Los besos continuaron sobre su cuello. Sentía bajo sus manos la tensión de su cuerpo, acarició sin llegar a tocarlo íntimamente ya que no quería llevarlo a la locura. Edward parecía estar en conflicto interno por lo que siguió sin reaccionar a sus caricias.

- Sigo siendo un idiota. - susurró después de unos segundos.

Bella suspiró al escucharlo y se alejó para mirarlo a los ojos.

- No lo eres.

- Lo soy. - La alejó de su cuerpo poniendo la distancia entre ambos.

El cobrizo la observó para luego recorrer su cuerpo. El deseo estaba presente en su mirada pero también existía angustia.

- No pienses... - ella se volvió a acercar.

- Fuiste lo peor que me pasó en la vida y aún así tengo ganas de ceder para joderme una vez más. Creo que me valoro mucho menos de lo que pensaba.

- Tú fuiste lo mejor de la mía. - suspiró.

Edward se apoyó en la pared observándola, su análisis la ponía nerviosa. No saber que pasaba por su mente siempre fue un motivo de ansiedad para ella.

- Ya no me conoces, podría haberte mentido todos estos días. - levantó las manos exagerando sus palabras. - En cambio tú sigues siendo la misma, arriesgas todo sin pensar en las consecuencias.

- No soy la misma. - insistió molesta.

Edward sonrió de lado dejándola sin aliento.

- Y sigues igual de inmadura. Eres la misma niña que deje en Inglaterra hace diez años sólo que ahora tienes más libertad. - puso un cigarro en su boca. - Tu hermano sigue vigilándote ya que sabe que sigues tomando malas decisiones.

- No es así. - refutó pero su voz se había debilitado.

Edward apagó su cigarro tirándolo al suelo y se acercó para tomar su rostro entre sus manos. Ella tembló por la anticipación.

- Una niña que no es consciente de lo vulnerable que es. - Luego dejó un beso suave en sus labios que la derritió por completo. - Y yo soy una mala persona... - admitió.

Bella mordió su labio sin saber que contestar.

- ¿Ahora no sabes que decir? - la reto llevándola a la cama que estaba a unos pasos de ellos. - Hace unos minutos no parabas de hablar... - Edward se detuvo al borde de la cama. - O quizás llegó el momento de actuar.

Bella lo besó en ese momento. El hombre sonrió al sentirla pero esta vez si contestó. La besó dejándola en las nubes, sentía que vivia alguno de sus sueños recurrentes con él y no la vida real. No perdió el tiempo y la empujó hasta recostarla en la cama, se colocó estratégicamente entre sus piernas. Los besos que él dejaba en sus labios, pasaron a su cuello volviéndola loca. El hombre bajó sus manos ya no era el niño que junto a ella descubrió el sexo ahora con seguridad le desataba cada uno de sus botones. Ella por su parte también empezó a desnudarlo pero al sentirla se alejó y se quitó todo en movimientos fluidos dándole un espectáculo digno de recordar. La vara entre sus piernas estaba erguida y lista para ella, Edward seguro de su masculinidad se frotó delante de ella antes de acercarse de nuevo para seguir repartiendo besos por su cuerpo. Cuando la acarició íntimamente supo que estaba tanteando su humedad. El nerviosismo y la anticipación llegaron a ella cuando él se alejó, su corazón le dolió al verlo ya que no entendía que había hecho mal. Estaba a punto de llorar cuando lo vio tomar su pantalón pero luego respiró aliviada a verlo con un condon en la mano.

- ¿Me lo colocas? - susurró él en su oído siendo malditamente sensual. - Hasta ahora no me has tocado.

Recién ahí fue consciente que había estado tan nerviosa que dejó que él hiciera todo el trabajo. Asintió de inmediato. Edward se recostó junto a ella con un brazo detrás de su cabeza y su otra mano acariciándose mientras ella desnuda junto a él abría el condon. Cuando lo logro tomó su miembro entre sus dedos pero él la detuvo sosteniendo su brazo.

