Suspiró acomodándose en la estrecha cama. Bella junto a él sólo dejó salir un pequeño suspiro entre sueños.
El yeso y la herida en el hombro no dejaban que durmiera cómodo así que trato de buscar una pose que evitara hacer presión sobre todo en su hombro.
Las luces del amanecer empezaban a filtrarse por la ventana. Edward había dormido como mucho unas cinco horas.
El techo manchado de humedad y la habitación con pintura cayéndose a pedazos tampoco eran una imagen que deseaba ver en esos momentos así que giró a su izquierda y observó las luces que se filtraban por el bosque. Era un bonito paisaje y Bella tenía razón al nalabarlo, pero claro que no era la vista más impresionante.
- Edward. - Ella suspiró junto a él buscándolo en sueños.
Un brazo lo rodeó. Debía admitir que era agradable sentirla todos los días.
Parecía irreal toda la situación. Jamás pudo imaginarla en su habitación y menos viviendo con él en ella. Cada día se sorprendía más al verla desenvolverse feliz en la cocina con su madre o llevando a su padre al restaurante. Bella Swan la misma que había vivido toda su vida con los mayores lujos había aprendido a utilizar una lavadora y había tomado el autobús.
Giró de nuevo para recostarse sobre su espalda y automáticamente el cuerpo de la castaña se adaptó a la postura. La cama seguía siendo la misma que él había usado en su juventud porque no había podido instalar la nueva con su padre ya que debían sacar el escritorio primero y ambos hombres estaban un poco imposibilitados de hacer esa clase de esfuerzo. Bella no se había quejado por la falta de espacio en la cama ya que casi dormía sobre él.
- ¿No puedes dormir? - preguntó de pronto la mujer con voz ronca por el sueño.
- ¿Te desperte?
- No. - le aseguró estirándose. - ¿Qué sucede? ¿Por qué no puedes dormir?
No le contestó porque tampoco lo sabía.
- Bueno. - suspiró ella besando su cuello. - Aun podemos dormir unos minutos más.
Edward acarició sus costados queriendo despertarla.
- Se hace tarde. Tienes que ir a trabajar.
- Puedo llegar unos minutos tarde. No lo notaran.
- Puede que tu jefe no le moleste pero a tus compañeros si. - la criticó. - Eres su favorita.
Bella gruñó.
- No soy la favorita de mi jefe.
Llevaban casi un mes viviendo en casa de sus padres cuando una tarde su madre lo obligó a salir con Bella ya que prácticamente vivían escondidos en la casa. Esa tarde en el pequeño parque de Forks Bella había estado radiante y alegre quizás porque llevaba mucho tiempo encerrada ya que él no tenía ningún deseo de salir o porque realmente disfrutaba de Forks. Minutos después de llegar al parque se encontraron con una vecina chismosa que de inmediato preguntó cómo vivían y de qué, bastante brusco le contó que ambos no trabajaban y ella consternada les prometió hablar con su hijo ya que este tenía una empresa de construcción en Forks. Milagrosamente esa tarde llamaron a su casa preguntando por Bella.
- Sabes bien que Sawyer te quiere coger. - la criticó burlón.
- Ni siquiera lo has visto. - le recordó molesta. - Jamás me has recogido del trabajo ni me has acompañado a él.
- No puedo manejar. - gruñó molesto.
- Puedes llegar caminando. - insistió ella.
- Mierda. - gruñó ya levantándose de la cama. - ¿Por qué siempre quieres que haga lo que tu quieres?
- Sólo quiero que mi novio vaya por mi al trabajo.
Silencio.
Esa la nueva palabra adherida a su día a día que lo erizaba. Bella apartó la mirada dolida por su silencio. Su situación era diferente a cualquier otra pero eso sólo lo sabían ellos para su entorno ellos tenían una relación sólida de pareja. Sus padres la presentaban como su nuera y en el pueblo todos la veían como la novia extranjera del hijo prodigio de los Masen.
Iba a hablar pero Bella lo detuvo.
- No digas nada. Es hora de tomar una ducha. - se levantó de la cama y lo tomó de la mano para llevarlo al baño.
Una ducha solo era lo que hubiera preferido tener, poder tener un minuto de soledad donde sus pensamientos lo invadirían y podría meditar sus siguientes pasos.
- Edward. - ella lo urgió para que bajara la cabeza. - Eres muy alto.
Ella lo ayudaba a ducharse ya que estaba imposibilitado en algunos movimientos. Su yeso estaba forrado para evitar la humedad y su herida expuesta para ser limpiada con delicadeza.
