Acabo su cigarro antes de lanzarlo con rabia hacia al mar que se agitaba frente a él. La tempestad que mostraban sus olas eran un reflejo de lo que sentía en ese momento. La vida era una mierda y él lo sabia.
El atardecer de su pueblo natal no le daba la paz que antes solía darle. La gente que lo rodeaba ya no la sentía cercana. Su hogar ya no parecía tan familiar. Algo le faltaba, algo se le había arrebatado pero no terminaba de definir que era.
Cuando el sol terminó de desaparecer por el horizonte llegó el momento de regresar a casa. Su vieja bicicleta lo recibió rechinando por su peso, el tiempo sin uso y la humedad.
Las calles vacías y frías lo acompañaron en el trayecto, no queria admitirlo pero Forks era casi un pueblo fantasma. Casi podía decir que conocía todos los autos que habian por su manzana y unas más allá. Suspiró molesto cuando recordó que no podía comprarse un auto aún, todos sus ahorros se habían desperdiciado en su viaje de regreso de Inglaterra.
Al llegar notó que una camioneta con lunas polarizadas estaba estacionada afuera de su casa. Era obvio que no era de algún vecino, jamás había visto una camioneta tan lujosa en Forks. Sabía lo que esa visita podía significar...
Despertó desorientado y agitado sobre la cama. Sobre él también se agitaron por el movimiento sorpresivo.
- ¿Estas bien? - susurró la mujer adormilada que tenía sobre su pecho.
- Si. No quise despertarte. - se disculpó queriendo salir de la cama.
Con un suspiro ella lo dejó ir.
La pequeña habitación no lo iba a dejar tener la privacidad que deseaba en ese momento así que se colocó unos pantalones y con su paquete de cigarros salió del lugar. La brisa nocturna golpeo su pecho desnudo pero no le importó el frío, se colocó un cigarro entre los labios y se empezó a relajar.
Desde donde estaba podía ver el estacionamiento del viejo y maltrecho motel donde estaban pasando la noche antes de continuar su viaje, Forks estaba muy cerca pero preferían llegar a casa de sus padres a una hora prudente por lo que se detuvieron en un motel que estaba en el camino.
Las letras en luces parpadeantes indicaban que existían vacantes aún para pasar la noche. Sonrió burlón al imaginar lo que seguramente pasaba por la mente de Swan que estaba acostumbrada a los más altos estándares de calidad hotelera.
- ¿Estás solo esta noche? - se preguntó una voz sedosa junto a él.
Giró para examinar a su acompañante.
Era una mujer con ropa sugerente que posiblemente buscaba un cliente para acabar su noche. Era hermosa, no había duda en eso pero pagar por esa clase de servicios nunca habían sido su estilo.
Iba a declinar la oferta.
- No lo esta. - contestó la castaña que ofuscada los observaba a ambos.
- Lástima . - contestó la mujer sin verse afectada antes de alejarse.
Edward le dio un último vistazo antes de verla perderse en una habitación a unas puertas de distancia. El tambaleo en su andar y la manera en que sus manos temblaban le traían recuerdos oscuros a su mente.
- ¿Es en serio? - gruñó la mujer observandolo con una ceja alzada.
Edward no pudo evitar reír al verla.
- No estaba interesado.- le aseguró para luego levantar su brazo enyesado.- Aunque quisiera no puedo hacer mucho en este estado.
Ella sólo puso los ojos en blanco.
- Vamos a dormir. Mañana aún tienes que manejar.
Edward se acercó a ella con intenciones de pasar pero se quedó estática impidiéndole el paso. Bajo la mirada confundido. Ella le devolvió la mirada intensamente. Buscaba respuestas en su mirada pero él respiró hondo para contener el suspiro que quiso escapar de sus labios al verla.
- Vamos. - insistió.
- Bien. - ella giró para volver a la cama que los esperaba.
Se recostó entre las sábanas y fue una imagen muy apetitosa para él. Ella sonrió quizás al ver el efecto que habia tenido.
