Tareas especiales

Sasuke se quedó en una sola pieza cuando escuchó que Madara no haría la transferencia de instituto.

—¿Por qué no? —preguntó aterrado, aunque luchando por mantener la perfecta apariencia impávida que el hombre le había inculcado a tener bajo cualquier circunstancia. Tenía el pelo húmedo y algo alborotado, había pasado la última hora en el baño tratando de desaparecer la sangre de quien, en otros tiempos, fuera su mejor amigo, repitiéndose una y otra vez que había sido su culpa por no saber manejar su impertinencia e incordiarle mientras atravesaba su doblemente estúpida, ridícula y muy conflictiva adolescencia.

—No veo en dónde está el problema —dijo escuetamente el hombre sin mirarle siquiera.

—¡Maté al imbécil de Naruto!

—Sí, te escuché la primera vez. Pero no es trascendental.

—¡Es el hijo de Minato Namikaze!

—Y de Kushina Uzumaki, bueno, Namikaze ahora que está casada. No seas alarmista, todo está controlado.

Sasuke resopló sintiendo las palpitaciones de su sien, propias de la excitación de su bestia interior. No se preocupó demasiado, habían pasado unas tres horas desde su última transformación, así que, aunque lo intentara, sería muy raro que pudiera lograrlo, y no necesitaba una rareza más que sirviera de excusa a Orochimaru para poder estar sobre de él con mil pruebas más que hacerle. Suficiente era con ser el único espécimen que le daba igual que fuera de día o de noche, luna llena o nueva: cuando cambiaba, solo lo hacía, tenía esa libertad o esa maldición, según se mirara, porque cuando se enfadaba demasiado no podía controlarse. Si estuviera sujeto a las leyes del plenilunio, se habría evitado muchos momentos sangrientos y otros tantos cambios de instituto.

Gruñó. Eso podía hacerlo sin tener que cambiar. Un gruñido ronco y casi gutural.

—Cielo santo, no te portes como perro malcriado o te pondré un bozal —amenazó Madara levantando la vista —. Y sabes que lo haré.

Una vez lo había hecho, cuando era más pequeño y lo mordió mientras intentaba obligarle a comer un trozo de brócoli. Además, lo había dejado atado en el jardín toda una noche.

Sasuke se puso más rígido de lo normal, giró sobre sus talones y abandonó el despacho privado de la enorme casa que ocupaban a las orillas de la ciudad, donde quedaban algunos rastros del aspecto rural que alguna vez tuvo.

Bajó los escalones y pateó una piedra que salió despedida con la fuerza suficiente como para matar a alguien si se atravesaba en su camino, pero solo fue un grueso roble lo que la recibió, quedándose incrustada, haciendo un crujido sin eco.

Su nariz se movió instintivamente y olfateo el aire. Pese a tener poco tiempo viviendo ahí, ya se había memorizado todos los olores familiares y uno más se agregaba esa tarde al perímetro que consideraba como parte del territorio de la casa.

—Me había olvidado de eso —murmuró rápidamente, reconociendo a las personas que desprendían tan peculiar aroma.

Una serie de ladridos frenéticos fue lo que escuchó antes de que un enorme perro blanco se abalanzara sobre él. Pudo detenerlo al vuelo y con suma facilidad consiguió someterlo, sujetándolo fuertemente por el cuello, aunque eso no calmó al animal ni por un instante.

—¡Akamaru! —gritó un muchacho acercándose a toda prisa —¡Maldición! ¡Me van a obligar a ponerte bozal!

Rápidamente se acercó hasta donde estaba su mascota forcejeando inútilmente.

—¡De verdad lo siento! ¡Él no es así! Es un poco brabucón, pero jamás había atacado a nadie ¿Tienes mascota? ¡Seguro es eso! —parloteó rápidamente mientras colocaba la correa en el collar y empezaba a tirar para separar a su perro.

—¡Dime que no te lastimó!

Sasuke movió la cabeza de un lado a otro, pero no respondió, solo se limitó a ver al perro como lo haría con un pomeranian molesto. Con toda seguridad ese animal era más grande que él con su otra forma, pero estaba seguro de que le podría arrancar la garganta en dos segundos.

