Todo había ocurrido tan rápido que se sentía mareado. Bella llamó a su hermano para hablar sobre su padre, luego como un huracán pasó a recoger su ropa y colocarla en una maleta mientras lo hacía llamó a su jefe que le aseguró que no habría problema si faltaba por problemas familiares, que la entendía y que contaba con todo su apoyo. Edward lo odio un poco más. Por otro lado su madre lo ayudo a preparar su maleta, al parecer lo lógico era que la acompañara como su novio. Así que luego de unas horas de espera a su avión y otras más en el aire ya se encontraba a punto de aterrizar en la ciudad donde todos sus sueños habían sido destruidos.
- Despierta Bella. - le susurró al oído luego de que el capitán anunciara que estabamos por aterrizar. - Ya llegamos.
En Londres ya estaba atardeciendo pero su cielo nubado pronto los alejó de los rayos del sol que poco a poco se perdían en el horizonte.
La castaña se agitó ligeramente al escucharlo y se alejó de su hombro donde se había quedado dormida luego de que él se animara a abrazarla un par de horas después de despegar.
Tenían sólo equipaje de mano así que salir del atolladero del recojo de maletas no fue un problema.
- Jasper ya está esperándonos. - habían pasado horas desde que había escuchado su voz. Bella estaba particularmente callada.
Jasper, vestido tan elegante como siempre, se encontraba esperándolos junto al que suponía era su chofer. Edward aminoró un poco el paso como reacción automática ya que la última vez que se habían visto no había terminado nada bien. Bella por otro lado aceleró hasta llegar a la altura de su hermano y abrazarlo largamente.
- Bells. - Jasper acariciaba su cabeza con cariño. - Tranquila.
Cuando Edward estuvo lo bastante cerca el chofer se acercó para tomar ambas maletas. Le agradeció mientras se acercaba incómodo a los hermanos.
- Jasper. - lo saludó ofreciendo su mano. - Lo siento mucho.
El rubio soltó a su hermana y luego de una respiración profunda le tomó la mano.
- Edward. - saludó. - Gracias por acompañar a mi hermana.
Él asintió sintiéndose fuera de lugar mientras Bella sin mirarlo se limpiaba las lágrimas con un pañuelo que su hermano le había entregado. Sintiéndose algo inservible, ya que ni siquiera lo necesitaba para llevar las maletas, camino en silencio junto a Bella.
- ¿Qué sucedió? - susurró ella con la voz rota.
- Un infarto. Fue repentino y fue mientras bebía su café en la terraza. Madre no lo notó hasta que no lo vio a la hora del almuerzo.
La castaña asintió en comprensión. Edward por otro lado se sintió asombrado ya que Charles Swan estuvo horas muerto sin que nadie lo notara.
- ¿Ella donde esta?
- En mi casa. Esta alterada así que lo mejor es que pase estos días conmigo. - carraspeó ligeramente. - Tu habitación esta lista, pueden instalarse con nosotros también. Recuerda que me pediste que vendiera tu departamento.
- Oh. Es verdad. - Bella le dedicó una mirada en ese momento. - ¿Prefieres ir a un hotel?
Edward no supo que decir ante su pregunta.
- Yo...
- Eres bienvenido Edward. Eres la pareja de mi hermana, tienes un lugar en mi casa.
Bella seguía expectante a su respuesta.
- Vamos con tu hermano, necesitas estar con tu familia. - le contestó rindiéndose ante su mirada. Pocas veces la había visto tan vulnerable.
Ya en el auto Jasper le comentaba sobre los arreglos que se habían hecho luego del fallecimiento de su padre. El lugar donde sería enterrado era un mausoleo familiar y necesitaban hacer las coordinaciones pertinentes con el abogado de la familia para revisar el testamento.
- Necesitarás quedarte unos días. Esto va a tardar un poco. - le aseguró su hermano mostrándose serio sin oportunidad a replica.
- Necesitare llamar a mi jefe. - contestó Bella suspirando.
- Estoy seguro que no se opondrá. - Edward intento aliviarla.
- Quizás ya no puedas volver a trabajar. - admitió Jasper. - Sin Charles necesitamos dar una imagen de fortaleza ante los accionistas y tú trabajando en otro lado no eres de gran ayuda.
- Jasper. - quiso detenerlo.
- Bella es hora de que seas consciente de quien eres y las consecuencias de tus actos. Si decides alejarte de nuevo estaras afectando el futuro de más personas de las que crees. Y no sólo hablo de mi trabajo o el futuro de mis hijos, hablo por todos los empleados que en estos momentos estan viendo la inestabilidad de la empresa y por ello también de sus trabajos. Piénsalo.
