- ¡Tía Bella! - gritó Caroline corriendo a su encuentro como un huracán en medio del aeropuerto.
- Hermosa. Te extrañe demasiado. - suspiró besando sus cabellos.
- Yo también. - la niña se aferró a su cuello negándose a soltarla.
Tras ella estaban sus padres que a paso lento se acercaban con su hijo menor.
- Bienvenida a casa. - la saludó Maria abrazándola rápidamente antes que el niño se lanzara sobre ella también.
Jasper más formal y serio le dio un abrazo ligero que ella alargó mucho tiempo más.
- Te extrañe. - le confesó abrazándolo.
- Tambien yo. - admitió su hermano alborotando sus cabellos. - Has estado demasiado tiempo lejos.
- Lo sé .
- ¿Cómo te trato Estados Unidos? - María le preguntó cuando ya estuvieron en el auto.
- Bien. - le aseguró con una pequeña sonrisa.
-Jasper esta deseoso de escuchar que odiaste tus días ahí. - le contó con una gran sonrisa. - Mi querido esposo a estado con los nervios alterados.
- No es verdad. - gruñó.
- Estos días estuvo usando un reloj con el cambio de horario para saber a que hora llamarte.
Bella rió.
- Jas...
- Y... - le sonrió al hombre. - Tiene un par de sorpresas.
- ¿Qué sucede Jas...?
- Estuve evaluando otros proyectos en Estados Unidos y quizás podríamos abrir otro hotel en Nueva York. - le contó sonriendo tranquilamente.
- Yo no sabía nada de esos proyectos...
- No suelo evaluarlos pero llegan a mi de posibles inversores.
Bella sólo escuchó en silencio.
- Bueno eso significaría que también podrás hacerte cargo de esa sucursal cuando lleguemos a un acuerdo.
- ¡Es magnífico! - alabó María contenta. - ¡Incluso Jas planea crear un edificio donde puedas tener tu propia oficina!
- ¿Oficinas?
- Claro, si tenemos más de una sucursal en ese país necesitamos un mejor control así como aqui lo tenemos.
- ¿Dónde estarán esas oficinas...?
- Nueva York.
Bella sintió el peso de la responsabilidad a la vez que su mente viajaba automáticamente al rostro de un hombre que no había visto desde día anterior y que tampoco la buscó en ningún momento. Sus palabras sonaban en su cabeza aturdiéndola "tu hermano sigue vigilándote...". Tenía que pensar algo antes de que Jasper detectara sus razones para estar en la ciudad.
- Me parece genial. - admitió Bella. - Trabajar desde el hotel es algo incómodo. Planeo comprar un lugar propio en Seattle para sentirme tranquila.
- ¿Un lugar?
- Si. Estuve viendo casas y departamentos.
- Pero... - Jasper estaba contrariado.
- Estaré ahí hasta que las oficinas de Nueva York estén operativas. - concluyó sin problemas mientras ayudaba a su sobrina a bajar del auto.
-Ya tienes una casa en mente. - le preguntó Jasper incómodo.
- Encontré una que es grandiosa. - admitió. - Pero es muy familiar. Son demasiadas habitaciones y estoy sola.
- Quizás podrías conseguir algún novio por allá que te haga compañía... - le sugirió María logrando poner sus mejillas rojas.
- Dimitri estuvo por allá. - recordó Jasper. - Seguro fue a verte.
- Lo vi. - admitió. - Fue a la inauguración en Seattle.
- Dimitri sigue insistiendo.
- No estoy interesada en él. - les aseguro.
- Oh vamos. - Maria se quejó. - Lleva años detrás de ti, podrías intentar al menos conocerlo un poco más.
- Lo conozco. - ella admitió. Se había acostado con él en más de una ocasión. - Pero no siento ninguna conexión con él.
María lucia decepcionada al escucharla. Jasper sonreía burlón.
- Bueno entonces no estarás nada contenta cuando venga a cenar esta noche.
- Jasper. -se quejó. Un dolor de cabeza se apodero de ella.
- No pude evitarlo luego de verlo esta mañana en el Club de Golf.
- Odias ese club. - gruñó mirándolo acusadora.
- Oh vamos, puedo disfrutar un buen partido.
Dimitri no era del completo agrado de Jasper, pero Bella siempre lograba entretenerse con él cuando se veían en eventos. Esto no era común ya que ella tenía problemas para socializar con las personas pero Dimitri era la excepción. Jasper creía que en el fondo existía atracción mutua en diferentes niveles pero estaba presente.