- Tócame antes. - le pidió con los ojos negros.

El gruñó cuando empezó a sobar toda la extensión, él no le quitó la mirada de encima mientras ella se acercaba cada vez más hasta repartir besos en él. Fueron besos eroticos que nunca dejaron de ser repartidos sin llegar a la punta, esto impacientó al hombre que ansioso esperaba ser devorado. Ella subió los besos por su cuerpo hasta llegar a sus labios. Seducido como estaba no sintió como ella le colocaba la protección antes de intentar cabalgarlo.

Agradeció internamente el haberlo tenido hace poco tiempo ya que su cuerpo no resintió demasiado cuando él empezó a forzar su entrada con su miembro.

- Mierda. - gimió él penetrandola.

Sobre él se sentía poderosa y segura, sabía su efecto en él. Edward se agitaba bajo ella por sus movimientos lánguidos sobre él, se sentó a besar sus pechos para luego empujarla y poder colocarse sobre ella.

Se quedó quieto antes de salir de golpe.

Y las embestidas empezaron a tener un ritmo constante.

Los gritos y gemidos no se hicieron esperar, con la experiencia de su parte Edward la tomaba de las caderas para obtener el ritmo que le agradaba a su vez marcaba sus pechos con mordidas y succiones. Agradeció estar en una suite y no tener vecinos cercanos así podía gritar todo lo que necesitaba en ese momento.

- Edward... Edward... - lo llamaba una y otra vez.

El hombre la tomó haciéndola su mujer una vez más pero esta vez ella sabía que no iba a haber poder que la alejara de él, estaba sellando su entrega y él aceptándola. Las mordidas y marcas en su cuerpo eran recibidas con agrado, ella quería pensar que era su forma de afirmar su posesion. Él no se quejó por los arañasos que obtuvo en su espalda en respuesta a sus embistes.

Cuando el orgasmo los arrolló ella no permitió una separación física se enrolló en su cuerpo aferrándose a él.

- Te amo. - susurró aún agitada.

Él no contestó pero no la alejó en ningún momento. Bella se ajustó a su pecho mientras trasaba los dibujos y letras que tenía tatuados.

- Quiero que recuerdes que te pedí que te alejes. - Edward susurró de pronto sobre su pelo.

- Lo recordaré. - ella prometió dejando un beso en su mandíbula. Se colocó a su altura para mirarlo a los ojos. - Lo haré. - prometió antes de darle un suave beso en los labios.

Edward suspiró mirándola.

- ¿Qué haré contigo?

Bella sonrió a pesar de ver la expresión torturada que él tenía.

- Quizás podrías empezar conociéndome un poco más... - él suspiró. - O podríamos recuperar el tiempo perdido...

Lo besó de nuevo buscando caldearlo con caricias en su vientre pero en ese momento su teléfono sonó recordándole la realidad que había afuera de la habitación de hotel.

Lo tomó de la mesa de noche que estaba junto a la cama.

- Hola Jas. - saludó contenta. Se sentía radiante.

- ¿Bella? - preguntó confundido.

- Si, Jas. - bromeó relajada. - ¿A quién querías llamar?

- Suenas... diferente.

- Quizás es porque dormí un poco más. - mintió acercándose al cobrizo que había empezado a fumar perdido en sus pensamientos.

Se abrazó a su pecho disfrutando de su calor.

- Bueno... - dudo. - Te llamaba para saber a que hora llegara tu vuelo. Caroline quiere recogerte del aeropuerto.

Quiso golpearse. El recital de ballet.

- Oh si. - carraspeó enderezándose. - Aún no compre el boleto- admitió.

Jasper se quedó en silencio. Ella jamás había olvidado a su sobrina y que lo hiciera sólo era señal de que algo estaba sucediendo con ella.

Nerviosa al verse descubierta observó al hombre que descansaba en su cama. Edward seguía sin prestarle atención mientras meditaba en silencio.

- Jas lo compraré ahora y te enviaré una foto para que veas a que hora llegaré.

