Sé que técnicamente ya no es 31 de octubre, pero ignoremos eso y hagamos como si siguiéramos en este mes ¿okey? :'D

PD: aquí empiezan los temas del kinktober: aroma y besos


Dos semanas. Ese era el tiempo que había transcurrido desde que comenzó a salir con el alfa rubio. Con su mejor amigo. El chico con el que había soñado estar desde que tenía uso de razón.

Y no era capaz de comprender por qué se sentía tan nervioso en ese momento. Su relación o, más bien la forma en que interactuaban entre ellos, no había cambiado tanto como se podría imaginar uno.

Seguían hablando a todas horas, seguían entrenando juntos, seguía llevando las ropas del mayor cuando quería, este le llevaba en brazos cuando se lo pedía, le cocinaba como siempre… ¡Incluso estaban acostumbrados a cogerse de las manos!

No había razón por la cual sentirse nervioso. Vale, ahora eran pareja oficialmente. De acuerdo, se besaban de tanto en tanto. ¡¿Pero no tenía sentido sentir sus nervios a flor de piel por el simple hecho de salir en una cita verdad?! ¡No tenía nada de distinto a lo que solían hacer anteriormente! Solo que ahora era consciente de que siempre habían sido citas…

Se sentía tan malditamente estúpido por lo despistado que había actuado durante todo ese tiempo. No podía creer que no hubiese notado que prácticamente estaba saliendo con su mejor amigo. Ni siquiera podía recordar cuando fue que comenzaron a ir juntos al cine, a algún restaurante, a caminar por el parque… Diría que en primer año de secundaria, pero no lo tenía tan claro.

La línea que separaba a los mejores amigos de los novios era algo borrosa para su persona. ¿A quién quería engañar? Nunca existió tal línea. Tanto él como su compañero nunca se contuvieron en demostrar lo cómodos que se sentían junto al otro. Ahora comprendía mejor por qué durante la secundaria escuchó tantos rumores acerca de la relación de ambos. Todo tenía tanto sentido ahora que casi que le asustaba.

Volvió al presente cuando Denki le agarró la mano y prácticamente le arrastró hacia el sofá de su cuarto.

- Vale… no sé por qué estás entrando en pánico, pero como Bakugo venga y te vea así perderá los estribos. No quiero tener que aguantar a un alfa en busca de aquel que le hizo daño a su omega… ¡por lo que dime qué demonios está pasando! – exclamó el ojiámbar revolviéndose el cabello con frustración.

- ¡Es estúpido! – gimió el ojijade enterrando su rostro en uno de los cojines que había agarrado del sofá.

- ¡Izuku! – gritó el rubio su nombre.

- ¡Kacchan y yo estamos saliendo! – fue la respuesta que dio y el otro omega le miró como si hubiera perdido la cabeza.

- Eso es de dominio público desde hace dos semanas… ¿por qué entrarías en pánico ahora? – inquirió sin comprender.

- ¡No lo entiendes! ¡Hasta ahora salíamos a citas y yo no sabía que lo eran! ¡Pero ahora que oficialmente salimos me siento idiota porque sé que no haremos nada diferente a lo habitual, pero eso no quita que me sienta ansioso! ¡Por eso dije que era estúpido! – escupió de corrido, preocupando a su amigo que se preguntaba si siquiera había tenido tiempo de tomar aire entre palabra y palabra.

Tardó un rato en procesar lo que había salido de los labios contrarios y cuando lo hizo no pudo evitar estallar en fuertes y sonoras carcajadas.

- ¡Denkiiiiii! ¡No te rías! – gimió el peliverde absolutamente mortificado.

- No… jajajajaja… es… jajajajaja… Solo… Oh dios… jajajajaja… - intentaba decir entre risas, pero no le era posible por lo que decidió intentar tranquilizarse primero para así poder mantener una conversación como se debía.

Tardó varios minutos, pero por fin logró calmarse, con los ojos llorosos y la respiración todavía agitaba giró a ver a su amigo quien se encontraba haciendo un puchero entre enojado y avergonzado, sus mejillas completamente rojas y sus ojos ligeramente aguados.