- Ven. Hace frío si dejas la puerta abierta. - suspiró ella estirándose en la cama.
Esa mirada no había cambiado su efecto en él para su pesar. Cerró la puerta. Ella lo retaba con la mirada, desafiaba su autocontrol y sonrió triunfante cuando él empezó a abrir, con la única mano operativa que tenía, su pantalón. Camino hasta llegar a la cama sin quitar la vista de su cuerpo.
- Déjame ayudarte. - la castaña se arrodilló en la cama junto a él y tomó el borde de su pantalón. Lo bajó lentamente sin quitarle la mirada de encima.
- ¿No estas cansada? - susurró acercándose a su boca pero sin llegar a tocarla.
- No. - le aseguró abrazando su cuello. - ¿Tienes algo en mente?
- Por mi mente no pasa mucho en este momento. - admitió apegándose más a su cuerpo.
Ella sonrió al escucharlo. Eso fue suficiente para él.
Besarla era sublime. Siempre lo había sido. Sus labios suaves y dulces siempre le parecieron apetitosos. Su cuerpo suave siempre fue demasiado para él, que lo dejara tocarla se sintió como un gran logro desde la primera vez que lo hizo.
- Me encanta como besas. - admitió ella suspirando cuando él la dejó respirar.
Edward suspiró también pero porque el calorcito que empezaba a sentir cuando ella le hablaba así lo preocupaba.
Ella seguía vestida sobre la cama con un camisón diseñado por alguna marca de ropa desconocida para él pero que sin duda era carísima. Acarició la tela suave mientras ella besaba su cuello y acariciaba su vientre.
- ¿Es el único que tienes...? - susurró él concentrado en la tela.
- ¿Ah? - preguntó confundida.
- ¿Tienes más camisones en la maleta? - preguntó serio.
- Tengo uno más. - contestó sin entender. - ¿Qué sucede?
- No quiero dañarlo. - admitió sinceramente.
- Me lo quitaré. - le ofreció confundida.
- Bien.
Contrariada por su actitud se deshizo de la prenda. Unas bragas de encaje negras eran lo unico que estaba sobre su cuerpo.
- ¿Mejor?
- Mucho mejor. - admitió besándola otra vez.
El calor y la pasión se apoderaron de la habitación. Iba a tomarla porque era suya. Era una idea nueva que de alguna manera le quitaba el aire y a la vez sentía que lo lastimaba. Tan entregada como siempre dejó que él explorara su cuerpo, ya conocido, con sus caricias a su vez ella beso cada centímetro que él permitió mientras descendía por su cuerpo. Su centro lo recibió gustoso cuando se instaló en este para dejar besos húmedos y apasionados que la volvieron loca.
- Te necesito. - gemía ella mientras se retorcía en la cama.
- Aún no. - se negó aumentando la frecuencia de sus succiones y mordiscos suaves.
Bella apretaba las piernas entorno a su cabeza cuando él la penetraba con sus dedos volviéndola loca.
- ¡Edward! - se quejaba. - ¡Por favor!
Pero no se detuvo hasta que ella explotó en su boca. Su orgasmo la arrastró a un abismo de placer. Su espalda seguía arqueada y su cabeza hundida en la almohada cuando Edward la penetro bruscamente. Esta acción le provocó un grito de sorpresa.
- ¡Edward! - se retorció recibiéndolo.
Era la mejor sensación. Habían pasado años pero aún sentía esa calidez y una emoción inexplicable cada vez que la hacía suya. Le costaba mucho admitir que ninguna mujer hacía el amor como Isabella Swan, ninguna mujer reaccionaba a sus caricias tan intensamente y tampoco ninguna otra lo había adorado luego de cada beso.
- Te amo. - gimió cuando aumentó la velocidad. - Te amo tanto. - admitía provocándole una reacción que trataba de ocultar.
Cambio de posición para tenerla sobre él. Era un espectáculo verla brincar como una amazona con el rostro distorsionado por el placer que estaba sintiendo. Movió sus caderas para ir a su encuentro provocándole gritos más agudos.
