Los últimos días Yuri lucía desanimado, cosa que para el menor no pasaba desapercibida. Sabía que el haber sido despedido no debía ser nada agradable y peor aún, el no poder encontrar empleo de inmediato a sabiendas que tenía que dejar la casa donde estaba viviendo. El rubio siempre fue alguien con carácter fuerte a los ojos de Yuuri y por esa razón le costaba trabajo verlo de esa manera, casi no salía de su casa más que para asistir a una que otra entrevista y eso era todo. No sabía que podría hacer para alegrarlo un poco y el decirle "todo estará bien", no estaba dentro de sus posibilidades, ya que no quería decir algo que sonara tan ambiguo. El menor solo quería poder ser alguien en quien Yuri pudiera apoyarse.

—Te entiendo, pero esto está fuera de tus manos —le había dicho Otabek cuando externalizó sus preocupaciones con él— pienso que solo puedes ser constante y estar cerca, pero lamentablemente es un problema de adultos y no creo que quiera conversarlo contigo ―dijo de manera directa.

Yuuri frunció sus labios, sabía que su novio tenía razón, pero realmente quería poder hacer algo más por Yuri— qué hay de ti, ¿has hablado con él? —preguntó curioso por saber si al menos el rubio había logrado desahogar sus preocupaciones con alguien.

—No he tenido mucho tiempo —habló con sinceridad— entre el trabajo, el hacer tiempo para estar contigo… y otrascosas —dijo tan rápido lo último que había parecido una sola palabra en vez de dos— creo que he sido un mal amigo.

—Entonces sé un buen amigo y ve a verlo —contestó Yuuri mirando minuciosamente al mayor, algo extraño había en su manera de responder, pero no sabía qué.

—Tienes razón —afirmó y abrazó a su pareja, atrayéndolo hacia él para que se sentará sobre sus piernas ya que estaban en el sofá de su departamento conversando— lo llamaré y le pediré que nos juntemos ¿Feliz? —preguntó para luego besar el cuello de su novio, logrando que este se levantará de golpe, tomando distancia.

—¿¡Por qué haces eso tan de repente!? —Yuuri estaba completamente rojo y con su mano derecha cubría el lugar donde el otro había besado. Realmente aquello había alterado todos sus sentidos— estábamos hablando de algo serio e importante.

—Creí que habías dicho que no te tratara como un niño —contestó Otabek, encogiéndose de hombros para restarle importancia al asunto— ¿O solo debe ser cuando tú quieres iniciar algo?

El menor estaba preocupado, tanto que sentía que la cabeza no le daba en ese momento para ese tipo de asuntos con aquel era su novio. Sabía que era injusto, Otabek siempre estaba para él cuando quería algo, jamás se negaba a darle lo que pedía incluso si creía que no estaba del todo bien ¿Por qué él no podía ceder un poco también?

Mordió la parte interna de su mejilla mientras pensaba y se acercó lentamente a su pareja, sentándose a horcajadas sobre sus piernas y colocando sus brazos al rededor del cuello de este— lo siento, podemos hacer algo… si quieres —se disculpó sin mirar al moreno a los ojos.

Otabek lo abrazó desde la cintura, acercándolo más a su cuerpo y dejando que Yuuri apoyara la cabeza en su hombro; solo había querido fastidiarlo un poco para distraerlo, no había sido su intención el hacerlo sentir mal. Una parte de él se sentía un poco celosa de que siempre hablarán de Yuri últimamente y la otra, estaba preocupada por la carga emocional que recaía sobre el menor.

—Yuuri, si no quieres hacer algo nadie puede obligarte o hacerte sentir culpable por ello, ¿entiendes? —pudo notar como el menor asentía con la cabeza— así que no te disculpes.

Otabek acarició el cabello de su novio, lento y suave, notando como este comenzaba a relajarse hasta que se quedó dormido. Se levantó con un poco de dificultad al tener a un, ya no tan pequeño Yuuri en brazos y lo llevó a su habitación para que descansara; acto seguido, llamó a su rubio amigo para decirle que se juntaran a beber algo y conversar.

La llamada no fue muy larga, pudo notar por el tono de voz del otro que no tenía muchas ganas de hablar, ni siquiera tenía ánimo como para decir malas palabras o hacer bromas. Otabek cortó pensando en que Yuuri aún era muy joven para estar preocupándose por cosas de adultos, aunque era inevitable cuando casi todas las personas a su alrededor eran mayores de edad y debían afrontar el mundo por su cuenta.

