Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen. Derechos a Masami Kurumada.
Aclaración: Este fic es un regalo para Youniq Ashlo como parte de la actividad de intercambio de regalos navideño "Mi Santo Dorado" del grupo de Facebook La Biblioteca de Acuario.
Advertencia: Un poco OoC. Situado varios años después de la batalla contra Hades.
Notas: ¡Feliz Navidad a todos! Espero que la pasen muy bien :D
Vengo escribiendo este one-shot desde hace unos días, aunque se suponía debía ser drabble pero pues, no pude reducirlo tanto como quería. Y bueno, justo lo termino en Noche Buena :p Así que, para Youniq Ashlo, espero que el fic llene tus expectativas. Debo admitir que el romance no es mi área y esta pareja también se me complica un poco xD Pero aquí tienes, de todo corazón ;)
Espero lo disfruten. Y deseemos que el año que viene este lleno de muchas cosas mejores. ¡Abrazos y felices fiestas!
El corazón en una hoja de papel.
...
..
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ㅡSaori, ya llegué.
Seiya se dirigió a la cocina de la mansión. Era una fresca tarde de un sábado veraniego y generalmente no había empleados a los alrededores ese día y a esas horas, así que había entrado con sus propias llaves.
Dejó en la mesa el par de cajas de pizza que llevaba con él, luego se quitó la mochila, dejándola en una de las sillas. De ahí extrajo un six de cervezas y una soda.
ㅡ¿Saori? ㅡpreguntó de nuevo, algo extrañado de que ella no le hubiera respondido. Tomó una de las cervezas consigo y salió de la cocina, dirigiéndose al pasillo que llevaba a la sala de estar. ㅡ ¿Estás aquí? ㅡpreguntó, poco antes de entrar. Sin embargo, se detuvo en seco cuando vio que Saori estaba sentada y delante de ella, en otro sillón, estaba Julián Solo. Ambos habían volteado a mirarlo, Julián con algo de sorpresa y Saori con algo de incomodidad. Seiya observó que en la mesita de centro que separaba a ambos empresarios había un ramo de abundantes rosas rojas ㅡOh, lamento interrumpir.
ㅡNo tienes de qué preocuparte, Seiya ㅡhabló Julián, con voz tranquila y amistosaㅡ. Yo ya estaba por retirarme.
El hombre de cabellos azules se levantó y se dirigió donde Saori. Su rostro joven y sereno reflejaba a plenitud la emoción que le brindaba la sola presencia de la mujer. Ella por su parte le sonrió amablemente y lo miró con brillantes ojos azules que le devolvían su reflejo de manera sosegada.
Julián era un hombre rico y era innegable que poseía cierta clase de vanidad. Pero nunca había amado más su reflejo que cuando lo veía a través de las brillantes irises de Saori.
ㅡLamento haberla importunado y haberle robado su tiempo, señorita Saori ㅡcomentó, inclinándose levemente hacia ella a manera de despedidaㅡ. Procedo a retirarme para que pueda disfrutar el resto de su velada.
ㅡSu presencia nunca es importuna, joven Julián ㅡsonrió con parsimonia la diosa Athena, acto seguido también se levantó e inclinó el rostro levemente para despedirloㅡ. Me alegra haber podido conversar tan amenamente con usted ésta tarde. Por favor, siéntase libre de visitarnos cuando lo desee.
Ante la premisa, Julián sonrió maravillado, aunque intentó ocultar la emoción. Saori no podía negar que el auto reflejo de su reacción la enterneció hasta cierto punto.
ㅡAprecio de todo corazón su oferta y quiero que sepa que usted y los suyos siempre son bienvenidos en la mansión Solo ㅡaclaró con voz suave matizada de sinceridad, lo cual también la volvía dulce. Saori lo miró significativamente y eso es todo lo que necesitó para sonreírㅡ. Con su permiso, me retiro.
