Quería alegrarse de verdad, desde el fondo de su corazón quería poder compartir la felicidad que Yuri sentía, pero no podía. Por más que lo intentaba solo lograba fingir una sonrisa mientras se dejaba abrazar fuertemente, porque no quería que se fuera, que se alejara y lo abandonara como aquella vez que se cambió de ciudad. Prefería tenerlo cerca, aunque no correspondiera sus sentimientos a saberlo en un lugar desconocido.
― ¿Por qué lloras? ―cuando Yuri pronunció aquellas palabras, recién cayó en cuenta de que las lágrimas habían comenzado a escapar de sus ojos, mientras sus labios formaban una sonrisa temblorosa.
―Solo estoy feliz ―respondió intentando sonar sincero, no quería que el rubio lo cuestionara más o se quebraría.
Yuri lo abrazó con más fuerza— también lo estoy, deberíamos salir a comer algo para celebrar —le ofreció separándose un poco del menor para tomar su celular del bolsillo— llamemos a Beka y así vamos los tres… también podríamos llevar al abuelo —murmuró lo último al mismo tiempo que escribía un mensaje a su mejor amigo.
Otabek le respondió enseguida, felicitándolo porque había encontrado empleo y aceptando su invitación a comer.
—No creo que pueda ir —Yuuri necesitaba buscar una excusa, no tenía ganas de compartir con más personas en ese momento— tengo… tarea que hacer —se excusó tras ver sus cuadernos desordenados sobre el escritorio.
—¿No puedes hacerlo después?
—No, ya la he aplazado bastante —mintió— de hecho, iba a ir donde Phichit a terminarla, quedamos en juntarnos… hoy… en un par de horas.
Yuri observó al menor un par de segundos, abrió la boca para decirle algo, pero la cerró nuevamente al entender que el chico solo estaba eludiendo el asunto. No era idiota, al menos, no tanto como para no darse cuenta de que el otro no quería acompañarlo junto a los demás y él no lo obligaría; entendía que debía ser difícil para Yuuri el hecho de que él se fuera lejos, pero era para mejor. Hablaría con él cuando esté se sintiera bien para conversar, le daría espacio.
—Entiendo —habló mientras observaba como el azabache comenzaba a mover cuadernos de un lado a otro y luego volvía a ponerlos donde estaban, realmente era malo mintiendo o aparentando, aunque le llamaba la atención el esfuerzo que ponía en ello— podemos salir mañana, los dos solos y así pasar un tiempo juntos.
—No lo sé… tengo que ver.
—Ya veo, estás muy ocupado ¿Le pedirás a Beka que te lleve?
—¿Llevarme donde? —preguntó un poco desorientado, estaba pensando en alguna mentira para no tener que salir con él al día siguiente.
—Donde Phichit, ¿no ibas a ir allá? —se acercó al menor y le quitó el libro que tenía en las manos— Yuuri, si no quieres pasar tiempo conmigo, dilo, pero no inventes mentiras estúpidas para salir de algo —lo encaró.
—Bien, en este momento quiero estar solo y no quiero hablar sobre nada. Necesito tiempo —soltó repentinamente, arrepintiéndose por ser tan sincero— solo un poco, ¿está bien?
El rubio asintió, no quería discutir, solo necesitaba que Yuuri le dijera las cosas como eran sin importar qué— te dejaré solo, con una condición —dijo mirándolo fijamente a los ojos, sosteniéndolo de la barbilla para que no desviará la mirada— prométeme que hablarás conmigo antes de que me vaya, necesito…
Sus palabras se vieron interrumpidas por el sonido de su teléfono, era Jean llamándolo porque su abuelo quería saber dónde estaba; había olvidado que salió de casa sin decir a dónde iba.
—Vete, parece que te esperan —Yuuri se despidió del rubio y este se fue a casa viéndose desanimado mientras él se sentía aliviado.