La castaña se quedó en silencio luego de las palabras de su hermano. Había sido casi una llamada de atención. Edward bastante incómodo sólo optó por tomar su mano.
El cobrizo vio las calles de Londres que llevaba años sin ver y sintió una extraña sensación en el vientre, como una especie de dejavú. No conocía muchos lugares ya que era un estudiante cuando estuvo en Londres pero reconocía las calles y la forma diferente en que se manejaba la gente de ahí.
- Ambos pueden quedarse todo el tiempo que necesiten en nuestra casa. - Jasper siguió. - Si deseas comprar otro departamento pued...
- Jasper aún no he decidido si me quedaré. Tengo que pensarlo. - Lo cortó.
- Bien.
Edward podía sentir la tensión que irradiaban los hermanos así que agradeció cuando el auto se estacionó junto al portón de una casa que desde su posición no se podía ver.
- Los niños están en casa y están muy emocionados porque llegarás. Tratemos de llevar esta situación lo mejor posible, podremos conversar sobre la empresa cuando ellos no esten presentes.
Bella asintió.
- Sería bueno que les expliques quien es Edward, no sabíamos que vendrían juntos así que será una sorpresa.
Las cosas no paraban de mejorar.
El gran portón se abrió mostrando la gran casa que escondía detrás, el auto avanzó hasta llegar a la altura de la puerta principal, más adelante había espacio para dos autos más.
- Vamos. - Jasper fue el primero en bajar desde su asiento de copiloto.
Su chofer le abrió la puerta a Bella que soltó su mano para poder bajar.
Empecemos este circo. Pensó Edward.
Dos cabecitas rubias aparecieron como torbellinos junto a ellos apenas sus pies fuera del auto y ambos estaban sobre Bella.
- ¡Tia Bella! - gritaban emocionados.
Edward sintiéndose incómodo se quedó observando la situación. Los niños debían tener ocho y cinco años y no paraban de saltar mientras hablaban y ¡como hablaban! parecía que querían actualizar a su tía sobre sus vidas en un minuto.
- Niños no han saludado apropiadamente. - una mujer despampanante con un acento peculiar se acercó a ellos. - Soy María Swan, esposa de Jasper, es un gusto conocerte al fin Edward.
El cobrizo algo impactado contestó carraspeando.
- Edward Masen, mucho gusto.
- Iré al despacho. Tengo que llamar a la funeraria. - Jasper se metió a la casa.
- ¿Es tu amigo, tía Bella? - preguntó el niño mirándolo curioso.
- No seas tonto Nathan, él es su novio. - le avisó su hermana en lo que se suponía era un susurro.
Nathan abrió los ojos cómicamente. Le recordaron a los de Bella, eran del mismo color.
- ¡¿Novio?! - preguntó escandalizado.
María se acercó al niño con una sonrisa divertida.
- Ellos son Caroline y Nathan, mis hijos. - Los presentó. - Él es su tío Edward.
Los niños murmuraron pequeños "hola" tímidamente.
- Hola niños. - Los saludó también en una sonrisa algo tensa, no sabía nada de niños.
- Vamos a su habitación. - les indicó María empezando a caminar por la casa.
Era gigantesca. Edward se sintió pequeño en tremendo lugar. Era amplio y había uno que otro juguete filtrado entre la decoración. Los empleados llevaron sus maletas escaleras arriba mientras ellos subían lentamente.
- ¿Dónde esta mi madre?
María suspiró.
- No sale de su habitación desde que Jasper la trajo. Espero que hoy nos acompañe a cenar y puedan verse. Todo paso muy rápido, ni siquiera yo puedo creerlo.
Bella asintió. Los niños caminaban junto a ella tomando sus manos y señalando partes de la casa que habían cambiado.
Si Edward creía que llegar a la habitación lo haría sentirse un poco más cómodo estuvo muy equivocado. De alguna manera la vergüenza trepó por su cuerpo al ver lo grande que era a comparación de la habitación que tenían en Forks.
- Perdón si les parece pequeña. - se disculpó María. - No sabíamos que vendrían juntos así que la habitación grande se la dimos a tu madre.
- Siempre me quedo aquí. No hay problema. - le aseguró Bella.
- Bien niños, su tía necesita descansar. Vamos a recoger sus juguetes de la sala antes de que bajen y tengan que sentarse sobre ellos.
- Mamá. - se quejaron.