Recordó con algo de nostalgia el motel donde se quedaron antes de ir a Forks, en ese lugar lo había tenido en su interior mientras él se dejaba lavar con cuidado por ella. En esos momentos su verga y él tenían la cabeza en otro lado ya que no reaccionaban a su tacto. Bella estaba tensa, podía notar su rostro preocupado y dolido.
- Quedará una marca. - señaló ella delineando la herida con mucho cuidado.
El agua se llevo un poco de la sangre seca dejando a la vista el agujero de bala que había sido cocido. Ella delineó el resto de su cuerpo con el jabón para luego enjaguarlo, su verga tuvo su atención por un momento pero se alejó pronto.
Edward suspiró al verla empezar a ocuparse de si misma, le dio la espalda para buscar los productos de limpieza que usaba cada vez que se bañaba. Ya estaba limpio y podía salir de la ducha pero se quedó ahí acariciando su cintura y apegándose a su espalda.
No dijo nada y ella tampoco. Un dolor silencioso se había instalado entre ellos.
Cuando estuvo lista buscó su toalla pero no se preocupó por ella sino por él, lo secó lo mejor que pudo antes de colocar la toalla en su cintura. Él la esperó para salir del baño juntos.
Era una diosa desnuda y con una bata de baño parecía un pecado andante.
Era su mujer se repitió, su mujer.
La tensión parecía peligrosa. No sabía que hacer mientras ella se maquillaba frente al espejo del armario. Deseo poder tener palabras adecuadas o al menos saber que quería lograr con ellas. ¿Realmente le importaba que ella se sintiera lastimada por sus palabras? ¿Si era así porqué se comportaba así?
- ¿Te preocupa el tema del trabajo verdad? - ella empezó de pronto sin poder aguantar más.
- No quiero discutir ahora.
- No necesitamos discutir por algo tan simple.
Mala manera de empezar el día.
- Bueno siempre discutimos cuando hablamos de esto. - gruñó.
- Quiero entenderte. - suspiró. - ¿Por qué te molesta tanto? Estoy ganando dinero y pronto podremos irnos a vivir a un lugar propio.
- No quiero vivir en otro lugar.
- ¿Tampoco quieres independizarte? ¿Qué sigue? ¡Dios! Edward estas siendo tan ilógico. - se quejó.
- Mierda. - gruñó el cobrizo parándose.
- Vuelve aquí. - ella siguiéndolo. - Arreglemos esto.
- Me molesta no poder trabajar como tú y lo sabes. - le respondió rabioso alejándose de la caricia en su hombro derecho.
- ¿Es sólo eso? - susurró suavemente. - ¿No te molesta nada más?
- ¿Qué más me molestaría? - gruñó agresivo.
Bella respiró hondo, Edward podía notar que estaba tomando valor.
- ¿Crees que puedo engañarte? ¿Te sientes inseguro?
La rabia se apoderó de su cuerpo tanto que pensó que estaba temblando.
- Te amo. - agregó ella. - No sería capaz de lastimarte... de nuevo. No tienes que sentirte inseguro.
Él se sentía hervir pero no contestó, en silencio escuchó sus palabras.
- Te amo. - insistió ella besando su hombro. - No puedo dejar de trabajar pero puedo hacer lo que me pidas para sentirte más seguro.
El cobrizo tuvo el impulso de tirar de su cabello pero no se atrevió a hacerlo porque sabia que sus lesiones dolerian.
- Hey... todo el pueblo sabe quienes somos. Te aseguro que en mi trabajo todos lo saben.
Edward sonrió burlón y Bella lo notó.
- No te engañaré. Es imposible. - ya un poco desesperada se acercó a él. - Te amo y no puedo creer que estoy aquí, no soy capaz de poner en riesgo todo esto.
Eso fue suficiente para enloquecerlo.
- No tienes nada aquí Bella. - le respondió colérico. - Una habitación mohosa y un auto viejo, es todo lo que tienes. Nada.
- Sabes que eso no me importa. - suspiró por milésima vez. Ese tema ya lo habían discutido antes.
- Ahora no... - Molesto como estaba no se contuvo. - Tal vez en un tiempo eso cambie... tal vez alguien más pueda darte...
- Edward. - suspiró ella reuniendo paciencia. - Jason es mi jefe pero jamás le he dado razones para creer que podría existir algo más que un saludo cordial.
- ¡Te manda putas flores a tu oficina! - gritó sin poder contenerse. Lo dijo y ya no había vuelta atrás.
- Las deseche. - le recordó. - Y le pedí respeto.
- Debi partirle la cara. - gruñó tocándose el yeso. - Todo el pueblo debe saberlo ya.
- Tal vez. - admitió Bella pero acercó a él. - Si lo saben sabrán también que lo rechace.