- Ven. - se acercó a su rostro para besarlo como quería, dejando sus gemidos morir en su boca.
Ella llegó a su cima del placer atrapándolo en su interior. Verla en ese estado de satisfacción provocó su reacción y aunque trato de retrasar el momento, la satisfacción esperada llegó.
- Te amo. - ella le recordó besando su cuello aún recuperando la respiración.
Edward se esforzó lo suficiente para despegarse de su cuerpo pero dejó un beso en su mejilla. Una pequeña concesión que Bella atesoraba. Regresó al lecho segundos después.
Ella tenía esa mirada. Esa mirada que fue el comienzo de todo años atrás. Decidió que lo mejor era mirar al techo.
- ¿Crees que podamos ir a la Push antes de llegar a tu casa? - preguntó mientras delineaba su pecho con una uña.
- Nos desviaría mucho del camino. - admitió sin mirarla. En el techo de esa habitación trataba de dibujar mentalmente el mapa de la ciudad.
- Me gustaría mucho conocer esa playa. Creo que he soñado con ella muchas veces. - admitió con una sonrisa somnolienta.
Le había hablado de la Push durante su noviazgo en Londres, le contaba sobre los fines de semana con sus amigos y las veces que acampó en el bosque cercano. Era un lugar lleno de buenos recuerdos.
- Te llevaré. - prometió cuando pensó que ella ya estaba dormida.
Pero no era así.
- Bien. - suspiró ella besando su hombro lastimado.
No quiso dormir.
No quería volver a ver imágenes de su pasado. De los malos días.
Prefirió concentrarse mentalmente en que diría horas después cuando estuviera frente a la casa de sus padres. Tenía que medir sus palabras. Suspiró abatido y observó el cuerpo dormido de ella. Había cedido y la llevaría con él, pero era lo suficientemente consciente que al hacerlo estaba tácitamente empezando algo nuevo con ella. No llevas a la casa de tus padres a tu ex novia de la adolescencia, la cual embarazaste en el pasado y dices que no es nada serio.
La mañana llegó antes de lo esperado. Apesar de no dormir nada tuvo la energía suficiente para levantarse.
Bella estaba nerviosa. Reviso su ropa más de una vez.
- Manejarás una hora más. - le recordó. - Es mejor que uses algo cómodo.
Ella suspiró y tomó ropa menos elegante.
- No quiero conocer a tus padres usando un buzo deportivo. - admitió desvistiéndose.
- No creo que les afecte verte así una vez.- admitió subiendo su propio pantalón. - Saben que eres sofisticada.
- ¿Sofisticada? - preguntó con una ceja alzada.
- Si.
- ¿Qué saben de mí?
Edward respiró hondo al ver el gran interés que había en su mirada.
- Cuando estábamos en la escuela les hable de ti. - admitió algo incómodo. - Creo que mi madre me pidió incluso una foto tuya. - paso una mano por sus cabellos. - Bueno saben sobre tu familia y su influencia...
- ¿Qué les dijiste cuando regresaste? - preguntó ya nerviosa.
- Que me expulsaron por estar contigo. - admitió viendo como su rostro decaía. - Y les conte la verdad sobre... ya sabes.
Carraspeó incómodo. Era una conversación inevitable pero no podía evadirla, ella debía estar preparada.
- Les dijiste que lo perdí... - susurró ella dolida. - Porque me obligaron, ¿verdad? - parecía angustiada por esa idea.
- Si. Ellos saben de tu madre. Jasper también se los dijo. - agregó algo molesto.
- ¿Jasper se comportó mal con ellos?
La relación con sus padres le preocupaba demasiado.
- No, de hecho alabó la buena crianza que me dieron. - se burló. - Trató de ganárselos para lograr que me convencieran de aceptar la beca.
- ¿Qué pasó después? - susurró. - Cuando te quedaste sin la beca de California.
- Les dije que fue porque revisaron mi historial académico y que mi expulsión me jugó en contra.
