Necesitaba tomar una cerveza o fumar un cigarro. Debía sacarse esa ansiedad de encima.

- Es sólo un reporte. - insistió dándose ánimos. - Un reporte.

Lo jodido es que no era cualquier reporte. Estaba a punto de joder a su jefe directo al demostrar que había calculado mal el margen de ganancia que tendrían con la venta de los autos que estaban promocionando en ese momento. Al principio pensó que no era la mejor forma de demostrar que estaba poniendo todo de sí para quedarse con el puesto pero las fallas eran muy evidentes y alguien debía reportarlo. Pensó en hacerlo al supervisor general pero no quería ganarse un enemigo tan pronto y menos cuando este era su jefe.

- Pasa Masen. - su jefe lo llamó.

Era el momento.

Se había visto obligado a adaptarse a su nuevo puesto de trabajo y aunque la paga no era igual de buena, le gustaba más que vender autos. Se la pasaba entretenido entre los números y facturas pendientes. Por otro lado, debía admitir que quería un mejor ingreso para su bolsillo. Su hija estaba a pocos meses de nacer y quería un mejor empleo que le permitiera darle una buena vida. Por eso estaba intentando hacerse notar y que dejara de ser un asistente de facturación a ser asistente de finanzas, sabía que ese puesto era mejor remunerado.

Lo hacía porque no podía seguir viviendo en un sofá y pagando a medias los servicios que utilizaba. Su hija necesitaba y merecía más que el hombre que había sido hasta ese momento.

Luego de exponer lo que descubrió esperó con el rostro serio la reacción del hombre frente a él.

- Masen... tú no has ido a la universidad, ¿verdad?

- No. No tuve oportunidad.

- Pero estudiaste aquí, leí algo sobre un internado.

- Si. En mi adolescencia. - admitió sin mostrar expresión.

- Mi hijo posiblemente ingrese. Parece un buen lugar.

Edward se mantuvo en silencio.

- ¿Tienes hijos, Masen?

- Tendré una hija dentro de poco. - admitió. No tenía idea de porqué ese hombre le hacía esas preguntas.

- No vi en tu ficha de empleado que fueras casado.

- No lo soy. - admitió.

- Ah. Es difícil ser padre soltero. - comentó el hombre tomando un cuadernillo de su escritorio.

Edward siguió observando su comportamiento. No entendía a que quería llegar con sus comentarios.

- Seré sincero contigo, agradezco que vinieras a mí cuando descubriste los errores. Si Donald hubiera visto esto mi cabeza estaría rodando por su lujosa alfombra. - le agradeció. - Gracias a tu lealtad mi hijo podrá ingresar a ese famoso internado al que su madre quiere meterlo.

Edward asintió. No buscaba un reconocimiento a su lealtad así que no le importaron mucho sus palabras. Quería demostrar que era un empleado valioso.

- Sería bueno que te matricules en alguna universidad. Te apoyaré con los horarios y veremos la manera de que no se crucen con tus exámenes. Llevas en este puesto poco más de un mes y has logrado lo que Harry, mi anterior asistente, no logró. Tienes potencial Masen. Tu hija agradecerá que apuntes a más.

Edward asintió agradecido por el ofrecimiento.

- Gracias pero no pude pagarme la universidad y ahora no podré hacerlo si tengo un bebé que mantener. Aún así agradezco la oferta.

- Piénsalo. Existen préstamos universitarios y otras opciones. Por ahora necesito que me ayudes a solucionar el problema que cree.

Edward empezo a proponerle lo que había estado pensando. Luego de pasar algunos meses en el área de ventas sabía como podría llegar a una pequeña mitigación de daños.

Satisfecho con su día se apoyo en la pileta que había fuera del complejo de oficinas para dejar sus muletas a un lado. Había hecho un buen trabajo y había ganado un aliado. Era un pequeño paso pero pronto podría tener un mejor ingreso y eso le permitiría tener un lugar pronto. Ya no más sofás.

Con ese ánimo renovado se sacó un cigarro de su bolsillo y empezó a fumar. Sólo le quedaba esperar a James para regresar al departamento. También compraría un auto, ya había vendido el suyo en Forks, pero primero debía curarse y dejar de usar ese yeso.

