Shiroimiso
De cómo eran los Uchiha menores
—Ayame-chan… ¿Qué haces?
Preguntó por mero protocolo porque sí tenía una idea bastante clara de qué era lo que hacía su hija, sintió un pequeño escalofrío recorrerle la espalda, la boca se le secó dejando un sabor amargo y saliva espesa pasó duramente por su garganta cuando sus ojitos castaños giraron a verle con un brillo especial, un brillo que no debería estar ahí al menos no sino hasta dentro de unos diez años o más de preferencia.
Se hizo instintivamente hacia atrás cuando la pequeña con una radiante sonrisa se giró para verle mostrándole un envoltorio rojo con un lazo dorado.
No, no, no y mil veces no. Eso no era posible, era demasiado pequeña para eso.
Estático como se había quedado desde que la vio entrar corriendo al local directo a la cocina solo fue capaz de seguirla con los ojos hasta la mesa de preparación donde abriendo la tela de desplegó el contenido dejando más frío al hombre de lo que de por sí ya estaba.
Las flores en su mayoría eran blancas; los crisantemos, las margaritas y las azucenas. Las magnolias eran rosadas como las belladonas, había capullos de rosa blanca y roja, ¡Claveles silvestres! ¡Azahares! ¡Gardenias! ¡Tulipanes!
¡Ayame, su Ayame, pensaba casarse!
Se dejó caer sobre una silla cercana quedándose así mientras la entusiasta niña tomaba algunos pétalos de la colección fragante que había desplegado y los colocaba con cuidado en un tazón donde los estaba triturando para hacer una pasta inicialmente blanca y poco a poco rosa elevando el tono pastel a uno más cargado de acuerdo a la flor que colocaba.
El chime de la puerta sonó pero el hombre no se levantó.
—Llaman papá. — dijo ella sin levantar la vista y siguiendo en su asunto murmurando algo.
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La clientela fue atendida como solía hacerlo regularmente en cuanto a calidad de la comida porque el entusiasmo había sido entumido desde que vio a su Ayame preparar eso. Pero no tenía corazón para quitarle las ilusiones y decirle que además de que dudaba mucho que fuera a funcionar, no quería tener que correr a patadas al susodicho y contratar de por vida a un equipo ninja de elite para que no se acercara a menos de tres metros tanto de la barra de Ramen como de su hija.
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El tiempo pasó demasiado rápido para su gusto, las gentes entraban y salían sin darle espacio para indagar más información, aunque él solo había hecho algunas suposiciones que no podían ser erradas: las instrucciones y la idea original sin duda se la dio su madre, las flores se las dio la señora Yamanaka porque nadie más podría haber conseguido crisantemos, el niño debía estar en la academia e iba a pisar el local ese mismo día porque no había otra razón para colocar un jarrón de cristal con un ramillete grande de varas de flor de cerezo atado con un discreto mechón de cabello castaño que acababa de cortarse con un cuchillo de la cocina justo en una mesa en específico.
—No tada en llegar, papá ¿Puedes pepadad el Shidoimiso?— le dijo midiendo minuciosamente la cantidad exacta de agua para el jarrón.
Ese podía ser un momento perfecto para negarse rotundamente a dejarla terminar el movimiento de corrientes de amor, que era lo que muy seguramente su madre le había dicho que hiciera para "atrapar a un hombre de manera efectiva y de por vida".
Su esposa era una mujer sencilla, entusiasta y muy generosa con respecto a ayudar a los demás cuando su estrella de la fortuna no funciona "adecuadamente". Esto último en palabras de los vecinos calificaba sencillamente como "chismosa entrometida", pero eso sí, de buenas intenciones. Ayame no tenía esa tendencia de estar donde no se ha pedido explícitamente su presencia, pero lo que tenían en común las dos mujeres con las que vivía era la necesidad de tener lo que quieren, cuando lo quieren y como lo quieren sin excusas ni pretextos. Quizás debiera dejar que el chico en cuestión se quedara con ella unos días… ya la devolvería y por su cuenta que no regresaría.
Los tubos de bambú anunciaron un nuevo cliente y a causa de que la pequeña dio un respingo y casi se desmaya, por obviedad de razones que debía ser "el susodicho".
Miró con atención cuidando de no verse directamente incomodado por su presencia y le dio la bienvenida como lo hubiera hecho con cualquier otro cliente… Cabello negro, ojos negros, piel blanca y… ¡Oh no!… un abanico blanco y rojo engargolaba orgulloso las prendas oscuras del cuerpo pequeño pero bien formado a causa del entrenamiento de un muchachito de la edad de su hija pero con un semblante más serio y maduro que muchos otros que conocía, independientemente de su edad.
