Una triste despedida

Madara terminaba de despachar al último de sus nuevos subordinados, que uno a uno, se habían enfilado para expresar sus condolencias por la muerte de su familia. La prensa lo había calificado como una masacre de carácter religioso al encontrarse evidencia suficiente sobre la práctica de un rito en el que habían caído víctimas un primer grupo de oficiales extendiéndose después a sus familias.

Como uno de los únicos sobrevivientes, Madara había sido enaltecido como héroe luego de haber asesinado a seis miembros de la secta y rescatando a dos de sus sobrinos, uno de los cuales permanecía en estado crítico en un ala especial de un hospital privado.

Itachi había llegado hacía una hora pero en esos momentos practicaba cómo hacerse pasar un mueble en un rincón oscuro de la oficina. A él también se habían presentado todos los compañeros de su padre, seguramente los vería en el funeral y por los días siguientes también.

—Todo saldrá bien, Orochimaru y Danzō están colaborando muy bien.

—No es eso lo que me preocupa —se excusó el muchacho —. Los experimentos que estaba llevando a cabo mi padre. ¿Los harán en Sasuke? —preguntó con tono sombrío.

Madara cerró los ojos y movió la cabeza de un lado a otro.

—Te hice una promesa. Y Sasuke demostró su valía sobreviviendo a su primera transformación, solo habrá que tomar medidas de precaución cada mes.

—Mas vale que sea cierto.

—Entonces, realmente te irás.

Itachi se encogió de hombros.

—Hay una posibilidad, aunque pequeña, de salvarlo.

—No te hagas ilusiones, no es más que un mito, si fuera verdad ya lo hubiéramos descubierto.

—No. Porque somos asesinos, no salvadores.

—Cuidado con lo que dices.

Madara había hablado fuertemente, estaba molesto por la osadía del chico, pero este no se acobardó y por el contrario se puso de pie.

—Me gustaría despedirme de Sasuke. Mientras más tiempo pase, más difícil será. Me iré esta noche. Cuida de él y recuerda tu promesa, si alguno de esos malditos locos le pone una mano encima…

Itachi lanzó su mirada más fría, era joven, pero era un cazador experimentado y aunque ese hombre alguna vez tuvo una jerarquía más alta en la organización del desaparecido clan, no iba a dudar en hacerle pagar si incumplía con lo pactado.

Madara volvió a prometerlo, fastidiado por tener que hacerlo al menos dos veces por día desde hacía una semana en que empezó el ciclo de investigaciones y estudios preliminares en los que había invertido mucho tiempo y dinero, así como la influencia de Orochimaru, el director del departamento de investigaciones periciales, y Danzō, jefe del departamento de seguridad pública y sus respectivos esbirros.

Estaba ahora en deuda con dos de los personajes más rastreros que conocía, lo que era bochornoso, así que un muchacho insolente no tendría que andarle reprochando nada.

—Iré al hospital —dijo Itachi saliendo de la oficina. Desde la ventana, Madara le miró subirse a la motocicleta emprendiendo el camino. Enseguida alcanzó el teléfono.

—¿Kabuto? ¿Despertó Sasuke? Suminístrale otro sedante, lo quiero completamente inconsciente al menos las siguientes dos horas, no debe hablar con su hermano.

Luego de colgar volvió a sumirse en el papeleo, estaba revisando ciertos aspectos para cubrir los detalles con las personas que no podía sobornar, pero afortunadamente había dado con un grupo al cual colgarle los hechos que convenientemente tenían una serie de denuncias legítimas por parte de ciudadanos vecinos y conocidos que sospechaban que el grupo tramaba algo.

Había policías que no se daban por satisfechos en el asunto tras la muerte de su jefe y muchos de sus compañeros, especialmente dos que se estaban volviendo un verdadero dolor de cabeza: Kakashi Hatake y su compañero Maito Gai, dos chicos recién egresados de la academia, buenos amigos de Obito Uchiha, muerto en el depósito de chatarra, y su esposa Rin, que estaba en el barrio familiar.

Suspiró y enseguida gruñó. Kakashi lo había vuelto personal y tendría que ponerle un alto si insistía en meter la nariz.

.

A Itachi no le gustaban los hospitales. Sin embargo, su hermano pequeño estaría bien ahí, incluso si permanecía inconsciente hasta la siguiente luna porque pertenecía a unos socios de su padre, especialistas en ese tipo de males.