La vida hogareña que vivía cuando estaba con su hermano era exquisita. Los niños gritando y jugando por toda la casa mientras ellos disfrutaban de charlas amenas. Había extrañado mucho sentirse así; querida y cuidada.
Reviso su teléfono buscando alguna llamada perdida o mensaje, pero como era de esperarse no encontró nada.
- Deja ese teléfono. - gruñó Jasper. - Estados Unidos te volvió adicta a ese parato.
- Estoy atenta a Seattle. - concluyó encogiéndose de hombros.
- Debes ir a ver como va todo en Miami. - le recordó. - Esa sucursal también necesita vigilancia.
- Iré pronto. - prometió y esperaba llevar al cobrizo con ella.
- ¡Tía! - Caroline subió a su regazo vistiendo ya su traje para la presentación de ballet. - Hoy seré un cisne.
- Serás el más hermoso.
- Si. - suspiró Jasper mirando a su hija.
La niña le dedicó una gran sonrisa.
Su hermano había cambiado tanto luego de casarse con María que ya no lo reconocía. El muchacho molesto con la vida y que la apoyaba en sus locuras había desaparecido. Ahora era un hombre formal que buscaba lo mejor para su familia y eso significó que ella debia dejar la locura que la rodeaba. La ayudó en sus problemas con las drogas y a superar su aborto, estuvo en psicólogos por años pero nada la ayudaba a sanar el corazón roto hasta que volvió a tener a Edward Masen en sus brazos. Su hermano era su ancla en el mundo, quizás sin él hubiera intentado más de una locura.
El recital estaba lleno de niños con pequeños trajes que emocionados bailaban al ritmo de la música y seguían los pasos de sus instructores en el escenario. Bella esperaba ansiosa el gran momento de Caroline mientras comentaba con María lo hermoso del espectáculo.
- Ella esta muy ansiosa porque la veas. - le contó su cuñada. - Te extrañó mucho estos días, me temo que volverá a hacerlo pronto.
Bella se sintió triste al escucharla. También los extrañaba pero...
Su teléfono vibro. Nerviosa verificó quien era. No había peor momento para contestar. Debía dejarlo sonar pero la ansiedad por saber de él la mataba. Caroline salió al escenario, la saludó feliz desde ahí. Bella le respondió poniendo su mejor sonrisa. Su teléfono vibraba. Escribió rápido un mensaje para que sepa que lo llamaría apenas Caroline bajara del escenario.
No logró disfrutar el espectáculo ya que su mente estaba volando gracias a esa llamada. Deseaba que todo el show acabara pronto apesar de que su sobrina fuera el personaje principal.
"No llames" - él le escribió en respuesta poniéndola más ansiosa.
"En diez minutos lo haré " - le contestó de inmediato.
"Sigue en lo tuyo"
Su respuesta la confundió.
"Estoy en el recital de Caroline" - le recordó ansiosa.
"Miéntele a otro"
"No miento" - adjuntó una foto de la niña en el escenario.
Edward no contestó.
"Te llamaré pronto" - concluyó ella con ansiedad.
Caroline estuvo magnífica en toda la presentación y ella no pudo evitar botar algunas lágrimas de orgullo al ver a la pequeña.
Cuando salió del escenario todo el espectáculo acabó así que tuvieron que ir por ella a los camerinos. Bella alegó que había mucha gente así que los esperaría junto al escenario. Jasper la miraba de nuevo incrédulo.
- Te quedas con él. - su hermano le entregó al pequeño Nathan que aburrido dormitaba en su hombro.
- Esta bien. - Lo tomó haciendo malabares para poder tomar su teléfono a la vez.
Llamó apenas su hermano salió de su vista.
- Te dije que no llamaras. - estaba ebrio. Bella quiso morir al escuchar su tono de voz.
- ¿Dónde estas?
- En tu suite. - admitió con voz arrastrada. - Tienes muchas botellas en el mini bar.
- Cariño... deberías estar en el club.
- Hoy no. - le aseguró.
- Esta bien puedes quedarte ahí hasta que...
- Vuelvas. - concluyó él. - Soy tu juguete y me corresponde esperar a que vuelvas.
- No es así. - suspiró. - Te extraño demasiado.
- Pues yo no. Odio como me haces sentir. - admitió molesto. - Nunca me he sentido tan miserable.
Ella quiso llorar al escucharlo.
- Ni cuando te cogiste a ese idiota en la escuela, ¿recuerdas?. Me jodiste el corazón, me quería morir de dolor. Era un imbecil...