¿Cómo no se le ocurrió antes? El genio heredero del clan Uchiha tenía encantada a toda la aldea, ya fuera por sus habilidades o su "enigmático atractivo"… era obvio, la niña que no se fijara en él no era una niña normal.
Suspiró aliviado, al menos no se trataba de un vago sin oficio que solo farolean lo que no son y lo que no tienen, es más, hasta le agradaba la idea ahora, no había mejor forma de afianzar a su descendencia en Konoha que con el heredero de la familia más importante de toda la villa, y los Hyūga no contaban porque estaba seguro de que los casaban entre familiares.
Ensanchó su sonrisa sin fingirla y se dirigió a la cocina después de sentar al joven en la mesa que se había preparado para él. Shiroimiso era perfecto, suave y especial. El mejor bol de miso blanco se serviría entonces.
Ayame aún no salía a recibirlo, estaba terminando la pasta de flores, cuidando de no dejar nada en trozos pero con lo que lo estaba haciendo se tardaría un poco así que antes de ir a la bodega a sacar la vasija donde había dejado añejar la salsa le entregó un mortero que él utilizaba para dejar fino algún preparado.
Su hija había hecho una gran elección, solo estaba un poco preocupado por la eficacia de todo ante lo que prometía ser un témpano de hielo. No era la primera vez que le veía y jamás, le había visto siquiera una mueca de sonrisa o cualquier cosa que no fuera la mirada analítica y las ojeras… la falta de sueño podía ser mala para su salud.
Una cucharada de mantequilla sobre el humeante bol recién preparado debía bastar para "ablandarlo", al menos eso rezaba la costumbre de la cocina matrimonial.
No le tomó mucho preparar la sopa, la hizo con todo el cuidado del mundo preparando una ración extra porque había llegado otro chico a la mesa y no debía de verse preferente con algún cliente. No tan descaradamente.
Sintió como lo jalaban de su yukata y se encontró con una desesperada pequeña.
— ¿Esto se supone que se lo coma? ¿O qué se hace?
La preparación de pétalos de flores había quedado como una perfecta crema rosada, pero al parecer tanto se había emocionado su mujer con el primer amor de su primogénita que olvidó ese detalle.
—Eso se supone que iba dentro del jarrón, tiene que oler todos los perfumes para que pase lo que quieres que pase.
—No los puedo poned en fente de él, sedía muy vedgonzoso si ve lo que quiedo haced.
—Bueno. — eso era un problema, ciertamente ningún hombre quisiera verse víctima de cosas así, daba miedo y lo sabía, cuando él estaba en años más mozos debió cuidar mucho donde caminaba, donde pisaba, lo que comía o bebía y hasta su madre llegó a ponerle amuletos bajo la almohada para protegerlo de "malas mujeres". Necesitaban poner eso en el jarrón sin que los vieran pero no estaban a la altura de lo que se escuchaba del jovencito Uchiha.
—Usémoslo como aceite en el dispensador. — dijo determinado, tomando la preparación y colocándola sobre la caja negra, encendió la vela para que el aroma empezara a dispersarse, no había peligro, solo quedaban los dos jóvenes que conversaban apenas cruzando palabras.
Pero sintió una gota de sudor resbalar por su cien en cuanto por la puerta entró el rayo amarillo de Konoha con una radiante sonrisa de triunfo, o mejor dicho, de burla y al poco rato la pelirroja kunoichi del la aldea del remolino absteniéndose de cualquier cosa "inmadura".
—La competencia que vale es la del ramen príncipe valiente. — le dijo en tono autoritario y encaminándose a la barra donde tomó asiento en uno de los bancos muy, peligrosamente, cerca del difusor de esencias.
Los dos shinobi mayores siguieron con la rutina que se había auto impuesto, atendidos por el cocinero, dejando entonces a total cuidado de Ayame la otra mesa ocupada. Detalle que fue muy obvio para el rubio y a causa de eso dejó pasar la oportunidad de ofuscar a la niña con preguntas con respecto a su entrenamiento. Pero para la pelirroja, la situación que tramaban con el joven Uchiha era totalmente ajena a su conocimiento, así que no perdió oportunidad de llamar "adorable" a la afanosa joven camarera.