- Perdona… no creo que sea estúpido… - aseguró sonriendo dulcemente.

- ¿De verdad? – susurró el menor sin cambiar su expresión.

- Lo prometo. Si yo fuera tú también me sentiría de esa forma. Llevas mucho tiempo junto a Bakugo y ciertamente sus acciones son difíciles de entender en muchas ocasiones. – comentó rascándose la nuca nerviosamente. - Para ti, él siempre ha actuado de la misma forma y aunque estabas convencido de que eso era él comportándose como un amigo… cuando empezasteis a salir formalmente, notaste que no era de esa forma. Bakugo ha sido tu novio desde hace tanto que sientes vergüenza por no haberlo notado antes. – finalizó con un suspiro.

- Si… pero no es solo eso… ahora que soy consciente… me pongo mucho más nervioso cuando estamos juntos… además que hoy será oficialmente nuestra primera cita, las demás no cuentan porque no sabía que lo eran. – explicó con los ojos llorosos. No sabía qué hacer consigo mismo, no sabía cómo comportarse ni como sentirse al respecto. Se sentía tan abrumado que solo sentía ganas de ponerse a llorar.

El rubio le envolvió con sus brazos y comenzó a acariciar su espalda baja para ayudar a que se tranquilizara.

- Izuku… deberías hablar de esto con Bakugo. Sabes que no se burlará de ti, está demasiado ensimismado contigo como para hacer algo como eso. Él te ayudará a entender mejor como te sientes, eso te lo aseguro. – le susurró al oído. El peliverde asintió entre lágrimas, pero antes de que pudiera pronunciar palabra oyeron como llamaban a la puerta.

Tres toques seguidos. Katsuki había llegado a recogerle y él se encontraba sin arreglar y, peor todavía, en medio de un ataque de pánico con los ojos enrojecidos por el llanto, la voz ronca y las mejillas empapadas. En definitiva, era todo un desastre. ¿Por qué el ojirubí estaba saliendo con alguien como él?

Denki se levantó lentamente y en silencio caminó hacia la puerta. Al abrirla miró seriamente al recién llegado quien se tragó sus palabras al ver la expresión del más bajo. Sin decirle nada, le señaló al otro omega, quien seguía sobre el sofá y dándoles la espalda a ambos, para luego salir de la estancia, dejándoles a solas.

- ¿Zuku? – murmuró su nombre preocupado. El mencionado dejó escapar un sollozo y se encogió en si mismo todavía más. El más alto casi corrió hasta donde se encontraba su novio.

No comprendía lo que pasaba. Su pareja parecía estar bien hace un rato cuando se despidieron para ir a sus habitaciones a cambiarse para su cita. Pero ahora parecía estar teniendo un ataque y no sabía si era culpa suya, si había hecho algo que había hecho que el peliverde reaccionara de aquella forma.

Calmando el revoltijo de pensamientos y sensaciones que le estaban embargando, puesto que lo importaba en ese momento no era él sino su novio, se arrodillo en el suelo en frente del de cabellos rizados y con cuidado le levantó el rostro para que sus orbes chocaran.

- ¿Qué pasó? ¿Por qué te sientes mal? – preguntó con voz suave. El omega negó con la cabeza. - ¿No? Si no te sientes mal… ¿acaso hice algo que te molestó? ¿Algo para qué reaccionaras así? – inquirió de nuevo, mordiéndose el labio inferior, nervioso y dolido. De solo pensar que él podría ser la causa del estallido emocional de su novio, hacía que su corazón se detuviera y el aire le faltara.

El de ojos esmeralda soltó un leve chillido al escuchar la pregunta y pronto volvió a negar con la cabeza, pero esta vez más fervientemente.

- No… Kacchan… culpa… mía… - logró decir de forma entrecortada.

- Shh… primero necesitas calmarte Zuku… - aconsejó el rubio al tiempo en que rodeaba con sus brazos el cuerpo del contrario y le hacía reposar su cabeza ente su cuello y hombro, dejándole acceso libre para poder aspirar su aroma tanto como necesitara.