- Esta bien. - estaba molesto.

- Jas...

- Esperaré tu foto. - colgó luego de eso.

Apenas su hermano colgó se acercó de nuevo al cobrizo que suspiró al sentirla.

- Tengo que volver a Londres mañana.

Él sólo le dio una calada a su cigarro.

- Mi sobrina... ella tiene un recital de ballet. - carraspeó cuando pensó que no tenía su atención. - Iré a verla.

- ¿Cuántos días? - preguntó con voz ronca.

- Tres días o cuatro.

Él asintió acabando su cigarro.

- Antes que te vayas necesito que hagas el depósito de este mes...

- Mi contador se hará cargo de la deuda. - le aseguró.

- No. - se negó en ese momento. - Tienes que hacerlo tú.

- Edward es más fácil de esta man...

- No. - gruñó de nuevo levantándose. - ¿Pagaste tú la primera vez?

- Si pero...

- No fue difícil. Sólo debes usar tu teléfono para la transferencia.

- Edward es una suma bastante... - carraspeó. - Importante. En mi cuenta personal sólo tengo el dinero de mi sueldo en la empresa y se acabará pronto si todas las cuotas son iguales... Sería mejor usar la cuenta donde tengo mi herencia y...

- No. - incómodo tironeo de sus cabellos. - Estudie como funcionan tus cuentas y se que esa es monitoreada, tienes que firmar permisos y...

Quiso ignorar el hecho que confesaba y se concentró en tratar de convencerlo.

- Los firmaré y ya. No hay ningún problema.

- No quiero que exista una manera de rastrear la deuda. Tu hermano se hará preguntas, le llegará la notificación y...

- Estas siendo paranoico. Jasper no tiene acceso...

- Lo tiene. - le aseguró. - Te recuerdo que la herencia de tus abuelos fue para ambos.

- ¿Cómo sabes tanto...? - no pudo evitar preguntar.

- Tú querías que usemos esa herencia cuando... - omitió el tema. - Revise los papeles y...

- Yo no tenía los papeles de mi herencia en mi habitación hace diez años.

Edward suspiró.

- Dime la verdad. - le pidió ella.

- Te investigue. -Ella se quedó sin habla.- Desde que te vi en Los Ángeles, quería saber si ibas a poder ayudarme.

- ¿Dudabas que tuviera el dinero suficiente?

- No. - admitió, tomó aire. - En realidad dudaba que tuvieras completo acceso a tu dinero luego de haber estado en instituciones mentales, y tuve razón, tu dinero es monitoreado y si Jasper lo desea puede convertirse en el administrador de toda la herencia, tu madre hizo una movida legal interesante al internarte hace años.

Sorprendida lo observó sin saber que decir.

- Tienes que hacerte cargo personalmente.

- Esta bien. - susurró.

No dijo nada unos segundos.

- ¿Estas molesta? - preguntó luego de un momento.

- No. - le aseguró. - Siempre he sabido que te acercaste a mí por tu deuda, no tengo derecho a molestarme ni sentirme mal.

- Bueno esto. - Edward señaló la desnudez de ambos. - No era parte de mi plan, así que coger no tiene nada que ver con mi deuda.

Ella sonrió algo triste antes de volver a abrazar su pecho. Dejó un par de besos en su cuello antes que la urgiera para tener una segunda ronda.

Muchos minutos pasaron antes que él se quedara dormido junto a ella. Nerviosa se alejó para revisar su correo, buscó el que le había enviado a su contador y le pidió que desista de las transacciones que le había ordenado. Con ansiedad medito el uso que había tenido su dinero en esos años, sus compras se resumían en ropa, algunas joyas y su departamento en Londres pero también recordó que este último lo compró Jasper luego de que le comentara que lo había visto y deseaba usar la herencia. Su hermano había comprado el sitio alegando que sería agregado a los inmuebles que pertenecían a la empresa por lo que no podía considerarlo un regalo.

- ¿Estas administrando ya mi dinero? - susurró mirando la foto que tenía de su hermano en su escritorio. - ¿Has estado controlándome?