Tal vez con un departamento y un auto si se atrevería a creer que podría parecer signo de alguien como Isabella Swan y de su hija, quizás sabiendo que él se ganó con su esfuerzo esas cosas ellas se sentirían orgullosas. Incluso tal vez verían que él podía ofrecerles lo mismo que el idiota de Dimitri. Él debía tener el mismo poder adquisitivo que Bella así que era fácil imaginarlo usando un auto nuevo para recoger a Bella y llevarla a cenar. La imagen en su mente era clara; Bella junto a su novio francés y perfecto. Era fácil de imaginarlos a ambos en un restaurante lujoso con unos malditos violines creando un ambiente de romanticismo. Sin embargo, quizás la imagen más difícil de digerir, así fuera imaginaria, era la de ese hombre con su mano apoyada sobre su vientre mientras cenaban. Cosa que era más que segura ya que había visto ese gesto en vivo y directo.

¿Por qué todos sus pensamientos siempre terminaban siendo sobre ella? Ya estaba cansado. Siempre ella. Había tenido un buen día y recordarla lo había destrozado.

Llevaba casi dos meses sin verla. Habían ido juntos a otra cita con su médico y vieron a la bebé de nuevo, todo iba bien. Se sintió cercano a ambas mientras tomaba su mano pero toda la fantasía de pequeña familia fue destrozada al encontrarse con Dimitri al salir de la clínica. El muy idiota se ofreció a llevarlo a su trabajo, como si fuera a permitirlo. Se despidió de Bella siendo más frío de lo que hubiera querido y notó su semblante decaer tanto que se arrepintió y prometió llamarla, cuando lo hizo horas más tarde ella estaba en un restaurante donde unos violines acompañaban su romántica velada así que no pudieron hablar, ella se disculpó por no poder atenderlo en ese momento y le pidió que la llamara después. Edward no lo hizo. ¿Por qué? Porque era lo suficientemente orgulloso como para no interrumpir su cita romántica. Desde ese día la comunicación entre ambos había empezado a decaer hasta dejar de llamarla todos los días. Al principio probó llamándola cada dos días a la misma hora pero la presencia de Dimitri cada vez era más difícil de evadir y su molestia por ser interrumpido también. Nunca olvidará el día que el idiota le dijo que le colgara porque estaban en una cena importante y ella lo hizo, se disculpó diciendo que estaba con inversionistas y que lo llamaría después. Ella no lo hizo esa noche sino al día siguiente y le juró que se había quedado dormida apenas llegó. Edward le aseguró que no importaba y colgó. Y así todo siguió su curso.

- ¿Ed? - James apareció con un par de cafés en las manos y le tendió uno. - ¿Mal día?

- Pésimo. - admitió abatido tomando su café. Sus pensamientos solían darle esos malos ratos.

- Sé lo que te animará. - sonrió socarrón. - Hoy es viernes así que beberemos. Ya sé que no quieres recaer y te apoyo pero hace semanas que no nos vemos con los chicos. Hoy beberemos y tú tomarás unas deliciosas limonadas mientras vemos algún partido. Cosas de chicos. Ya mañana llega tu novia y no podremos hacer estas cosas.

- Bree no es mi novia.

- Lo parece. - rió. - Quiero a Bree pero no he conocido a una mujer más territorial... luego de Bella Swan. Hombre, eres un imán para las mujeres posesivas.

Bree. Otro problema más. La quería y era una gran amiga pero se sentía un poco ahogado por sus cuidados. Su fractura ya estaba sanando y poco faltaba para que al fin le quitarían el yeso. Eso era bueno ya que no quería que esas muletas lo acompañaran el día que tomaría a su hija entre sus brazos por primera vez.

Edward terminó su café de golpe y tomó sus muletas.

- Vamos. - gruñó ganando las risas de James.

Cuando los chicos llegaron con cervezas y pizzas al departamento de James, su mal humor casi se había ido, casi.

- Así que serás papá. - Derek chocó su cerveza con su hotdog.

- Si. Es una niña.

