Se sentía mareado. Cansado y adolorido.

- No... se mueva... - escuchaba la voz a lo lejos pero no tenía la fuerza suficiente para abrir los ojos y saber de donde provenía. - Más rápido... Glover... trae...

Y todo se volvió negro.

La siguiente vez que escuchó voces estas estaban más calmadas, estaban cerca y estaban acompañadas de pequeños bips. Tuvo una sospecha de donde estaba. ¿Cómo había llegado ahí?

Más voces pero estaba tan mareado que no podía concentrarse lo suficiente para saber que decían. Decidió que lo mejor sería dejarse llevar y descansar, estaba demasiado cansado.

- ¡No! - escuchó un grito muy lejano. - ¡No! ¡No!

El grito provocó que se despertara de nuevo.

- Deja... no... - escuchaba las voces más cercanas. - Aléjate de él.

Esa voz estaba muy cerca y casi podía reconocerla pero no tenía la energía suficiente. Las voces empezaron a ser de nuevo tranquilas, de pronto sintió su brazo húmedo.

- Ed... - lloraban. - Ed...

Se quedó dormido.

Tuvo muchos sueños extraños. A veces se veía en Forks en medio de la lluvia, estaba asustado buscando algo pero no sabía que era de pronto aparecía Isabella sonriéndole entre los árboles.

¿Dónde estoy?- preguntaba confundido.

En casa. - le contestaba ella sonriendo.

Confundido quería acercarse pero ella retrocedía con una sonrisa divertida.

No lo intentes Masen, nunca me atraparas. - se reía de él mientras empezaba a correr lejos de él.

Nervioso empezaba a perseguirla pero cuando llegaban al borde del acantilado ella le sonreía y se detenía.

Nos vemos abajo. - luego de eso saltaba al vacío.

Ese sueño se repitió tantas veces que ya no sabía cual era la realidad. Abrió un par de veces sus ojos pero sólo veía desconocidos para luego quedarse dormido de nuevo y soñar de nuevo lo mismo.

La quinta o cuarta vez pudo abrir los ojos más tiempo pero todo estaba oscuro en la habitación así que no tenía idea de donde estaba. Tenía un collarín así que tampoco podía girar su cabeza para observar su entorno. Aún cansado trató de mantenerse despierto todo el tiempo que le fue posible pero no perdió la batalla unos minutos después en la soledad de su habitación.

- Edward. - sacudieron su hombro suavemente despertándolo. - Eso es amigo. Estabas soñando, tenía que despertarte.

Cuando abrió los ojos agradeció ver a su amigo junto a él. James le dedicaba una sonrisa pero se veía un poco cansado.

- No debes hablar así que no te esfuerces. - lo detuvo cuando quiso preguntarle donde estaba. - Déjame llamar a la enfermera, ya regreso.

Observó a su amigo irse y se sintió igual de desolado como se sintió cuando despertó solo en la madrugada.

Trato de recordar mejor que le había pasado pero sus pensamientos no podían ordenarse.

- Déjame entrar. - escuchaba una voz detras de la puerta. - Quítate de mi camino.

- No. Tú no tienes nada que hacer aquí. Lárgate.

- Por supuesto que tengo que estar aquí. Aquí quién sobra eres tú.

Sus voces chillonas a través de la puerta le parecieron tan irritantes que el dolor de cabeza que parecía permanente empezó a empeorar por lo que soltó un gemido de dolor.

Una enfermera apareció casi al mismo tiempo junto a un James agotado y nervioso.

- Nos alegra que esté despierto señor Masen. - le aseguró la mujer de mediana edad con una sonrisa, reviso sus signis vitales y cada una de sus heridas. - El doctor Whitehouse vendrá en unos minutos a evaluarlo.

La mujer se retiró dejándolo con su amigo.

- Hombre, hemos estado muy preocupados por ti. - le contó James. - Llevas dormido casi una semana. Sufriste un accidente y te golpeaste la cabeza, tienes un par de costillas rotas y una pierna fracturada. Tu cabeza era nuestra mayor preocupación. - suspiró cansado. - Fue un accidente horrible Ed. El tipo que estaba junto a ti quedo destrozado, la carrocería lo partió en dos. Los otros pasajeros terminaron igual que tú pero ya han despertado y estan recuperándose. Dios Ed. No tienes idea de la suerte que tienes. Quedaste de alguna manera debajo de unos asientos que te protegieron de ser partido en dos. Sólo de ver el autobús entenderías de lo que salvaste.