El menor se quedó pensando en que debería haber aceptado la invitación, después de todo, aquellos eran los últimos días donde tendría a Yuri tan cerca; pero estaba asustado y el miedo era lo que le impedía actuar con coherencia, estaba tomando decisiones sin pensar adecuadamente y por ello tal vez estaba cometiendo un error. Descansaría ese día y así al siguiente seguramente se sentiría mejor y querría pasar tiempo con el rubio, aprovechando los últimos días que tenían para ser cercanos.
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Yuri salió a comer con su abuelo, Otabek y Jean para celebrar su nuevo empleo y así contarle al mayor y a su mejor amigo los detalles del asunto. Nikolai estaba feliz solo porque su nieto lo estaba, en realidad a él no le importaba el lugar con tal de que su Yuratchka estuviera bien en todos los sentidos; por otro lado, Otabek se sentía feliz por el rubio y a la vez preocupado por Yuuri, pero nada podía hacer ya que no estaba en sus manos lo que sucedía.
Conversaron bastante esa noche, JJ y Beka se llevaron realmente bien, aunque a veces el de ojos grises hacía algún chiste que lograba dejarlos a todos en silencio por lo aburrido que era, pero aquello no lo detenía. Yuri se relajó todo lo que pudo, aún tenía cosas hablar con el menor y esperaba poder hacerlo antes de irse, ya que nunca se sabía que podía pasar y no quería quedar con algo pendiente.
—¿Quieres ir a mi departamento? —preguntó Otabek cuando ambos se quedaron un momento a solas ya que Nikolai había ido al sanitario y Jean estaba contestando una llamada— podríamos conversar y pasar el rato. Podrías quedarte a dormir.
—Estamos un poco grandes para hacer una pijamada, Beka —le dijo con rostro serio para luego sonreír— está bien, vamos a dejar a los demás a casa y luego pasamos por palomitas para el microondas y algunas cosas más para pasar la noche.
—Perfecto —el moreno también sonrió, quería aprovechar el tiempo con Yuri, puesto que sabía que sería difícil en un futuro cercano, cuando estuvieran en países distintos.
Hicieron lo que habían dicho para luego pasar al supermercado y comprar unas cuantas cosas para beber y comer mientras conversaban. Parecían adolescentes otra vez, empujándose en los pasillos, corriendo para ver quién escogía primero lo que comprarían, terminando con Yuri sobre el carro y las cosas sobre él mientras Otabek lo llevaba.
Al llegar al departamento prepararon las palomitas, pusieron las cosas en platos y se llevaron las cervezas a la sala. Se sentaron en el suelo y pusieron una película un poco antigua, una que habían ido a ver al cine cuando recién estaban comenzando a ser amigos.
Conversaban y de vez en cuando, imitaban los diálogos del filme, riendo a veces y recordando cosas de su adolescencia. Entre plática y plática, el teléfono de Otabek comenzó a sonar reiterativamente por mensajes que llegaban y cada cierto tiempo, el moreno los respondía sonriendo.
—¿Vas a contarme por qué recibes tantos mensajes? —preguntó curioso el rubio, usualmente no se metía en asuntos ajenos, pero este era su mejor amigo y su comportamiento no era nada común. Otabek no era del tipo de persona que pasaba con el celular en la mano y mucho menos sonreía por leer un mensaje.
—Creo que hay alguien que llama mi atención —confesó mientras le daba un trago a su cerveza, necesitaba hablarlo con alguien y quién mejor para eso que su amigo de casi toda la vida. Se conocían bien y podían confiar el uno en el otro, además que ambos eran adultos maduros o eso creía— yo… me he estado juntando con Víctor recientemente.
—¡¿Que?! —Yuri casi escupe su cerveza al escuchar aquello, solo esperaba que fuera un alcance de nombres y no que el moreno realmente estuviera saliendo con ese platinado mentiroso— no es ese Víctor, ¿verdad? Por favor, dime qué es otro Víctor —le pidió mientras le tironeaba la manga de la camiseta a Otabek.
― ¿Qué tiene de malo Víctor? ―preguntó con seriedad― no puedes basarte en el pasado, él ahora es diferente… un poco ―intentó defenderlo, pero casi nada podía hacer cuando realmente solo era algo cercano al platinado.