- Felicidades. - palmeó su hombro amistosamente. - ¿Volverás con tu ex?

- No lo creo. - admitió con seguridad, él era agua pasada para ella. - Ella me dejó y ahora no parece interesada. Si no me accidentaba tal vez no hubiera sabido de su embarazo.

- Oh mierda.

Si era una mierda.

Y tomar bebidas libres de alcohol frente a sus amigos era otro infierno.

- Bella te lo hubiera dicho. - insistió James. - Esa mujer aún te ama pero por el momento tiene antojo de pan francés.

- Cállate.

- En serio hombre. - insistió James. - No creo que Bella hubiera ocultado que tuvo a tu hija. En algún momento te hubiera buscado.

- No lo creo. Ahora la veo muy bien sin mi. - se encogió de hombros sintiéndose un afeminado de mierda al exponer sus pensamientos de esa manera.

- Estas diciendo eso porque crees que esta saliendo con otro. - las palabras de James fueron un golpe bajo. - Tal vez son amigos.

- Tú fuiste a esa cena conmigo. Estaba claro que eran más que amigos.

James no contestó.

Estaba deprimido. No sabía que hacer, Bella podía salir con otro e incluso tener sexo con otro. El pensamiento fue muy perturbador. Claro que él también podía hacer lo mismo, de hecho no le vendría nada mal tener sexo porque llevaba meses sin tenerlo. Antes de reencontrarse con Bella el sexo nunca le faltó pero desde que ella regresó a su vida eso había cambiado radicalmente.

- Masen. -James lo llamó. - Tu teléfono esta sonando y tú estás mirando al vacío hace horas.

Edward reaccionó en ese momento y buscó su teléfono. Era una llamada de Bella, algo extraño ya que el día anterior habían hablado.

- ¿Estas bien? ¿El bebé esta bien? - le preguntó lleno de ansiedad.

- Hola Edward. - lo saludó con voz algo rota. - Yo... quería saber como estabas.

- ¿Bella? - preguntó preocupado. - ¿Qué sucede? Dime la verdad.

- Estoy bien. La bebé esta bien. - le aseguró. - Yo... sólo... - hizo una pausa que a Edward se le hizo eterna. - No sé que estoy haciendo.

- Iré a verte ahora. - se levantó de inmediato. - ¿Estas en tu departamento?

- Yo... no. - admitió. - Estoy en un taxi regresando a mi departamento.

Edward miró su reloj y se preocupó. No era buena señal que ella estuviera fuera tan tarde.

- Bien. Tomaré un taxi también y te esperaré si llego antes. No importa.

- Edward no es nec...

- No. Basta. Lo haré. - preocupado por haber sonado muy brusco se detuvo. - Llegaré pronto. ¿Si? Sólo deja de llorar.

- Esta bien.

- Nos vemos.

- Nos vemos. - se despidió ella con la voz empequeñecida.

Sus amigos lo miraron preocupados.

- Te llevaremos. Yo no he tomado mucho así que aún puedo manejar. - Derek se levantó y lo ayudó a pararse. James le entregó sus muletas.

Les agradeció y pronto todos estuvieron en el auto de Derek. Con sus amigos de apoyo no enloqueció de la preocupación hasta que llegó al edificio donde Bella vivía casi media hora después debido a lo lejos que este estaba.

James lo acompañó hasta el ascensor y lidió con el portero que empezó a pedir explicaciones que Edward no estaba en capacidad de dar.

Cuando estuvo tocando la puerta de Bella supo que había estado sin respirar durante todo ese tiempo.

Una Bella vulnerable abrió su puerta lentamente. Verla así lo transporto a años atrás cuando ella se deshizo en llanto en sus brazos mientras le confesaba que había ocultado su aborto. Le dolió muchísimo la imagen así que se encontró dando los pasos que lo separaban de ella y la abrazó tanto como las estorbosas muletas le permitieron.

- Tranquila pequeña. Ya estoy aquí. - ella rompió en llanto al escucharlo y se abrazó a su pecho dejándose ir.