- Vamos ahora. - los empujó con suavidad.
- Tía, ¿bajarás?
- Si. - les aseguró con una sonrisa. - Solo quiero descansar un rato y sacar mi ropa de las maletas.
- Bien. - decepcionados se alejaron.
- Pónganse cómodos. - les sonrió María antes de cerrar la puerta.
Edward lanzó un suspiro cansado antes de sentarse en la cama. Habían sido demasiadas horas en un avión y la tensión que le había causado ir al encuentro de su familia habia terminado por agotarlo.
- No tenías que venir. - fue lo primero que escuchó de Bella.
Guardo silencio para no explotar.
- Te lo agradezco. - susurró ella sentándose también. - Pero no quiero que estes aquí sino quieres estarlo.
Respiró hondo. Su padre había muerto se recordó. Debía tranquilizarse.
- Yo debo quedarme más tiempo a revisar los papeles que dejó mi padre pero tú puedes volver a casa cuando termine el... entierro, yo volveré apenas sea posible. Si eso quieres...
Se frotó el rostro sintiéndose frustrado.
- Estoy cansado. No dormí en el avión. - admitió con la voz un poco ronca. - Imagino que tenemos baño propio, ¿puedes decirme cual de esas tres puertas es?
- La de la izquierda. - le indicó ella.
- Bien.
Se paró dispuesto a encerrarse.
- No he tomado la píldora. - ella le recordó antes de que cerrara la puerta. - Necesitamos conseguirla.
Se detuvo a pensar un segundo y se resignó a no descansar esa noche.
- Puedo conseguir una mientras juegas con los niños. Espero no perderme.
- Esta bien. - susurró ella.
Un par de horas después se perdió en la calles de Londres. Era un tonto sin internet en su teléfono que tuvo que dar vueltas por las calles hasta lograr llegar a una farmacia y luego intentar regresar sus pasos hasta la casa de Jasper.
- Edward. - Bella se acercó a él pálida. - ¿Dónde estuviste?
- Me perdí. - admitió pero le entrego la bolsa de papel. - Tienes que tomarla pronto.
Bella asintió y tomó la bolsa.
- Ahí estas Edward. - María se acercó con una sonrisa. - Bella estaba muy preocupada por ti.
- Si lo siento, no conozco bien Londres y me perdí.
- ¿Viste cariño? - María le indicó suavemente a la castaña.
Edward entrecerró los ojos al escucharla.
- ¿Qué creíste? - le preguntó intrigado.
Ella le sonrió falsamente mientras se encogía de hombros.
- Bueno la cena esta lista. Vamos. - María los alentó alejándose.
- Mañana será el funeral. Jasper ya terminó de organizar todo.
Edward asintió.
- Si quieres un boleto para ir a Forks sólo debes decírmelo. - murmuró acercándose.
- Estas decidida a deshacerte de mi. - gruñó dolido.
- No. - abrió los ojos sorprendida.
- Si no me quieres aquí me iré mañana. Ya deja de repetirlo.
- Edward... - ella iba a replicar.
- ¿Todo bien? - Jasper apareció al fondo del pasillo mirándolos.
- Si. - Bella se apuró en tomar su mano y tirar de él hacia el comedor.
En la mesa ya estaban María y sus hijos que no tardaron en pelear porque Bella se sentara junto a ellos.
- ¿Y su tío Edward se sentara solo? - les preguntó su madre divertida. - Él les esta prestando a su novia no sean acaparadores, devuélvanla unos minutos.
Ambos niños asintieron en respuesta intimidados por la presencia de su tío.
- Madre me alegra que bajaras. - comentó Jasper poniendo a todos tensos ya que no habian notado la presencia de Renne en el marco del comedor.
- Me alegra que a uno le alegre verme. - admitió con brusquedad. - Es bueno verte Isabella.
La castaña apretó su mano tensa por la situación. Edward carraspeó, odiaba a esa mujer pero no era un mal educado.
- Señora Swan, es un gusto verla. - inclinó un poco la cabeza para evitar acercarse a tomar su mano.
- Espera... te conozco... - se acercó de pronto y Bella se interpuso.
- Es mi novio mamá. - admitió ella frenándola.
- Por como lo agarras cualquiera creería que te lo voy a quitar. Tranquilízate niña, haces el ridiculo.
- Si nos conocemos, señora Swan. Mi nombre es Edward Masen. Fui novio de Bella en la secundaria y nos conocimos en el hospital. Estoy seguro que lo recuerda.
La mujer era muy hermosa pero tenía muecas frías que la hacían ver como una muñeca de porcela siniestra.