Era en parte cierto ya que no logró más que ese tercio de beca que le ofrecieron luego de presentar más de un proyecto de investigación. Si no hubiera tenido esa expulsión en su registro era probable que hubiera logrado conseguir la beca completa que tanto anhelaba. Era algo en lo que ya no pensaba, eran sueños muertos que ya no dolían como antes pero si lo llenaban de rabia.
- Lamento que no lograrás cumplir tus sueños. - su pena era palpable. - Nada será suficiente para mitigar lo tóxica que fui en tu vida.
Él se quedó callado. No sabía que decir. Ella sollozó suavemente y él aclaró su garganta mientras pensaba como medir sus palabras.
- No es necesario que recordemos el pasado ahora. - admitió tratando de sonar solemne. - Mis padres no tienen un mal concepto de ti, ya verás de que hablo cuando estemos ahí.
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Forks los recibió con sus bosques verdes y cielo nublado. El frío se colo en el auto así que Edward subió la calefacción. La soledad del camino y los árboles cercanos llamaron la atención de Bella que parecía querer capturar cada imagen en su cabeza.
- Te aseguró que todo Forks es igual de verde.
- Es como lo describías.
El camino por las calles sin tráfico fue curioso gracias a las miradas sobre ellos.
- Somos la nueva atracción del vecindario.
Su gruñido le provocó risitas a ella que miraba todo extasiada.
- No dejaran de vernos hasta que un nuevo chisme llegue y esos no son muy comunes en un pueblo tan muerto como este.
- Solía gustarme el exceso de atención, ¿recuerdas? - le recordó jocosa. Edward no pudo resistir sonreír levemente por su entusiasmo.
- Si, lo recuerdo.
Su pequeña casa los recibió al terminar la manzana. Su único piso estaba pintado de celeste y tenía algunas hojas en la entrada. No estaba descuidada pero hacía falta mantenimiento ya que podían divisarse la acumulación de hojas en las cañerías.
Edward observo en todo momento las reacciones del rostro de Bella. No parecía apesadumbrada por la vista pero eso lo hacía sentir peor, ahora sabía que ella sospechaba que su casa sería simple y humilde.
- Llegamos. - suspiró él ya molesto. Su orgullo estaba herido por su silencio.
Le indicó que podía estacionarse junto al auto negro que ya estaba ahí.
- Llegamos. - se repitió nerviosa.
- Si. - el cobrizo no podía quitarse el cinturón solo así que carraspeó para que ella reaccionara.
- Oh cierto. - se acercó a él para ayudarlo quedando muy cerca a su rostro después de eso.
Edward no pudo evitar ver su rostro al escucharla hablar. Estaba llena de ansiedad. Tenía un leve temblor en las manos y su respiración estaba alterada.
Suspiró alejando los pensamientos egoístas y decidió que lo mejor sería ayudarla. Gracias a lo cerca que estaba de su rostro sólo necesito acercarse ligeramente a sus labios.
- Tranquila. Todo irá bien. - la tranquilizó pero no hacía más que ver sus labios.
- Si. - suspiró acercándose.
Su beso provocó que inevitablemente se relajara mientras coordinaban el movimiento de sus labios. Ella acariciaba su abdomen gracias a que necesitaba apoyarse en algo para mantener el equilibrio y su mano estaba bajando peligrosamente.
Él gimió en su boca y acarició su mejilla con su mano derecha apesar de que el subir su brazo ocasionó que su hombro doliera.
- Edward. - Bella lo detuvo cuando logró alejarse para respirar.
Respiró hondo. Necesitaba tranquilizarse.
- Vamos. - suspiró sentándose correctamente en su asiento.
El tema de las maletas fue incómodo ya que Bella tuvo que ocuparse de ellas mientras se acercaban a la puerta. Edward se sentía inservible una vez más.
Cuando estuvieron frente a la puerta Bella se acercó nerviosa a él para arreglar su ropa y retocó su maquillaje una vez más.
- Estas hermosa. Ya para de hacer eso. - suspiró sin verla realmente, estaba poniéndolo nervioso.
