La heredera

Y ahí estaba de nuevo. De pie frente a la puerta principal de la escuela a la que no quería ir, dispuesto a enfrentar lo que viniera de la mejor manera.

Una de las cosas que realmente le gustaría saber, era el motivo por el que Madara se empeñaba en enviarlo a la escuela. Hasta la secundaria era lógico, la ley lo estipulaba, y eran muy minuciosos al respecto. Si encontraban a un menor que no acudía al colegio, harían muchas preguntas que no estaría muy dispuesto a responder.

¿Acaso pensaba enviarlo a la universidad también? ¿Convertirse en el primer hombre lobo universitario?

Era como el título de una muy mala película que bordeaba entre el terror y la comedia, en la que todo se resolvía armoniosamente rumbo al final.

Llegó temprano, aún faltaban unos minutos para que iniciaran las clases, pero la mayoría ya se encontraba presente. Miró a la chica, cuyos ojos claros eran incapaces de hacer contacto con los suyos. Estaba sola, revisando quizás, la tarea que tendría que entregar apenas diera la hora en punto.

La determinación a la que había llegado la noche anterior, mientras daba vueltas en la cama, incapaz de dormir, se volvió más clara, así que fue hacia ella.

Presa del terror más puro, Hinata Hyūga sintió que sollozaba.

—Vamos a andar sin rodeos —le dijo —. Ya sé lo de Naruto, y siempre he sabido lo tuyo. Tú sabes lo mío, así que no me pongas las cosas difíciles. No voy a comerte, así que deja de temblar o quizás cambie de opinión. Vamos a hacer ese maldito trabajo tan rápido como sea posible como para que no tenga que verte todo el curso.

Hinata asintió, no estaba segura sobre si podría hacer lo que le pedía. Era demasiado pavorosa la sensación de siquiera estar en la misma habitación, por lo que también sentía la necesidad de acabar con ese suplicio lo antes posible.

—Ahora explícame qué demonios vamos a hacer.

La chica volvió a mover la cabeza afirmativamente, girándose para sacar las impresiones que había hecho con la introducción.

—Yo… pensé que…

Sasuke tomo las hojas, serían unas cuatro cuartillas y sin decirle palabra, fue a su sitio para leerlas, que sería más rápido que esperar a que entre tartamudeos se lo explicara ella.

Empezó a leer sin poder evitar fruncir el ceño. En resumen, se trataba sobre la etnohistoria de lo que había llamado "estado onírico", o por lo que estaba entendiendo, un ensayo sobre los rituales religiosos relacionados con las figuras del folklore tradicional que todavía se practicaban.

La miró con una ceja arqueada.

También podrían hacer uno sobre la legislación de las armas de fuego en el país.

Ella simplemente desvió la mirada. Era demasiado tarde como para quejarse de nada. Los comentarios de Iruka Umino en la portada prácticamente alababan el tema y el enfoque.

Ese era el precio por no haber querido participar en un inicio.

Tuvo que esperar hasta la hora del almuerzo para poder acercarse de nuevo a ella.

—Es que en casa tengo mucha información disponible del tema —susurró.

—Sí, como sea, ¿tu padre sabe de mí?

—Todos lo saben.

—¿Perdería la cabeza si voy a tu casa a hacer esta cosa?

Hinata jadeó, incapaz de respirar, aunque había conseguido sostener una conversación sin tartamudear, pero sin poder levantar la voz.

—No lo sé.

Sasuke resopló apartándose del sitio. No tenía ganas de almorzar con todo el grupo así que salió.

Forzando la puerta que conducía a la azotea, llegó a la parte más alta de la escuela, sintiendo cierto alivio cuando el viento sopló en su cara. Rápidamente se encaramó sobre la caja de las escaleras, tumbándose boca arriba y poniendo un brazo sobre los ojos para mitigar la luz del sol.

Empezaba a dormirse, importándole poco si se le pasaba la hora para regresar. Sin embargo, al cabo de un rato, un cosquilleo en la nariz le hizo fruncir el ceño.

—¿Qué quieres? —preguntó.

—Mi padre dice que… puedes ir.

Si pudo escucharla era porque su sentido del oído no era humano. Se incorporó con desgana acercándose a la orilla para verla.

Con la cara invadida por un sonrojo inexplicable, Hinata intentaba mirarlo, aunque de alguna manera esquivando el contacto visual.

—Nos veremos a la salida entonces.

—¿No terminarás el periodo? —preguntó.

—No es tu asunto.

La chica inclinó la cabeza, disculpándose, aunque no había motivo real para eso, luego bajó por las escaleras. Sasuke resopló tumbándose de nuevo, sin embargo, pensó en Madara y cómo se pondría si sabía que se saltaba clases.

—Solo un par de años más —murmuró, si bien no estaba seguro de que la mayoría de edad lo eximiera de su "brazo protector", que era como llamaba a la sofocante lista de reglas que le hacía seguir, supuestamente, para su seguridad.

Bajó de un salto, llegando al salón a tiempo para la siguiente clase.

Lento, agonizante, aburrido, sin cuerpo ni forma, el día transcurrió sin novedad. Para cuando la campana anunció el fin de la jornada, simplemente se limitó a enviar un mensaje para hacerle saber que estaría trabajando en un proyecto.