Muy preocupado por ella la sostuvo. Cosa que no hizo años atrás mientras ella sollozaba destrozada y le suplicaba por su perdón, culpándose por la muerte de su bebé y disculpándose por no haber sido lo suficientemente fuerte como para impedir que se lo arrebataran. Cuando ella sólo era una niña que se sentía sola.

Empezó a dejar pequeños besos en sus cabellos cuando su llanto empezó a calmarse.

- Tranquila. - repitió en su oído suavemente.

Seguían en la puerta así que decidió empujarla suavemente para llevarla al sofá.

- ¿Vamos a sentarnos, si?

Ella asintió pero no desajustó su agarre mientras caminaban. Lo que obligó a Edward a dejar sus muletas y apoyar la pierna lo suficiente como para lograr caminar con ella.

- ¿Cómo te sientes? ¿Qué te puso así?

Preocupado la abrazó una vez se sentaron en el sofá. Pasó su mano por su vientre para asegurarse de que su niña estaba bien y al sentir los movimientos no pudo evitar sonreír.

- Estoy mejor. Perdóname por ponerme de esta manera. - suspiró mirándolo apenada. - Yo tuve una noche difícil.

- ¿Qué pasó? - ella parecía dudar si contarle y eso le dolió. - Puedes confiar en mí.

- Yo tuve una cena con mi hermano, María y Dimitri. - admitió ella mirando lejos. - Solemos cenar juntos en casa de Dimitri y no me pareció algo especial. - ella mordió su labio. - Todo iba bien y normal hasta que Dimitri... hasta que note que el ambiente cambio y un violinista entró al lugar y... Dimitri se arrodilló y... - a Edward se le paró el corazón. - Y me pidió matrimonio. - confesó antes de ponerse a llorar desconsoladamente.

Sintió el golpe de la noticia directamente en el corazón y no contestó por la falta de aire. Él no podía haberlo hecho. ¿Pedirle matrimonio? Eso no era posible. Bella casada con Dimitri con su hija viviendo con ellos. Ellos serían una familia. ¿Dónde quedaba Edward en la ecuación? Se sintió destrozado. Ellas eran suyas y las perdió, las perdió antes de saber que quería que ellas fueran su familia.

Una lágrima escapó de su ojo pero no contestó. El silencio se extendió pero no dejó de abrazar y consolar a Bella. La castaña había enterrado su rostro en su cuello mientras lloraba y lo agradeció ya que no lo vería llorar como un niño mientras la abrazaba y acariciaba su vientre.

La bebé estaba especialmente inquieta. Seguramente por sentir a su madre tan triste y eso preocupaba a Edward. No quería que su hija estuviera sufriendo de ninguna manera.

Ya que Bella parecía querer parar pronto decidió que no podía seguir sentada de esa forma incómoda contra su cuerpo así que con suavidad la ayudó a recostarse en el sofá junto a él y permitió que se recostara en su pecho como lo hacía en Forks pero esta vez buscando que su vientre no fuera apretado entre sus cuerpos. Mucho más cómoda Bella dejó de llorar desesperada y se dedicó a sollozar en su cuello.

Cuando Bella ya estuvo mucho más tranquila, muchos minutos después, Edward dejó un beso en su frente con todo el sentimiento que tenía en el pecho. Luego le hablo suavemente.

- Lo que más quiero en este mundo es que seas feliz así no sea conmigo. - admitió acariciando su mejilla. - Te amo Bella. Y quiero que seas feliz.

La castaña lo observó sorprendida por sus palabras. Anonadada no respondió. Edward no le dio importancia a que no sintiera lo mismo que él, quería decirle que sentía por ella sin importar lo más mínimo si ella tenía sentimientos diferentes.

- ¿Tú me amas? - susurró suavemente.

- Si. - admitió besando su frente. - Hace mucho pero fui muy tonto y no lo noté antes.

- ¿Hace cuánto? - insistió ella.

- Tal vez antes de ir a Forks. Me dolió mucho saber que te irías con tu hermano, que te habías rendido y me dejarías. Creo que en ese entonces ya te amaba pero estaba tan molesto por amarte que busqué alejarme de ti por eso era arisco en Forks. Era difícil no ser feliz contigo allí.

Bella respiró hondo en su cuello. Absorbiendo su olor y esencia.

