Bienvenidos clase 3A
El primer día de clases estaba tan soleado que la luz lastimaba sus ojos. No era como si en Konoha los días fueran diferentes a eso, pero había amenaza de huracán en la costa oeste y, aun así, había sol, solo alguna nube que no invitaron al fenómeno atmosférico de la costa pasaba distraídamente, casi desvaneciéndose.
A Sasuke no le gustaban los días soleados, más que nada porque eran demasiado brillantes, pero tenía que ir a clases, su último año de secundaria empezaba justamente con sol y pensó lo peor para su suerte el resto del año en una escuela nueva.
La mayor parte de su vida la había pasado cerca de la frontera. Un percance relacionado con su conflictiva adolescencia le había obligado a regresar a la pequeña ciudad de Konoha, que no había pisado desde que tenía seis años.
Ajustó las gafas de sol y con toda la naturalidad posible entró por la puerta principal sin perder de vista los señalamientos que le indicarían por dónde se encontraba su clase. Pedir ayuda para orientarse no estaba en los planes, de hecho, cualquier interacción social estaba limitada a lo estrictamente necesario para poder terminar pacíficamente el curso.
Tragó saliva para quitarse el cosquilleo en el paladar que le causaban los productos de limpieza, abundantes en esa escuela por lo que pudo detectar. Estaba, además, el fuerte olor a roble y pino. Los árboles no le incomodaban, se sentía más a gusto con los olores de madera que los florales y en esa zona abundaban precisamente los especímenes arbóreos que daban nombre a la ciudad.
Llegó hasta el tercer piso que, según comprendió por la señalética, era donde estaban ubicados todos los grupos de tercer año. El suyo era el primer salón.
Asomó la cabeza para comprobar si ya había llegado el profesor.
—¿Eres el chico nuevo? —preguntó una voz a su espalda.
Se giró con cierto aire de fastidio, pero las gafas oscuras daban más la impresión de una ligera prepotencia.
—Supongo —respondió.
—Soy el profesor Umino Iruka, pasa, te presentaré a la clase.
El hombre, de mediana estatura, moreno y con una muy prominente cicatriz en el rostro pasó primero y los alumnos parecieron no dar mayor importancia. La mayoría siguió charlando sobre sus vacaciones, pero luego de que Iruka carraspeara para llamar su atención, hubo un silencio más o menos general.
—Bien, espero que hayan descansado lo suficiente, porque este año tenemos muchos proyectos para su orientación vocacional.
—¿La profesora Yūhi ya no va a darnos clase? —preguntó un muchacho rudamente.
—No, lo siento, Kiba-kun, ella se ha retirado por maternidad, estaré yo como responsable.
Se pudo escuchar una expresión de decepción por más de uno. El maestro, sin embargo, pasó de ello.
—Y bien, tenemos un estudiante nuevo, su nombre es Uchiha Sasuke, pasa por favor.
Pero él ya estaba adentro, incluso había examinado las posibilidades para tener un asiento nada comprometedor. Al escuchar su nombre, giró la cabeza y haciendo una mueca se quitó las gafas a petición del profesor, parpadeando varias veces seguidas para acostumbrarse a los reflejos de la luz matinal.
—¿Puedes decirnos algo sobre ti? Lo que te gusta, lo que te disgusta, tus planes para el futuro.
—Mi nombre es Sasuke Uchiha, hay muchas cosas que me disgustan y no hay algo que me guste en particular. Respecto a mis planes, solo quiero terminar el tercer año sin problemas.
—Un chico problema, que guay —dijo una rubia en voz baja a su amiga, sentada justo al lado.
—¡Tiene cara de idiota!
—¡Naruto! —reprendió el profesor que había escuchado claramente el comentario —¡Pide una disculpa! —exigió, pero el ofendido solo caminó hasta el espacio vacío a la derecha del rubio que le había llamado idiota.
