Okey... aquí la cosa se calienta un poco... mejor mucho... ¡No de verdad que está que arde! XD
Kinks: lingerie, lap dance, oral fixation (Solo Katsudeku)
El fuerte sonido de alguien llamando a la puerta la sacó de sus pensamientos. Sorprendida, se apresuró a abrir, creyendo que quien fuese la necesitaba para algo urgente. Al abrir la puerta miró a quien se encontraba de pie en frente de su persona.
Iba a decir algo cuando lo que salió de la boca ajena la dejó estupefacta. Minutos más tardes, una sonrisa maliciosa se apoderó de su rostro. Aquella iba a ser una muy interesante tarde.
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Abrió la puerta de los dormitorios echando humo por las orejas. Aquel día había sido de los peores que había tenido en sus muy largos 16 años de vida. Ignorando a todos aquellos que se encontraban en la sala de estar, y los cuales le miraban entre curiosos y nerviosos, caminó hacia el ascensor dispuesto a subir hasta su piso, encerrarse en su cuarto y gritar a todo lo pulmón para librarse de su frustración.
Más tarde, una vez más tranquilo, iría a ver a su novio para poder cenar juntos y abrazarle hasta robarle el aliento.
Pareciéndole un buen plan, salió de aquella caja metálica y caminó hasta llegar a su puerta. Al abrirla se sorprendió de ver una luz tenue viniendo de su habitación. Recordaba perfectamente haberlo dejado todo acomodado cuando se fue a sus pasantías.
Suspiró agotado, creyendo que alguno de sus amigos, como Kirishima, habría entrado a su habitación a por algo. Preparándose mentalmente para aguantar alguna estupidez de parte del pelirrojo, caminó hacia la puerta. Para su sorpresa, cuando tocó el pomo y lo giró levemente, abriendo tan solo unos pocos centímetros, algo suave se estampó contra su rostro.
Sorprendido dio un paso hacia atrás y la puerta fue cerrada de golpe en sus narices. Pasaron unos momentos sin que supiera cómo reaccionar, pero pronto su enfado fue creciendo. Le daba igual quien estuviera ahí dentro y porqué, solo quería enterrar la cara en su cama y gritar a los cuatro vientos, ¿acaso era tanto pedir?
- ¡Kacchan! – la voz de su novio le hizo salir de sus más profundos y homicidas pensamientos. Miró a ambos lados, pero no vio al peliverde por lo que dedujo que quien se encontraba en esos momentos ocupando su habitación no era otro que él.
Por una parte, su alfa se sentía extasiado al saber que su omega se encontraba en sus dominios, pero otra parte, la más racional, no acababa de comprender qué había llevado a este a entrar. Cierto que llevaban ya unos meses saliendo, pero el menor seguía algo reticente a entrar al cuarto del rubio. No porque no confiara en su persona, sino porque se sentía más cómodo en su propia habitación. Omegas necesitaban tiempo para aclimatarse a un lugar nuevo y aunque adorara al alfa y su aroma… seguía siendo mejor andarse con cuidado, sobre todo después de las veces en que se le había subido el olor a la cabeza y acababa entre los brazos del más alto, besándose como si no existiera un mañana.
- ¿Zuku? – inquirió levemente con clara confusión en su tono de voz.
- Emmm… te-tengo una… sorpresa para ti… - oyó que este le decía desde el otro lado de la puerta.
- Vale… ¿puedo pasar o vas a volver a golpearme? – cuestionó entre divertido y curioso. No obtuvo respuesta de parte del contrario durante varios segundos hasta que escuchó como algo se apoyaba contra la puerta de madera.
- Siento eso… la verdad es que estoy muy nervioso por esto… - susurró el menor casi inaudiblemente. Si no fuera por sus agudizados oídos, gracias a su lado alfa, no habría sido capaz de entender lo que este había dicho.
- Zuku… si no quieres hacerlo no pasa nada. Sea lo que sea, puede esperar. – aseguró el rubio con un tono suave. No le gustaba que su novio sonara tan agitado. Sinceramente le daba igual la sorpresa. Él solo querías asegurarse de que el más bajo se encontraba bien.