Cuando Yuuri despertó, le comentó que ya había arreglado con el rubio para salir un día y le prometió que haría todo lo posible para levantarle los ánimos. Con eso, el menor se veía más tranquilo, confiaba en Otabek ya que siempre era él quien resolvía problemas en vez de darlos y eso realmente lo hacía ver cómo un caballero de brillante armadura frente a sus ojos.

•°•°•°•°•°•°•°•

Otabek nunca le dio demasiada importancia a su naturaleza protectora, estaba acostumbrado desde que tenía memoria a cuidar de quienes consideraba, no tenían suficientes herramientas para defenderse. En su casa siempre le enseñaron que las personas aprendían de las experiencias y que por ello cada vez que pensara que había algo mal en su vida, debía analizar que lo había llevado a ese punto; gracias a ello también era bueno dando consejos a los demás. Se sentía feliz de poder ayudar a sus amigos, de establecer relaciones saludables a su alrededor y de ser capaz de lidiar con cualquier cosa, pero ahora se había topado con alguien que no quería apoyarse en él ¿Cómo iba a poder hacer algo por esa persona si no lo dejaba acercarse?

Víctor era un chico que hacía lo que le parecía adecuado de acuerdo a sus impulsos y al lugar donde estuviera, le resultaba fácil aparentar frente a otros y guardarse las cosas malas para él, gracias a ello había acumulado demasiadas cosas y había terminado ahogándose en sus propios problemas.

Hola

Cómo estás?

El moreno envió el mensaje esperando que el platinado estuviera bien, los últimos días era a él a quien saludaba primero al despertar, aunque no porque fuera la persona más importante en su vida; sino porque había decidido que lo ayudaría. Tomó aquella decisión aquel día que tuvo que ir por él al bar, como siempre no pudo hacer oídos sordos a alguien que daba señales de necesitar ayuda.

Estoy bien

Deja de escribirme todos los días

Es molesto

Sonrió al ver qué la respuesta había sido casi instantánea, como si hubiese estado esperando por él. Tal vez así era, ya que había hecho ese par de mensajes, parte de su rutina diaria.

Es bueno que estés bien

Ten un buen día

Dejó el teléfono a un lado y antes de que pudiera tomar su chaqueta para ponérsela, el aparato vibró, así que lo tomó nuevamente. Se sorprendió de ver otro mensaje de Víctor ese día, usualmente no le respondía demasiado, pero está vez se veía un pequeño progreso.

Cómo estás tú?

Pudo ver en la pantalla emergente, pero al entrar al chat salía el enunciado: "∅ Este mensaje fue eliminado". Frunció un poco el ceño pensando en si debía decirle o no que vio lo que había escrito, pero luego pensó que no era buena idea.

Es de mala educación hacer eso

Dejar a las personas con la duda

Escribió y envió, notando como era leído enseguida para después observar que el otro estaba escribiendo algo, así que esperó.

No era un mensaje para ti

Lo siento por ilusionarte (◠‿・)

Me tengo que ir

Bye~

Sinceramente Otabek pensaba que aquello era un avance y más grande de lo que había esperado. Lo invitaría a salir a algún lado pronto, frente a frente no podría evadirlo, ni tener la excusa de que estaba hablando con alguien más; quería acercarse a él y darle confianza, ser la persona en quien el platinado pudiera apoyarse un poco para desahogar sus problemas y ayudarle a encontrar una solución a estos. Después de la situación en el bar, le había quedado claro que aquella persona no estaba bien del todo y que no tenía a las personas adecuadas a su alrededor.

Le puso un "adiós, cuídate" en el último texto que le envió y se puso su chaqueta para ir a trabajar. En el camino y durante todo el día, estuvo pensando en la manera de poder pedirle a Víctor que salieran sin que esté se negara, pero no lo conocía lo suficiente como para saber. Tal vez debería preguntarle a Yuuri, pero si lo hacía tendría que explicarle todo y eso significaría que rompería su palabra, la promesa que le había hecho al de ojos azules sobre no involucrar al menor en sus problemas.

Los días pasaron y el número de respuestas que recibía de parte de Víctor iban en aumento, aunque aún no sentía que pudiera ser alguien de confianza para el platinado, por lo menos era algo. La semana pasó con rapidez y llegado el día viernes recordó que tenía un compromiso con Yuri, se juntarían a beber en el lugar que siempre lo hacían; si bien no iban hace bastante, seguía siendo su lugar especial, ya que ahí fue la primera vez que ambos fueron a beber cuando cumplieron la mayoría de edad.