Julián dio media vuelta y con ello se dirigió a la entrada de la enorme habitación, donde Seiya se había mantenido, ahora recargado en la pared y de brazos cruzados.
ㅡEs una hermosa tarde, no cree ¿Seiya? ㅡpreguntó Julián, la sonrisa todavía colgando en sus labios.
ㅡEso me parece, Julián. Un gusto verte hoy ㅡrespondió el Santo de Pegaso, con el mismo rostro alegre y tranquilo.
ㅡOh, el placer es mío ㅡel heredero de la familia Solo estaba por retirarse con tranquilidad hasta que notó que Seiya mantenía una lata de cerveza en una de sus manos, la cual estaba escondida debajo de uno de sus brazos debido a su posición. El que alguna vez fuera dios de los mares no pudo evitar fruncir el entrecejo con desagrado ante dicha revelaciónㅡ. Por cierto, ㅡmencionó deteniéndose a lado del joven castaño, sus ojos afilándose con sigiloㅡ, no creo que sea digno de un caballero consumir tan vulgar bebida en presencia de una dama como lo es la señorita Saori.
Seiya sonrió ante el comentario, un soplido se escapó de sus labios como el inicio de una carcajada que no se permitió reír.
ㅡTú eres quien busca cortejarla, no yo.
Saori levantó las cejas cuando lo escuchó decir eso. Julian por su lado, lo miró con reproche, no obstante, sólo cerró los ojos y soltó un suspiro.
ㅡNo estoy siendo pretencioso si eso es lo que crees ㅡaclaró el hombre más alto, observándolo con insipidezㅡ. Sólo me preocupa que situaciones inapropiadas surjan de esto. Por lo que noté, hay pocos empleados en la mansión hoy.
Esta vez, fue Seiya quien frunció el entrecejo y tuvo deseos de gruñir, pero se contuvo.
ㅡUn hombre desconfía más fácil de otros hombres porque sabe reconocerse en ellos ¿Eh? ㅡpreguntó, observándole fríamente. Ante su comentario, el muchacho de mirada azul lo contempló, tratando de mantenerse estoico.
ㅡTe equivocas ㅡrespondió el empresario, apenas unos segundos despuésㅡ. Hay personas que nos enseñan exactamente lo que no queremos ser. Espero no aprender eso de ti, estimado Seiya, ni que la señorita Saori tenga que pagar por eso. No me lo perdonaría sabiendo que pude hacer algo para evitarlo.
Ante su respuesta, Seiya debía admitir que el otro tenía un punto y sonrió amenamente ante el comentario. A decir verdad, le gustaba jugar a hacerse el maldito sólo para fastidiar a los pretendientes de la diosa; siempre se le hacía muy divertido y le ayudaba a descubrir parte de lo qué realmente eran, haciéndole el trabajo un poco más fácil a Saori también. Después de todo, Julián no recordaba absolutamente nada de lo que había pasado en el templo de Poseidón y lo único que sabía de su relación con Saori es que él había sido acogido como uno de los tantos huérfanos que Mitsumasa Kido había cobijado bajo su brazo para luego conseguirles un hogar a cada uno de ellos.
ㅡVeo el tipo de persona que eres y eso me alegra ㅡcomentó después de haber meditado las palabras de Solo durante unos segundos. Luego levantó un poco la lata de cerveza para mostrárselaㅡ. No te preocupes, esta será la única ㅡcomentó, refiriéndose a la bebidaㅡ. Pero si no confías en mí, siempre puedes confiar en el juicio de Saori. Es ella quien tiene la última palabra ¿No crees?
Ambos hombres voltearon a mirarla al instante y Saori sintió el impulso de reír ante lo divertido que le pareció su sincronía. Sin embargo, se mantuvo serena y los miró con perspicacia.
ㅡNo debe preocuparse de nada, joven Julián ㅡaseguró ella, con un aura tan estable y firme que al joven Solo se le hizo casi imposible alegar. El heredero de los mares no podía evitar sentir sus piernas temblar ante el porte tan elegante, pero nada frágil que ella poseía; sin embargo, esa sensación le fascinaba.