―Está bien, no estoy aquí para criticarte, Beka ―palmeó el hombro de su amigo y se quedó en silencio un par de segundos― pero… ¿Por qué Víctor? ―preguntó y Otabek rodó los ojos, había pensado que Yuri dejaría el tema pasar, pero estaba equivocado. El rubio no era tan maduro como pensaba― por lo menos dime cuando se hicieron cercanos, no lo entiendo ―terminó por decir.
Altin entendió que Yuri quería un contexto que le ayudara a entender sus razones y, aunque sabía que aun contándole todo no entendería nada, quería hablar de aquello y sacarlo de su ser― un día Yuuri y yo tuvimos una noche de películas…
Comenzó a contar sobre aquella noche en que el moreno había ido a buscar a un Víctor muy borracho a un lugar que por suerte conocía al haber estado ahí más de alguna vez. En esa ocasión entró y vio el lugar demasiado concurrido al ser fin de semana, no sabía si realmente podría encontrar a quien buscaba en ese mar de gente, pero lo hizo. La cabellera platinada del otro resaltaba en algún lugar cerca de la barra, tenía que ser él.
Otabek había ido con una sola cosa en mente: entrar, tomar a Víctor y salir; no debería haber más, pero no estaba tomando en cuenta los factores externos, las personas que acompañaban al platinado en aquel lugar, aquellas malas juntas que a veces tenían las personas cuando estaban en busca de compañía porque se sentían solas.
― ¡Suéltame! ―pudo escuchar en la dirección que lo había visto y apresuró el paso.
Cuando logró llegar pudo ver como el platinado forcejeaba con otro sujeto, alguien que le reclamaba que cumpliera su palabra― ¡Dijiste que vendrías con nosotros a divertirte! No puedes retractarte ahora ―hablaba en tono burlón, le parecía gracioso que aquel a quien sujetaba no tuviera fuerzas para oponerse debido al alcohol― vamos… no te hagas el difícil…
― ¿Podrías soltarlo? ―preguntó Otabek, mientras tomaba la muñeca del extraño y que así Víctor pudiera liberarse del agarre, cosa que hizo, perdiendo el equilibrio y casi cayendo al suelo.
― ¡Hey! No te metas en esto ―se acercó el extraño de manera amenazante, esperando que el moreno retrocediera, pero aquello no pasó. Dos sujetos más se acercaron tras él, sintiéndose enojados al ver que el recién llegado no mostraba ninguna expresión en su rostro.
―Vámonos ―ordenó al platinado y este lo miró con desconfianza― te llevaré a casa ¿o prefieres quedarte con ellos?
Víctor no tenía ganas de volver a su hogar, pero tampoco sería bueno que se quedara ahí, así que simplemente asintió con la cabeza y caminó junto a Otabek. No alcanzaron a avanzar mucho, cuando uno de los extraños tomó a Altin bruscamente de la chaqueta para encararlo― ¿Acaso no escuchas? ―preguntó enojado y lo golpeó en el estómago.
El moreno no se había esperado algo como eso, observó donde se encontraba Víctor quien parecía no poder sostenerse bien en pie, dándose cuenta de que estaba algo alejado y por ello, más seguro. Otabek se irguió, sintiéndose un poco adolorido, pero nada que fuera a matarlo; sí, aquello no era nada comparado con otras situaciones en las que se había encontrado antes. Empuñó ambas manos y acertó un golpe directo en la mandíbula de aquel que lo había agredido primero, el otro intentó inútilmente responder al golpe, pero el moreno fue más ágil y le devolvió el puñetazo en el estomago logrando que se encogiera sobre sí mismo por el dolor; no alcanzó a cantar victoria cuando uno de los amigos de aquel hombre se lanzó sobre él, tacleándolo y tirándolo contra el suelo.
Otabek pudo ver como las personas hacían un circulo a su alrededor, buscó rápidamente a Víctor con la mirada dándose cuenta que quería intervenir― ve por un guardia ―le pidió y el platinado se perdió entre las personas, en su estado solo estorbaría, así que sería mejor si traía a alguien.