Eran preguntas que debía hacerlas cuando llegara a Inglaterra.

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Como le gustaba la nueva dinámica que existía entre ellos, suspiró al verlo concentrado en los papeles que tenían frente a ellos en la oficina.

- Se supone que este cargamento llega el lunes. - pensaba en voz alta el cobrizo analizando fechas e inventarios. - No será problema este fin de semana, tenemos suficiente en reserva.

- Si. - aseguró ella sin ver la hoja. - Tus cálculos no fallaron a pesar que el proveedor se va a demorar en entregar el pedido.

- Sólo me asegure. - admitió encogiéndose de hombros. Pero su pose seria estaba más que presente.

Bella le sonrió y él apartó la mirada.

- Oye... - empezó ella paseando su dedo suavemente por el contorno de su brazo. - ¿Puedes acompañarme a ver casas y departamentos?

- Yo no creo que...

- Conoces mejor la ciudad. - le recordó de inmediato. - Además acabaste tu trabajo, todo cuadra en estos estados de cuenta.

Y otra vez el tic. Tiraba de su cabello demasiado.

- Cuando llegué aquí me dijiste que iríamos a ver algunos lugares.

- Isabella... - dudo.

- Soy Bella para ti. - lo corrigió en ese momento. - No lo pienses, tengo que ir a visitar una casa en una hora. Vamos.

Tomó su mano para tirar de él y llevarlo afuera en ese momento.

- Espera, espera. - se detuvo poniendo todo su peso. - Es verdad yo acepté, pero es mejor encontrarnos en el estacionamiento.

Bella sintió como su corazón se apretaba pero latía con mucha fuerza.

- Esta bien. Te esperaré junto a tu auto. - le aseguró.

Ahora fue él quién apretó su agarre reteniéndola, Bella al sentirlo se acercó a él instintivamente. Edward se crispó al tenerla tan cerca otra vez y retrocedió. Aún tenía sus reservas.

- Quizás sea mejor ir en taxi o que rentes un auto. - carraspeó. - Aquí conocen bien mi auto y sospecharan si ambos no estamos aquí.

- Estas siendo paranoico. - ella no pudo evitar reír.

Pero su cara seria fue suficiente para cortar su risa.

- No creo que sospechen... - susurró ella. - Mira quizás no sea un problema que nos ve...

- Quiero cuidarme de las malas opiniones. - concluyó él siendo firme.

Bella sonrió apesar de sentir fatal internamente.

- Bueno. - carraspeó. - ¿Puedes alquilar un auto?

- ¿Yo...? - preguntó sorprendido.

Ella sacó su tarjeta de crédito y se la entregó.

- No sé nada de autos. - admitió. - Escoge alguno en una agencia y cuando puedas escoge otro para comprarlo. Necesitaré movilizarme si viviré lejos del hotel.

- No creo que sea bueno que yo escoja.

- Dudo que aquí sospechen que fuiste tú quién escogió. Vamos yo... te esperaré en el estacionamiento hasta que vuelvas de la agencia. Hazlo Ed... no tengo mucho tiempo, por favor.

El cobrizo suspiró mirando en su computadora agencias online de alquiler de autos y separó uno.

- Iré ahora. - suspiró tomando su chaqueta. - Te llamaré cuando regrese.

- Esta bien. - le sonrió de nuevo. - No tardes.

Y no lo hizo. Ella observó el auto negro con lunas polarizadas con un suspiro. Edward se bajó para entregarle las llaves.

- Este es. - le iba a entregar las llaves pero ella se negó.

- Conduce.

- No. - empezó a negarse.

- En Inglaterra conduzco del otro lado... aún no estoy lista para conducir.

Edward suspiró exasperado.

La acompañó a la puerta del copiloto para que ella subiera siendo el caballero de siempre. Ella le sonrió alterándolo de nuevo, se moría por besarlo al verlo tan ansioso.

Edward subió y se aseguró en el asiento.

