Se encontraba nervioso mientras subía cada piso. Aferrado a sus muletas espero los segundos que lo separaban del acontecimiento que llevaba un par de semanas quitándole el sueño; era cumpleaños de Bella.
James se rió de él cuando le contó que lo había invitado a una cena con su familia para celebrar su cumpleaños y en ese momento estaba sufriendo una crisis ya que no sabía que ropa utilizar. Su amigo que ya había sido mejor entrenado en vestimenta y etiqueta lo ayudo a prepararse para ese día. Aprovecho su paga para ir al centro comercial y buscó el atuendo ideal. Estaba muy avergonzado al no tener mucha ropa pero tampoco tenía mucho espacio donde guardarla en el departamento de James. Ya era hora de conseguir un lugar propio. Un lugar como Bella no había tardado en conseguir.
Nervioso tocó la puerta con sus nudillos ya que no encontró un timbre visible.
- Hola. - lo saludó ella sonriente.
- Hola. Feliz cumpleaños. - le devolvió la sonrisa mientras le entregaba una rosa que llevaba en la mano.
Bella sonrió aún más al tomarla.
- Gracias. - la olfateó. - Pasa.
El departamento nuevo de Bella era increíble; espacioso, luminoso y con una increíble vista. Podía imaginar a su hija corriendo en esa sala e incluso Bella le había comentado que era un edificio donde permitían mascotas así que agregar un cachorro a la imagen fue sencillo.
- ¿Qué te parece? - le preguntó ella sacándolo de sus fantasías.
- Es bonito. - admitió sinceramente. - Me gusta. Estoy seguro que a la bebé le gustará también.
Bella sonrió ampliamente al escucharlo.
- La primera vez que vine ella no dejaba de moverse y lo tomé como una señal. Me gusta pensar que lo escogimos juntas.
Edward le sonrió enternecido.
El timbre de su teléfono sonó provocando que ambos saltaran. Rieron suavemente mientras Bella lo sacaba y veía quién era.
- Es de la oficina. Contestaré, ya regreso.
Cuando ella le dijo que haría una pequeña cena por su cumpleaños imaginó que irían a algún restaurante elegante pero en realidad los planes de Bella eran mucho más simples al hacerla en su nuevo departamento.
Nervioso palpó el regalo que tenía en su bolsillo esperando por ser entregado. Era una pulsera delicada que tenía un dije que contaba con dos pequeñas piedras rosadas encerradas en un corazón. No era gran cosa pero según la vendedora de la joyería era un excelente regalo para una futura mamá. Gasto bastante en ella. No lo admitiría ni a él mismo pero se sentía aliviado de poder haber logrado comprarla en cuotas.
Acomodó su cabello en el reflejo de la ventana sintiéndose insatisfecho con el resultado.
- Lo siento. Hoy tomé el día libre por mi cumpleaños pero aún así siguen llamando. - se disculpó ella acercándose. Estaba hermosa con un vestido de maternidad color marfil.
- Te ves hermosa. - admitió sonriéndole.
- Gracias. - ella se sonrojó profusamente.
Se quedaron un minuto en silencio ya que nada parecía correcto en ese momento.
- Siéntate. - le pidió de pronto. - No deberías permanecer tanto tiempo de pie con ese yeso.
- Gracias. - se sentó en el sofá de cuero rojo y le entregó sus muletas. - ¿Quién más esta invitado?
- Bueno mi hermano y su familia, un par de amigos y bueno James, ¿dónde está?
- Vendrá apenas salga del trabajo. Tuvo que presentarse en la corte hoy.
Bella asintió mordiéndose el labio.
- Tengo algo para ti. - nervioso sacó la cajita de su bolsillo. - Feliz cumpleaños. Espero que te guste.
Bella sonrió.
- No tenías que molestarte. - tomó el regalo viéndose muy emocionada.
Ella abrió la envoltura con cuidado hasta revelar el contenido. Tomó la pulsera y examinó el delicado dije que colgaba.
- Sé que no es gran co...
- Me encanta. - admitió ella abrazándolo. - En serio me encanta. - susurró en su oído.
Edward sonrió satisfecho y la apretó a su pecho no queriendo dejarla ir.
El abrazo duró más de lo que estaba socialmente aceptado pero cuando se alejaron se concentraron en la pulsera y en como colocársela. Edward se acercó un poco más fingiendo que era para ver mejor como le quedaba la pulsera.
Edward había sido el primer invitado en llegar así que gozaron de un pequeño momento de privacidad hasta que el timbre sonó.