Se levantó y esperó, el otro volvió a lanzarse sobre él, pero esta vez, el moreno estaba preparado para recibirlo. Lo tomó del brazo y se lo torció de tal manera que quedara sobre su espalda; botándolo al suelo y poniéndose sobre él para inmovilizarlo. Al poco tiempo llegaron un par de guardias, sacando a todos los involucrados del lugar y amenazándolos con llamar a la policía si no se iban de ahí. Así fue como con solo una advertencia, Otabek salió del lugar junto a víctor, mientras los otros se quedaban haciendo más problemas ya que no querían acatar.
―Gracias ―dijo el platinado mientras se agachaba abrazándose a sí mismo una vez que estuvieron afuera, se sentía mareado.
― ¿Te sientes mal? ―se preocupó Otabek, su acompañante se veía pálido― ¿Quieres vomitar o algo?
―Solo siento frio ―confesó― además me maree un poco.
Altin suspiró y se quitó su chaqueta para después ponerla sobre los hombros de Víctor, estaba molesto con él por ser imprudente y exponerse así, pero no podía dejarlo de esa manera solo por eso.
El platinado se puso de pie y metió sus brazos dentro de las mangas de la prenda, sintiendo un aroma a algún tipo de colonia que le gustó― ¿Yuuri te mando por mí? ―preguntó sintiéndose mal por haberlo llamado antes, ahora que respiraba aire fresco sentía su cabeza más despejada.
―No, pero estaba preocupado. Por eso vine ―dijo con sinceridad y de manera directa― ¿Qué estabas haciendo? Sabes que Yuuri es aún un menor, no puede venir a buscarte y además lo metes en este tipo de asuntos haciendo que se sienta inútil ―necesitaba regañarlo, hacerle ver que esto no era bueno para nadie.
― ¡¿Crees que no lo sé?! ―Víctor levantó su voz, aquel día había sido bastante malo y además tenía que sumarle esto― sé que todo lo que me pasa es por mi culpa y que lo que hago está mal, pero me doy cuenta tarde, ¿sí? No es como si quisiera dañar a las personas ―se desahogó, estaba harto de todo y nunca podía ser sincero sobre sus pensamientos, debía ser perfecto siempre.
―Está bien… solo, no vuelvas a meterlo en tus cosas ―fue lo único que supo decir, la persona frente a él lo había tomado por sorpresa explotando repentinamente. No entendía muy bien lo que sucedía, no conocía a Víctor quien, si bien se veía con una vida maravillosa, sabía por Yuuri el como no podía ser él mismo siempre. Debía ser difícil.
―Bien ―respondió a regañadientes― ten ―dijo mientras se quitaba la chaqueta, tenía que irse a casa y no quería quedarse con algo que no era suyo.
―Te dará frío en la moto si te la sacas ―Otabek se acercó e hizo que el platinado se pusiera nuevamente la prenda y la abrochó― te dije que te llevaría a casa.
Víctor no dijo nada más, caminó junto al moreno hasta la motocicleta, se puso el casco y se montó tras él, aferrándose a su cuerpo para no caerse. Altin encendió el motor y comenzó a conducir, esperaba que el aire frío y el trayecto ayudaran al platinado a pensar mejor lo que hacía, por lo menos a él siempre lo relajaba aquello y lo ayudaba a analizar algunas cosas.
Aun recordaba donde estaba aquella casa, no tardó mucho en estar a un par de cuadras cuando Víctor le dijo que lo dejara por ahí. Extrañado, Otabek detuvo la moto en un costado de una calle cercana al hogar del otro y esperó a que bajara primero, para luego hacer lo mismo.
―Gracias por traerme ―le pasó el casco al moreno y nuevamente intentó quitarse la chaqueta siendo interrumpido por el otro.
―Te acompañaré hasta tu casa, ahí me la devuelves ―Víctor entendió que no le estaba preguntando, que solo era un aviso y quiso reír por lo serio que se veía el otro respecto a la situación.
