La bruja de Konoha

Cuando Sasuke era pequeño, su madre le solía contar una historia que no le gustaba.

En parte porque se trataba de un romance, pero principalmente porque establecía la posibilidad de que no todas las criaturas sobrenaturales eran monstruosas como insistía su padre, que de vez en cuando retaba a su madre por contarle tales historias:

Cuando Konoha era joven, y los hombres debían vivir de su trabajo en el bosque, había un cazador, muy admirado por los hombres y amado por las mujeres. Él no era altivo ni arrogante, era un buen hombre que no hacía más daño a los animales que lo que necesitaba para subsistir.

Un día, durante una de sus batidas matutinas, se encontró con una mujer herida. Le explicó que viajaba con su familia cuando un grupo de hombres los había interceptado, ella había escapado con ayuda de su padre, pero ahora no sabía en dónde estaba él, o en dónde estaba ella misma.

El buen hombre la llevó al pueblo para que la viera el médico, acogiéndola en su casa hasta que se recuperara, aunque a medida que los días transcurrían, el amor surgió entre ellos, y como resultaría natural, contrajeron nupcias.

No obstante, la felicidad no era compartida, en el pueblo los rumores empezaban a circular, pues la mujer nunca se interesó en volver a su hogar o al sitio al que supuestamente se dirigía cuando había emprendido el viaje con su familia. No se molestó en tratar de contactar a algún pariente y cuando le hacían preguntas sobre su vida antes de su matrimonio, era esquiva.

También resultaba extraño el color de su pelo, rojo como el fuego, y sus ojos grises como las mañanas de invierno.

El esposo no hacía caso a lo que decían, pues no encontraba mayor dicha que volver cada noche al lecho con su esposa, que ya había dado a luz a su primer hijo.

Fue durante un verano, el más duro que había azolado la aldea en décadas, causando que el río bajara su cauce llegando apenas a formar un riachuelo que no podía alimentar los canales de riego. Cuando los rumores se convirtieron en ira, porque los animales de las granjas desaparecían, dejando solo un rastro de sangre sobre la tierra, no necesitaron mejor argumento para ir a la casa del cazador, armados y preparados para enfrentar a lo que fuera esa mujer.

Ella estaba sola, limpiando el arroz que guardaban en el modesto granero, cuando la turba se apostó frente a la casa arrojando piedras y acusándola de que su magia era la responsable.

Ella no salió, aunque si tomó a su hijo para aguardar el mejor momento y escapar, algo que no sucedió como hubiese preferido, porque entre la ira y el miedo, alguien arrojó una antorcha, y el fuego consumió prontamente la humilde casa.

La columna de fuego que se alzó se podía ver desde el bosque y el buen hombre temió lo peor, abandonando a su presa y corriendo de vuelta a su hogar, encontrándolo reducido a nada y ningún culpable a la vista.

Con el corazón destrozado cayó de rodillas, entonces, de entre las cenizas un zorro emergió, sacudiéndose el hollín. El cazador solo pudo mirarlo, esos ojos grises que le daban alegría a su vida le miraban con temor, y se atrevió a pensar, que con un poco de vergüenza también.

Fue el llanto de un niño de pocos meses de nacido lo que le incitó a acercarse, pero al hacerlo, el zorro huyó al bosque.

Encontró a su hijo envuelto en las mantas que su madre había tejido, lo tomó en sus brazos y trató de dar alcance a su esposa.

—¡No me importa que seas un zorro! —gritó —¡Eres la madre de mi hijo y te amo!

En la aldea nunca lo supieron, vivieron creyéndose justicieros, pero por las noches la mujer arropaba a su hijo dándole un beso en la frente, y dormía en brazos de su marido, marchándose cada mañana como zorro.

Sasuke no comprendía cómo alguien podía amar a un monstruo, ni siquiera su propio hermano, al que una vez amo más que a nadie en su vida, lo había aceptado. Era una historia tan falsa como cualquiera de las historias de princesas y príncipes, no obstante, retando su realidad, estaba ahí frente a él, Kushina Namikaze, meciendo suavemente sus nueve colas, echada cuan larga era, frente a la cama de su hijo, con sus ojos color acero fijos en él.