—No importa, no es como si se pudieran esperar mejores modales de un simio.
—¡¿Qué has dicho?! —Naruto se puso de pie golpeando la mesa con las palmas de las manos.
—Un simio sordo, al parecer.
Naruto tronó sus nudillos y saltó sobre el chico nuevo, estaba seguro de poderle dar un buen golpe, pero aún con la poca distancia, resultó que había fallado, ni siquiera le había tocado la mejilla, su puño quedó suspendido en el aire sobre el hombro de Sasuke muy ligeramente inclinado.
—Si te devuelvo el golpe, podría arreglarte un poco la cara, si no es que… te mato…
El silencio en el salón era absoluto. Las últimas palabras las había dicho como en un susurro, tan lúgubre como la profundidad e inexpresión de sus ojos negros que fundían la pupila con el iris haciendo un efecto tan increíble como hechizante.
—Naruto, empiezas el año con una amonestación —dijo Iruka firmemente —. Por favor, sal del salón y ve a la oficina del supervisor.
El maestro rompió la poderosa tensión que se había creado. Naruto bajó los brazos sin poder terminar de comprender qué había sucedido, y sin nada más que agregar, salió sin decir palabra.
—Naruto es un salvaje, por favor no pienses que todos somos iguales a él, Sasuke-kun —habló nuevamente la rubia con un tono meloso—. Mi nombre es Ino Yamanaka, soy la presidenta de la clase, cualquier cosa que necesites puedes pedírmela ¿Sí?
Sasuke asintió distraídamente y dejó sus cosas sobre el banco que pretendía tomar desde que Naruto le retara.
Todos hablaban de él. Sus murmullos, imperceptibles para Iruka que llevaba hablando desde hacía largo rato sobre la importancia de la vocación profesional, eran completamente entendibles para él y eso se estaba volviendo un completo fastidio puesto que realmente había creído que podía pasar desapercibido.
Se llevó el lápiz a los labios y los sostuvo entre ellos dejando escapar un suspiro.
Solo faltaba un año. Solo tenía que sobrevivir un año de angustiosas actividades estúpidas antes de poder enlistarse en la Academia de Policía Militar.
Aguzó sus sentidos, no solo hablaban de él, ahora le estaban observando. Giró la vista con disimulo, vio a una chica de largo cabello rosa y enormes ojos verdes enmarcados por un fleco de dos secciones. Al ser descubierta se sonrojó y desvió la mirada, pero en esos momentos era absurda su reacción. Restó importancia porque definitivamente no era ella a quien había sentido, era una chica ordinaria y su percepción apuntaba a algo más.
El último asiento de la fila que estaba cercana al pasillo, justo al lado opuesto de donde él se encontraba: bajita, pálida, de cabello oscuro, largo, cayendo sobre su espalda y el flequillo recto con el que trataba de esconderse.
El resplandor de sus ojos perla lo inquieto unos instantes. Era un color extraño y hasta donde sabía, según la biblioteca de Orochimaru, solo indicaba una visión pura. Ella levantó la mirada solo un momento, entonces, quien desvió la mirada fue él.
Lo habían descubierto en un tiempo récord, solo le tomó un día arruinar las cosas en la escuela.
Antes de que algo más sucediera, y aprovechando que empezaba la hora del almuerzo, tomó su mochila y salió ante la atónita mirada de todos. ¿Qué más daba? Lo iban a transferir de todos modos.
Llegó hasta los jardines donde algunos grupos de amigas y otras tantas parejas se reunían. Él apresuró el paso hasta la reja que los separaba con la escuela elemental en un tramo y en otro con una sección de árboles injertados sin propósito real salvo el de conservar la vegetación nativa de la ciudad.
Trepó la reja para saltarla e internarse entre los viejos robles mientras decidía si regresar a la casa en ese momento o más tarde.