—Llegas tarde —se quejó el rubio con voz desganada, sentado frente a la barra a la espera de que su mejor amigo llegara pronto.

—Disculpa, lo olvidé —respondió sincero el moreno mientras se sentaba al lado de Yuri y le palmeaba la espalda— te ves horrible.

—Sí —con esa breve respuesta, Otabek pudo notar que realmente su amigo había tocado fondo. El Yuri de siempre se quejaría, enojaría y hasta lo insultaría por herir su ego; pero no esté Yuri, el de ahí no era a quien conocía y eso le demostraba que realmente lo había dejado bastante de lado por darle prioridad a otras cosas.

—He estado preguntando a mis conocidos, por lugares donde rentar una casa y por trabajo. Si algo sale, me avisarán —le dijo luego de pedir algo para beber, quería buscar la manera de hacerle las cosas más fáciles.

—La verdad, tengo ahorros. Creo que solo me hizo mal el que todo viniera junto, además de que no valorarán el tiempo que invertí en el trabajo —confesó y bebió un sorbo de su vaso— creo que merezco estar un poco deprimido por eso.

—Creo que las personas cercanas a ti merecen más comunicación —indicó el moreno— está bien que te sientas mal, pero si no hablas, los demás se preocuparan. Yuuri se preocupará.

—Lo sé, Beka y lo siento. Siempre estoy dependiendo de ti —sonrió de lado y terminó su trago para luego pedir otro— pero ahora me tenías abandonado, eso así que es tu culpa —bromeó y su amigo río un poco por eso.

En la conversación, Otabek pudo notar que Yuri poco a poco iba adoptando su habitual personalidad, al parecer solo le hacía falta conversar con alguien sin pensar en que lo estaría preocupando y él lo entendía. No podía ser totalmente sincero sobre sus inquietudes con su abuelo porque tenía demasiada edad y ya había cargado con bastante en su vida como para echarle más cosas sobre los hombros, merecía tener una vejez tranquila; tampoco podía hablar de todo con Yuuri por ser muy menor, no era su intención cargarlo con cosas de adultos, pero al final lo había preocupado de igual manera al no darse cuenta que todo en él expresaba lo que no decía.

—¿Por qué no acudiste a mi? —preguntó directo Otabek, sintiéndose un poco excluido.

—Porque tú debes tener tus propias cosas, no puedo estar siempre abusando de tu buena voluntad —Yuri sentía que ya le debía bastante a su mejor amigo— siempre estás ahí para ayudar, pero nunca para pedir ayuda.

El moreno puso su mano sobre la cabeza del rubio y la presionó con sus dedos logrando causarle un poco de dolor y haciendo que se quejara, luego le revolvió el cabello y dejó su mano descansar ahí un momento— sé que cuando te necesite, estarás ahí, pero ahora estoy bien. Así que apóyate en mí siempre que quieras —habían pasado por distintas cosas entre ellos y aún así seguían siendo los mejores amigos, jamás le daría la espalda y sabía que Yuri nunca lo dejaría solo.

—Bien, entonces beberé todo lo que pueda y tú te harás cargo de mí —dijo el rubio y se quitó la mano del moreno de encima. Otabek solo negó con la cabeza, ahora tendría que cargar con algo más que las preocupaciones de su amigo.

La noche pasó lenta, conversaron bastante de muchas cosas y el moreno aprovechó de corroborar que Yuri no tenía nada con Jean, sino que solo lo estaba ayudando mientras mantenían su distancia. Gracias al alcohol de más, pudo escuchar como Yuri con sinceridad se declaraba completamente enamorado de Yuuri y sin que se diera cuenta, lo grabó pensando que esto tal vez serviría en un futuro y sería gracioso de ver.

Cuando ya estaban a punto de irse, el teléfono de Otabek sonó cuando este había ido al sanitario, el rubio lo tomó por curiosidad para saber quién era, notando que era un tal Víctor y esperando que no fuera el que él conocía, lo dejó a un lado. El moreno volvió y Yuri le avisó de la llamada, notando como este le pedía que contactara con un taxi mientras él devolvía el llamado, parecía ansioso por eso, Yuri no lo había visto así antes y le pareció extraño, pero le adjudicó al alcohol el hecho de estar viendo cosas que no eran.

