó a su habitación. Sentía que era un fracaso como mujer y como persona, despertaba la atención de hombres por su físico pero nadie se daba el tiempo de conocerla o escucharla.
La puerta sonó.
Bastante incómoda imaginó quién estaba detrás de esa puerta. No se equivocó.
- Traje una botella de vino. Es el mejor que hay es todo el edificio. - Marcus le sonrió encantadoramente. Era un hombre guapo, con su acento y razgos españoles. Era galante y atractivo, esa fue la razón por la que cayó en sus encantos una noche... pero como siempre le pasaba, al día siguiente se sentía sucia como si estuviera siendo infiel. Cosa que era completamente ridícula.
- Marcus... - suspiró.
- Vamos Isabella... es mi única noche aquí. - esa sonrisilla volvió. - Sólo vine por ti y lo sabes.
- Yo estoy cansada... - empezó pero se detuvo al divisar al cobrizo en el pasillo, su corazón se aceleró para romperse después al verlo acompañado.
El hombre pasó a la habitación frente a la suya. Había rentado una suite.
Ambos se miraron un segundo. Ella no podía creer que un dolor tan intenso podría volver a alojarse en su pecho. Observó hasta que ambos se perdieron tras la puerta.
- Isabella... - Marcus llamó su atención otra vez.
- No puedo. Perdón Marcus pero no puedo. - luego le cerró la puerta.
Desolada, se recostó en la cama para llorar hasta sentir que se quedaría seca por dentro.
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Aquí tenemos un capítulo más! Espero sus reviews!!!