Ella pensó que mencionaría el aborto pero no lo hizo.
- Era una niña tonta, ahora sé que sólo tú eres lo que necesito.
Edward se carcajeó al escucharla.
- No Bella, tú tienes lo que yo necesito y desearía que no fuera así para poder sacarte de mi vida. Sólo sabes destruirme.
- Basta. - rogó ella. - No soporto cuando me hablas así.
Edward se quedo en silencio al detectar su llanto.
- Te amo. - le recordo ella. - Y me duele lo que paso. Ahora sólo quiero ser algo bueno en tu vida pero no me dejas...
- No hay nada en mi vida para ti. Sólo yo siendo una mierda de persona.
- Lo hay. - insistió ella con dolor. - Cuando vuelva quiero seguir demostrándolo.
Jasper apareció de pronto con Caroline que se tiró a sus piernas.
- Te llamaré después. - le aseguró antes de colgar.
La niña la miraba ilusionada.
- Estuviste perfecta. - Se limpio las lágrimas. - Tanto que me hiciste llorar de emoción.
Caroline sonrió contenta por el alago. Jasper detrás de ella tenía la expresión contraria.
o
o
Los días en Inglaterra empezaron a hacerse largos y la ansiedad se apoderaba de ella. Edward la llamaba cada tres horas sin importarle el cambio de horario y despertarla varias veces en la noche.
- Cariño podemos hacer una video llamada para que me creas. - le aseguró una noche. - Me muero por verte.
- No. - gruñó el hombre. - No quiero.
- ¿Necesitas una foto o...?
- Quiero una foto. - admitió luego de meditarlo unos segundos.
Ella se tomó una foto recostada en su cama y no pudo evitar sonreír al pensarlo.
- Listo.
Edward se quedo en silencio.
- ¿Necesitas más fotos...? - suspiró algo cansada pero no le importaba si así él estaba tranquilo.
- No. - suspiró él.
- Te amo. - ella le contestó cayendo en las garras del sueño.
- No te duermas. - gruñó.
- Estoy agotada. - admitió. -Estuve con los niños en la piscina todo el día.
- Tus sobrinos...
- Si. - bostezó. - Son grandiosos. Los amarás.
- ¿Qué?
- Son maravillosos.
- No hablaba... olvídalo.
- Dime lo que quieras, sólo sigue hablándome.
- Estas hablando sin pensar.
- Son las cuatro de la mañana. - le recordó con una suave risa. - No estoy muy consciente.
Edward suspiró a la vez que empezaba a soltar un gruñido.
- ¿Por qué no te quedas allá? Eres feliz con tu familia.
- Porque quiero que tú seas mi familia. - admitió. - Como debió ser hace diez años.
Luego de eso sólo hubo silencio al otro lado de la línea. Tan prolongado que se quedó dormida.
Al despertar desorientada se levantó buscando su teléfono. La llamada había acabado hacía horas, nerviosa reviso la hora; podía llamarlo...
- Estoy en el club. - contestó él algo cortante.
Se escuchaba la música y voces de personas muy cerca. No desconfío de sus palabras.
- Oh. Me quedé dormida ayer. - se lamentó pero parecía mal momento para hablar. - Hablamos luego.
Edward gruñó. - Mañana estarás aquí.
- Si. Te extraño demasiado. - confesó sin pudor.
Él se quedó en silencio unos segundos. Una voz femenina se escuchó de pronto.
- Tenemos que hablar. - la mujer le habló tan cerca que Bella pudo escuchar claramente.
- ¿Quién es? - preguntó exaltada.
- Nos vemos en mi habitación. - le contestó en voz apagada, era obvio que trato de tapar el micrófono.
- Edward... - exigió de nuevo.
- Tengo que irme. - le contestó.
Bella se sintió tan dolida que colgó sin contestar.
Esa mañana la pasó fatal, su mente volaba e imaginaba los escenarios posibles que podían ocurrir.
- Hey... tienes que comer. - María le indicó con un suave apretón en el hombro. - ¿Ya estas extrañando Inglaterra?
Bella le sonrió delicadamente.
- Un poco.
- Parece que irás a la guerra. - bromeó María mientras ayudaba a Nathan con su desayuno.
- Algo así. - admitió.
- ¿Por qué quieres ir? - preguntó sin censura. - ¿Los gerentes que contrataste no te dan confianza?
- Me gusta sentirme útil.
- Aquí lo eres. Eres excelente para negociar o bueno eso me dice Jas...