"Adorable" era un cachorro, un muñeco de felpa de ojos de vidrio brillante, una muñeca de vestido rosa pero no una aspirante a novia del heredero Uchiha. "Bonita" era una falda, una cinta para el pelo, ¿Curiosa? ni que fuera bicho… ¿Comérsela a besos?
Casi leía los pensamientos de su hija y en ninguno la pelirroja estaba bien librada. En esos momentos la situación era "seria" y en palabras de la pequeña precoz podría calificar como "me está avergonzando"
El compañero de mesa que había llegado más tarde a sentarse con el invitado de honor agregó algo más, un detalle que él al haberla conocido desde antes de que siquiera abriera los ojos, sabía que no debía mencionarse:
—Y más cuando habla y no marca las "r".
No, Ayame no podía marcar las "r" cuando hablaba aunque muchos, si no es que todos, los chicos de su edad ya lo podían hacer y fue entonces cuando el color carmín se adueñó de su rostro obligándola a bajar la mirada. Problemas, debía impresionarlo, no conmoverlo. Debía acercarse como su potencial pareja no como su amiga… aunque por algo se empezaba.
—No creo que aun enemigo le importe eso. — comentó Minato terminando el bocado que tenía.
—Porque la he visto en clases y debo decir que tiene potencial. — agregó antes de meterse otra porción de fideos. Su amigo del lado de la cocina rió para sus adentros, ese hombre sí que sabía sacar provecho a cualquier situación.
—Digamos para… unirse a algún clan importante, ya saben, kunoichi así no se encuentra muy seguido y no creo que valga mas una ganadora de belleza que una verdadera mujer preparada… ¿No crees Itachi-kun?
—Mi padre dice que por méritos propios se revela la mejor candidata, supongo que si.
Sin duda fue la línea más larga que le había oído al chico y de alguna forma se sentía realmente grande, la familia Ichiraku no se quedaría fuera y así asaltaran la florería Yamanaka siguiéndolo a todos lados con el bálsamo, su hija terminaría en la casa principal del barrio Uchiha.
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En cuanto los dos chicos terminaron y pagaron la cuenta con un descuento disimulado se marcharon seguidos por la niña que a señas le fue indicado "acompañar" a los comensales. Solo quedaron en el local los dos ninjas mayores y el anfitrión.
— Eh… ¿Y a qué se debe lo de "príncipe valiente"? tengo esa duda desde que lo escuché por primera vez. — habló el dueño para no dejar que se creara el incómodo silencio. El aludido príncipe ladeó un poco la cabeza, aparentemente él tampoco sabía. Pero la pelirroja estaba extraña; las manos enlazadas sostenían su mentón, tenía las mejillas ligeramente sonrosadas y no era por el ramen, estaba seguro, los ojos cerrados, una expresión de tranquilidad envidiable, y el bol de ramen, el primero que le habían servido hacia ya largo rato, casi completo.
—Por sus ojos azules; claros como cielo, el cabello dorado como los rallos del sol, esa presencia intimidante y protectora que tiene al caminar…
Al principio estaban confundidos, ahora estaban oficialmente asustados y Minato señaló el difusor aún encendido que estaba al lado de Kushina.
— ¿Qué tiene eso? ¡La drogó!
Sin recordar que había en ese sitio el cocinero giró la cabeza chocando con la caja aromática aún encendida y abriendo los ojos lo más que pudo ¡La belladona!
En ese momento Ayame entraba de nuevo dando saltitos de alegría y cubriéndose el rostro sonrojado con las manos:
— ¡Me invitó a salid! — exclamó casi gritando sin poder contener su emoción causando que los presentes le sonrieran, uno con orgullo, otro con más toque de victoria obtenida y ella, ella como mamá vanidosa de su pequeña, lo que no sabía con certeza si era bueno o malo porque ni en sus más extraños sueños la había visto así, pero eso no importaba:
— ¡Shisui-kun dice que soy demasiado linda!— agregó casi formando corazones rojos con las pupilas de sus ojos.
— ¿Quién? — preguntaron los dos hombres con total desconcierto en la cara.
— ¡El pimo de Itachi-san! ¡Papá! ¡Lo taje pada que lo conociedas!
—El amor, el amor obra de formas extrañas. — comentó la kunoichi con una risa tonta.
— ¡Itadakimasu! — exclamó volviendo la atención a su plato frío.
Cometarios y aclaraciones:
Bueno, parece que la musa se ha emocionado trabajando en este proyecto en particular.
n.n
Así que motívenla con un review! Puede y en gratitud se ponga a trabajar en "Media Luz" y "Kunoichi" XD
