¡Por fin las parejitas hablan y aclaran las cosas!
Lo que restaba de día se la pasaron metidos en sus propios pensamientos. Después de la charla de aquella mañana, cada uno se dedicó a meditar sobre sus palabras y gestos para con los demás.
Fue una sorpresa que el único en no recibir ninguna queja fuera el alfa explosivo, pero todos entendieron por qué. El más alto podía ser algo volátil, pero desde el primer día dejó claras las cosas que le molestaban y realmente no solía empezar una pelea si no era por algo que realmente le había hecho enfadar. Podía gritar, pero la mayoría de las veces solo fruncía el ceño y se iba a su cuarto, precisamente para no causar daños con su quirk si las cosas se salían de control.
Midoriya comentó que durante bastante tiempo Katsuki había ida a terapia para controlar su ira. Al principio fue una vez a la semana, para ayudarle con su temperamento, pero después de presentar comenzó a asistir más, sobre todo porque era complicado lidiar con un alfa tan dominante como el suyo.
Por supuesto que el rubio seguía teniendo sus momentos, pero no eran tan frecuentes a cuando eran niños.
Kirishima recibió una reprimenda por dejar esparcidas sus cosas por todas partes, no cuidando sus pertenencias y luego ir pidiendo cosas a los demás. No es que no quisieran dejarle cosas, pero había veces que sus amigos le miraban realmente exasperados por ello. El pelirrojo prometió mejorar en ese aspecto y ser más organizado en un futuro no muy lejano.
Todoroki fue sorprendido al nivel de que hasta su expresión lo demostró, cuando el peliverde le pidió alimentarse de algo más que fuera soba fría durante la hora de la comida. Le confesó lo mucho que le preocupaba que el alfa comiera lo mismo todos los días y este prometió crear una rutina para ir alternando lo que comía durante la semana. Iida se ofreció voluntario para ayudarle a confeccionarla según el menú de la escuela que haya cada día.
Por otro lado, hablaron un poco sobre Izuku y Denki siendo omegas. Estos quisieron disculparse por los problemas causados, pero ninguno quiso oírles. Nadie sentía que debían disculparse puesto que desde un comienzo no debieron asumir que ambos eran betas. Había sido error suyo y no del par de amigos.
Estos se sintieron aliviados cuando todos prometieron no tratarles de forma diferente ahora que sabían de su sexo secundario. Eran omegas sí, pero eso no significaba que fueran débiles. También les prometieron incluirles más en las conversaciones y pasar más tiempo en compañía de ellos, sobre todo porque habían notado lo distantes que se habían comportado durante ese mes viviendo en los dormitorios.
Agradecidos ambos se despidieron, argumentando que todavía tenían que recoger las cosas de sus antiguas habitaciones y trasladarlas a su actual cuarto. Como era de esperar, tanto rubio como pelirrojo se ofrecieron a ayudarles, cosa que estos aceptaron. Seguían algo cansados y dos pares de manos extra les vendrían de perlas.
Así es como se dividieron en dos grupos: Kaminari y Kirishima recogerían las cosas del rubio mientras que Midoriya y Bakugo las del peliverde. Los omegas se encargaban de la ropa y objetos que fueran a ir a su cama mientras que los alfas de los libros y artículos varios que ambos poseían.
En el caso de Katsuki se pasó un muy buen rato guardando con máximo cuidado las valiosas figuras de All Might que Izuku poseía, sabiendo que como el más mínimo rasguño apareciera en ellas, el omega le cortaría el cuello.
Incluso ahora que el rubio héroe era su profesor en U.A. el peliverde no había perdido la gran admiración y casi obsesión que sentía hacia el mayor. Por suerte pudo convencerle, cuando recién entraron a la academia, de que el otro alfa era un hombre como cualquier otro, que su título de héroe no le hacía ser una deidad todopoderosa.
El omega logró calmarse un poco gracias a eso y cuando se mudaron no tuvo la necesidad de empapelar su cuarto con posters y todo tipo de parafernalia del súper héroe. Las figuras sí que se las trajo y algún que otro peluche y sábana que le resultara difícil dejar en casa, pero para alivio del rubio dejó atrás la costumbre de llevar ropa interior con la cara o colores del héroe nº1.
Por supuesto que el alfa seguía admirando a su héroe de la infancia, pero ver su cara cuando el peliverde se desnudaba en los vestidores se hizo cada vez más irritante conforme fueron creciendo.
El traslado fue relativamente rápido y mientras los alfas colocaban las cosas en las estanterías y escritorios, junto a las cosas que fueran en el baño, los dueños del cuarto prácticamente se encerraron en la habitación que compartían donde se dedicaron a dejar su ropa en el enorme armario de allí y lo que consideraban que iba en la cama lo incorporaron al actual monto de peluches, sábanas y cojines.
Para cuando terminaron de acomodar todo ya eran las dos y media de la tarde. Hambrientos bajaron a la planta baja y el rubio se dedicó a preparar algo para los cuatro. Hizo algo de pasta con pescado a la plancha y un poco de ensalada de guarnición.