- Pero me gusta administrar de esta manera. Me siento metida en el negocio.
María sonrió comprensiva.
- ¿Esa es la única razón? - su pregunta la sorprendió. - Nunca te he visto tan ansiosa y pegada a tu teléfono, te ves diferente.
- Estoy muy involucrada con Seattle.
- Parece algo más...
Bella se tensó inmediatamente. No pudo evitarlo. A pesar de ser una excelente actriz la mayor parte del tiempo, recordar a Edward en ese momento fue muy difícil. Sentía un dolor intenso al imaginarlo con otra mujer. Se sentía asfixiada.
- Es algo más. - suspiró la mujer acercandose a ella. - ¿Qué pasa Bella? ¿Por qué te ves tan infeliz?
- No es nada.
- Oh si. Pocas veces te he visto así. - admitió la mujer. - Eres tan retraída que es difícil verte expresar sentimientos.
Bella respiró hondo. Lo era. Ya no podía relacionarse con otras personas porque en realidad había dejado de hacerlo después de entrar en la clínica de rehabilitación, luego su vida se concentró en buscar a Edward y fueron pocas las personas con las que llegó a entablar una relación cordial por su falta de interés. Dimitri y un par de hombres más llegaron a su cama cuando en algún evento se permitió beber y sacar esa Bella que se quedó en los pasillos de una escuela donde pasó su adolescencia.
María no logró sacarle información a pesar de sus intentos. Bella sólo podía seguir lamentadose por dentro pero por primera vez actuó con amor propio y apagó su teléfono para evitar estar pendiente de él.
Los niños recargados de energía la obligaron a jugar de todo, no la dejaron ni un minuto ya que estaban emocionados de tenerla de nuevo.
- ¿Compraste tu boleto? - Jasper le preguntó suavemente mientras ayudaban a Nathan con sus bloques.
- Aún no. - admitió.
- Quédate unos días más. Te necesito, llegarán los empresarios de Italia. Yo no hablo italiano.
- Y planificaste la reunión para estos días.
Jasper sonrió sin culpabilidad.
- Reuniones. - la corrigió. - Eres mejor negociante que yo.
Bella le sonrió pero por dentro tenía una guerra. Su corazón sangraba luego de hablar con Edward pero moría por verlo también, por otro lado no iba a defraudar a Jasper ni levantar sospechas.
- Claro. Me haré cargo. - acepto fingiendo una sonrisa.
La puerta sonó por lo que Jasper fue a atender llevándose a Nathan con él, Bella se acercó a Caroline que exigía su atención.
- ¿Por qué no te quedas?- le preguntó la niña. - Nathan no juega conmigo como lo haces tú.
- Cariño. - le arregló los cabellos tiernamente.
- Podemos ir al zoológico o a montar bicicleta. - le sugirió la niña. - También podemos ir al supermercado.
- ¿Al supermercado?
- Si. Podemos comprar muchos dulces ahí. - le contó soñadora.
Bella rió por su inocencia.
- Lo haremos algún día pero ahora, ¿a qué jugaremos?
La niña la miró con los ojos brillantes.
Nunca olvidará la primera vez que tuvo a Caroline entre sus brazos, lloró como una niña. Fue tan difícil ese momento que Jasper estuvo apunto de tener una crisis de ansiedad. Desde ese momento algo cambio en ella, salió de ese estado catatonico donde sólo pensaba en lo miserable que se sentía y se convirtió en alguien con una motivación.
- Bella. - carraspeó Jasper incómodo. - Ya llegó Dimitri.
- ¿Qué? Pero si es temprano.
- La paciencia no es su fuerte. - admitió, también estaba molesto por su llegada.
Molesta dejó a Caroline para ver a su amigo que la esperaba en el primer piso.
Dimitri era un hombre elegante, con un exquisito gusto para vestir y un físico atlético. Era atractivo pero no podía verlo como algo más. Era difícil relajarse y simplemente dejar fluir su relación, se sentía incompleta. Además que Dimitri había sido siempre un caballero con ella y no se merecía una relación a medias.
- Hola. - saludó el hombre feliz de verla.
- Dimitri. - suspiró dejando un beso en su mejilla.
- Es grandioso que estes aquí. En Seattle no tenías tiempo.
- Sabes que es difícil llevar una administración.
- Lo es. - admitió, su familia tenía una reconocida empresa importadora de autos.
- Vamos a sentarnos, la cena demorará.