Estaba molesto consigo mismo por admitir que le habían molestado esas estupidas flores que dos semanas antes Jason Sawyer le llevó a su oficina y ella le contó esa misma tarde. En ese momento actuó indiferente pero la carga de saber que un idiota quería cogerse a su mujer lo alteraba.
- Edward. - susurró ella acercándose a él y tomando se nuca entre sus manos. - Jason no me interesa.
- Ya antes te has acostado con hombres que en realidad nunca te interesaron.
Sus palabras hirientes provocaron que lo soltara y retrocediera. No dijo nada y sólo salió de la habitación.
Cuando tuvo el valor de salir de su habitación Bella ya ayudaba a su padre a levantarse y a tomar su bastón.
Rutina. Bella Swan también tenía una rutina.
- Buenos días. - saludó.
Su madre le entregó un vaso de jugo recién exprimido junto a un sorbete.
- Buenos días cariño.
- Nosotros nos vamos hijo. - su padre palmeó su hombro mientras pasaba junto a él con Bella detrás de él.
- Adios. - se despidió ella.
- Adios. - Respondió escueto y alejó la mirada.
Cuando ambos salieron de la casa Edward no pudo evitar mirar a escondidas por la ventana como ambos se marchaban.
- La vida en pareja no siempre es perfecta. - comentó su madre mientras dejaba un plato con huevos revueltos sobre la mesa. - Pero con el tiempo aprenderán a sobrellevar mejor los problemas que se presenten.
- No tenemos problemas. - respondió de inmediato. - No pienses eso.
- Cariño es algo normal en una pareja, no pienses que tu padre y yo no entendemos la situación.
Edward frunció la frente y se sentó en la mesa, odiaba la idea de que sus padres fueran conscientes de sus discusiones.
- Bella te ama. - de pronto su madre comentó sorprendiéndolo por completo. - Así como tú la amas.
Edward tuvo ganas de suspirar incómodo.
- ¿Edward? - susurró ella. - ¿Es eso cariño? ¿No... ?
Edward la interrumpió.
- Yo también la amo. - contestó escueto queriendo evitar el tema.
- ¿Has hablado con ella sobre lo qué pasó... ?
- Mamá. - gruñó.
- Perdóname hijo pero creo que tu novia debía estar enterada de todo antes de traerla a vivir aquí.
- Iré a mi habitación. - ya no tenía hambre.
Ella suspiró.
- Bien. Tengo que ir a comprar al supermercado y supongo que no querrás salir de aquí así que tienes que vigilar el horno.
- Bien.
Ella besó su mejilla antes de salir dejándolo solo.
Gracias a sus lesiones dedicaba gran parte de su tiempo a hacer ejercicios de rehabilitación. Luego empezaba a ejercitar la parte baja de su cuerpo ya que tenía que quemar de alguna manera energía.
Cuando terminó ya el pastel de carne de su madre estaba listo así que apagó el horno y se aventuro al bosque.
El bosque le ofrecía el perfecto escenario para realizar largas caminatas y trotaba entre los árboles. Antes de darse cuenta había recorrido por más de tres horas hasta llegar al borde de un acantilado que daba comienzo a la Push. Respiró hondo recibiendo el aire húmedo fruto de la brisa marina. Ese lugar era su favorito en el mundo, podía estar solo y gritar dejando ir toda la frustración que llevaba dentro.
Ese día en particular no quería volver a casa. Quería quedarse ahí y hacerse uno con las rocas.
Extrañaba poder nadar en la orilla de la Push hasta quedar exhausto para luego volver a casa sólo para dormir apenas tocara su almohada. Necesitaba regresar a esos tiempos.
La otra posibilidad era beber. El alcohol estaba ahí latente esperando por él y lo llamaba pero no podía hacerlo delante de sus padres. Suficiente carga era tener un hijo que no podía trabajar.
Con rabia pateó una piedra esta cayó sobre otra más pesada y se rompió en miles de pedazos.
Se acostó bajó un árbol a ver el cielo deseando con todas sus fuerzas que esa sensación que llevaba en su pecho por años al fin desapareciera.
Al momento de volver a casa recordó su pelea con Bella. Su rostro dolido y sus palabras desesperadas. Debía admitir que la mujer si le importaba quizás por el cariño que le tuvo en la secundaria porque otro motivo no encontraba, ella representaba todo lo malo en su vida. Camino un par de horas hasta que logró orientarse y llegar al centro del pueblo. Por la hora suponía que era momento de su almuerzo así que podrían verse y solucionar la situación.