Los minutos pasaron en silencio, solo siendo interrumpidos por los sollozos y jadeos del menor quien poco a poco fue calmándose, dejando que el olor de su novio llenara todo su ser. La calidez del cuerpo contrario junto al latido de su corazón fueron también una gran ayuda en tranquilizarse.

El omega se acurrucó mejor, restregando su nariz contra el cuello contrario, justo sobre la glándula de donde emanaba tan maravilloso aroma, estaba tan perdido en su pequeña nube que no notó cuando comenzó a lamer dicho lugar.

El alfa tembló, sorprendido por la acción y complacido, pero sabía que si el de cabellos rizados seguía haciendo aquello no sería capaz de contener sus impulsos más bajos. Con cuidado utilizó una de sus manos para separar al menor de su cuello. Este no pareció muy complacido con su acción, pero no intentó volver a su anterior lugar, no cuando los ojos color carmín le miraban con tanta intensidad. En cambio decidió darle algo del mismo cariño a la glándula en la muñeca del rubio, puesto que como el contrario tenía una mano en su mejilla, esta le quedaba lo suficientemente cerca como para poder percibir claramente el aroma emanando de esta.

El alfa no le paró esta vez, primero porque su novio parecía muy feliz y relajado besando y dando pequeñas lamidas a esa zona y segundo porque el lugar no era tan sensible como su cuello, seguía siendo placentero, pero no al nivel de hacerle perder la razón con su creciente excitación.

- Zuku… - volvió a llamar y este solo respondió con un leve "¿Mmm?" que le hizo ver adorable a ojos del alfa. ¿A quién quería engañar? Para el de cabello cenizo el omega siempre era adorable. – Necesito saber cómo te sientes. – dijo con toda la seriedad que pudo poner en su tono, aunque el brillo de amor en sus orbes le quitó algo de fuerza.

- Mmm… me gusta el aroma de Kacchan… - susurró este, todavía demasiado ido como para comprender lo que su pareja le estaba pidiendo.

- Y yo adoro el tuyo, pero eso no es lo que pregunté. – comentó riendo levemente. El omega le miró unos segundos y desde lo más profundo de su pecho el sentimiento de increíble felicidad por haber sido capaz de hacer que su rubio mostrara una expresión tan llena de amor le embargó.

Un ronroneo satisfecho salió de su persona. No podía sentirse más complacido. Ya ni recordaba porqué se había sentido tan preocupado y ansioso antes. Estar con su alfa era lo mejor. Estar rodeado por aquel maravilloso aroma era como estar en su propio paraíso. Quería seguir así toda la vida. Poder oler su esencia para siempre. Besar aquella cálida y suave piel para toda la eternidad.

Soltó una risita divertida ante sus pensamientos. Se sentía tan extasiado, su mente completamente nublada, con los únicos pensamientos siendo "aroma, dulce y alfa" en un bucle constante. Subido en esa nube retomó su comportamiento anterior. Comenzó a besar y lamer la piel del mayor de nuevo quien tembló ligeramente al notar como el brillo en aquellas gemas era más intenso que antes, como sus orbes se nublaban con lo que reconoció deseo, algo que su aroma dio a entender claramente.

Su omega se estaba excitando solo con su olor. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo ante tal descubrimiento.

- Zuku… teníamos una cita… - susurró a la vez en que con su pulgar acariciaba suavemente la mejilla del contrario.

- Aquí… - respondió este sin parar lo que hacía.

- Mmm… ¿tanto te gusta? – curioseó el más alto.

- Si… - murmuró este besando de nuevo sobre la glándula, la cual había comenzado a enrojecerse ligeramente por la constante estimulación.

- Joder… - gruñó el alfa al sentirse cada vez más excitado. – Zuku… ¿puedo yo también? – preguntó en un susurro directamente al oído del menor, besando castamente el lóbulo de la oreja justo al terminar de pronunciar aquellas palabras.

Se separó un poco cuando el pecoso detuvo sus mimos, para mirarle a los ojos, pero sin decir nada este levantó su propio brazo hacia la cara del rubio, en una invitación muda. Dando su consentimiento para que procediera.