Bella se paró de puntillas para dejar un pequeño beso en su mejilla en agradecimiento. Fue en ese momento en el que la puerta de la casa fue abierta.
- Demoraron mucho en tocar la puerta. No pude soportar más. - admitió su madre mirandolos emocionada antes de lanzarse a sus brazos. - Bienvenidos.
Bella también recibió un abrazo acogedor.
Edward respondió aturdido.
- Mamá, ella es Isabella Swan. - la presentó apurado en medio del abrazo.
- Oh Bella. - suspiró la mujer con una sonrisa. - He esperado muchísimo para conocerte.
La joven sonrió emocionada. Edward notó lágrimas en sus ojos y quiso maldecir. Conocer a su madre no era para tanto, porqué demonios tenía que ponerse tan sentimental.
-Yo tambien quería por conocerla. - admitió ella sinceramente. Edward suspiró mirando lejos de la escena.
- ¿Podemos entrar? - preguntó algo brusco. Quería salir de la situación.
- No puedo creer que los tengo aquí. - admitió su madre ignorando su brusquedad. haciéndoles señas para que ingresaran. - Sólo desearía que Edward hubiera avisado que estarían aquí con más tiempo de anticipación. - miró a su hijo acusadora. - Tu padre no logró instalar la cama anoche así que hoy lo hará cuando regrese del restaurante.
- Mamá... - se quejó molesto.
- Oh no Edward. Necesitan una cama cómoda, es lo mínimo que les podemos ofrecer.
- La hubiera...
- ¿Comprado tú? - se burló su madre mientras los guiaba por la casa. - Tenía claro que intentarías hacerlo así que lo hicimos nosotros.
Su madre volteo a ver a Bella cálidamente.
- La cama de Edward es pequeña pero sólo la usarán esta noche. Espero que pronto puedas sentirte en casa. Y tú. - señaló a su hijo. - Espero no refunfuñas todo el tiempo porque planeo cuidarte como es debido.
Edward gruñó y sintió a Bella acariciar su mano con su pulgar. No había notado que la llevaba de la mano hasta ese momento.
Observó pensativo sus manos unidas hasta que llegaron a la puerta de su habitación.
- La habitación es muy pequeña para ustedes. - suspiró melancólica la mujer mientras abría la puerta.
De hecho lo era. En su juventud no le parecía tan pequeña como en ese momento. La cama estaba arrinconada contra la pared izquierda dejando espacio entre ella y el escritorio. Sus afiches estaban en las paredes pero porque estaban ocultando las manchas de humedad y no como un elemento decorativo.
- Tu padre no tarda en venir. - le aseguró la mujer suavemente. - Ya están en casa muchachos. Sientan la libertad de hacer lo que necesiten.- les dijo amorosa. - ¡Olvide la tarta de fresa! - exclamó de pronto saliendo del lugar.
Bella entró las maletas mientras él examinaba las paredes y el armario. Todo se veía tan maltrecho y viejo que se empezaba a sentir avergonzado, su habitación en el hotel de Seattle era mil veces mejor. Suspiró abatido.
- Me recuerda a tu habitación de Londres. - la voz suave de ella lo sacó de sus pensamientos pesimistas.
Giró para encontrarla ya sobre la cama abrazada a una almohada. Estaba agotada. Él era un egoísta. Ella había manejado todo el camino, debía descansar adecuadamente y su cama era demasiado estrecha.
- Pareces molesto. - agregó ella en un bostezo. - Ven. Realmente quiero dormir.
Se acercó algo inseguro. Era extraño tenerla en su antigua habitación. Irreal.
Bella se abrazó a su pecho cuidando de no apoyarse sobre sus brazos heridos.
- Soñé demasiado con este lugar. - admitió ella acariciando su torso.
- ¿Es cómo lo imaginabas?
- No. - admitió ella. - La vista al bosque es impresionante.
Edward giro la cabeza para ver por la ventana que estaba sobre su escritorio. No le parecía nada fuera de lo común.