- ¡No! ¡Quiero hacerlo! – exclamó el omega desde su lado de aquel objeto de madera.
- Entonces… ¿Cuál es el problema? – preguntó sin comprender el más alto.
- Bueno… prométeme que cerrarás los ojos y no los abrirás hasta que yo lo diga. – casi imploró el de ojos jade.
- Lo prometo. Haré lo que tú quieras Zuku… solo déjame entrar. – pidió el alfa, cada vez más preocupado por la actitud de su pareja en cuanto a esa sorpresa.
El menor abrió un poco la puerta y le miró a los ojos, suspirando, el ojirubí cerró los suyos y esperó hasta que el contrario se decidiera a dejarle entrar. Le oyó coger aire y pronto una mano envolvió la suya, tirando de su persona hacia dentro de la habitación.
Le sorprendió poder oler algo distinto a lo usual: el aroma de manzana y jazmín se había esparcido por el cuarto, mezclándose con su propio aroma a caramelo y nuez moscada. De solo notar aquel cambio, su corazón comenzó a latir con mayor rapidez y un sentimiento de exultación le embargó.
Su alfa aullaba con júbilo al sentir que su omega se sentía a gusto en su dominio, al ser rodeado por su aroma, al estar en compañía de su persona.
No tardó mucho en ser dirigido hacia su cama, donde el menor le hizo sentar. Se lamentó cuando este dejó ir su mano y se apartó, pero simplemente agarró aire para tranquilizarse. No sabía qué había planeado el de cabellos rizados, pero podía sentir la anticipación crecer en él.
Oyó como este se movía por la habitación y arrastraba algo hasta dejarlo en frente de su persona. Se sintió tentado a abrir sus orbes y ver qué estaba ocurriendo, pero nunca rompería una promesa hecha hacia su omega, no al menos que fuese por alguna razón de peso. Suspiró y apretó los puños para contener sus deseos.
Izuku se movió de nuevo, más hacia el fondo de la habitación, pero no tardó demasiado en volver y colocarse delante del rubio. Quien esperó a que el menor hablara.
- Kacchan… - susurró este, llamando la atención inmediata del ojirubí quien, a pesar de seguir con los ojos cerrados, subió el rostro hacia el del más bajo, sabiendo donde se encontraba este. El omega rió divertido por la reacción de su novio, puesto que le había recordado levemente al de un perrito cuando es llamado por su amo.
- Zuku… - dijo el rubio después de un rato esperando a que el de cabello verdoso dijera algo más.
- Emm… espera para abrir los ojos hasta que no escuches algo de música. – avisó el omega. El rubio frunció un poco el ceño, no llegando a comprender del todo la situación, pero asintió de todas formas.
No tuvo que esperar mucho, dado que apenas unos segundos más tarde, una suave melodía inundó el lugar. Levemente fue abriendo sus ojos, notando como la iluminación era más tenue de lo habitual, pero pronto sus orbes se encontraron con la mejor escena que algún día pudo imaginar:
Su novio. Su dulce, inocente e increíblemente atractivo novio. Se encontraba sentado sobre una silla de madera, pero no era eso lo que llamó su atención. No. Lo que lo hizo fue la ropa que este llevaba puesta.
Un babydoll cubría su pecho, de un precioso color esmeralda con un lazo color negro, todo de encaje. En la parte de abajo una especie de pareo de encaje negro y tul que bajaba hasta sus tobillos, este de un color naranja suave. Unas bragas de encaje cubría sus partes más íntimas, también llevaba un liguero donde sus medias, finas y de seda negra las cuales resaltaban con la fina y pálida piel del menor, se amarraban para que permanecieran en su sitio.
Sintió su mente quedar en blanco. Todo su cuerpo se tensó y relajó en tan solo un segundo de diferencia. No era capaz de asimilar lo que sus ojos veían. Impactado y sin poder apartar la mirada, observó como aquel hombre, el chico que amaba más que nada, comenzaba a moverse sensualmente al son de la música.