―No soy un niño, puedo…
―Pero te comportas como uno, así que no. No puedes caminar solo hasta allá ―cortó las palabras del otro al instante y empezó a caminar, siendo seguido por este.
―Por favor, no le digas a Yuuri todo lo que pasó ―pidió mientras avanzaban.
―No puedo hacer eso, no me gusta ocultarle cosas.
―Si le dices hará muchas preguntas y yo no me siento listo para hablar todavía, fue un día difícil ―confesó sin mirarlo, pero Otabek no le prometió nada, simplemente guardó silencio hasta que llegaron a la entrada de la casa del platinado― Otabek, por favor ―volvió a decirle, pero esta vez mirándolo fijamente con esos hermosos ojos azules que sentía lo hechizarían en cualquier momento.
El moreno suspiró cansado, no podía negarse, pero tampoco quería dejarlo así― no le diré, siempre y cuando me digas que pasó y me expliques por qué estabas ahí con esas personas ―condicionó.
Víctor frunció los labios para luego mirar en otra dirección, meditando su respuesta. Después de un par de minutos le contó que su madre se había enterado de que era homosexual, porque su exnovia lo había delatado al estar enojada debido a que terminó con ella, gracias a eso tuvieron una gran discusión donde ella le dijo que no era más su hijo y que le daría un tiempo para que arreglara sus cosas y se mudara de casa.
―Yo solo intenté arreglar lo que hice, no era justo para esa chica que siguiera con ella sin sentir nada ―concluyó con sus ojos llorosos, realmente toda la situación lo estaba sobrepasando.
Otabek lo entendió, debía ser difícil tener a la persona que debía brindarte apoyo en tu contra, así que no pudo negarse a su petición. Por otro lado si Yuuri llegaba a saber intentaría cargar con los problemas de su amigo y no era justo, además de que solo haría sentir más culpable al platinado. El moreno le dijo a Víctor que debía disculparse con el menor por haberlo llamado en ese estado y le pidió algo más.
―Dame tu número, también te daré el mío ―sacó su celular y se lo pasó al otro para que digitara su teléfono― si algo pasa, puedes llamarme, puedes hablar conmigo de lo que sea, pero no vuelvas a intentar huir de la realdad como hoy. Es peligroso ―lo regañó de nuevo― además, te escribiré a diario para saber cómo estas y… deberías buscar ayuda, Víctor.
―No te prometo nada ―respondió serio, no le gustaba que lo controlaran y eso parecía que quería hacer Otabek. Anotó su número solo porque sabía que el otro podía conseguirlo si no lo hacía y le devolvió el celular― márcame y te guardaré en mis contactos o te bloqueare, depende de como este de humor ―bromeó para sacarlos de aquella situación tan tensa― bien, debes irte. Gracias por todo ―dijo mientras se acercaba y dejaba un beso en la mejilla del motociclista y se iba rápidamente a su casa.
Toda aquella situación era lo que ahora le contaba a Yuri, aunque sin extenderse en los detalles personales de Víctor, ya que no estaba bien hacer eso.
― ¿Entonces te gusta? ―preguntó curioso el rubio.
―No lo sé, pero sé que llama mi atención.
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Yuuri estuvo evadiendo la conversación con el rubio durante varios días, tantos que ni cuenta se dio cuando había llegado la fecha de despedirse. Se sentía culpable por haber aplazado el momento y en vez de disculparse y ocupar los últimos días para poder compartir con Yuri, había decidido mejor no verlo por la vergüenza que le causaba el haberse ocultado tanto tiempo de él. Había inventado una excusa tras otra con tal de no quedarse a solas con su vecino y ahora haría lo mismo.
Otabek le avisó que la noche antes de que el rubio viajará, le harían una fiesta de despedida, diciéndole a modo de consejo, que debería ir y verlo; pero Yuuri no se lo tomó nada bien, respondiendo que tenía cosas que hacer y que no podía obligarlo a ir.
—Nadie te obliga, Yuuri —le dijo el moreno con voz calmada— pero después no podrás arrepentirte ya que será tarde. No puedes volver el tiempo atrás —advirtió al menor con la intención de que tomara conciencia, pero para este, tuvo el efecto contrario.