Escuchó a su amigo sintiéndose culpable por la clara preocupación que le había causado.

Movió su mano llamando su atención. James sonrió al verlo.

- Pero eso ya pasó y estás aquí. - concluyó su amigo.

Un hombre entró minutos después para analizarlo. Exámenes visuales y de reflejos empezaron. Nervioso observó sus piernas, pero al recibir pequeños golpes existieron reacciones así que se sintió más tranquilo.

- Todo indica que se encuentra recuperándose satisfactoriamente. - comentó escribiendo en su carpeta. - Necesitaremos cambiar algunos medicamentos.

Comenzó a hablar con la enfermera para después salir prometiendo volver.

- Esas son buenas noticias. - suspiró su amigo. - Pronto volverás al departamento.

Sus ojos comenzaron a pesar.

- Bueno. Estas cansado. No hay problema, duerme. De todas maneras tengo que hacer muchas llamadas. - suspiró.

Se quedó dormido otra vez pero no soñó con Forks, lluvia y Bella. Esta vez soñó que estaba en California tomando sol junto a Rosalie y Ryan.

Es un cangrejo. - le explicaba Rose al infante que vigilaba a un cangrejo alejarse de él para ocultarse en un hueco. - Edward, cuida de él. Necesito ir al auto.

Claro. - no se negó y se empezó a acercar al pequeño.

El niño sonreía divertido mientras corría detrás del cangrejo hasta que este se perdía. De pronto un cangrejo más grande apareció, tan grande que el niño era sólo dos veces su tamaño. Nervioso Edward trató de agarrar al niño que empezó a perseguir al cangrejo, cuando este se metió al agujero también lo hizo Ryan perdiéndose en el vacío.

- Ed... - una caricia en su rostro lo alteró. - Despierta. Por favor, despierta.

De nuevo mareado observó su entorno pero quiso moverse porque tenía que buscar a Ryan.

- Ryan. - gimió con la boca seca.

- Tranquilo. - la voz otra vez. Algo más consciente se detuvo.

No estaba en California ni en la playa. Estaba en un hospital porque había tenido un accidente.

- ¿Quieres un poco de agua? - le susurró la voz.

Fue ahí cuando la reconoció.

Bree estaba junto a él. Su amiga lo ayudó a beber con cuidado para luego acariciar su rostro.

- Me diste un gran susto. - suspiró la muchacha. - Al menos has despertado cuando he estado aquí. Le dije a James que estabas esperándome. - le sonrió divertida. - No me equivoque.

Edward la observó mientras pasaba un paño húmedo por su rostro.

- Tienes unas cuantas heridas pero yo estoy capacitada para curarte. - le sonrió animada. - Tienes suerte de tenerme Masen.

Edward sabia que era cierto.

- Es por eso que... - empezó ella. - Puedes venir conmigo a Manchester, ya sabes, apenas te den de alta. No puedes tener una buena rehabilitación en el sofá de James, y yo tengo una habitación extra. Además de un departamento lleno de médicos casi las veinticuatro horas del día.

Edward sabia que tenía razón pero sentía que estaba abusando de ella.

- Hey no pongas esa cara de tortura. No haré experimentos contigo. Al menos no muchos. - concluyó peinando sus cabellos con suavidad. - Piénsalo, de todas maneras James ni nadie puede decidir que es mejor para ti, ¿cierto? Sólo tú. Piénsalo.

Edward hizo un sonido con la boca que sonó como una afirmación.

James entró de pronto.

- Bree. - carraspeó. - Tienes que salir.

Edward sostuvo su mano. No quería quedarse solo en ese lugar desconocido.

- Creo que él no quiere. - afirmó levantando su mano para que el rubio viera que la sostenía.

- Bree... sabes bien...

- Edward decide. Él quiere que me quede. Sólo puede haber una persona aquí y seré yo porque así él lo quiere.

- Bree... - James parecía molesto y eso sorprendió a Edward. ¿James quería tiempo a solas con él?