Movía las caderas; pasaba sus manos por su pecho, cadera, estómago, cabello… Su perdición fue cuando le vio separar las piernas de lo forma más sensual que alguna vez vio, deseando con todas sus fuerzas poder pasar sus manos por aquella piel que le llamaba a gritos.
Quería besar cada centímetro de piel a la vista. Quería sentir aquellos maravillosos muslos rodear su cuerpo, le daba igual si era su cadera o cuello. Quería enterrar su rostro entre ellos, besarlos, acariciarlos, mimarlos como se merecían.
Le vio levantarse lentamente y acercarse a él, sentándose sobre su regazo, donde continuó bailando. Moviéndose al son de la música como si esta hubiese sido creada para él. Pasó sus manos por la cintura del menor, apreciando su suavidad; tocó sus muslos con reverencia, amando la calidez que producía su cuerpo; miró los brillantes ojos del omega, los cuales no se habían apartado de los suyos; vio como este se mordía el labio inferior con claro deseo, acercándose a los suyos hasta que ambas respiraciones chocaron, pero el contacto no se produjo… Izuku suspiró y se dejó caer hacia atrás, hasta que su cabeza casi tocó el suelo, dejando ver en todo su esplendor aquel cuerpo tan bien trabajado.
Algo dentro de él se rompió ante aquello. Vio como el omega se incorporaba de nuevo sobre su regazo, como se levantaba con sensualidad, sin apartar las manos que seguían acariciando su cuerpo, fue bajando hasta quedar de rodillas en el suelo, entre las piernas del alfa y fue entonces cuando le sonrió con dulzura y deseo.
No pudo aguantar más. Levantó al más bajo y le sentó de nuevo sobre sus piernas para a continuación atacar sus labios con pasión y desenfreno. Le oyó jadear y aprovechó la oportunidad que aquello le brindó para colar su lengua dentro de la cavidad del contrario. Ambos apéndices comenzaron con su propia danza, una practicada constantemente entre ellos dos, creada por y para ellos.
El rubio solo soltaba aquellos labios durante apenas unos segundos, suficientes para recuperar algo del aire perdido, y luego volvía a apresarlos con los suyos. Con sus manos fue acariciando cada centímetro de piel que le era permitido, amando los escalofríos que recorrían el cuerpo ajeno, como la temperatura de ambos cuerpos aumentaba junto con la de la habitación… Adoraba todo lo que tuviera que ver con el peliverde.
De fondo, la música continuaba sonando, pero ninguno de los dos le prestaba atención. El ojirubí más interesado en la melodía que escapada de aquellos deliciosos labios.
Se separó para dejarle respirar y pasó sus besos al cuello del más bajo, donde lamió y mordió todo lo que quiso. Unos minutos más tarde, cuando se sintió satisfecho por las marcas que había creado en aquel lugar, volvió a levantar la mirada para posarla en los orbes jade de la persona que más quería en su vida.
Estos le miraban con cariño y pasión. Le sorprendió cuando aquellos labios apresaron los suyos en un cálido y corto beso para luego apartarse y con una tímida sonrisa levantarse de su regazo. El rubio lo permitió, curioso por saber qué haría su novio en esa ocasión.
Este se arrodilló entre sus piernas y acarició sus muslos cubiertos por aquellos shorts que llevaba. Ambas miradas chocaron y el alfa no tuvo que preguntar qué quería el omega para comprenderlo. Sonrió de lado, repleto de excitación y asintió levemente. El menor no tardó en bajar todo lo posible los pantalones y bóxers del rubio, dejando salir el enorme miembro que allí se escondía.
Un leve gemido escapó de sus labios cuando el aire rozó su muy despierto miembro y acarició con suavidad los cabellos del omega cuando este se acercó hasta que su respiración caía sobre el órgano. Izuku miraba aquel lugar fijamente, lamiéndose los labios de solo recordar cómo se sentía en tenerlo dentro de su boca.