- Por supuesto. - sonrió cínica. - Eres el muchacho que la dejó loca.
- Mamá. - Jasper murmuró advirtiéndole ya que sus hijos estaban presentes.
- Será mejor que empecemos a cenar. - María llamó la atención de todos pero su buen humor también había decaído.
- Siempre tan servicial. - sonrió burlona Renne sentándose en la cabecera de la mesa.
La cena fue en silencio. Ninguno tenía ánimos de decir algo, ni los niños que eran un par de parlanchines. Bella se había tensado terriblemente luego de ver a su madre y por momentos él podía notar como le costaba comer lo que tenía en su plato. Jasper vigilaba su actuar al igual que su madre. Edward creía que en un momento así a cualquiera se le quita el hambre pero su familia no lo veía así.
Cuando terminaron María se llevó a los niños y Jasper empezó a hablar sobre el funeral y la lista de personas que habían sido notificadas según lo conversado previamente con su madre.
- Los accionistas deben notar la unidad que hay en nuestra familia. - suspiró Jasper agotado.
- Quiero hablar sobre las modificaciones en la empresa. - Renne anunció mirando a Edward directamente.
Era su señal para irse.
- Te espero en la habitación. Gracias. - se levantó con dignidad pero no se alejó mucho, quería escuchar la conversación.
- El lunes debemos dar nuestro voto para las acciones que se tomaran ahora que papá no esta, yo ya estaba manejando gran parte de la empresa pero hay hoteles que eran responsabilidad de papá y debemos asignar algún responsable.
- Que lo haga tu hermana. - interrumpió Renne. - Ella puede hacerse cargo, eso de darle responsabilidad sólo en el hotel experimental de America es una tontería.
- ¿Qué hoteles? - preguntó ella sin expresión.
- Papá se ocupaba de los tres hoteles en Alemania y los seis de Francia.
- Tendría que vivir en alguno de los dos países.
- Papá lo hacía desde aquí pero hacía viajes con regularidad para ver el funcionamiento.
- Seattle no iba a ser el único hotel que abriríamos en America que hay de ...
- Tengo todo listo para inaugurar otra sede como te comente la última vez que estuviste aquí pero creo que también puedes monitorear su funcionamiento desde aquí. Londres esta en el centro de todo, si vas a Alemania estarias lejos de America pero si vas de Londres a America...
- Jasper sabes que yo...
- ¿Qué? - gruñó su madre. - ¿Dirás que no? No seas ridícula Isabella. Has sido una caprichosa desde que eras una niña pero ya no lo eres más. Basta. Ya tu hermano te dejo jugar a la novia enamorada demasiado tiempo. Si quieres arruinar tu vida con ese don nadie considera que no sólo arruinas la tuya.
- Puedes traer a Edward. - empezó Jasper. - Podemos ver como meterlo a la empresa, no se que puesto ya que no estudió pero la vicepresidenta no puede estar con el chico de las copias. Tal vez puedo nombrarlo tu asistente pero igual habrían habladurías que en este momento no necesitamos. Debemos estar al mando por completo y luego veremos que hacer.
- No aceptará trabajar para mí. - suspiró. - No es necesario pensar en un puesto. Tal vez no quiera venir a Londres. Estoy segura que me hará elegir.
- Bueno ya sabes que es lo que elegiras. - replicó su madre. - No puedes escapar de quien eres, tienes responsabilidades.
- Bells... - empezó Jasper con suavidad. - Háblalo con él, quizás exista la posibilidad de que venga.
Edward no quiso escuchar más así que subió a su habitación viendo como los pocos meses juntos habían terminado y que había sido un iluso al pensar que ella podía elegirlo. Habían huido juntos pero como dos niños malcriados para su familia, no tomaban en serio que pudieran estar juntos. Se llenó de rabia sobre todo consigo mismo al ver como le dolía la idea de separarse de ella. Había dejado que Bella Swan de nuevo lo lastimara.
Se quitó la ropa y buscó su pijama. De nuevo se sintió avergonzado porque estaba tan maltratada que un pequeño agujero aparecía en hombro derecho. Desechó la parte superior y sólo se colocó el pantalón.
Tenía tan poco dinero que si deseaba irse debía esperar que Bella pagara su pasaje así como hizo para viajar a Londres. Era un don nadie y eso lo estaba llenando de ira.
Pasó horas buscando en su teléfono algun vuelo barato para alejarse de ese maldito lugar hasta que Bella apareció en la habitación.