Llegando a la plaza la vio a lo lejos. Caminaba sola hacía el restaurante donde su padre trabajaba cuando de pronto un hombre llegó a su lado. Ella escuchó atentamente lo que decía antes de reír quedamente. No recordaba la última vez que la vio reír, lo peor era que no recordaba haberla visto en la secundaria riendo naturalmente y no por efecto de las drogas o alcohol.
- Bella. - se encontró a un metro de distancia exigiendo su atención.
- Edward. - sonrió apenas lo vio. Su rostro de pronto se había iluminado y tardó en reaccionar. - ¿Qué haces aquí?
El hombre junto a ella lo miraba seriamente. Se conocían por supuesto que si. Todo el maldito sabía quien era quien.
- Quería verte. - respondió resuelto. - Hola Jason. - saludó educado.
- Hola Edward, años sin vernos.
- Íbamos a comer. - le contó ella. - ¿Vienes cariño?
- ¿Comer juntos los tres? - preguntó mirando directamente a Jason.
- Creo que lo mejor será que vaya con Dave y los demás. Nos vemos después Bella.
El hombre se alejó entrando al local.
Ella ni siquiera giró a verlo.
- ¿Querías verme? - preguntó atrayendo su atención.
- Eh si. - ahora no sabía que decir o como empezar. - Necesitamos hablar.
- Sólo tengo una hora de almuerzo. - le contó algo decepcionada - Pero podemos ir al auto y hablar.
- ¿Y tu comida?
- No importa.
- Claro que si. - gruñó. - Comerás.
La tomó de la mano y entraron al restaurante. Las miradas los siguieron incomodandolo pero no podía hacer más que aceptarlo.
- Hijo. - su padre lo saludó alegre. - Que bueno es verte por aquí. Les conseguiré una mesa.
Las miradas seguían ya que Bella era la atracción principal en su trabajo. Molesto se ubicó más cerca a ella y le dejó suave beso en los labios. Ella sorprendida sólo suspiró cuando se alejó. Edward observó como más de uno alejaba la mirada entendiendo el mensaje.
- Me gustas celoso. - admitió ella abrazando su cintura.
Edward sólo respondió el abrazo y besó su cabeza.
Su padre apareció de nuevo y les indicó que podían ir al segundo piso porque ahí les habían preparado una mesa especial.
El pequeño local era hermoso dentro de sus posibilidades nada como los restaurantes lujosos donde Bella seguramente acostumbraba a ir.
Edward se sintió incómodo al ver la mesa preparada, no era más que una mesa con un mantel limpió y un arreglo floral en medio. Pero era lo mejor que Forks podría llegar a ofrecer.
Se sentaron y tomaron la carta, fue ahí donde recordó que llevaba su ropa deportiva y que no tenía más de veinte dólares en el bolsillo. Nervioso observó la carta. Bella parecía demasiado contenta y no quería arruinarle el momento.
Ella revisó la carta en búsqueda de las ensaladas y una parte de él quiso gritar que lo hacía porque sabía que no podía pagar más.
- Pide algo más contundente. No dejaré que dejes de alimentarte bien.
Ella aceptó sus palabras con un asentimiento.
Cuando escogió recién él pudo hacerlo. Buscó algo barato y que se ajustara a su corto presupuesto.
- ¿Listos para ordenar? - la mesera era una muchacha joven, hija de los Dawson Edward la recordaba con coletas...
- Si. - Bella respondió mencionando su plato.
Luego Edward continuó con su platillo y la muchacha desapareció.
- ¿La conocías? - preguntó de inmediato ella. - Se quedaron mirando.
- Algo así. Era una niña la última vez que la vi. - admitió.
- Ella me ha preguntado por ti antes.
- ¿Qué te dijo? - preguntó ya tenso.
- Preguntó si estabas en el pueblo, nada más. - Bella lo observaba curiosa.
- Ah. Todos aman los chismes por aquí.
- Edward. - lo llamo. - Necesito saber más.
El cobrizo se alejó un poco al escucharla.
- Hey. - ella tomó su mano sobre la mesa. - No me importa qué pasó, pero tengo que saberlo.
- ¿Quieres saberlo ahora? - preguntó de pronto. - ¿Arruinar este momento? Esta es tal vez la única cita real que hemos tenido. Enfoquémonos en ella que el resto lo podemos ver más tarde.
Bella sonrió de inmediato al escucharlo y acarició su mano con su pulgar.
- Nuestra primera cita.
Edward sonrió con ironía. Necesito de diez años para poder llevar a una cita a Bella Swan.
o
o
o
Aquí estoy de nuevo. Como ya saben escribo para leer sus comentarios. ¿Qué les pareció este Edward lleno de conflictos? ¿Esta Bella enamorada?
Un review no les cuesta nada.
Nos leemos pronto.