Fue cuando terminaron de comer que se miraron entre ellos. Sabían que tenían una conversación importante por tratar, pero no sabían si era el momento más adecuado para ello. Los alfas no querían presionarles demasiado, no después de ver lo agotados que ambos se encontraban. Por su parte dichos chicos creían que si lo dejaban para más tarde acabarían por olvidarlo o, peor aún, no serían capaces de sincerarse del todo. Así que les indicaron que les siguieran para así volver a su habitación donde se dejaron caer sobre el mullido sofá de la pequeña sala de estar.
Les encantaba ese mueble. De verdad que la escuela había hecho un gran trabajo al escogerlo para ellos. Los más altos sonrieron al ver como se acurrucaban en el mullido sofá y se sentaron en las sillas de escritorio en frente de los omegas.
- Sinceramente no sé por dónde empezar. – comenzó Denki algo nervioso después de algunos minutos mirándose entre ellos en silencio.
- Bueno… yo quiero decir que de verdad me gustas… y desde hace tiempo. Intentaba hacértelo saber, pero nunca entendías a lo que me refería… - habló el pelirrojo suspirando al recordar sus intentos fallidos de aquellos últimos meses.
- Era algo triste verlo… sobretodo porque era a mí a quien acudía para quejarse sobre sus errores una y otra vez. – comentó el rubio entre burlón y exasperado.
- ¡Kacchan, no seas malo! – exclamó el peliverde haciendo un puchero que solo hizo sonreír al más alto.
- Es la verdad. – dijo como si nada. El de ojos color fuego le golpeó el hombro como gesto para expresar su molestia, pero el contrario ni se inmutó por ello.
- Emm… siento haberte hecho sentir de esa forma… ¡no el que te guste! Sino… ya sabes… frustrado por mi idiotez… - susurró avergonzado el ojiámbar sintiendo sus mejillas colorearse intensamente. – Pero también quiero que sepas que me gustas y bueno… no sé… que si quieres salir y tal… bueno que estoy de acuerdo y… - habría seguido divagando de no ser porque el alfa se acercó y le calló con un sorpresivo beso en los labios. Fue rápido y dulce, apenas un roce de labios, pero hizo su trabajo de callar al contrario.
- Denki… por supuesto que quiero salir contigo… llevo queriendo eso desde que empezamos el curso. – confesó también con las mejillas sonrojadas.
El rubio soltó una risita entre anonadado y encantado por el descubrimiento. Cuando el mayor se sentó en el suelo, enfrente de él, aprovechó para cogerle la mano y esperó a ver qué sucedería con los otros dos.
- Kacchan… ¿desde cuándo te gusto? – inquirió el de ojos esmeralda después de un rato. Había estado dándole vueltas al asunto y seguía sin comprender cuándo el rubio había desarrollado ese tipo de sentimientos hacia su persona. No que él no sintiera lo mismo, por supuesto que era mutuo, pero nunca imaginó que el de cabello cenizo le miraría de la misma forma. Ni siquiera había notado algo diferente en el actuar del alfa para con él.
- ¿Recuerdas aquella vez que jugamos en el parque de pequeños? – preguntó a su vez el más alto.
- ¡Kacchan, hemos jugando en el parque muchas veces! – se quejó el más bajo haciendo un puchero.
- Antes de que nuestros quirks se manifestaran. Jugamos a ser un dúo de héroes. – elaboró más sobre dicho evento. El contrario frunció el ceño, intentando rememorar dicha situación y después de unos segundos sus ojos brillaron de emoción.
- ¡Sí, me acuerdo de eso! – exclamó orgulloso de sí mismo y su buena memoria.
- ¿Recuerdas que dije entonces? – cuestionó de nuevo el alfa.
- Mmm… hablamos de convertirnos en un dúo cuando creciéramos. Dijiste que seríamos la mejor pareja del mundo. – respondió seguro de lo que salió de la boca del mini rubio aquel día.
- Error. Dije que el mejor héroe se merecía al segundo mejor héroe y que me aseguraría de que fueras mío para toda la vida y tú accediste. – explicó este con una sonrisa entre burlona y maliciosa en el rostro.
- Espera… eso suena total y absolutamente a proposición de matrimonio. – comentó Kirishima confundido a más no poder, creyendo que solo él había entendido aquella declaración con ese sentido. El rubio omega le miró de igual forma, por que ciertamente él había pensado lo mismo que el alfa.
- ¿Pro-proposición? ¡Claro que no! ¡Teníamos 4 años! – exclamó un avergonzado omega de cabellos alborotados. Haciendo todo tipo de gestos con las manos por el nerviosismo.
- ¿Y? No importa que fuéramos unos renacuajos. Me declaré y tú aceptaste. No pienso dejar que retires tus palabras a estas alturas. – contestó el rubio al tiempo en que se cruzaba de brazos y se recostaba más cómodamente contra el respaldo de la silla, la cual era increíblemente confortable gracias a lo acolchada que era.