Solo recibió una afirmativa, suficiente como para garantizar que no movilizaría ningún escuadrón para su búsqueda.

—¿Nos vamos? —preguntó con hastío. De verdad quería irse y alejarse de esa marea de gente ruidosa.

Decir que iban en silencio era poco a lo que estaba sucediendo en realidad. Nadie jamás siquiera podría sospechar que iban juntos pese a la proximidad. Tomaron el tren, y bajaron cuatro estaciones después, siguiendo un camino que a cada momento dejaba más espacio entre las casas, emergiendo el bosque, con el camino pavimentado como único vestigio de la civilización.

Hinata anunció que habían llegado, aunque no se notaban indicios de ello, a menos que viviera en una casa del árbol. Sasuke se adelantó por el camino que distinguió, sin embargo, ella lo detuvo.

—Tenemos que esperar a mi hermana, o los sellos podrían lastimarte.

El chico levantó el rostro dándose cuenta de los papeles que, unidos por un fino cordel, colgaban de los árboles.

Extendió la mano, calculando la distancia que rompería el perímetro que marcaban, preguntándose qué pasaría, y cuando su mano rebotó, como con un chispazo eléctrico que le dejó entumidos los dedos, apenas profirió un gruñido bajo.

¿Podría atravesarla con el impulso suficiente?

La idea era tentadora. Algo que realmente valía la pena para probar sus límites.

—¿No puedes quitarlos tu? —preguntó, cayendo en cuenta del hecho.

Hinata desvió la mirada.

—No.

Con la ceja arqueada, Sasuke se preguntó a qué edad empezaban los Hyūga con su entrenamiento. A los seis años, Itachi ya acompañaba a su padre a sus batidas de caza, a él lo habían relegado, pero se suponía que iría también a los doce, si bien antes de eso ya tendría que saber lo básico. No estaba seguro de a qué edad Itachi le enseñó, pero a los seis podía darles a todas las latas de la fila.

Se preguntó si la hermana mayor de Hinata sería igual de desesperante.

Sin embargo, antes de que pudiera sumirse en sus pensamientos, vio a alguien correr hacia ellos.

"Debe ser ella", pensó, "su olor es muy parecido".

Sin embargo, su sorpresa fue mayúscula al darse cuenta de que esa niña estaría en la secundaría a lo mucho.

—Lamento la demora —dijo acomodándose el largo pelo castaño —. Pero me tocaba la limpieza, pude escapar por poco.

Recobrando el aliento rápidamente, miró a Sasuke de una forma a la que no estaba acostumbrado. No había rastro alguno de miedo o desconfianza, pese a que estaba seguro de que podía ver al monstruo a través de él.

—Pensé que jamás te iba a conocer —dijo con una sonrisita de superioridad que le irritó de alguna manera —. Mi nombre es Hyūga Hanabi.

—Uchiha Sasuke.

Hanabi se colocó frente a ambos sin inmutarse por la burda presentación, juntando sus manos frente a su pecho y colocando los dedos en una posición que Sasuke nunca había visto antes en ningún sacerdote. Levantó la cara al escuchar un ruido similar al de las fugas de electricidad, viendo cómo los papeles se agitaban con cierta violencia, desprendiendo una luz azulada que claramente no era natural.

—Bueno, vamos adentro.

Sasuke extendió la mano de nuevo, a la misma distancia que antes había hecho, sin embargo, no recibió el embiste de la energía.

Cruzo el umbral, aun atento a los sellos de papel, y cuando estuvo "del otro lado", Hanabi volvió a hacer la posición de manos, repitiendo el proceso.

Por simple necedad, quiso tocar la barrera, siendo repelido del mismo modo.

—Solo es una barrera —explicó la chica —. Una vez que estás dentro, ya no pasa nada.

El chico pronto se dio cuenta de que había un gran muro con cerca electrificada, solo que detrás de la primera barrera, y la casa se encontraba más al interior todavía.

—Mi padre y mi tío no están —continuó diciendo Hanabi —, así que se supone que me quede con ustedes. Mas tarde también llegará Neji-oniisama. Lo siento.

Sasuke resopló. No esperaba otro tipo de recibimiento dadas las circunstancias. Si bien que alguien dejara que un monstruo entrara libremente a su casa, quedándose a solas con sus dos hijas, era algo que bien podría ameritar desconfianza; o no le importaba si morían, o era un plan para deshacerse de ellas.

—Como sea. Hay que acabar con esta tontería.

Hinata, que no había pronunciado una sola palabra luego de advertirle lo de los sellos, simplemente asintió encaminándose hacia la biblioteca.

"Son totalmente opuestas", pensó, mirando a una y otra.

Entonces, mientras más le daba vueltas al asunto, más tenía la convicción de que resultaba bastante extraño todo en la mayor, y que apuntaba en una única dirección lógica: todo ese tiempo estuvo estresado y nervioso por una chica que ni su propio clan tomaba lo suficientemente en serio como para darle la preparación adecuada.

Hinata Hyūga definitivamente era una víctima perfecta.


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