Cuando empezó a rechazar sus llamadas algo en ella se liberó. Estaba nerviosa y ansiosa, veía como su teléfono sonaba hasta detenerse. Era gratificante ver que él fuera tan insistente aunque no se engañaba, las razones eran diferentes a las que ella desearía.
- ¿Segura que San Pietri aceptó? - le preguntó en ese momento Jasper incrédulo.
- Si. No se opuso. - admitió con la mirada en su teléfono de nuevo.
- ¿Entonces porque estás mirando tu teléfono y no celebrando? - replicó eufórico. - Abriremos un hotel en Italia. ¡Vamos Bells! ¡Tenemos que festejar!
Su hermana rió por su entusiasmo.
- Supongo que podemos salir esta noche con María.
- Y Dimitri.
- Jas... - gruñó poniendo los ojos en blanco.
- No le veo nada de malo.
- Verte de Celestino es algo que jamás imagine. Además quiero ser la tía solterona de los niños. - se burló, por supuesto que no quería serlo pero Jasper no tenía que sospecharlo.
- Muy graciosa. Sabes que espero mis propios sobrinos.
Bella se quedó en silencio mirando al vacío al escucharlo.
- Eso no pasará Jas. - suspiró luego de mucho tiempo.
Su hermano que había estado tenso por haber mencionado el tema pudo respirar de nuevo.
- ¿Has estado visitando algún terapeuta en Estados Unidos? - le preguntó con suavidad.
- Jasper.
- Estoy preocupado. - admitió su hermano. - Me gustaría que sigas conversando sobre tus problemas...
- Llevo casi diez años haciéndolo y creo que ya estoy mejor.
- Pero no...
- No lo superaré Jas. Es algo que siempre llevaré conmigo pero aprendí a vivir con eso.
- ¿Pero entonces porque te quitas la posibilidad de...?
- Jas... no insistas. No tengo novio ni una razón para plantearme esa idea.
- Dimitri...
- Demonios Jasper. Ese hombre no me interesa. Basta.
Su hermano se paró en ese momento. Levantó los brazos en señal de rendición.
- Nos vemos esta noche.
- Así es.
Luego de eso salió de su oficina.
Habían pasado dos días desde la fecha en la que se supone debía haber regresado a Seattle. Era consciente de como Edward enloquecía debido a sus llamadas pero estaba esperando algo más, algún acto desesperado para que ella volviera. Soñaba con verlo llegar de pronto a su oficina sorprendiéndola y tomándola entre sus brazos para ir a Seattle. No pudo evitar reírse de si misma, eso jamás sucedería.
Su teléfono sonó.
- Hola Dimitri. - saludó tranquila.
- No puedes negarte hoy, supe que cerraste el negocio.
Jasper. Bella mataría a su hermano.
- Mañana y pasado mañana tengo reuniones así que aún no puedo decir que cerré el negocio.
- Lo más importante fue acordado.
- Me alegra ver que estás tan enterado. - se burló. - Pero debo admitir que no es correcto que salgamos...
- ¿Por qué?
- Dimitri sabes bien que eres un amigo para mí pero tú...
- No me rendiré. - admitió sin pudor. - Sé que te gusto pero no puedes admitirlo.
- ¿En serio? - suspiró divertida. - ¿Cómo puedes estar tan seguro?
- No estaríamos hablando en este momento si no fuera así. Hace mucho tiempo me hubieras sacado de tu vida.
- Eres increíble Dimitri. - se rió. - Eres un amigo muy divertido pero nada más, lo siento.
- Sigue engañándote. Nos vemos esta noche.
Luego colgó dejándola en el aire.
Ella debía admitir que si tenía razón al decir que debió sacarlo antes de su vida y el motivo la entristeció; necesitaba el estímulo de sentirse deseada por un hombre como Dimitri. Su vanidad estaba ahí; presente. Se sentía decepcionada de si misma por ello.
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- Debiste ser modelo. - admitió María mientras caminaban entre la gente en el club más exclusivo de Londres.
- Lo pensé cuando tenía quince pero mi apellido no me lo iba a permitir.
- Estoy segura que ahora si que podrás. Mira todas las miradas que tienes sobre ti.
Bella sonrió sin poder evitarlo.
- Sobre todo la de él.
Dimitri estaba frente a ellas a unos metros de distancia.
Bella puso su mejor cara al acercarse.
- Estas hermosa.
- Gracias.
Estar en un club no era una novedad para ella, había salido durante sus años de universidad pero siempre llegaba ese momento en la noche cuando su ánimo decaía en picada y lo único que deseaba era su almohada. Se encontraba en uno de esos momentos mientras bailaba con Dimitri que animoso la hacía girar una y otra vez.
- ¿Quieres descansar? - le preguntó susurrando en su oído.
- No. - sabía que gracias a su depresión repentina en el momento que estuviera cerca a su teléfono iba a llamar desesperadamente al cobrizo que llevaba ignorando días.