- ¿Dónde debemos ir?

Bella estaba empezando a darle la dirección cuando su teléfono sonó. Incómodo reviso quien era y se bajo de inmediato a contestar.

Ella se quedó aturdida por su arranque. ¿Quién llamó?

Lo observó mientras él hablaba animadamente muchos metros lejos del auto. La llamada tardó más de lo que ella esperaba y su reunión para visitar casas ya iba a comenzar. Edward colgó cuando ella recibió la tercera llamada del agente de bienes raíces pero no se quejó, no quería molestarlo de ninguna manera.

- Vamos. - suspiró él a penas entró al auto de nuevo.

Manejó como un condenado al ver la hora. Cuando llegaron la agente seguía ahí junto a la primera casa que iba a enseñarles. La mujer no desperdició el tiempo y se encargó de mostrar cada ventaja de las diferentes residencias.

- ¿Viste esa piscina? - admiró Edward. - Es increíble, darías unas fiestas alucinantes.

Habían visitado ya bastantes casas y departamentos. Ahora se encontraban en una casa en una zona exclusiva de la ciudad que contaba con tantas habitaciones que fácilmente se perderían.

- No es lo que tengo en mente. Quiero algo más pequeño. - admitió observando el tamaño de la cocina.

- Oh vamos. - Edward se burló. - Tu suite es del tamaño de mi apartamento en Los Ángeles. Eres una chica de espacios grandes.

Bella sólo le sonrió.

- Me gusto la primera casa. - le comentó mientras caminaban hacia el auto rentado.

- ¿La del patio gigante?

- Si. Podría colocar la piscina que tanto quieres y tener espacio aún para colocar juegos para niños. A mis sobrinos les encantaría.

- Es una casa muy familiar. - comentó Edward abriéndole la puerta de copiloto. - ¿No te parece?

- Si. - admitió ella.

Las cinco habitaciones eran para una familia numerosa y el patio estaba listo para recibir niños juguetones.

- ¿Es lo que quieres? A mi me gusto el departamento que tenía esa terraza increíble... bueno quizás el jacussi de la habitación principal me sedujo. - admitió encendiendo el auto.

- Podemos poner un jacussi en la casa también. - le propuso.

Edward se encogió de hombros quitándole importancia.

- Es tu decisión.

Bella no pudo evitar entristecer al escucharlo. Era la verdad.

Seguía en esa burbuja llena de fantasías desde el momento en que Edward había tocado su puerta. Parecían una pareja que buscaba un nuevo hogar, y Bella se estaba creyendo esa fantasia de una manera peligrosa.

Él en cambio parecía perdido en sus pensamientos.

- ¿Estas cansado ? - le preguntó sacándolo de su ensoñacion.

- No.

- Pareces ido.

- No es nada.

Sin poder reprimirse lo besó en la barbilla para no interrumpir su concentración en el camino.

- Bueno. - Edward carraspeó incómodo por el gesto espontáneo. - Creo que iré a ver algunas cosas al club.

- ¿No tienes hambre? Me vendría bien comer algo ahora.

- ¿Tienes un lugar en mente? - él no parecía sorprendido por la sugerencia.

- No. Ya sabes que no conozco la ciudad. - le recordó. - Llévame al primer lugar que se te ocurra.

- No se me ocurre ningún lugar, sólo como en el hotel.

Bella suspiró mirando por la ventana hasta que vio un restaurante.

- Mira ese lugar. - le señaló. - ¿Vamos?

- ¿Ahí ? - preguntó él sorprendido. Era un sitio muy normal y común junto a una gasolinera.

- ¿Qué tiene de malo?

- Nada... - admitió. - Pero no parece un lugar donde tú irías.

- Deja los prejuicios. Vamos.

El lugar distanciaba de lo elegante, la camarera al verlos se sorprendió ya que la ropa exclusiva que Bella vestía acababa de verla en su celular segundos antes. Cada prenda costaba lo que ganaba en un mes.

- Bienvenidos. - saludó ofreciendo las dos cartas.