Ocupó la silla que estaba a un lado de la cama y acercó su mano hasta la cabeza del niño, estaba sudando, intranquilo, podía ver el movimiento de sus ojos a través de sus párpados. Acarició su cabello sin pronunciar palabra, él casi no hablaba, menos lo iba a hacer si no lo escuchaban. Dándole un beso en la frente decidió marcharse de una vez, antes de arrepentirse.

Mito o no, la cura para la licantropía tenía origen en Ame, y hacia allá iría.

Kabuto le miró retirarse tras un largo rato de estar ahí solo mirando a Sasuke sin hacer ni decir nada. Le preocupaba que despertara, le había administrado una dosis fuerte pero su sangre estaba mutada y se deshacía de los químicos con mayor facilidad. Se le había ocurrido darle unos miligramos de nitrato de plata para inducirle un esporádico coma, solo que se abstuvo de hacerlo porque no había ninguna garantía de que usara la dosis correcta teniendo en consideración su edad y peso, y podría matarlo.

Sasuke muerto, era igual a Kabuto muerto, y él tenía aún mucho por hacer como para permitirse morir por un fallo técnico.

Itachi se fue apenas cinco minutos antes de que despertara.

El pequeño abrió los ojos con pesadez. Los tubos que tenía en la nariz le lastimaban pero le habían dicho que estaba demasiado débil como para respirar por sí mismo. La herida ya no le dolía, en parte porque ya no estaba, pero el cuerpo le pesaba y todo le daba vueltas.

—Buenos días, Sasuke-kun —dijo Kabuto entrando con cuidado.

—Itachi-niisan —susurró con un hilo de voz, tenía la garganta y los labios resecos, así que decir eso dolió más de lo que pensaba.

—¿Sí?

—Estuvo aquí —dijo.

—¿Ya habías despertado, Sasuke-kun?

—No… su olor… estuvo aquí…

—Ya veo —dijo haciendo las anotaciones sobre revisar sus reflejos y sentidos cuando no había luna. No había sido mordido por un lobo normal, sino que uno anormalmente poderoso que había logrado su transformación sin luna, y resistido una buena cantidad de plata sin flaquear.

—¿A dónde fue?

Kabuto se llevó el bolígrafo a la boca.

—No puedo decirte. Es un secreto.

—Espero estar despierto la próxima vez.

—No habrá una próxima vez.

Kabuto dio un salto, Orochimaru había entrado sin avisar diciendo algo que Kabuto no sabía si tenía que revelar o no.

El alto y delgado hombre, con bata médica impecable y largo cabello cayendo sobre su espalda se sentó sobre la cama y dio unas palmadas en el brazo del niño.

—Él se ha ido, Sasuke-kun. Muy lejos de aquí.

—¿Por qué? —a Sasuke se le llenaron los ojos de lágrimas. Con solo esa breve explicación había tenido la poderosa sensación de estar completamente desamparado. Podía recordar algunas cosas, tan horribles que no podían ser reales: la cabeza de su padre siendo arrancada encima de él, el enorme lobo encima, mostrando sus colmillos y muchas gritos.

Orochimaru se inclinó sobre él quedando cerca de su oído.

—Por que eres un monstruo, Sasuke-kun.

Recordó aquella mordida de la que su padre había intentado salvarlo, y entre el dolor y los gritos, una enorme luna blanca hacia la que sus ojos se dirigían ávidamente.

Sabía lo que había sucedido. Sabía en lo que se había convertido.

—Itachi-kun es un cazador, solo que no quiso matarte ahora porque tu tío Madara te está protegiendo. Él juró que lo haría, Itachi regresará y entonces te asesinará.

—No…— chilló Sasuke intentando levantarse, pero Orochimaru lo regresó a su lugar sin mucho esfuerzo.

—Tranquilo.

—¡Yo no soy un monstruo!

—Sasuke-kun, por ti está muerta toda tu familia ¿No lo recuerdas? Tú arruinaste la caería, por tu culpa están muertos y ahora eres uno de ellos, de los monstruos, Itachi quiere su venganza.

—¡No!

—Pero calma, no lo dejaremos tocarte, pero debes volverte fuerte. ¿Sí? Más que él.

Sasuke rompió a llorar pero los tubos de su nariz se lo impedían tanto como Orochimaru el pararse de ahí.

—Itachi-niisan no haría algo así, no lo haría, yo…

—Tranquilo Sasuke-kun. Duele la traición de alguien a quien queremos, pero así son las cosas.

Orochimaru lo abrazó para que dejara de patalear, pero pronto debió usar todas sus fuerzas para contenerlo porque pese a su pequeño tamaño y convaleciente estado, parecía como si la bestia le prestara poder para dar rienda suelta a su rabia.


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