Dimitri siguió tomando su cadera con entusiasmo moviéndola al ritmo de la música.
Su hermano hacía lo mismo con María que reía por las ocurrencias que al parecer solo con ella se le ocurrían. Para el resto Jasper Swan era un hombre serio y seco.
- Vamos a tomar algo. - Dimitri tomó su mano para llevarla a la barra donde pidió su bebida favorita.
Estar en la barra le recordó inmediatamente a Edward. ¿Qué estaría haciendo en ese momento?
- ¿Cuánto tiempo te quedarás? - le preguntó Dimitri.
- Un par de días más. - le aseguró. Tenía que volver, lo extrañaba.
- Necesito hacer negocios por allá, no tengo suficientes escusas para verte. - se quejó.
Bella rió negando.
- No te rías. - el hombre acarició su mejilla hasta llegar a su barbilla. - Aunque debo admitir que me encanta verte hacerlo.
Se acercó peligrosamente a su rostro, Bella debía admitir que era encantador. Alejó su rostro con suavidad para que su beso dé de lleno en su mejilla.
El hombre suspiró pero no perdió la sonrisa.
- Eres increíble.
- ¿Sólo porque no cedo a tus encantos? - le preguntó directamente.
- No eres la primera en rechazarme. - admitió. - Pero tú eres...
- Imposible. - termino por él. - No va a ocurrir.
- Bueno nosotros ya...
- Espero que conserves el recuerdo, es todo lo que tendras.
Bella lo rechazó luego dejó un beso en su mejilla.
- Me agrada ver que se llevan mejor. - María llegó junto a Jasper que los miraban cómplices.
Bella quiso desaparecer.
- Créanme no quería interrumpir pero hay una llamada de Seattle. - Jasper le tendió su teléfono. - Teresa me acaba de llamar, le pedí que traslade la llamada con Seattle.
Acelerada tomó el teléfono y se alejó hacia los baños. Nerviosa se encerró en un cubículo y respiró varias veces antes de contestar.
- Swan.
- Señorita Swan, soy Sam Uley. - empezó la voz de un hombre, casi podría asegurar que era uno de los chicos del bar pero no conocía a todos. -Los pedidos de esta semana no fueron pagados, necesitamos su firma o confirmación para que puedan ingresar.
- ¿Qué?, pero si antes de irme aprobé los pedidos.
- La bodega está vacía. - le aseguró. - No podremos atender hoy en el club si no nos abastecemos.
La situación era muy extraña.
- Bien. Pagaré el pedido desde aquí pero quiero saber que tiene que decir Masen. Debería ser él quién llama.
- Señorita Swan, Ed... el señor Masen esta internado en el hospital desde ayer.
- ¡¿Qué?! - gritó escandalizada. - ¡Nadie me informó nada! ¡¿Qué sucedió?!
- Impactó su auto contra la pared del estacionamiento.
- ¡¿Cómo pasó esto?!
- Él perdió el control pero se encuentra bien, sólo tiene un brazo enyesado. - le aseguró rápidamente.
Alterada se tironeo los cabellos. Lo había hecho al propósito, estaba segura, otra vez estaba manipulándola. Desesperada se trago el llanto y se repitió que estaba bien.
- Bien. Haré los pagos. Gracias Sam.
Colgó luego.
Sintiéndose devastada se aferro al teléfono mientras marcaba. El timbre sonó bastante antes de escuchar su voz.
- Bueno. - suspiró él con voz ronca.
- ¿Por qué lo hiciste? - lloró. - ¡Estoy enloqueciendo!
El hombre se quedó en silencio escuchándola sollozar con desesperación.
- ¡Contéstame!
- Perdí el control. -contestó serio y carente de emoción.
- ¡¿Por qué fuiste irresponsable?!
- No lo fui. Llevaba cinturón. - aseguró.
- ¡Impactaste tu auto contra la pared! - le reprochó.
- Fue un accidente.
Ella siguio llorando asustada luego de su respuesta. El hombre al otro lado de la línea sólo la escuchaba en silencio.
- ¿Cuándo vuelves?
Su voz aún seria ahora denotaba un sentimiento; rabia.
- Tengo programadas reuniones hasta el jueves. - admitió. - Volveré cuando las acabe.
Edward suspiró pero no dijo nada.
-¿Cómo esta tu brazo? ¿Que sucedió? - tratando de serenarse preguntó.
- Perdí el control. - repitió molesto. - Mi auto necesitaba mantenimiento y no lo hice a tiempo. Y mi brazo... bueno estará mejor.
- Me asustaste demasiado. - reprochó dolida.
- No lo hice al propósito. Sin un brazo no podré hacer muchas cosas.
Las voces de enfermeras se escuchaban claramente y sus quejidos cuando le acomodaban las vendas. Por otro lado estaba segura que la música del local donde estaba se escuchaba claramente. Preocupada quiso distraerlo hablándole de Sam y su llamada.