- No puedo creer que estoy aquí. Es como viajar a otra época y a la vez no. - admitió ella suspirando.
- No sé cuanto tiempo viviremos aquí. - empezó él. - Tu hermano hará algo, estoy seguro. Debemos intentar vaciar tus cuentas y vender tus propiedades antes que pueda quitarte todo.
- ¿Tú crees? - susurró pasando distraídamente un dedo por su pecho.
- Necesitamos dinero. - La urgió molesto por su falta de interés.
- ¿Lo necesitamos? ¿Qué es lo que aún no me has dicho?
Edward suspiró molesto por sus preguntas.
- Tengo deudas Isabella, lo sabes.
Ella se despegó de su pecho para sentarse junto a él en la cama estrecha. Su rostro era serio.
- ¿Qué deudas?
- No quiero hablar de eso.
- Hablaremos de eso. - le aseguró seria. - Desde que dejamos Seattle ya no estas solo, tus decisiones me afectan y tus problemas también. Decidí seguirte y dejarlo todo por ti, pero no lo haré a ciegas.
Edward alejó la mirada molesto.
- No vamos a discutir en nuestro primer día aquí. - agregó ella acercándose de nuevo a su cuerpo. Deposito un beso en su pecho. - Quisiera dormir un rato pero creo que lo mejor será que nos demos una ducha, ¿te apetece?
Edward seguía incómodo por la situación así que no se dignó a mirarla. Bella podía ponerlo molesto en menos de un minuto.
- ¿O... tienes una idea en mente? - le susurró sobre los labios. Una de sus manos bajó dejando una caricia por su pecho hasta llegar al borde de su pantalón.
Filtró su mano dentro del pantalón para tenerlo en su poder.
Edward gruñó mirándola.
- He fantaseado mucho con esta habitación. - ella siguió hablando mientras le abría el pantalón y liberaba por completo su incipiente erección. Edward bajo la vista para ver trabajar sus manos en él. - Estas algo distraído.
Cuando lo tomó en su boca no pudo evitar recordar las tardes de estudio que tenían en su habitación. Recordó la lujuria que lo invadía cada vez que sabía que la tendría; cuando entre clases se veían en la biblioteca o cuando la cogió en el armario de la escuela. Esa habitación lo estaba transportando al pasado y a lo que sentía en ese entonces. Quiso tomar su cabeza para retenerla entre sus piernas pero sus brazos lastimados lo evitaban.
- Sigue. - le pidió cuando la sintió alejarse de su miembro. - No te detengas.
Ella obedeció su petición y esto fue aún peor para él. Los recuerdos regresaron con fuerza y las exigencias también.
- Quítate la blusa. - le ordenó empezando a frustrarse por tener los brazos heridos.
Bella sonrió mordiendo su labio.
- No.
Edward gruñó cuando volvió a tomarlo en su boca.
Eran pocas las veces que ella tomaba el control de esa manera.
- Bella. - la urgió sacudiendo sus caderas hacia arriba. - Los condones están en la maleta.
Pero ella no reaccionó a sus palabras. Siguió su tarea mientras él quedaba indefenso sobre las mantas a su merced. El recuerdo de su adolescencia lo golpeó.
Ella siempre solía tomarlo de esa manera cuando evitaba discusiones que normalmente eran por su malas acciones. Sus mentiras, sus engaños... y ahí estaba la rabia de nuevo. De pronto ya no tenía los ánimos de antes.
- En la secundaria mamabas mejor. - su comentario desubicado y brusco desestabilizó a la mujer entre sus piernas que se alejó de inmediato para mirarlo. Edward aprovechó en el momento para sentarse y guardar su verga.
- ¿Qué sucedió? - preguntó confundida. - ¿Qué...?
- Mi madre puede oírnos. Lo mejor será ducharnos y descansar.
Bella no respondió. Se alejó de él para desempacar. La incomodidad se había instalado en esa habitación.
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Lamento mucho la demora, no la he estado pasando bien y tuve problemas para lograr escribir. Espero leer sus opiniones y comentarios. Nos leemos pronto.