- Tienes que salir. - la voz autoritaria que siguió lo sorprendió tanto que terminó girando la cabeza por lo que no pudo evitar soltar un gemido de dolor.

- ¡Edward! - Bree gritó angustiada para luego revisarlo clínicamente.

Por otro lado James dejó de bloquear la entrada y pudo ver parcialmente a la culpable de su dolor de cuello.

Bella estaba ahí acercándose a él con una mirada preocupada y asustada. Estaba bastante abrigada y traía un sobre la mano. Se sintió extraño al verla. Estaba distinta. No se parecía a la mujer triste que vio meses atrás. Parecía tener mucho mejor semblante ya que las ojeras habían desaparecido además de que podría decir que sus cachetes estaban algo más llenos.

- ¿Bella? - susurró con voz ronca y seca.

- Hola. - ella susurró acercándose con los ojos llenos de lágrimas. - Si, estoy aquí.

Ella se acercó y tomó su mano libre, ganando una mirada de ira de parte de Bree. La castaña la ignoró totalmente mientras le dedicaba una sonrisa y un pequeño apretón a su mano.

- Bree. - la llamó James. - Vamos. Ellos tienen que hablar y lo sabes, no me obligues a entrar por ti.

Edward giro a verla y le dedicó una pequeña sonrisa para despedirse temporalmente pero ella sólo miraba llena de ira a Bella que en esos momentos lo tomaba de la mano.

- Volveré en una hora. - le prometió pero sin dejar de ver a Bella.

James, desde la puerta, le dedicó una sonrisa de disculpa antes de cerrarla dejándolos solos.

Fue ahí cuando Bella empezó a llorar con fuerza. Tuvo que contener un gemido de dolor cuando ella se apoyo en su pecho para empezar a sollozar incontroladamente.

- No vuelvas a hacerme esto. - su llanto no la dejaba hablar. - Tuve el peor susto de mi vida. Cuando tu madre me llamó... sentí que iba a morirme. Yo estaba... Dios... no tienes idea de lo mal que me sentí.

Edward la escuchaba con cuidado, tratando de absorber todas sus palabras pero aún así era difícil ya que su cabeza aún le dolía bastante.

- Has estado aquí muchos días... tus padres han estado preocupados. Ellos ya saben que despertaste, hablé con tu madre ayer cuando James me lo dijo. Ella... me llamó cuando le avisaron de tu accidente y me pidió viniera porque ella no podía viajar, no le alcanzaba el dinero y tu padre... - lloró de nuevo. - Si ellos no me lo decían jamás me hubiera enterado.

Preocupado por su reacción apretó su mano indicándole con eso que la entendía, que no era necesario que siga llorando. Al sentirlo ella lloró aún más.

Agradecía tenerla ahí. Posiblemente no la hubiera vuelto a ver si no fuera así. Y Dios lo perdonara pero ese accidente había valido la pena porque la consecuencia fue tenerla junto a él, demostrándole que aún él le importaba. Ninguna medicina había aliviado tanto su dolor como saberse querido por Bella Swan una vez más.

Pasaron minutos antes que ella se tranquilizara lo suficiente para poder volver a hablar.

- He venido todos los días a verte, esperando que despiertes y poder hablar contigo. - le confesó. - Tus padres firmaron un permiso para que yo pueda tomar las decisiones por ti. No tienes idea del peso que pusieron en mi espalda pero lo acepté. Han sido días muy estresantes y aunque quise no pude quedarme a cuidarte durante las noches, estaba demasiado agotada y necesitaba descansar... yo... - susurró ella de pronto temblando mientras tomaba el sobre junto a ella.

Un toque en la puerta los hizo saltar. Un oficial de policía apareció saludándolos solemne.

- Señor Masen. Necesitamos su declaración sobre el accidente. - le indicó serio.

- Él no puede hablar. Esta muy débil, el médico dijo que debía evitarlo. - gruñó Isabella junto a él. - No va a declarar por ahora.

- ¿Usted es su esposa? - preguntó el hombre apuntando en una libreta que tenía en la mano.

- Yo tomo las decisiones respecto a su salud. No dejaré que declare cuando esta débil. - les indicó muy firme. - Vuelvan mañana o esperen a que el médico lo indique.