No era la primera vez que ellos hacían aquello. Durante el transcurso de los días desde que comenzaron a salir, había ido experimentando diferentes cosas. Habían descubierto que el omega adoraba sentir su boca ocupada, el cómo le ayudaba a tener la mente en blanco, el cómo podía dejar que su novio tomara el control y simplemente dedicarse a obedecer y complacer al más alto.
Con una mirada suplicante y deseosa que le dirigió a su pareja, recibió su permiso para seguir en forma de un fuerte tirón a sus cabellos, acercándole más a su miembro, hasta que sus labios chocaron con la suave y resbaladiza cabeza.
Soltó un gemido de satisfacción cuando por fin su lengua lamió aquel órgano. Besó y lamió como al mayor le gustaba, desde la base hasta la cabeza para luego ir engulléndolo en su boca poco a poco. Centímetro a centímetro, el miembro del alfa fue desapareciendo dentro de la cavidad bucal de Izuku quien no se detuvo hasta que todo quedó dentro.
Se detuvieron un momento, Katsuki necesitaba aguantar las ganas de correrse con tan solo sentir semejante calidez y humedad rodeando su miembro por entero e Izuku lidiaba con el reflejo de su garganta. Se había vuelto muy bueno en no sentir náuseas, pero preferían empezar de a poco y luego aumentar el ritmo hasta que el rubio le embestía sin cuidado.
Y así fue como poco a poco, el peliverde fue retirando el miembro del mayor de su boca y comenzó el sube y baja. Primero lentamente, después se detenía unos segundos cada tanto para solo sentir lo lleno que se encontraba su cavidad, después aumentaba el ritmo un poco y tragaba saliva para apretar y succionar, volviendo cada vez más salvaje al alfa quien cada vez agarraba con más fuerza el cabello del contrario y jadeaba con mayor frecuencia.
Pronto no fue suficiente para ninguno de los dos por lo que con dos leves tirones al pelo de Izuku, este entendió y se detuvo, colocó sus manos sobre las ingles del rubio y relajó la mandíbula, luego le miró a los ojos, dándole luz verde con ese gesto.
El ojirubí sonrió ampliamente, con deseo y maliciosidad, y sin decir nada comenzó a embestir dentro de la boca del omega quien se dejó hacer. Solo sus gemidos quedos y el sonido húmedo de aquel acto era lo que se oía por la habitación.
- Joder Zuku… - gruñó el mayor cada vez más cerca de su límite. Adoraba los gemidos del menor, el cómo este tragaba saliva para apretar aún más su miembro, el cómo le miraba deseoso de ser llenado con su semen, el cómo apretaba sus muslos indicando que necesitaba que fuera más profundo, que lo hiciera más fuerte… amaba todo de su novio, quien era su otra mitad, quien le complementaba como la luna al sol.
Vio al más bajo apretar con fuerza sus piernas, sintió el temblor que recorrió todo su cuerpo, el gemido que hizo que vibraciones recorrieran su miembro y supo que este había llegado al clímax, sin necesitar de ser tocado en lo más mínimo.
- Eres tan putamente perfecto Izuku… - jadeó el rubio quien después de un par de embestidas más, se corrió en lo más profundo de la garganta del menor el cual no tuvo reparos en tragar todo, sin dejar ni la más mínima gota.
El alfa se retiró un poco, todavía sin acabar con su clímax, y se detuvo cuando solo la cabeza de su miembro seguía dentro de la boca del omega, llenando toda la cavidad con más semen. El de ojos jade comprendió y dejó de tragar, permitiendo que su boca se llenara del caliente y espeso líquido que tanto le gustaba. Pronto sus mejillas se llenaron, indicando que ya no podía contener nada más dentro y el mayor rio divertido y satisfecho. Sacó su miembro entero e inmediatamente el más bajo cerró la boca, no queriendo que nada se escapara de ella.