- Veo que a otros si les contestas.
- Sam llamó a mi hermano. - le explicó.
- No ingrese la compra. - aceptó Edward. - Tengo el cheque pero olvide depositarlo.
- Edward... - se quejó molesta. - Estan desabastecidos.
- Y yo tengo un brazo roto por eso no tuve tiempo de hacerlo. - le recordó irritado.
Ella se sintió molesta por su irresponsabilidad; había tenido cinco días para hacerlo.
- Pagaré desde aquí. - suspiró no queriendo pelear. Sus defensas estaban cayendo en pedazos al escucharlo. - ¿Cuándo saldrás del hospital?
- Hoy. - aseguró cortante.
Escuchó la voz de María entrar al baño buscándola.
- Tengo que irme. - admitió apurada. - Te llamaré después.
Edward no contestó y sólo colgó.
Salió del cubículo luego de revisar su maquillaje, agradecía de estar en un club nocturno con una pésima iluminación.
- ¡Bella! - María suspiró aliviada. - ¿Qué sucedió? Desapareciste.
- Una pequeña crisis en Seattle. - le aseguró mientras tecleaba transacciones desde su teléfono. Dinero de su cuenta personal se gastaría en pagar ese cargamento; grandioso. Antes no le hubiera importado pero ahora tenía la duda de si sus otras cuentas estaban vigiladas por Jasper.
- ¿Lo solucionaste?
- Así es. - concluyó luego de terminar de teclear. - Pero creo que debo volver pronto.
Por ella volver ese mismo día.
La salida acabo minutos después, estaba impaciente por llamar a Edward de nuevo. Hablar con él había sido como caer de nuevo en algún tipo de droga. Necesitaba tener más de él.
Dimitri insistió como siempre pero ella se despidió de él apenas llegaron al auto de su hermano.
Nerviosa espero fingiendo cansancio para escapar a su habitación ante la mirada desconfiada de su hermano.
Lo llamó apenas pudo. Llamó por casi una hora sin parar pero no obtuvo respuesta. Envió mensajes preocupados hasta quedarse dormida.
Edward decidió ignorarla.
No era una tonta, sabía que lo hacía en un arranque inmaduro de devolverle la indiferencia que ella le profesó días antes. Desanimada al no saber nada de él sus días en Londres se volvieron grises y apagados. Extrañaba ver sus llamadas perdidas y saber que la buscaba. Con pena revisó su teléfono viendo fotos que le había tomado cuando no miraba.
- Puedes quedarte. - le recordó Jasper. - No están en ninguna anarquía en Seattle.
- Tengo que volver.
En ese momento tenía a Caroline entre sus brazos mientras veían la televisión.
- No te convenceré, lo sé. - admitió. - Pero quiero que me digas cuando volverás a visitarnos.
La mirada de su sobrina se disparó hacia ella. Había sido una jugada estratégica preguntarle en ese momento.
- No lo sé. - admitió. - Tratare de no volver pronto.
- Nueva York te necesitará pronto, sería bueno que vayas dejando todo arreglado en Seattle.
- Falta mucho para que las oficinas estén listas.
- Tres meses. - Jasper estaba teniendo esa pose controladora que a ella enloquecía.
- Eso es bastante.
- Luego creo que deberías pensar en Italia. - agregó su hermano sorprendiéndola. - No pongas esa cara, tú hiciste el contrato.
- Creía que mandarías a otra persona. - admitió choqueada.
- Bueno confío en ti.
Debía sospecharlo pero había estado tan concentrada en sus problemas con Edward que no vio la lógica que existía detrás de esas reuniones.
- Jasper yo también quiero que te encargues de vender mi departamento. - contestó provocando a su hermano una arruga más en el rostro.
- ¿Por qué?
- Acabas de decir todo lo que haré pronto y mi departamento no sera ocupado. Estos días me he quedado contigo y creo que podré hacerlo cada vez que venga a Londres.
- Quizás quieras privacidad y...
- Lo he decidido. - concluyó. - Véndelo.
Jasper estaba tan molesto que se quedo en silencio en resto de la tarde.
Su llegada a Seattle tres días después fue agridulce. La timidez la invadía cada segundo, como rayos iba a enfrentarlo. Estaba molesto, se notó claramente en su semblante cuando cruzaron miradas en el lobby del hotel. No sabía que señal darle para que la acompañara a su suite, nerviosa lo miró fijamente sintiéndose fatal al ver algunas heridas en su rostro y su brazo lastimado.
- Vamos ven. - susurraba a su teléfono mientras lo llamaba una y otra vez desde su cama horas después.
No podía dormir y su cuerpo estaba destrozado por el cansancio del viaje. Las lágrimas se agrupaban en sus mejillas recordándole lo mucho que Edward podía llegar a lastimarla.
Ese hombre era su verdugo personal.
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Aquí estoy con la nueva actualización! Cuéntenme sus teorias y que les pareció este capítulo. Nos leemos pronto.