ㅡEntiendo ㅡaceptó, cerrando los ojos y asintiendo con el rostroㅡ. Lamento el momento incómodo.
ㅡNada de eso. Soy yo quien agradece su preocupación ㅡrespondió la joven de cabellos lilaㅡ. Como ya sabe, Seiya y yo básicamente crecimos juntos y llevamos conociéndonos por muchos años, así que existen ciertas libertades entre nosotros.
ㅡLo cuál es completamente comprensible ㅡdijo Julián y luego miró a Seiyaㅡ. Por favor, acepte mis disculpas por mis prejuicios sobre usted.
ㅡNo te disculpes, yo también me comporté como un bastardo ㅡsonrió Seiya y Julián no pudo evitar reír ligeramente ante la implicación del aquel "también".
ㅡEstá bien, entonces, con su permiso, me retiro ㅡvolvió a inclinarse levemente y luego salió calmadamente del lugar. A fuera del pasillo ya había alguien del personal para escoltarlo a la entrada de la mansión.
Seiya no pudo evitar reír ligeramente y luego soltó un suspiró, mientras Saori lo miraba con el entrecejo fruncido y las mejillas ligeramente ruborizadas.
ㅡSi le das el sí, no imagino cuál será su reacción cuando se entere que te gustan esta clase de bebidas "vulgares" ㅡcomentó Seiya divertido, mientras le extendía la lata de cerveza a Saori. Ella rió, todavía algo avergonzada.
ㅡGracias por cubrirme con eso, pero no tenías que comportarte así ㅡdijo, y su tono de voz mostraba que la situación también le había causado gracia pero al mismo tiempo se sentía ligeramente culpable.
ㅡBueno, alguien tiene que hacerlo difícil ¿No? ㅡbromeó, mientras observaba como Saori abría la lata y daba un trago a la bebida que, afortunadamente, seguía fríaㅡ, ahora que estamos solos ¿Ya podemos comer? Muero de hambre y hoy es nuestra noche de pizza.
ㅡClaro, yo también tengo mucha hambre ㅡsonrió ellaㅡ. Sólo dame unos minutos para ir a cambiar mis ropas. Honestamente, no esperaba visitas hoy.
ㅡLo imagino ㅡSeiya suspiróㅡ. ¿Llevo la comida donde siempre?
ㅡSi no es mucha molestia.
ㅡSabes que no.
ㅡXㅡ
Apretó el botón rojo y la enorme pantalla de la televisión se tornó negra.
ㅡFue una buena película ¿No crees?
Seiya volteó la mirada y se dio cuenta que Saori dormitaba cómodamente sobre su hombro. Sonrió.
Estiró su brazo libre para preparar sus músculos y huesos al movimiento luego de dos horas de haber estado sentado. Todavía había algunos pedazos de pizza en las cajas que había traído, también dos cervezas quedaban del six pack de Saori, mientras que él había terminado su soda.
Seiya imaginaba que había sido fácil para ella quedarse dormida con toda la cerveza y comida encima. No pudo soltar una ligera sonrisa ante el pensamiento.
La observó por unos minutos, contempló como su suave y cálida mano que se había quedado ligeramente abrazada a la suya propia. Al caballero de Pegaso le sorprendía como la chica dormida a su lado, pese a estar en un estado así de frágil e íntimo, seguía irradiando divinidad y fuerza, pero a la vez ternura. Toda ella era serena mientras dormida, elegante incluso, etérea, pese a llevar puestos ahora unos pantalones deportivos y una enorme playera con estampado de Star Wars. Era tan normal y a la vez no lo era.