Los hijos de Jasper eran pequeños huracanes llenos de energía y alegría. Llevaron dibujos hechos por ellos que llenaron de purpurina indiscriminadamente. Por primera vez les prestó real atención. Caroline imitaba bailar ballet en cada corta caminata que hacía y era abiertamente interrumpida por su hermano que le exigía atender a sus preguntas y juegos. Caroline tenía una larga cabellera dorada amarrada en trenzas. Mientras Nathan tenía el cabello marrón oscuro de su madre y estaba perfectamente peinado como su padre. Ambos tenían rasgos heredados de sus padres pero mientras Nathan lucía y actuaba como su padre era mucho más parecido a su madre mientras Caroline era todo lo contrario. Se preguntó si su hija luciría como él pero tendría el temperamento de Bella o al revés. Los niños demostraron tener curiosidad por él también y no dudaron en hacerle preguntas sobre dónde vivía, dónde había estado esos meses y si viviría con su tía Bella. Había logrado sortearlas con ayuda de María y Bella.
- Espero que mis hijos no te asustaran. Ellos suelen ponerse hiperactivos cuando comen dulces y Bella los llena de ellos si así se lo piden. - le contó Jasper ofreciéndole un vaso de whisky.
Aceptó el vaso con un asentimiento educado.
- ¿Cómo has estado estos meses? Bella mencionó que trabajas en una concesionaria.
- Así es. Soy asistente de facturación por el momento. - admitió bebiendo un trago que su garganta agradeció. Llevaba demasiado tiempo sin beber alcohol. Se prometió que sería el único vaso.
- No teníamos idea que seguías en Londres. Lamento lo que hizo mi madre. No debió amenazarte ni amenazar el acuerdo que tenemos con John Lafferti.
- Eso ya es cosa del pasado. - contestó tranquilamente.
- Me alegro. - admitió Jasper con lo que parecía un gesto sincero al ofrecerle la mano.
Edward la aceptó y la estrecho.
Los siguientes invitados en llegar fueron James y Claire, una amiga de la universidad de Bella, hasta ese momento todo era genial e incluso divertido. Todo cambio cuando Dimitri llego con inmenso ramo de rosas para joder su humor. El cabrón la abrazo con tanta naturalidad que James le palmeó el hombro en señal de apoyo.
- Quita esa cara o tus exsobrinos te preguntarán si comiste algún limón. - aconsejó James.
Relajó el rostro y se concentró en la ecografía enmarcada que Bella tenía en la pared. Habían ido juntos a tomar esa y había sido una bella experiencia escuchar el corazón de su bebé latiendo acelerado. Lo había prometido. Sería amigo de Bella.
- Edward él es Dimitri. Dimitri él es Edward. - Los presentó Bella con una sonrisa nerviosa.
- Mucho gusto. - le ofreció su mano cortésmente y Dimitri la aceptó con una sonrisa perfecta.
- Él gusto es mío. Bella ha hablado mucho de ti.
Edward sólo le sonrió educadamente y lo soltó.
James entró al rescate y también saludo.
El ambiente se había enturbiado así que decidió que era buen momento para terminar ese vaso que Jasper le había entregado.
Podía sentir la mirada de Bella en él cada cierto tiempo pero imaginaba que era porque no quería una reacción violenta hacia Dimitri, la última vez que él estuvo involucrado las cosas no terminaron bien. Cuando se sentaron a la mesa tuvo claro lo poco importante de su presencia en el lugar ya que Dimitri se había sentado junto a ella con su hermano al otro costado. No era como si hubiera esperado sentarse junto a ella pero era malditamente cruel obligarlo a ver la escena. Estaba seguro que eso fue suficiente pero todo empeoró cuando antes de que empezaran a comer Dimitri le entregara una cajita pequeña, casi se ahoga de impresión ya que incluso creyó que iba a arrodillarse pero en realidad sólo se levantó para poder sacarlo de su pantalón.
- Esto es para ti. Feliz cumpleaños Bells. - le entregó la cajita y podía ver a Claire y a María ver con ansiedad la cajita.
- Es hermoso. Muchas gracias Dimitri. - ella admitió tomando un collar de la cajita.
María y Claire observaban fascinadas mientras Dimitri le colocaba la joya en el cuello. Era costosa. No se tenía que ser experto para saberlo y tampoco para sospechar que su pulsera no se comparaba con ese collar.
- Pareces una princesa, tía Bella. - comentó Nathan.
- Lo es. - le contestó Dimitri con naturalidad a lo que Caroline respondió lanzando una risita encantada. - También tengo un pequeño regalo para la bebé.
Sacó otra cajita de su otro bolsillo y se lo entregó a Bella.