—¡Hey! ¡Idiota! —exclamó la ya familiar voz de Naruto a su espalda. El chico recién empezaba a subir la reja con desesperación, como si fuera a escapar —¡No te creas que vamos a dejar las cosas así! ¡Dattebayo!
Sasuke sonrió con malicia y empezó a internarse más, esperando que lo siguiera, que quedaran fuera de la vista de los dos jardines.
Tal como lo había esperado, el rubio le siguió al tiempo en que lo insultaba.
El follaje era tan espeso que pronto la luz se redujo como si fuese más tarde.
—Has venido a la boca del lobo —susurró Sasuke —. Usualmente me daría igual los imbéciles como tú, pero por alguna razón me molesta tu presencia —dijo mirándolo de soslayo mientras le daba la espalda.
—¿De qué hablas? —preguntó Naruto confundido —¡Tú eres el imbécil que llega con su actitud de "mírenme, soy mejor que todos"! ¡Dattebayo!
Sasuke echó la cabeza hacia atrás empezando a sentir una oleada como de electricidad recorrerle la espalda. Ya sospechaba que estaba demasiado inquieto, Naruto había despertado de alguna manera un instinto agresivo que trataba casi desesperadamente de controlar, pero que poco a poco emergía junto con un gutural gruñido, como si la voz de Naruto le llamase.
—¿Estás bien? —preguntó el rubio acercándose al notar que el otro empezaba a tener ciertos movimientos convulsivos—. Iré por Shizune-neechan— dijo dándose rápidamente la vuelta para correr de regreso, pero no avanzó mucho cuando fue derribado por un peso considerable que le envistió.
Naruto escuchó un chasquido muy cerca de su cabeza y trató de levantarse sin atreverse a abrir los ojos.
—¡Sasuke! —balbuceó con el corazón desbocado, apenas escuchando los tronidos y gruñidos —¡¿Qué mierda de pasa?! ¡¿De verdad te olvidaste de mí?!— preguntó imaginando, tan solo imaginando lo que pasaba pero que resultaba demasiado aterrador como para animarse a afrontarlo como un hecho real. Se giró como pudo y puso las manos al frente para tratar de deshacer el agarre. Gimió en cuanto sus dedos se enredaron entre algunas hebras de grueso pelambre.
—¡Sasuke! —gritó de nuevo empujando con todas sus fuerzas, pero sin mayor resultado. Abrió los ojos como reflejo ante el dolor que le causó un punzante desgarre en el brazo.
En ese momento no hubo duda alguna.
Las fuerzas del rubio flaquearon por completo al tener frente a él, con los colmillos expuestos y el hocico lleno de sangre -su sangre-, la imagen de un enorme lobo negro.
Abrió la boca sin poder decir nada.
—Éramos mejores —susurró antes de que las fauces se cerraran sobre él dejando únicamente la más absoluta de las oscuridades.
Sasuke se quedó quieto, temblando, fuera de sí mismo y enajenado de todo su alrededor salvo de la sangre que jugueteaba con sus sentidos, embotándolo e incitándolo al mismo tiempo, jugando con él y su deseo instintivo, pero ya no podía cambiar, era demasiado pronto para hacerlo una segunda vez en un solo día. No podía hacerlo tan frecuentemente por mucho que el deseo cálido y metálico lo embriagara.
Las manchas rojizas aún brillaban con la luz que se colaba entre las hojas en aquél pequeño claro. Salpicando troncos, pasto, una puesta en escena que había montado él mismo, pero no acababa de encajar.
¿Qué había dicho? ¿Éramos mejores?
Trató de ponerse en pie, aunque acabó por moverse a rastras para alejarse de ahí.
Se relamió los labios ya resecos con insistencia, paladeando el dolor y el miedo impregnado en dosis justas de adrenalina.
—Volví a joderlo —susurró.
Ya sabía qué quería decir.
Mejores amigos.
—Naruto.
Comentarios y aclaraciones:
¡Muy feliz año 2017!
¡Gracias por leer!