- Creí que estarías dormido. - susurró acercándose.
- El cambio de horario. - contestó simple y siguió revisando en su teléfono vuelos.
- Entiendo. - ella aceptó empezando a desvestirse. - ¿Tu pijama?
Edward notó entonces que le miraba el torso desnudo.
- Estaba... - No admitiría la verdad. - Me estaba sofocando.
- ¿En serio? - confundida buscó su pijama que era uno de sus conjuntos de lencería que lo hacían enloquecer ya que dormía con ellos siempre.
- Si. - respondió concentradose en su teléfono como tenía acostumbrado hacer en Forks para mantener a raya su libido.
- ¿Quieres que cambie la calefacción?
- No esta bien ahora. - mintió dejando su teléfono de lado ya que ella se estaba acercando.
Ella suspiró al escucharlo y se metió entre las sábanas.
El cobrizo apagó la luz de su lámpara para evitar molestarla y que pudiera dormir.
- ¿Podemos hablar? - murmuró cerca a su hombro.
- ¿Es sobre mañana?
- Si y los días que seguirán.
- Esta bien. - giro su cuerpo para estar cara a cara en la oscuridad.
- Llevamos pocas horas aquí pero debes saber que no sé qué haría sin ti. Ahora que mi padre no esta hay muchas cosas por hacer y decisiones que debo tomar. - se estremeció cuando ella empezó a acariciar su mejilla con su mano. - Es demasiada presión pero tenerte aquí. - suspiró. - Es reconfortante.
Edward cedió ante su tacto y se acercó un poco más para rodear su cintura con un brazo.
- Eres mi chica, tenía que estar aquí. - le recordó con suavidad y su pecho se removió de nuevo al sentir como ella se aferró a su cuello. - Hey...
- Te amo Edward Masen y te necesito demasiado . - sintió sus labios en su cuello. - Necesito saber si mañana te quedarás.
- Yo...
- Si te quedas te prometo que conseguiré un lugar para nosotros. Jasper ya vendió mi departamento pero puedo comprar otro e iríamos a vivir ahí.
- ¿Comprar? ¿Cuánto tiempo planeas quedarte?
Ella no respondió de inmediato y eso a Edward no le gusto para nada.
- ¿Qué hay de Forks? ¿Tu empleo? Vivimos en Forks.
- Me necesitan aquí. - admitió ella con tristeza. - Forks ha sido un sueño para mi. Nunca me había sentido tan feliz.
Edward se acostó sobre su espalda y observó el techo.
- ... Si te quedas podremos ir en vacaciones cuantas veces quieras. Además ya estas sano y puedes conseguir un buen empleo aquí, en Forks no hay muchas oportunidades. Si quieres puedes empezar la universidad y luego un empleo, todo depende de ti.
- ¿Qué hay con ser guardabosques? - le recordó deteniéndola. - Prometiste mudarte conmigo a la cabaña si yo te lo pedía.
- Dijiste que era tu sueño de niño.
- Bueno quiero retomarlo, ¿vendrás conmigo?
- Edward... - su voz se quebró.
- Supongo que volvimos al punto de quiebre. Todo o nada pero sólo beneficia a uno de los dos.
- Esto es más grande que yo, no puedo dejar sin apoyo a mi hermano ahora que papá no esta. Debo asumir mis responsabilidades con la empresa.
- Más grande que tú... - repitió.
- No quiero quedarme pero debo hacerlo.
- Debes. - se apretó el rostro con ambas manos.
- Quédate conmigo. - le pidió de nuevo. - No tienes nada algo que te amarre allá. Puedes pagar tu deuda desde aquí, será un nuevo comienzo.
El silencio se volvió aplastante ya que Edward no sabía que decir.
Tenía razón al decir que no tenía nada en Estados Unidos, era mantenido por su novia y padres, no tenía trabajo y tampoco tenía estudios. Era un idiota de veintiseis años sin ninguna aspiración.
- ¿Quieres? - ella insistió. - No voy a obligarte pero me harías feliz.
¿Quería? Llevaba años sin saber que queria. Años donde estaba tan decepcionado por la vida que tenía que ya nada le importaba y ahora tenía que tomar una decisión que cambiaría su vida.
- No lo sé Bella. - admitió nervioso. - Yo...
- Esta bien. - ella lo corto con voz triste. - Piénsalo. Yo seguiré contigo sin importar lo que decidas.
Edward asintió sin mirarla.
o
o
o
Actualización para pasar mejor esta cuarentena. Díganme que les pareció. Nos leemos pronto.