Dimitri obedeció sentándose lo más cerca posible, odiaba como intentaba invadir su espacio. Ella sólo se lo permitía a Edward o bueno ella sólo se permitía invadir el espacio del cobrizo. Dimitri era divertido, había viajado mucho por el mundo así que siempre tenía alguna historia que contar.
- Podemos viajar en el verano. Tómate unas vacaciones por primera vez, estoy seguro que las mereces.
- Así es. - Jasper apareció en ese momento y saludó a Dimitri con un apreton de manos. - Ya es hora de que tomes un descanso.
- Jasper. - gruñó mirando a su hermano de manera envenenada. - Recién empece a hacerme cargo de Seattle, no es momento de hacerlo.
- Claro que lo es. - refutó Jasper. - El hotel ya esta funcionando.
- Vamos Bella. Estoy seguro que la pasaremos muy bien. - Dimitri utilizó todo su encanto. - España te encantará.
- Lo pensaré. - fue su respuesta evasiva.
La cena transcurrió llena de risa gracias a la personalidad vibrante de María que no paraba de bromear y contar sus experiencias en la pasarela. María era una modelo reconocida pero por el momento estaba dedicada a los niños ya que Nathan aún era pequeño pero pronto volvería.
- Fue en Nueva York. - reía sin parar. - Estaba pérdida, no tenía ni idea de como pedir un taxi ya que no conocía la dirección ni recordaba el nombre del hotel.
- Fue irresponsable de tu parte. - Jasper insistía siempre cuando llegaban a esa parte de la historia.
- De pronto un paraguas se abrió sobre mi cabeza y un hombre con un fuerte acento inglés me dijo "creo que me necesitas".
- Tan romántico. - se burló Bella mirando a su hermano.
- Lo fue. - Maria tomó su rostro para estampar un beso en su mejilla.
- Estaba en la misma fiesta. Sólo fui caballeroso.
- Después de eso ya todo es historia. - suspiró María. - Jasper no era una santa paloma. - entrecerró los ojos mirando a su esposo. - Termine con él luego de cuatro meses por sus amiguitas, yo huí a Brasil para olvidarlo y me persiguió. Regresamos dos meses después, tenía que hacerme la difícil.
- Le pedí matrimonio. - ahora le tocó a Jasper suspirar. - No se cuantas veces le lleve flores, ni cuantas otras la perseguí por las calles de Brasil. Mi padre estaba enloqueciendo en Londres pero sólo quería volver con ella. Cuando lo logré, le pedí matrimonio.
Bella lo recordaba. Por supuesto que si. Ella no entendía que pasaba, su hermano simplemente desapareció luego de dejarla una mañana en el colegio. De hecho ese día también conoció a Edward. Sus padres le dijeron que lo habían desheredado por su comportamiento, Bella se sentía tan sola y asustada... fueron los peores días de su vida.
Levantó la mirada para encontrarse con la de su hermano. Ambos estaban recordando lo mismo. Jasper tenía esa expresión de culpabilidad y pena cuando miraba a su hermana, pero ella no lo culpaba. Él había ido detrás del amor de su vida sin importarle nada más, ahora ella hacia lo mismo.
- El próximo año cumpliremos diez años juntos.
- No falta mucho tiempo. - les recordó Dimitri.
- No. - admitió María. - Queremos ir de viaje pero con los niños es un poco complicado.
- Saben que yo puedo con ellos.
- Gracias. Lo pensaremos. - respondió María de corazón.
La cena siguió su curso. Dimitri tardó demasiado en despedirse de ella pero cuando lo hizo intento besarla cosa que ella rechazó.
- Somos amigos. ¿Lo recuerdas?
- Si. - él sonrió encantadoramente. - Por ahora.
Se alejó dejándola incómoda y molesta.
- Es un buen chico. - Jasper admitió apenas ella entró de nuevo a la casa. - Creo que no me molestaría verlo más seguido por aquí.
- Lastima que eso no pasará.
Jasper suspiró.
- ¿ Cuándo me dirás que pasa contigo?
- No me pasa nada Jasper.
- Estos dos días estuviste con un ánimo completamente diferente a este día. No puedes evitar que yo me preocupe al verte tan inestable.
- Paso algo en Seattle por eso estoy intranquila. Problemas sencillos, seguro ya los solucionaron.
- Bueno. - él no le creía. - Tendrán que sobrevivir sin ti una semana más.
Una semana. Se supone que ese día ya debería estar de regreso a Seattle como le dijo a Edward.
- Lo harán. - concluyó.
o
o
Oh, oh. Celos. Díganme que les pareció? Nos leemos pronto!