La fiesta de despedida dio inicio y Yuuri decidió no asistir, no tenía las ganas, ni las fuerzas para fingir felicidad cuando no la sentía. Se regañaba mentalmente por ser un estúpido egoísta, Yuri se iría a otro país pronto y él no era capaz de pasar las ultimas horas con él, con aquel que conocía desde que tenía memoria. No era capaz de estar junto a esa persona que amaba tanto, en esos momentos era cuando más se daba cuenta de que a pesar de los años aquellos sentimientos seguían ahí y para su mala suerte, en vez de aminorarse o seguir intactos, solo iban en aumento, no era justo ¿Por qué solamente él debía sufrir?
Se lanzó de frente sobre su cama, ocultando su rostro contra la almohada, intentando con ello ahogar todos aquellos sentimientos que tenía dentro de sí y solo logrando casi ahogarse literalmente al no tener aire que llegara a sus pulmones. Realmente era un idiota, no, el tonto era Yuri por irse de manera tan repentina tras recibir aquella oferta de trabajo. Estaba enojado con todos, pero aun más con el mundo por estar siempre en su contra; haciéndolo nacer diez años después que el rubio, alejándolo de este cada vez que tenía la oportunidad y negándole la oportunidad de enamorarse de alguien más.
Estuvo a punto de lanzar su almohada contra la pared cuando alguien golpeó la puerta de su habitación. Abrió pensando que podría ser alguno de sus padres para insistirle que asistiera a la despedida de los vecinos, pero estaba equivocado.
Yuri estaba de pie frente a él sorprendiéndolo— ¿Por qué no estás en mi casa? —preguntó directo, aunque sabía la respuesta.
―No quiero despedirme, no quiero verte ―contestó de mala gana y se tiró nuevamente sobre su cama esperando a que el otro se aburriera y se fuera, como si no supiera que el rubio era terco.
Yuri se sentó sobre el colchón junto al azabache y aprovechó de acariciarle la espalda, acción que logró que Yuuri se levantara bruscamente al sentir su toque. Iba a quejarse, pero pudo ver que aquellos hermosos ojos verdes denotaban tristeza, al parecer esto no sería fácil para ninguno de los dos y aún así Yuuri había sido egoísta y solo había pensado en él.
―Tampoco quisiera irme, pero no puedo rechazar una oferta tan buena ―explicó lo que no había podido decir antes debido al enojo del menor― tiene una buena paga y tendré donde quedarme un par de meses hasta que logre estabilizarme y entonces…
― ¿Entonces qué? ―preguntó curioso, acomodándose junto al rubio y mirándolo a los ojos, no cometería el mismo error de nuevo, quería escucharlo sin importar lo que fuera a decir.
―Entonces podré invitarte y tal vez… ―con su mano derecha tomó un mechón de Yuuri y lo puso tras su oreja para despejarle el rostro― tal vez mas adelante quieras vivir conmigo, podrías intentar estudiar allá en la universidad. Ver alguna manera.
Yuuri enrojeció ¿Le estaba proponiendo algo? ¿Era una confesión? No quería ilusionarse con cosas que nunca pasarían, pero esto claramente era una invitación a estar con él.
—Tal vez encuentres a alguien más allá… —fue lo único que pudo decir mientras desviaba la mirada, Yuri lo ponía nervioso observándolo con tanta atención y tan cerca.
—Tal vez podría hacerte una promesa a cambio de algo —le ofreció acortando un poco la distancia entre sus rostros.
—¿Algo como que? —murmuró el menor, ahora viendo directo a esos ojos verdes que tanto le gustaban. Sin alejarse, simplemente dejando que el otro hiciera lo que quisiera.
—Un beso y te prometo que no estaré con nadie más, esperaré por ti y te visitaré cuando pueda.
Sin esperar respuesta, Yuri besó al azabache, tomándolo desde el mentón mientras le sostenía la mirada.
CONTINUARÁ…