Sorprendida la castaña abrió el regalo y se dió con la sorpresa de encontrar un pequeño collar a juego.
- Es bellísimo. - admitió acariciando la joya. - Gracias.
- Lo que sea por ustedes. - le respondió e hizo lo impensable al acariciar su vientre.
Si antes se sentía como la mierda en ese momento había tocado fondo. Cuando pensó que Bella jugando con él y mintiéndole fue lo más doloroso que sintió su corazón, estaba muy equivocado. Él había pagado y seguiría pagando un montón de dinero por la pulsera que decoraba tristemente su muñeca izquierda y no se le pasó por la cabeza comprar una en miniatura para su niña, peor aún nunca le había comprado nada. Estaba recibiendo su primer regalo y era de otro hombre, no de su padre. Se sintió decepcionado y bastante triste. Le habían arrebatado la posibilidad de ser el primero en darle un regalo.
Sonrojada Bella volvió a agradecer sonriéndole a Dimitri, parecía emocionada hasta que su mirada se encontró con la de Edward y cambio a una apagada.
Él alejó la mirada primero. No quería enturbiar su felicidad con... ¿su novio? Eso parecía y no podía decir nada después de todo ellos estuvieron juntos cinco meses atrás y tal vez para ella ni siquiera fue una relación real. Tal vez no podía siquiera decir que concibieron a su hija en medio de una demostración del amor. Tal vez Bella recordaba esa noche como la noche donde tuvo un ataque de ansiedad luego de descubrir que su... ¿compañero de habitación? Se había venido dentro de ella. ¡Dios! Ya no podía confiar ni en sus recuerdos. Su mente esta cada vez más paranoica luego de ver a Dimitri acariciando el vientre de Bella.
La cena siguió y la comida le supo amarga aunque pudo ver a más de uno disfrutarla. No volvió a mirar hacia el sitio de Bella porque no le apetecía ver la imagen de la pareja estelar. En realidad sólo quería irse. No creyó que esa noche sería una donde vería la verdadera vida de Bella, no el chiste de vida que le ofreció en Forks, una vida donde el postre era una tarta de alguna fruta exótica y la cena un pollo con un nombre impronunciable. Eso era lo que le gustaba y lo que rodearía a su hija cuando naciera. De pronto se preocupó, cuando ella naciera tendría necesidades y su madre las cubriría sin molestia alguna. Tal vez por eso no lo buscó cuando supo de su embarazo, después de todo no era necesario. Bella podía proveerle perfectamente una educación, alimentación y vivienda sin ningún tipo de intervención de su parte. Edward no era necesario en esta ecuación y si alguien le decía que olvidaba que sería una imagen masculina para la niña podría contestar que tenía la respuesta ante sus ojos. Dimitri era encantador con los niños por lo que había visto y no dudaba que lo sería con su hija. Bella había escogido bien.
- ¿A la bebé le gusta esta tarta? - preguntó Caroline con inocencia.
- Si. - le aseguró Bella. - Cualquier tarta le gusta. Parece que sólo quiere comer tartas todo el tiempo.
Edward no sabía que tuviera antojos. Habían hablado sólo de la bebé en las esporádicas llamadas y mensajes que compartían pero nunca lo mencionó.
- Es verdad. - rió Dimitri.
No levantó la mirada porque sentía miradas acuchillarlo con su insistencia. Luego de ese comentario hubo un silencio atroz que provocó que perdiera el apetito por completo.
- Vamos a la sala a conversar y beber un poco. - pidió Bella cuando todos terminaron.
James junto a él le palmeó el hombro para que se levantara. Con lentitud se acercó a los muebles usando las muletas que parecían ser muy entretenidas para Nathan.
- ¿Estas bien? - le preguntó su amigo tomando sus muletas cuando logró sentarse.
- Si - le aseguró.
- Podemos irnos en unos minutos. Puedo decir que debo manejar y beber no es buena idea.
- Me parece buena idea. - aceptó.
- ¿Quieres irte tío Edward?
- Tengo que trabajar mañana. - le contó siendo sincero.
- Yo también tengo que ir a la escuela. - gruñó.
- Por eso no más dulces para ti.
María le quito el chocolate que había extraído de la mesa de centro.
- Mami...
- Sin berrinches. - le advirtió.
María le sonrió sentándose junto a él.
- Me alegra que vinieras. Bella no suele celebrar su cumpleaños y sé que esta feliz de tenerte aquí.
Quiso refutar ya que no le había prestado la más mínima atención desde que los invitados habían aparecido pero le sonrió cortes.