El hombre asintió frustrado antes de salir del lugar.

- A sido un gran accidente. - le comentó acariciando su frente para apartar algunos cabellos. - No suelen haber muchos de estas proporciones pero debo admitir que creció más cuando te saque del hospital donde te atendían para traerte aquí. Necesitaba que recibas la mejor atención y la prensa se enteró. No tardaron en correr los rumores. Fuiste famoso por unos días. Pero en mi entorno lo serás por más tiempo. - gruñó molesta. - Al parecer no es concebible que mi novio utilice el autobús. Mi madre esta enloqueciendo.

El recuerdo de Renne Swan le provocó un gran dolor de cabeza. Algunas imágenes previas a su accidente lo alteraron.

- ¿Qué pasa?. - susurró ella acercándose preocupada. - ¿Te duele algo?

- Cabeza. - susurró con voz seca.

- Llamaré a una enfermera.

- No. - gruñó apretándole más la mano. - Quédate.

Bella le dedicó una pequeña sonrisa antes de asentir.

Estaba hermosa. ¿Sus ojos brillaban? Él creía que si. Sus manos seguían siendo suaves y pequeñas así que no se cansaría de tenerlas atrapadas entre las suyas. Y su sonrisa no era como la recordaba, a esta parecía que no le faltaba alegría.

- Me asuste mucho. - ella le confesó acercándose de nuevo. Entrelazó sus manos con un suspiro. - No dejare que vuelvas a usar el autobús.

Él rió ligeramente y luego ocultó lo mucho que le dolió ese acto.

- James mencionó que viven juntos. - susurró ella levantando su mano para juguetear con sus dedos. - Creía que estabas en Los Ángeles todos estos meses.

- Lo siento. - susurró.

- Hey no. - ella parecía confundida. - No tienes que disculparte. Yo no podía obligarte a ir a Los Ángeles, cuando compre el boleto creía que era tu mejor opción.

Y lo era. Pero por alguna razón no fue capaz de regresar a su antigua vida. Ya no quería volver porque le gustaba la actual.

- ¿Quieres agua o te acomodo la almohada? - le preguntó. Edward sonrió, Bella siempre había sido una excelente enfermera.

Lo que realmente quería era besarla pero no era el momento ni el lugar. Además su aliento debía ser asqueroso y sus labios estaba rajados. Por otro lado, la idea quizás no iba a ser bien recibida.

Suspiró compungido. Meses antes hubiera abusado de sus besos sin ninguna objeción. Lástima que no aprovechó su posición privilegiada en su momento.

- James también me dijo que conseguiste un trabajo en una concesionaria. - comentó emocionada.

- Si. - admitió distraído por las caricias que recibía. El resto de su cuerpo tenía envidia de esa mano.

- Eso quiere decir que te quedarás en Londres. - completo ella. - Podré verte mientras te recuperas. Si eso quieres, claro. - carraspeó incómoda.

- Si. - casi gimió él. El collarín lo incomodaba. - Quiero.

Ella se apoyó en su codo para verlo mejor.

- ¿Estas seguro que eso quieres? - preguntó mordiéndose el labio. Claramente incrédula.

- Si. - repitió sin dudarlo.

Bella llevó su mirada a sus manos entrelazadas. Suspiró y empezó a soltarse, Edward protestó pero ella sólo le dedicó una sonrisa.

-No quería decírtelo de esta manera y menos en estas circunstancias. - admitió nerviosa. El sobre que había estado queriendo abrir antes ahora estaba sobre su vientre, ella lo tomó de ahí muy nerviosa.

Curioso observó cómo abría el sobre con cuidado. Pronto imágenes en blanco y negro aparecieron en sus manos.

- Son de hace poco más de dos semanas. Yo... yo no lo sabía. - admitió llorosa de nuevo. - No podía creerlo cuando me lo dijeron. Había estado desmayándome constantemente y lo atribuía al estrés pero María me obligó a ir al médico. Ahí lo supe. - susurró mirándolo de tal forma que todo su cuerpo quiso estremecerse. - Estoy embarazada de veintisiete semanas. Tú... vas a ser papá.