—¡Akamaru, cálmate!

—¡Ki-Kiba-kun!

Muy detrás de ellos, venía una chica de larga cabellera oscura corriendo, agitada y roja de la cara, quizás por el esfuerzo.

"Que alguien la detenga, le dará un ataqué", pensó para sí mismo ante tan patética imagen. Ni siquiera era una larga carrera, unos trescientos metros desde el camino principal.

—¡Ah! Hinata-chan, lo siento. Es que Akamaru se alteró y salió corriendo.

—No… no impor… ta…— dijo tratando de recobrar el aliento.

Sasuke se puso tenso, en ese momento con la rigidez de sus músculos bien podía pasar fácilmente por un muro de contención. Se reusó a mirar a la chica, podía sentir el escrutinio de sus ojos inusualmente aperlados descifrando su naturaleza. O al menos eso es lo que se decía de su familia.

Kiba terminó montando a su enorme perro, de modo que su peso le ayudó a mantenerlo sentado. Pero como no se calmaba, no hubo más que dar el mensaje rápido para poderse marchar.

—Bueno, Uchiha-san —empezó a hablar Kiba—. Disculpa que vengamos sin avisar, y antes de que preguntes, tu dirección nos la dio el profesor Iruka, porque resulta que no regresaste a clases después del descanso y bueno, pues no estuviste cuando asignaron los proyectos para el aniversario de la fundación de Konoha.

Sasuke metió las manos en su bolsillo deseando que hablara más rápido de lo que de por sí hacía y se fuera de una vez antes de que, o el perro o la chica acabaran con sus nervios.

—Se suponía que te tocaba hacer equipo con Naruto, pero él tampoco regresó, así que se hicieron unos cambios y yo estoy con Naruto, y tú con Hinata-chan.

Sasuke levantó la mirada poniendo una expresión indescifrable, tanto que al chico le costó demasiado saber si estaba a favor o en contra. Pero pasó de largo sobre el asunto, porque ya estaban todos advertidos que no iba a haber más cambios que ese por más objeciones que pusieron Sakura Haruno e Ino Yamanaka, que abiertamente pelearon por el chico nuevo.

—¿Eso es todo? —consiguió preguntar finalmente Sasuke, ignorando a la muchacha.

—Sí, supongo, sé que pudimos habértelo dicho mañana, pero hay que hacer las primeras propuestas mañana mismo para poder ir puliendo el proyecto, así que tienen que preparar algo hoy.

—Si, supongo.

Y no podía decir nada más, porque Madara ya le había negado el cambio de instituto, así que tendría que presentar ese proyecto sin rechistar si quería terminar sin conflictos adicionales el año escolar.

Miró a la joven por primera vez desde que llegaran, estaba tentado a caminar en círculos alrededor de ella para examinarla bien, pero atentaba contra su dignidad portarse como lo haría cualquier animal. Tenía un olor peculiar que le acariciaba la nariz, pero no podía determinar qué era, porque no era un perfume. Envalentonado por lo que prometía ser la chica más torpe de toda la escuela pese a su habilidad para ver a través de su máscara humana, la encaró directamente enfrentando el negro de sus ojos al blanco de ella.

Como resultado de tal acción, ella inclinó la cabeza.

—Si, bueno. Hinata-chan es… tímida —dijo Kiba dubitativo, aunque ya era evidente tan solo con el hecho de haber tenido que ser él quien hablara.

Sasuke resopló.

—¿Qué es exactamente lo que hay que hacer? —preguntó a ella.

—Bu-bueno... yo… yo…

Exasperado, giró de nuevo para ver al otro chico que solo se encogió de hombros.

—Puede que tartamudee un poco —dijo por toda respuesta —¡Pero no es siempre! —se apresuró a agregar —. Es que no te conoce, y la verdad, eres algo intimidante.

Sasuke sonrió levemente. Ya sabía a qué olía esa chica: a una víctima perfecta.


Comentarios y aclaraciones:

Oficialmente, este es el último capítulo que publicó Lau, a partir de aquí, supongo que ya podemos decir que será mi redacción.

Mientras tanto ¡Gracias por leer!