Los ojos rubís se nublaron por la excitación y se lamió los labios lentamente. Agarró la mano de Izuku con suavidad y agachó ligeramente la cabeza para aspirar el propio olor de este. Su sangre hervía de solo recordar que tan maravilloso ser era suyo. Que la persona que más amaba correspondía sus sentimientos y que le estaba dejando tocarle de esa forma. No solo eso, sino que este fue quien comenzó semejante acto.

Sin perder más el tiempo y sin apartar los ojos de su objetivo, dejó salir la lengua de su hogar y recorrió lenta, pero sensualmente desde la punta del dedo medio del menor hasta llegar hasta la muñeca y la glándula que allí le esperaba.

Jugó con su lengua por la zona, parando para dejar pequeños besos por la palma de la mano y el brazo, mordiendo ligeramente la punta de los dedos ajenos, y repetir el proceso una y otra vez.

Oía como de los labios contrarios pequeños suspiros y gemidos escapaban, cada vez con mayor frecuencia, pero sin parar sus propias atenciones para con el rubio. Este sonrió complacido y después de siglos, o tal vez fueron solo unos cuantos minutos, apartó la vista de aquel apéndice para fijar sus ojos en los jade del menor.

Este le miraba con la misma intensidad que sabía los suyos transmitían. Sonrió maliciosamente para besar de nuevo la glándula, notando como un escalofrío recorría el cuerpo ajeno, y con fuerza tiró de él.

Sorprendido, el omega soltó un chillido y su cuerpo cayó hacia delante, terminado sobre el regazo de su novio quien se veía absolutamente complacido por su reacción. Aquello ocasionó que volviera un poco más en sí, pero antes de que pudiera dejarse embargar por la vergüenza de comprender sus atrevidas acciones anteriores, el ojirubí reclamó sus labios con los propios.

Su cuerpo se relajó inmediatamente. Se dejó hacer por el más alto, sintiendo como cada fibra de su ser gritaba por complacer a este lo mejor que pudiera. El rubio lamió sus labios pidiendo permiso y él se lo concedió por que de ninguna forma podría rechazar el amor que tan claramente quería otorgarle el alfa. Los minutos pasaron, sus lenguas danzaban sensualmente. Un ritmo único, creado por ellos y para ellos.

Los brazos de Izuku habían rodeado el cuello ajeno, acariciando y jalando de vez en cuando el cabello cenizo con sus dedos, mientras que los de Katsuki uno rodeaba su cintura, pegando ambos cuerpos lo más posible y el otro se encontraba en el cuello del peliverde, moviendo la cabeza del contrario como él quería.

Las respiraciones agitadas, la temperatura de sus cuerpos subiendo, el creciente aroma de ambos entremezclándose a su alrededor, gemidos y suspiros complacidos… todo aquello y más era lo que inundaba la habitación.

- Zuku… - murmuró el rubio cuando por fin sus labios se separaron, aunque este no tardó en juntarlos al cuello del de cabello verdoso, besando y lamiendo aquella zona.

- Kacchan… - susurró él, haciendo sonreír al mayor contra su piel.

- Te quiero Izuku… - declaró una vez se separó y subió la mirada para poder observar el rostro de su adorable novio.

Las gemas que tanto amaba se aguaron y ligeras lágrimas escaparon de sus confines para recorrer con libertad la piel de su creador. El omega le sonrió entre lágrimas y acercó sus rostros para besar de nuevo a su novio, esta vez de una forma suave y dulce.

- Yo también te quiero Katsuki… - confesó entre besos suaves que volvieron a profundizarse después de que aquellas palabras fueran pronunciadas.

Al final no habían salido a su cita, aquella por la cual el ojijade se había sentido tan ansioso. Pero daba igual porque aquella tarde fue mucho mejor de lo que cualquiera de los dos podría haber imaginado y deseado.

…Continuará…


Sé que no es muy... ¿sexoso? Bueno el caso es que tiene mucho fluff, pero las cosas van transcurriendo naturalmente, si lo hiciera demasiado subido de tono desde el principio como que se sentiría muy forzado... ¿o solo yo creo eso?

Hacédmelo saber en los comentarios (=^w^=)