—¿Hola? —respondió Víctor al teléfono, fingiendo que no sabía quien lo llamaba, cuando la verdad era que había estado esperando por esto.

—Víctor ¿Necesitas algo?

—Solo me preocupe… es tarde y no me habías enviado ningún mensaje.

—¿Extrañabas mis "buenas noches"? —preguntó y una pequeña sonrisa se formó en sus labios.

—Para nada, solo pensé que podría haberte pasado algo —Víctor sonaba sincero ¿De verdad estaba angustiado?

Normalmente era él quien estaba pendiente de los demás y no al revés. Las personas confiaban en que estaba bien sin importar qué y no era como si estuvieran equivocados, pero el hecho de que alguien se inquietara por algo tan simple como el hecho de que no le hubiese enviado un mensaje, lo hacía sentir extraño.

—Estoy bien, solo salí con un amigo y se me pasó la hora —le comentó y vio como en la distancia Yuri le hacía un gesto que indicaba que el taxi había llegado— me tengo que ir. Buenas noches, Víctor.

—Buenas noches, Otabek.

El platinado cortó la llamada primero y el moreno no sabía si era normal sentirse contento solo porque alguien dijera su nombre al despedirse.

—Tienes cara de idiota —le dijo el rubio cuando se acercó a este.

—Aun así, es imposible que me vea peor que tú —le devolvió la broma y pudo escuchar como Yuri chasqueaba su lengua a modo de disgusto al mismo tiempo que entraba en el vehículo.

—¿Pasó algo bueno? —preguntó Plisetsky, sintiendo como el calor del lugar comenzaba a causarle sueño.

—No mucho o tal vez sí, no lo sé —Otabek guardó silencio un momento y el auto comenzó a avanzar— creo que alguien provoca en mi algo que ni yo sé que es —confesó y sintió la cabeza del rubio sobre su hombro, al parecer se había quedado dormido.

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—¿Es en serio? —preguntó incrédulo a Jean que estaba sentado frente a él en la mesa del comedor.

El de cabello negro asintió para luego guiñarle un ojo— soy el mejor, ¿no crees? —estaba feliz de poder ayudar a Yuri, sobre todo cuando el rubio le había tendido la mano sin esperar nada a cambio.

El rubio no cabía de la felicidad, había varias cosas que debía arreglar primero, pero el tener un trabajo estable y con un sueldo como el que le había conseguido su compañero, lo valía. Había estado más de un mes esperando a que algo surgiera, un empleo que le diera la posibilidad de cambiarse de casa rápidamente para poder mantener bien a su abuelo. Necesitaba contarle a Yuuri, decirle que ya no tenía que estar preocupado junto a él porque todo mejoraría poco a poco luego de esta noticia.

—Tengo algo que hacer —se apresuró a decir y se levantó de su silla para ir a la casa de al lado, el menor era el primero que se le venía a la mente en este momento.

Caminó a pasos rápidos y tocó la puerta, la señora Katsuki lo recibió con un cálido beso en la mejilla y le indicó que su hijo estaba en su habitación, dándole permiso para que subiera a verlo sin siquiera avisarle— te ves contento —comentó la mujer, sonriendo al mismo tiempo que el rubio asentía e iba a subir los escalones de dos en dos para llegar rápidamente arriba.

Yuri dio dos golpes en la puerta— adelante —se escuchó desde dentro del cuarto y entró.

—Yuuri, te tengo noticias —le dijo emocionado como si fuera un niño pequeño.

El menor se levantó de su asiento junto al escritorio— ¿Encontraste trabajo? —preguntó curioso, cruzando los dedos porque eso fuera lo que el otro quería contarle tan animado.

—¡Sí! —exclamó el Rubio y Yuuri lo abrazó, sabía que esto significaba que pronto su vecino se mudaría, pero siempre podían visitarse, así como lo hacían con Otabek.

—Estoy feliz por ti, ya no estarás preocupado.

—Yo también, era algo que no me esperaba —habló mientras correspondía el gesto del azabache— Jean habló con su papá y me dará trabajo allá.

Yuuri se tensó, esperaba que no significará lo que creía— los padres de Jean… viven en Canadá, ¿no? —preguntó con la voz un poco temblorosa y sintiendo como la fuerza con la que había abrazado al contrario se desvanecía.

—Así es, el abuelo y yo nos iremos a Canadá.

CONTINUARÁ…