- ¿Por qué no me lo dijiste antes? - susurró de nuevo.

- Creo que creía que era lo mejor. - admitió algo tímido. - Yo no puedo ofrecerte nada ni tampoco a mi bebé. Era mejor dejarte ir.

- ¿Sigues pensando igual? - susurró dejando un beso en su cuello. Esto provocó que su cuerpo entero se estremeciera.

- Sé que debía confesártelo cuando aún tenía oportunidad.

Bella siguió dejando besos por su cuello y luego llegó a su mejilla. Edward supo sus intenciones así que giró el rostro para que pudiera llegar a sus labios.

Suspiró al sentir el roce suavemente y el sabor dulce de ellos. No pensó en nada más que lo increíblemente bien que se sentían contra los suyos. Cuando Bella lo besó por primera vez años atrás se estremeció al primer toque de su lengua y en esta oportunidad esa reacción se repitió. Se estremeció y la estrechó entre sus brazos. Bella repartía caricias suaves a su pecho mientras él la abrazaba. Se besaron mucho tiempo. Tomaban pequeñas pausas por oxígeno dónde él repartía besos en su cuello y hombro hasta que volvía a tomar sus labios. Ambos querían llegar más lejos. Estaban empezando hervir en deseo pero ninguno se atrevía a dar el siguiente paso y definitivo.

El teléfono de Bella empezó a sonar en algún lugar de la sala pero Edward no quería dejarla escapar de sus brazos así que se ajustó a su cuerpo y siguió besándola. Bella parecía querer quedarse donde estaba pero el teléfono no paraba de sonar y eso no dejaba que ambos disfrutaran el momento. Ella rompió el beso y dejó un suave beso en su mejilla antes de pararse y buscar su teléfono.

Edward se sentó en el sofá y se acomodó el pantalón para que su erección no fuera apretada por la costura.

- ¿Hola? - contestó titubeante mientras lo veía fijamente a un metro de distancia. - Eh si. Yo... - suspiró mirándolo. - Llegué y me quede dormida. - se mordió el labio nerviosa. - Lo siento. - susurró.

Edward supo con quien hablaba sin necesidad de una confirmación. Miró fijamente el suelo no queriendo ver esos ojos que lucían malditamente culpables y tristes. ¿Un beso cambiaba algo? ¿Cambiaba algo que le dijera que la amaba? No. Ella iba a casarse con ese francés y dejarlo destrozado. Quiso irse del departamento. Alejarse una vez más para no ver como ella seguía sin él. Adolorido por la situación quería desaparecer. Sin embargo, no lo hizo. Se quedó sentado tratando de controlar su respiración y buscó tranquilizarse. Siempre se iba y se alejaba de todos cuando estaba herido, no podía enfrentar nada. Era un idiota cobarde y ya estaba cansado de perder en la vida. Cada una de sus decisiones se habían basado en su miedo a dejar ver el daño o el poder para poder hacérselo que tenían sobre él.

- No es necesario... - ella insistía. - Esta bien. Sólo no...

Edward la observaba agotada en sofá contiguo buscando explicaciones para su novio que parecía querer verla inmediatamente.

- Por favor no, estoy bien. - pero al parecer no había manera de convencerlo.

La vio soltar una lágrima antes de colgar. No quería verla sufrir.

- ¿Dimitri viene? - le preguntó con suavidad.

- Si. - admitió sin verlo. Parecía devastada.

- ¿Quieres que me vaya? - le preguntó con suavidad.

Ella enterró su rostro entre sus manos y no contestó. Él no quería presionarla y causarle estrés. Se levantó con esfuerzo del sofá y se acercó al suyo.

- Tomaré un taxi. Llámame si me necesitas. - dejó un beso en su frente y se alejó. Sus muletas no estaban muy lejos así que no hizo mucho esfuerzo para llegar a ellas. Las tomó y caminó fuera del departamento. Ella no lo detuvo.

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Actualización! Díganme que les pareció? Al fin Edward habló! Bueno antes de que les dé una crisis por inacción de Bella quiero que recuerden que ella ha pasado un período bastante difícil con Edward.