Suponía que la visita de Julián la había dejado agotada. Seiya sabía lo mucho que a Saori le estresaba tener que lidiar con cada hombre que deseaba cortejarla; en parte por todo el trabajo que ya tenía como empresaria y como diosa Athena a cargo de un enorme y místico Santuario, y en parte porque, debido a su condición divina y su lado humano, Saori poseía una clase de amor muy único. Ella amaba a las personas por igual, las contemplaba maravillada, pero eso tampoco la enceguecía de sus defectos; más bien le ayudaba a juzgar a los humanos con paciencia. Y era debido a ese amor, que era muy difícil que un humano o dios fuera especial para ella.
Las pasiones terrenales le eran ajenas y las enajenaciones dignas de dioses le eran indiferentes. Saori amaba como solo una diosa con el corazón de un humano podía hacer. Y como tal, se daba tiempo para contemplar y meditar sobre los sentimientos que le dedicaban. Los tomaba en serio, aunque en muchos de los casos, el resultado siempre terminaba siendo el mismo.
ㅡVamos… ㅡdijo, mientras se incorporaba, cuidando de no despertarla mientras al mismo tiempo la levantaba en brazos. Saori movió ligeramente el entrecejo y sus parpados se abrieron momentáneamente. Observó que era Seiya quien la tenía entre sus brazos y, como si eso le hubiera regresado la seguridad que necesitaba, cerró los ojos y volvió a dormir.
El joven Kido sonrió y comenzó a andar con cuidado en dirección de la habitación de la diosa. Estando ahí la colocó con parsimonia sobre su lecho y la cobijó con cuidado. La cortina ondeó apenas, movida por una pequeña ráfaga del viento que se escabulló por la entrada del balcón. Seiya se dirigió a cerrarla.
Tomó una enorme bocanada de aire y de la chaqueta que llevaba, extrajo una pequeña carta y la colocó sobre el buró de la joven. En la parte delantera del sobre, sólo una palabra estaba escrita: "Saori".
ㅡDuerme bien.
Con esas palabras, se decidió a salir de la habitación.
Seiya sabía que Saori tenía idea de sus sentimientos por ella desde hacia años. En parte, sentía que una de las razones por las que ella nunca aceptaba ninguna proposición de algún otro hombre, fuera mortal o dios, era debido a que tenía miedo de herir sus sentimientos. O quizás porque todavía no se decidía sobre sus propios sentimientos sobre él.
Sí, Seiya sabía que dolería en el caso de que un rechazo se avecinara.
Pero lo superaría. Saldría adelante. Siempre lo hacía.
Lo que necesitaba es que ella comprendiera que no se diera más dolores de cabeza por pensar en él más de la cuenta. Sus sentimientos siempre estarían ahí.
Ya no era el muchachito que alguna vez estuvo inhabilitado de su cuerpo debido al poder de Hades. Había experimentado tantas cosas y tantas pérdidas a tan temprana edad, que ahora no tenía ninguna prisa para vivir su vida. Si Saori alguna vez aceptaba sus sentimientos ¿Qué más podían conseguir, a parte de la intimidad que ya tenían?
El deseo por el cuerpo del otro era banal, después de tantas guerras, tantas heridas y tanta sangre perdida; un solo abrazo era suficiente. Seiya no deseaba que su amor fuera posesivo. Y para amar a una diosa, no debía amarla con las pasiones terrenales de un humano.
Le bastaba con saber que ella confiaba tanto en él, como para quedarse dormida en su hombro, a solas en una enorme mansión, ofreciéndole una fragilidad que no a cualquiera se le concede. Que le permita conocer sus gustos secretos, las cosas que la avergonzaban o le daban miedo; aquello importaba más. A fin de cuentas, esa había sido la forma, tranquila y silenciosa que Saori había tenido de aceptar sus sentimientos durante todos esos años. Ir creciendo juntos. Lo demás sólo eran formalidades.
Sus cuerpos al final regresarían a las estrellas; lo importante era amar para quedar inmortalizados en ellas.
Después de todo ¿Qué era el cuerpo, si su corazón podía caber en una hoja de papel?