- Me alegra que me invitara.
- La última vez que nos vimos no pudimos hablar mucho. - comentó ella. - Quiero que sepas que entiendo lo abrumador que parece el poder de esta familia pero sólo son Jasper y Bella al final del día. Ahora tu bebé será parte de esta familia y tú también.
¿Él parte de la familia? ¿Era por eso que lo invitó esa noche? ¿Embarazar a Bella lo convertía en parte de la familia? Él pensaba que no. Él siempre seria un Masen.
- ¿Bebes un poco de whisky? - Dimitri le propuso acercándose con un vaso.
Levantó la mirada encontrándose con la mirada y pose segura del hombre. Negó suavemente.
- Ya bebí suficiente por hoy. Gracias.
- Edward ya no bebe. - James le explicó. - Esta intentado dejarlo.
- Lo siento. Vi que bebía antes y...
- Sólo fue un vaso. Ya no beberé más.
Dimitri asintió bebiendo el vaso que ofrecía.
Incómodo pudo ver la intención de Dimitri, seguramente Bella le había comentado sus problemas con el alcohol y ahora buscaba humillarlo exponiendo su debilidad. Eran conjeturas propias pero no podía evitar hacerlas.
Bella se acercó a ellos bebiendo lo que parecía zumo de naranja. Edward no aguantaba verla mucho tiempo así que concentró su mirada en la perfecta alfombra.
- ¿Te sientes bien, querida? - Dimitri preguntó. Edward no vio sus expresiones ya que estaba concentrado en la alfombra pero hubo unos segundos de silencio.
- Estoy bien. - Bella respondió suavemente.
- Siéntate aquí. - James se apuró en cederle el asiento. - Yo iré al balcón, tienes una excelente vista.
- Gracias. - ella le respondió sentándose junto a Edward.
- ¿Te gusto la cena? - Bella lo sorprendió con su pregunta inmediata.
- Si, estuvo deliciosa. - la comida si había estado bien pero no pudo disfrutarla.
- Yo también la disfrute pero en realidad hubiera preferido comer los ravioles rellenos que comíamos en Forks, ¿recuerdas?
- Si, claro. - aceptó recordando su tiempo en Forks y los días que iba a buscarla en su hora de almuerzo. - No sabía que te gustaban tanto.
- Me encantaban. - le aseguró con una sonrisa. - También extraño la tarta de fresas que hacía tu madre.
Edward levantó las cejas sorprendido por sus declaraciones. Parecía añorar Forks.
- Se lo diré. Cuando venga estoy seguro que te hará alguna.
Giró a verla y ella le respondió con una sonrisa.
- Eso me hará muy feliz. Hoy hablé con ella y tu padre. Desearía que estuvieran aquí, les propuse pagar sus boletos pero tu padre tiene que trabajar... - le contó decepcionada.
- Lo siento. - susurró suavemente. - Estoy seguro que ellos desearían estar aquí. Sabes que te adoran.
Bella le sonrió de nuevo. Eso de las constantes sonrisas era algo nuevo y también era algo bueno. Esperaba que fuera el efecto del bebé en ella así podía sentirse involucrado en el cambio.
- Dame tu mano. - ella le ordenó tirando de su brazo.
Sorprendido cedió ya que la llevó a su vientre.
- Oh. - exclamó al sentir los leves movimientos.
- Ha estado inquieta. No le has prestado atención en toda la noche y creo que la pusiste nerviosa. - le contó suavemente.
- ¿Qué? ¿No lo hice?
- No. No has tocado mi vientre desde que llegaste. - le contestó y su mirada se veía bastante triste. - Lamento que no puedas sentirte cómodo entre nosotros. - susurró apenada. - Pero seguiremos viéndonos durante muchos años y quiero que seas parte de nuestras reuniones y celebraciones. Nuestra hija crecerá aquí en medio de ellas y quiero que tú también lo estés, junto a ella.
¿Era por eso que fue invitado? Ese día no hacía más que empeorar. Se pasó la mano por sus cabellos despeinando su maldito cabello que había tomado mucho tiempo donar. Ella no lo invitó porque deseara que celebrara su cumpleaños junto a ella sino porque quería que se acoplara desde ahora a su mundo.
- Soy tan patetico. - susurró bajo su aliento.
- ¿Perdón? - preguntó Bella confundida.
- Esta bien. Comprendo. - aceptó asintiendo.
- ¿Si? - ella parecía dudosa.
- Si. - asintió ya descorazonado.
- No sé porque siento que me estoy perdiendo de algo. - suspiró ansiosa. - ¿Estas bien?