Katsuki le miró unos segundos, apreciando el brillo de aquellos orbes esmeralda; las mejillas llenas como una ardilla, sonrojadas a más no poder; los labios carnosos y brillando con restos de semen y saliva, esta última recorría su delgado y delicado cuello de forma sensual; amando su aún más alborotado cabello, el sudor que cubría su cuerpo con una fina capa que le hacía brillar bajo aquella tenue luz…
Sonrió y besó castamente la frente de su novio, luego su nariz, mejillas y por último su cuello. Después se separó y con un asentimiento de cabeza le dio permiso para continuar tragando su esencia. Izuku gimió complacido por las acciones de su pareja y cuando terminó con su tarea abrió la boca para demostrar que había cumplido con ella a la perfección.
El rubio volvió a reír levemente y volvió a besarle la frente.
- Bien hecho Zuku… mi maravilloso omega… - alagó a su novio quien ronroneó feliz por las palabras, sonriéndole dulcemente y claramente perdido en la nube de su euforia.
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Se encontraban en la cama, ambos cansados, pero satisfechos. El rubio se había encargado de darle una camiseta y unos calzoncillos a su novio, claramente no queriendo que durmiera con aquel atuendo el cual, por muy bien que le quedara, no le dejaría dormir. No teniendo en cuenta lo mucho que le excitaba de solo recordarlo.
Tenía a su novio con la cabeza apoyada sobre su pecho y su mano acariciaba lentamente su revoltoso cabello.
- Zuku… - llamó con voz suave.
- ¿Si? – murmuró este medio dormido.
- No que no me haya encantado, pero… ¿a qué vino esa sorpresa? – curioseó el alfa quien no había podido dejar de pensar en ello desde hacía un rato.
- Mmm… Todoroki dijo que tuviste un muy mal día en la agencia de Endeavour… así que le pedí a Mina que me ayudara a hacer algo para animarte… - explicó en un susurro, demasiado cansado y cómodo como para dejar que la vergüenza llegara a su persona.
- ¿Pinky te vio con eso puesto? – inquirió apretando ligeramente su agarre en la cintura ajena. Le molestaba de solo pensar que la chica pudiera haber visto a su novio con semejante atuendo. El peliverde rió ante la actitud posesiva de su novio y subió a besarle los labios dulce y castamente.
- No te preocupes. Ella solo me ayudó con el baile. – respondió sonriéndole de oreja a oreja al tiempo en que volvía a acomodarse sobre el pecho de su pareja.
- Mmm… ¿y de dónde sacaste la ropa? – preguntó el ojirubí.
- Denki buscó algunas ideas por internet y cuando vimos algo que nos convenció a ambos, le pedimos a Yaomomo que lo hiciera con la imagen como referencia. – explicó sonriendo contra la piel del contrario.
Al rubio omega le había entusiasmado la idea y aseguró que si las cosas salían bien entre ellos dos, algún día intentaría hacerlo con el pelirrojo.
Con su curiosidad satisfecha, el alfa abrazó posesivamente a su peliverde y besó sus mejillas, labios y frente varias veces, susurrándole lo mucho que le quería, lo maravilloso que era y como no iba a dejarle ir jamás. El ronroneo que escapaba del pecho del omega fue la melodía que les llevó hacia un plácido sueño. Sus cuerpos cálidos, pechos llenos del sentimiento llamado amor y pulmones repletos del aroma a ambos que les envolvía enteramente. Fue de las mejores noches de ambos, sin dudar.
…Continuará…
Tardé siglos en encontrar un vídeo que me convenciera, pero encontré dos que me inspiraron para escribir este capítulo, solo eso porque en realidad no describo lo que sucede en ellos.
Los nombres son: 1- Chair dance / strip plastic - Bishop River y 2- Chair Dance Peformance - Anna Vargas - Crazy in Love
La ropa que lleva podéis encontrarla en mi blog (id a mi perfil) y esto es todo ;)
Espero que os haya gustado este capítulo y me encantará saber vuestra opinión n.n
Nos leemos (=^w^=)