Edward miró las imágenes sin poder creer lo que decía. Las manchas blancas ya tenían una silueta definida, claramente un bebé aparecía ahí en diferentes poses. Pero no entendía como era posible. Habían pasado meses desde la última vez que estuvieron juntos y ella nunca dijo nada, nunca lo buscó. Llevó su mirada hacía su vientre pero no veía ningún indicio ya que usaba ese gran abrigo. Dudoso subió su mirada de su vientre a su rostro.

- Yo... - susurró dolida. - Yo... no tomé la píldora. Yo fui la única culpable, tenía la intención de hacerlo pero esos días estaba tan desolada que no pensaba con claridad. Pasaron las semanas y jamás volvió a pasar por mi cabeza, evadía pensar en ti por eso creo que no recordé nada. Perdóname... yo no quise decirte nada porqué tenía miedo a tu reacción después de todo lo que hemos vivido. Iba a hacerlo pero no tenía claro cuando, yo no quería que te sintieras atrapado. Es por eso que quiero que sepas que asumo toda la responsabilidad, tú intentaste evitar su llegada siendo responsable y consiguiendo la píldora. No es justo que te veas obligado a hacerte cargo cuando fue mi culpa.

Edward no podía creer lo que veía. Las máquinas pitaban indicando su aumento de su presión sanguínea debido a lo alterado que estaba su corazón en esos momentos. Una enfermera entró en ese momento a revisarlo pero al ver las ecografías que tenía Bella en sus manos sonrió cálidamente.

- Oh comprendo su agitación. Felicidades. - sonrió la mujer mientras revisaba su medicación. Salió minutos después.

Bella se había quedado en silencio controlando sus lágrimas y no se atrevía a mirarlo.

Edward quería decirle tantas cosas pero su condición se lo impedía así que lo único que se le ocurrió fue levantar su mano hasta la altura de su vientre donde palpó buscando la protuberancia donde crecía su hijo.

Bella al sentirlo empezó a llorar más fuerte.

- Soy tan tonta. - le contó mientras se abría el abrigo para que pudiera tocarla mejor. - He subido de peso últimamente pero no lo atribuía a que estaba embarazada. - su mano pudo tocar el vientre claramente redondeado sólo cubierto por una blusa celeste de gasa. - Yo he sido irregular desde mi primer embarazo, no se que sucedió para que mis hormonas quedaran desajustadas. Es por eso que siempre creí que había quedado estéril luego de mi... aborto... yo estaba tan segura de eso. Al parecer estuve equivocada. Tarde en detectar mi embarazo por esa razón pero si me hubiera visto más seguido al espejo hubiera notado el cambio antes. Nunca he sido fanatica de mi cuerpo, ahora veo las consecuencias de no querer verlo. - rió amargamente colocando su mano sobre la suya, ambas sobre su vientre.

Edward sintió un pequeño revoloteo bajo su mano, casi imperceptible y creyó que su mente estaba jugando con él.

- Es pequeño aún. - continuó ella mostrándole la ecografía. - Mide unos treinta centímetros. Tengo una grabación de sus latidos, cuando salgas de aquí haré que la escuches. - le prometió pero luego dudó. - Si eso quieres.

- Si... - contestó con voz ronca. Bella lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

Tocaron suavemente la puerta. Su amigo apareció luciendo avergonzado por interrumpir el momento íntimo.

- Bella. - llamó James desde la puerta. - Tu chófer ya está aquí.

La castaña torció el gesto al oírlo.

- Ya voy, gracias James.

El rubio asintió con una sonrisa apenada antes de salir.

Edward estaba disconforme con ella yéndose.

- Tengo que descansar. - le aseguró cuando él frunció la frente. - No puedo quedarme. Mi médico fue muy enfático al decirme que debo respetar mis horarios de sueño.

Comprendió que era por el bebé así que no puso objeciones.

- Te veo mañana. - susurró acercándose para dejar un suave beso en su frente.

Edward no pudo evitar soltar una pequeña sonrisa, sintiendo como un peso había sido sacado de su cuerpo con ese ligero gesto.

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Uy! Espero sus llantos. Reencuentro! Y de que manera! Quienes se lo esperaban?

Espero sus comentarios.

Nos leemos pronto.