- Quiero una hamburguesa. - concluyó sencillamente el hombre.

- Lo mismo para mi. - lo secundó mirando su rostro en todo momento.

La camarera se alejó aturdida.

- En Inglaterra jamás salimos a comer o al cine. - le recordó con añoranza. - Pero recuerdo cómo preparabas tu habitación para que nuestras "citas" sean románticas.

Edward frunció la frente recordando.

- Bueno limpiaba mi habitación siempre que ibas.

- ¿Recuerdas cuando acepte ser tu novia? Ese día estabas tan nervioso, quitaste todos los posters que habían en tu habitación y tu escritorio no tenía nada más que un cuaderno.

- Creo que tenía miedo de que viendo los posters te dieras cuenta que era un nerd o algo similar. Y al final desistieras.

- Realmente sin el beso que me diste antes de pedírmelo creo que no hubiera aceptado.- admitió siendo sincera. - No porque fueras o parecieras un nerd, sino porque no estaba segura si me gustabas ya que fuiste el primero que me gusto por quien era.

- Uhm bueno me atreví porque siempre parecía que querías provocarme.

- La verdad es que si. - rió ella recordando. - Ponerte nervioso me encantaba pero nunca pensé o espere que fueras tan decidido. Me fascino como actuaste ese día.

- Queria que seas mía. - admitió sin mirarla.

- No dudaste y míranos ahora. - susurró ella. - Sigo igual de enamorada después de más de diez años.

Edward alejó la mirada en ese momento vigilando el trayecto de la camarera que dejó el pedido sobre la mesa. Se quedaron en silencio unos minutos, meditaban sobre sus recuerdos y experiencias.

- No debí besarte. - susurró Edward después de minutos en silencio.

- ¿Qué? - preguntó ella dolida.

- Sólo esa acción cambio nuestras vidas por completo. Ahora daría lo que fuera por no haberlo hecho.

Bella apartó la mirada.

- No quise decirlo para lastimarte pero piénsalo, nos hubieramos ahorrado muchos dolores.

- Yo no me arrepiento de enamorarme de ti.

- Sólo resaltaba el hecho de que seriamos quizás felices. Piénsalo; me hubieras rechazado sin ese beso y yo luego de sufrir un tiempo te hubiera superado quizás incluso hubiera estado con alguien más y...

- Y yo recién hubiera sabido que estaba enamorada de ti.

- Isabella...

- Edward yo me enamoré de ti antes de ese beso, sólo que estaba ciega y no lo noté antes. Me gustaba biología gracias a ti y adelantaba tareas con tal de tener tiempo para mis tutorías. Ahora lo veo con claridad.

- Entonces no debí ser tu tutor.

Ahora Bella no pudo evitar reír un poco.

- Cariño si sigues así la raíz de todo será el hecho de que fueras tan inteligente, sino hubiera sido así jamás hubiéramos estado en la misma escuela.-le sonrió.

Edward suspiró tomando una papita de su plato.

- Hey... - ella acarició su mano provocándole un salto por la electricidad que sintieron ambos. - Estoy segura que lo haré bien esta vez y no seguirás arrepentido por haberme conocido. - ella apesar de mencionar su mayor pesar le dedicó una sonrisa.

- Esto esta mal. Para ambos. No me conoces. - le recordó serio. - No puedes intentar revivir algo muerto. Nuestra relación nunca volverá.

- Claro que deje ir la relación que tuvimos. Ahora buscó algo diferente. - la sonrisa seguía ahí.

El cobrizo levantó una ceja al escucharla.

- Aunque primero debo recordarte porque estuviste enamorado de mi. - suspiró ella. - Será difícil demostrarte todo lo que he logrado cambiar y que sigo teniendo esas cualidades que solías amar. Pero estoy tan llena de optimismo que nada me va a derrumbar.

- Ni el hecho de saber que estoy sentado aquí sólo porque pagas mis deudas. - se burló.

Ella seguía sonriendo.