Estaba experimentando un dolor diferente al que había sentido cada vez que cambiaba de forma, y es que, frustrar la aparición del lobo, era algo novedoso, pero no menos grotesco.

—No creí que fueras tan fuerte, dattebayo.

—¿Y qué esperabas? ¿Qué me pusiera boca arriba para que me rascaras la barriga? ¡No soy un puto perro!

Naruto torció la boca en una sonrisa, como queriendo reírse, lo que agrió aún más el humor del otro. No obstante, Sasuke se limitó a bufar.

—¿Entonces sabían lo que soy?

—Desde hace años —respondió Kushina.

Sasuke se encogió levemente. La voz de la mujer no provenía de su boca, era como si hubiese hablado directamente sobre su cabeza y eso era aterrador porque, hasta ese momento, solo conocía a una persona capaz de tal cosa, y cuando lo hacía, nunca era con buenas intenciones.

—Lo que sucedió con tu familia todos lo sabemos, la maldición que cargas también.

—¡¿Entonces por qué fuiste detrás de mí?!

Kushina giró la cabeza hacia su hijo, que se vio amedrentado pese a que no había sacado los colmillos.

—Te advertí que te fueras con cuidado si lo encontrabas.

Naruto hizo un mohín sumiéndose entre los cojines.

La mujer se incorporó grácilmente, y por un instante su pelaje rojo pareció arder, con lo que fue desapareciendo. Por un instante, Sasuke tuvo temor de que, al igual que él, quedase desnuda luego del cambio, sin embargo, no fue así, incluso fue un cambio suave y relajado, además, para cuando terminó, no solo estaba vestida, sino que por toda molestia se masajeó el cuello.

—Les traeré algo para comer, ttebane.

Sasuke quería decir que no era necesario, que él se iba a marchar, pero la mujer cerró la puerta casi en su cara, y viéndose a solas con Naruto, solo pudo dejar escapar un suspiro.

—Sigo esperando una disculpa, dattebayo.

—¿Por qué?

—No sé, se me ocurre, por comerme ¿quizás?

—Tú deberías disculparte por provocarme.

—¡Serás cabrón!

Naruto quería seguir peleando, pero el dolor de su cuerpo lo obligo a quejarse y relajarse, quedando solo tendido en la cama. Sasuke lo miró con recelo, preguntándose qué tan obvio era el que Madara supiera de antemano todo eso, y fuera el motivo por el que le dijo que no haría el cambio de escuela. No obstante, no era como si fuera mejor, él no quería estar en Konoha, y no quería estar con Naruto, ni siquiera le interesaba verdaderamente estar en la escuela. Aun así, se quedó sentado en el suelo, frente a la cama del rubio.

—Tu padre es...

—¿Humano? —preguntó Naruto—. Sí.

—Entonces, ¿no puedes cambiar de forma? —preguntó quedamente.

Sasuke aguzó la mirada, sintiéndose idiota por no darse cuenta de que sus facciones zorrunas no eran una simple casualidad; las marcas perfectas y simétricas de su rostro eran biológicamente imposibles. Naruto volvió a incorporarse levemente haciendo un mohín.

—¡Claro que puedo!

Hubo algo en esa respuesta que le dio la certeza de que era falso. Si hubiese podido, sería razonable que lograra poner algo de resistencia, y si no podía ganar, ya fuera porque no fuese tan fuerte o su forma animal era demasiado pequeña, al menos para huir en lugar de quedarse a ser despedazado.

Naruto gimoteó comprendiendo lo que el otro estaba pensando, interpretando su silencio.

—¡Mamá dice que cuando me haga mayor será mejor, dattebayo! —chilló.

—Se supone que pueda pasar por un zorro normal, es un mecanismo de defensa para los zorros jóvenes —dijo Kushina, entrando a la habitación con dos platos, dándole uno al chico en el suelo y acercándose hasta quedar sentada junto a Naruto para acercarle uno de los cuatro trozos en los que había cortado el emparedado

Sasuke comprendió que debía de tratarse de una forma muy pequeña, y aunque tenía muchas ganas de meterse con él debido a eso, se limitó a comerse lo que estaba en su plato.