- ¡Kacchan! – gimió incrédulo e increíblemente mortificado por las palabras del más alto.
- ¿Estás diciendo que decidiste que Mido sería tuyo y le propusiste matrimonio con tan solo cuatro años de edad? ¿Y que a estas alturas sigues empeñando en que cumpla con aquella promesa? – necesitaba una aclaración con urgencia porque sinceramente el de ojos ámbar no sabía si sentirse maravillado por la decisión y tenacidad del rubio o incrédulo y algo asustado porque se tomara tan en serio algo de cuando eran tan pequeños.
- Kacchan… - el peliverde susurró estupefacto cuando su amigo de la infancia, el alfa que llevaba queriendo a su lado desde hace tanto tiempo, con quien soñaba vivir el resto de su vida, simplemente miró a su amigo como si su pregunta fuese lo más estúpido que alguna vez escuchó salir de los labios de otra persona. Como si le ofendiera que alguien dudara de las decisiones que había tomado, independientemente si estas fueron cuando a duras penas se tenía uso de razón o de la realidad y circunstancias que le rodeaban.
- Nerd… - susurró dirigiendo nuevamente su mirada hacia el peliverde. - Izuku. Sé que suena estúpido, obsesivo y algo psicótico, pero no puedo negar que nunca dudé que te quería a mi lado. Imaginar que no estás en mi vida es más una pesadilla que otra cosa. – con esas palabras no pudo evitar apretar los puños para controlar el gruñido que quería salir desde lo más profundo de su ser.
- Puede que tomara la decisión siendo un crío, pero te puedo jurar que nunca jamás he cambiado de opinión al respecto, ni siquiera cuando creía que eras beta. Me daba igual tu sexo secundario siempre y cuando permanecieras a mi lado. Incluso si era solo como amigos. Mis opciones siempre han sido tú o nadie en absoluto. – confesó con la sinceridad que le caracterizaba. Le tomó un tiempo y mucha terapia el ser capaz de expresar sus sentimientos de aquella forma. Nunca había sido muy dado a las palabras, tirando más hacia las acciones, pero aprendió que si quería comunicarse de forma sana debía de dar a entender su punto de vista con palabras.
- Kacchan… - susurró entre hipidos el omega quien no había podido evitar el echarse a llorar al escuchar semejante declaración del normalmente obstinado alfa. Incluso los otros dos presentes en la habitación se encontraban aguantando el llanto.
- Bebé llorón. – dijo este, pero su tono era afectuoso, al igual que su mirada. Se levantó y se agachó para quedar cara a cara con el menor y a continuación comenzó a secar las lágrimas que recorrían las regordetas mejillas del omega con sus pulgares. Este suspiró y cerró los ojos, intentado tranquilizar su llanto.
- Es culpa de Kacchan por decir algo que me hizo tan feliz… - susurró entre suaves sollozos. Su aroma se endulzó tanto que hizo reír al alfa, notando lo realmente extasiado que el omega se encontraba gracias a él. Su propio olor a caramelo se hizo más potente en respuesta. Creando un aroma a manzana caramelizada muy tentador.
Sin decir nada besó sus mejillas con ternura al igual que su frente, párpados, mentón, nariz y para finalizar plantó uno sobre sus labios. Suave, dulce y lleno de amor.
El de ojos color jade sonrió como nunca antes lo hizo. Amaba a ese joven que le trataba como si fuera lo más preciado en su vida, una gema invaluable y preciosa. Daba igual que la gente le viera con el chico malo de la historia porque en la suya él era el príncipe de sus sueños.
Para cuando el alfa logró calmarle ya era casi hora de bajar a cena. Se encaminaron hacia la planta baja con las manos agarradas y dedos entrelazados, pero antes de entrar al comedor se detuvo, haciendo que el menor le imitara.
Juntó sus frentes y le miró fijamente a los ojos.
- Zuku… ¿serás mi omega? – susurró solo para ser escuchado por el más bajo. Los ojos contrarios brillaron repletos de emoción.
- Vas a hacer que llore otra vez… - respondió este al tiempo en que cerraba sus ojos.
- No has respondido a mi pregunta. – comentó divertido el más alto.
- Idiota… Como si fuese a decir que no. – fueron sus palabras antes de que sus labios se juntaran en otro suave y casto beso.
El primero en separarse fue el omega que le miró con una sonrisa en los labios antes de entrar donde sus amigos y compañeros les esperaban para cenar, siendo seguido poco después por el alfa quien ni se molestó en ocultar su obvia felicidad.
Todos notaron el cambio en ambas parejas, sabiendo con certeza que lo suyo ya era oficial. Las dos primeras parejas de la clase se habían formado y por lo que veían, no había forma de que esas relaciones fueran a romperse. No teniendo en cuenta el brillo en los orbes de cada uno de ellos cuando miraban a sus respectivos novios. Nada podría separarles.
…Continuará…
No es ninguna sorpresa que Katsuki siguiera queriendo hacer realidad la promesa que hizo cuando eran niños ¿verdad? Con lo testarudo del rubio se veía venir XD