- Esta mañana no era parte del trato.

Edward perdió la sonrisa.

- Cada minuto contigo vale muchísimo más.

- Demonios. - Edward alejó la mirada al escuchar su declaración.

Estaba siendo demasiado intensa. Revelando todo lo que sentía a un hombre que parecía abrumado cuando estaba cerca, pero se estaba dejando llevar por su corazón cosa que jamás hizo la primera vez. Quería que él sepa que lo amaba y que estaba lista para lo que sea que el quiera darle.

El teléfono del cobrizo volvió a sonar. El hombre se disculpó y salió del lugar a contestar con tranquilidad. Bella lo observó con un suspiro, lo había decepcionado y traicionado en el pasado pero aún así seguía siendo un caballero y un hombre maravilloso con ella. Tenía que lograr su objetivo, tenía que hacerle ver que podían estar juntos y que ella lo adoraría con devoción como debió ser hace diez años.

El hombre regreso ahora con la frente algo arrugada, pensativo.

- ¿Todo bien? - le preguntó de inmediato.

- Debo ir al club. - resumió nada más.

- ¿Pasó algo? - alarmada lo observó.

- No. - le aseguró. - Es algo personal.

Ella no comentó nada. Comprendía su exclusión.

Cuando llegó el momento de separarse, se dirigieron al estacionamiento del hotel para evitar miradas. Edward estaba a punto de bajar del auto cuando ella tomó valor.

- Espera. - ella tomó su brazo antes que él se fuera. - Gracias por hoy. Hace mucho tiempo que no me sentía así.

Él sólo asintió.

- No sé si nos veremos antes de irme pero quiero despedirme de ti ahora.

El cobrizo puso sus manos en el volante, apretándolo ligeramente.

- Ten un buen viaje. - se despidió formal.

Ella se acercó ligeramente.

- Te extrañaré. - admitió mirándolo a los ojos.

Edward no contestó, nunca fue un mentiroso. Pero Bella si lo era.

- Quizás allá me rinda y me quede de una vez. Volver será doloroso, extraño mucho a mi familia.

Él ni se inmuto.

Bella sentía el dolor reptar por su cuerpo. Pero no lo permitiría no dejaría que él ganara y la alejara de su objetivo. Así que tiró de su camisa para tener su rostro a la altura del suyo y lo besó. Fue dulce apesar de la violencia del arranque. Probó sus labios sin recibir una respuesta de igual intensidad pero la pasividad de su beso sólo la impulsaba a intentarlo con más ganas.

- Te extrañaré.

Ella acarició su mejilla con amor pero Edward reaccionó tomando su mano.

- Me gustaría seguir siendo esa persona que era a los dieciséis. - confesó él mirándola a los ojos. - Noble y estupido. Ese chico que creía que podía con el mundo. Hoy comprobé que ya no lo soy, ya no queda nada de quién era.

- Aún lo eres. - ella respondió de inmediato. - Sigues...

Edward la calló colocando uno de sus dedos sobre sus labios. Ella tembló.

- Puedo fingir por horas que nada ocurrió hace diez años y que podemos ser amigos. Incluso más que eso. - él observó sus labios. - Yo no era esta persona, no me importa cuánto llegaré a lastimarte ni si realmente quiero esto. Me siento tan perdido y vacío.

Ella no sabía que decir.

Edward se acercó aún más. Casi recostándola en su asiento. Bella debajo de él se sintió pequeña.

- Nadie en este mundo me ha hecho sentir como tú. - admitió él. - Era un niño pero realmente te amaba.-Él empezó a delinear sus labios con su dedo hasta hacerlo descender por su cuello . Bella sentía su pulso alterarse sustancialmente. Edward sonrió de lado al sentirla temblar. - Lástima que después me hicieras odiarte tanto.

Bella se alejó por completo al ser arrancada de manera brusca de la estupida burbuja donde se habia alojado. Absolutamente vacía abrió la puerta para alejarse, si algo sabía era que Edward Masen acababa de hacer añicos su corazón.

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