Hasta antes del primer bocado a la boca, no tenía idea de que realmente tenía hambre. Se sentía en gran parte como si hubiera completado el cambio.

—¿Puede enseñarme a hacerlo? —preguntó en voz alta, solo que, al no ser claro, solo consiguió que ambos le miraran arqueando una ceja—. Evitar que la bestia aparezca —continuó para explicarse.

Kushina sonrió de medio lado.

—No es algo que pueda enseñarte —respondió con cierta dulzura maternal que no hizo más que causarle un escalofrío al muchacho—. Tu lobo no emergió porque lo intimidé. Dentro de su irracional pensamiento, sabía que, de aparecer, yo podría ganarle.

—¿Significa que esa cosa es capaz de pensar y decidir la mejor opción? —preguntó, sintiéndose contrariado por todos los años que, primero su familia, y luego Madara y Orochimaru, le habían explicado que esas bestias no poseían un ápice de razonamiento, por eso eran imposibles de controlar.

—Instinto de supervivencia, ttebane. Sabía que a ti no te haría daño, por eso no salió. Los lobos son violentos e irascibles, pero no pondrían su propia vida deliberadamente en peligro, de ahí que también sean difíciles de cazar.

Sasuke resopló.

En tan solo unas horas, había descubierto que todo lo que creía saber, resultaba ser incorrecto o impreciso, y eso le molestaba más que cualquier otra cosa que había experimentado antes.

—Me voy —anunció al cabo de un rato.

Kushina solo asintió, y no se molestó siquiera en acompañarlo o algo similar. Comprendía parte de los sentimientos que lo embargaban, demasiada información que asimilar por culpa de la crianza ortodoxa a la que, pese a su condición particular, le había inculcado un viejo cazador veterano.

Seguramente pensaba reclutarlo para valerse de sus habilidades adquiridas con la maldición, y solo el cielo sabía el propósito real detrás de todo aquello.

Giró la vista hacia su hijo y le acarició el pelo rubio.

—¿Crees que pueda ser como antes? —preguntó él con los ojos brillantes por la emoción, lo que le daba un aspecto bastante aniñado pese a su edad, y eso la conmovió bastante, pero no por eso le iba a mentir.

—No, Naru-chan. Nunca será lo mismo —respondió—. Pero él necesita saber que no es del todo un monstruo, y que su maldición es demasiado larga como para estar solo.

Naruto asintió, con un optimismo absurdo que a ella le recordaba infinitamente a su padre, el único hombre por el que estaba dispuesta a dejar todo. Le dio un beso en la frente y se llevó los platos para lavarlos.

—Por cierto —agregó antes de salir—. Llamó Kiba-kun, está bastante molesto porque eres su compañero para un proyecto.

Naruto frunció el ceño.

—Estoy convaleciente, no debería tener tarea.

—¡Claro que sí, jovencito! ¡Debes mantenerte al corriente con los estudios! Kiba-kun vendrá más tarde, así que más te vale ayudarle con lo que sea que tengan que hacer.

—¡Pero mamá!

—¡Nada de peros, ttebane!

Sasuke escuchó parte de la conversación pese a estar en el jardín. La ventana abierta de la habitación de Naruto y el que ambos hablaran escandalosamente solo reforzaban su fino sentido de la audición.

Resopló con fastidio. Él no necesitaba de la lástima o solidaridad o lo que fuera que pretendía ser eso de que no le dejara solo.

Ellos no comprendían nada de lo que estaba pasando.

Él no tendría una maldición larga si no se preparaba, pues estaba seguro de que algún día Itachi iba a volver para acabar con lo que empezó.

Entonces, como cada vez que llegaba ese pensamiento a él, se preguntó si no sería más natural simplemente dejar que su hermano cumpliera con la tarea que el clan había cumplido cabalmente durante tantos años.

Sacudió la cabeza.

Él no era tan patético como para entregarse a pensamientos suicidas.


Comentarios y aclaraciones:

¡Felices fiestas!

¡Gracias por leer!

P.D. Luna Negra, si lees esto, Media Luz está programada para finales de enero, lo prometo.