- Claro que si pero mis costillas han estado molestándome, creo ya no debo seguir sentado. Además me hace falta un poco de aire.
- Puedo llevarte al balcón con James. - se apuró en proponer levantándose para tomar sus muletas.
Incómodo por las miradas de la mayoría se dejó ayudar pero cuando estaban a punto de llegar al balcón llego Dimitri y detuvo a Bella.
- No salgas con este frío. Es mejor que entres. - le advirtió suavemente colocando una mano en su espalda baja y otra en su vientre. Mierda como dolía.
- Pero sólo estoy ay...
- No te preocupes, Bella. Tiene razón. No debes enfriarte.
Bella lo observó fijamente y casi podía sentir su frustración.
- Bien. - retrocedió alejándose de él para irse con Dimitri.
James estaba fumando un cigarro electrónico para evitar enturbiar el ambiente, Edward se lo había exigido.
- ¿Estas bien? - su amigo pregunto.
- ¿Por qué todos me preguntan eso? ¿Parezco enfermo?
- La verdad si. No tienes buen aspecto. ¿Pero quién lo tendría en tu situación?
- Yo no estoy en ninguna situación.
- ¿Estamos en alguna etapa? ¿Esta es la negación?
- ¿Negación? - se burló. - Yo no niego nada. Bella puede rehacer su vida cuando quiera.
- Bueno ese momento ya llegó. Creo que tú eres el debería considerarlo esta vez. Ella parece feliz con el francés. Tú también mereces ser feliz.
Bella en esos momentos reía mientras Dimitri le susurraba algo al oído pero el brillo de su mirada se esfumó cuando cruzaron miradas. Él sólo estaba empañando esa clara felicidad.
- Mierda. Creo que se acabó. - suspiró mirándola. - Ya no hay más que hacer. Ahora entiendo porque se negó a volver conmigo cuando se lo pedí en el hospital. Yo creía que por darle una familia a nuestra hija cedería pero se negó. No entendía el porqué hasta que he visto las joyas y la cena elegante de esta noche. ¿Por qué volvería conmigo si tiene esto y más? ¿Y yo qué le puedo ofrecer a mi hija?
- Hey ni se te ocurra decir que eres poca cosa Masen. Puedes lograr lo que te dé la gana en la vida. Eres joven y brillante. Tu hija estará orgullosa de ti.
- Gracias por tus palabras amigo pero seamos realistas. Posiblemente Bella ni siquiera me deje tenerla los fines de semana porque no tendré un lugar que cumpla con la mitad de beneficios que tiene este lugar. ¡Sólo mira este departamento! Yo no puedo pagarme ni un puto apartamento solo.
- Ed...
- No. Olvídalo. Regresemos al departamento. - suspiró asqueado. - No quiero estar un minuto más aquí.
James lo acompañó mientras se despedían de todos los invitados hasta llegar a Bella.
- ¿Estas bien James? ¿No prefieres que pida un taxi para ustedes?
- No te preocupes. Sólo bebí una copa de vino y un vaso de whisky. Puedo manejar.
- Bien. - aceptó aún con el rostro preocupado. - ¿Me llamarán cuando lleguen?
- Claro. - James le respondió tranquilo.
- ¿Edward? - Lo llamó. - ¿Puedes venir el fin de semana? Quiero ver la decoración de la habitación de la bebé y quiero tu opinión. - se estaba mordiendo el labio con inquietud mientras esperaba su respuesta.
- Bella yo no tengo buen gusto. - se disculpó pero el rostro decaído de ella lo hizo dudar su respuesta. - Creo que...
- Yo te ayudaré. - intervino Dimitri que estaba a dos pasos de ella. - Nada me gustaría más.
Edward cerró dos segundos los ojos intentando tranquilizarse. Con muletas no se podía matar a nadie.
- Bueno, creo que mi opinión ya no es necesaria. Gracias por la cena Bella. Espero que sigas pasando un feliz cumpleaños. - Apenas dijo eso se arrepintió. Tenía claro que ella tendría una excelente noche. Las náuseas lo invadieron al imaginar a Dimitri acostándose con Bella mientras estaba embarazada de su bebé. Nada lo preparó para un pensamiento tan horrible.
Esquivó a Bella y empezó a maniobrar sus muletas para llegar a la puerta con James junto a él.
Si Bella creía que invitándolo a ese tipo de celebraciones iba a lograr que se integre a su mundo estaba equivocada. Nunca antes se había sentido más incómodo y desesperado por salir de ese mundo que ese día.
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Actualización!!! Estuvo súper fuerte lo sé. Necesito sus opiniones!
