Ie-kei ramen

De cómo eran los Uchiha mayores

Lavaba los platos mientras escuchaba con toda calma un arranque de ira de la pelirroja, su cliente más frecuente después de Minato por supuesto, pero por el bienestar del de por si competitivo dúo, se reservaba ese comentario dejándola a ella como su consumidor número uno. Lo extraño era que en esa ocasión la raíz de los males de su vida no era el rubio como solía comentarlo siempre, sino que ahora era "una tipa prepotente con cara de sumisa tonta" que se había encontrado el otro día en una reunión con el Sandaime y con quien ya había tenido algunas discusiones desde entonces.

Conociendo a la kunoichi del remolino era probable que todo se tratara de un malentendido que ella convirtió en una declaración de guerra.

Suspiró dejando el último tazón sobre la barra que estaba al lado de lavabo para que se secara y consideró seriamente la posibilidad de pedirle a Ayame de que prepara más de esa cosa de flores que usó con el chico de la otra noche y que terminó dejando a la mujer en un estado tan meloso que pese a asustarlos al principio, al rayo amarillo de Konoha no le desagradó del todo. Era una alternativa en la que todos ganaban, incluso "la tipa prepotente con cara de sumisa tonta" porque así ya la dejaría en paz.

— ¿Cómo dices que se llama, Kushina-chan?

— ¡Yo qué sé! no le pregunté eso, pero es blanca como muerta, ojos negros, cabello negro y lacio, largo, sin gracia. Se viste como viuda, siempre oscuro y tiene una cosa rara dibujada en la espalda: una bola roja con blanco. Pero lo que enserio me molesta es la carita de idiota gentil que pone cuando habla: "Si no tiene nada inteligente que decir Kushina-san, resérvese sus cometarios"— Imitó la línea con un tono exageradamente falso de dama de sociedad, parándose derecha e incluso alzando el rostro con altanería y haciendo ademanes dramatizados con las manos.

El cocinero por su parte deseo con toda su alma no haber preguntado nada o cuando menos poder desaparecer del lugar porque en ese momento una mujer blanca de cabello y ojos negros, expresión tranquila, vestida de negro con un abanico rojo y blanco a la espalda de la casaca entraba por la puerta del local y a juzgar por el nada discreto tono de voz con el que hablaba la pelirroja, juraba por el alma de sus antepasados y la suya misma, que había escuchado todo.

Pero la visitante ni se inmutó siquiera.

—Buenas tardes— saludó para hacerse notar ante la chica que seguía profiriendo maldiciones pero al escuchar que se dirigían a ella giró el rostro entornando los ojos, sin molestarse en ocultar el fastidio que le ocasionaba aquella mujer.

— ¿Qué carajos quieres?

—No vine a hablar contigo Kushina-san, debo atender un asunto del clan con el señor… cosas de adultos. — la morena cerró los ojos y le dedicó una sonrisa a la más joven, esta por su parte arrugó la nariz, casi asqueada, se levantó del banco en que se encontraba y excusándose con necesitar aire fresco salió del lugar.

—Mikoto-sama ¿Qué la trae por aquí? — preguntó él, aún bastante apenado y señalándole un sitio para sentarse, mismo que después de una breve reverencia ella tomó.

—Disculpe que venga sin avisar, pero es mi sobrino… sé que tiene algo con su hija desde hace unos días y solo venía a preguntarle si usted está de acuerdo, Shisui-kun es un poco mayor para ella, y de por si son demasiado jóvenes como para andar con esas cosas. Si no considera apropiada la situación puedo prohibirle que la vea.

De todas las posibilidades que había planeado para ahuyentar a un posible pretendiente de su pequeña, desde contratar a un asesino hasta mentirle diciéndole que Ayame era en realidad un chico, el hablar con la familia del susodicho no le había pasado por la mente. Se sorprendió un poco ante su falta de sentido común para una situación sencilla.

Pero el punto ahora, era que la situación había cambiado un poco, si bien seguía renuente a dejar que se casara antes de los veinte años y un poco decepcionado de que el príncipe encantado en cuestión no era el heredero del clan, seguía en consideración aceptable el que Ayame quedara bien establecida bajo el apellido Uchiha. Y rezaba a sus antepasados que aunque cambiara de partido al conocer más gente del clan, por ejemplo Itachi, solo no escogiera a Obito.

Y si, como se mostraba ahora, no había problema con que ellos no fueran de una prestigiosa familia, ya estaba resuelta la situación; Shisui sería bienvenido como un hijo. En su interior se reía a carcajadas pero trataba de mantener la compostura frente a la esposa del actual líder de la casa del abanico.

— ¿Puedo ofrecerle algo de tomar Mikoto-sama? — preguntó con cortesía mientras encontraba las palabras adecuadas para no sonar desesperado y decirle que quería que su hija fuera de su linaje a cualquier costo.

—Le acepto un poco de agua, gracias.

Se puso de pie y entró a la cocina, regresando al poco rato con una jarra de cristal cortado y un par de vasos delgados también muy bien trabajados en el mismo material. Él sabía que ese juego "de gala" lo usaría algún día.

Después de dar un par de sorbos al líquido, ella levantó la mirada y con un gesto de la cabeza dio la clara señal de que solicitaba la respuesta al planteamiento de la pareja.

—A decir verdad, Mikoto-sama, Shisui-kun me parece un buen chico, no es como esos barbajanes que uno se encuentra a cada rato, es decente y me parece que trata a Ayame-chan con propiedad, así que no tengo ningún inconveniente en que la siga viendo.

Ella asintió y dio un nuevo sorbo.

—Sabe, en nuestra familia hay una costumbre; el Omiai*. Sé que es muy joven y no es en realidad una propuesta de matrimonio, pero a Fugaku-san le preocupa un poco el que su familia… no sea…

— ¿Ninja?

—Sí.

Estaba todo saliendo demasiado bien como para ser tan fácil. Ahora ya veía venir el lío en que se había metido.

— ¿Qué es lo que tiene hacer Ayame-chan?

.

Eran casi las dos de la mañana, el local estaba cerrado ya desde la hora de costumbre pero el cocinero seguía preparando sopas; de pollo, de res, de soja, de cerdo. Todo lo que se le ocurría que podía combinar lo combinaba, lo probaba y aunque no eran en absoluto malos los resultados, no era lo que buscaba para causar una verdadera gran impresión.

Preparaba masas distintas, estiraba fideos de formas diferentes, cambiaba las combinaciones de verduras y condimentos. Necesitaba urgentemente algo nuevo y le restaban solo un par de horas para descubrir un platillo jamás servido antes y unas más para enseñarle a su hija a prepararlo.

Debió anticiparse a que le pedirían que "probara sus habilidades".

Su hija no era tan inútil en cuanto a habilidades domésticas, pero le faltaban bastantes cosas para calificar como señora de la casa. En esos momentos su esposa también debía estar trabajando en esos detalles, más bien enseñándole como servir el té a la manera de la aldea de la hoja y no la del bambú que era como lo hacían a la hora de la cena, cómo acomodar los futones ya que ellos ocupaban divanes y por tanto era lógico que no supiera hacerlo, lecciones sobre la historia más relevante del clan y sus miembros más distinguidos era fundamental también.

En el aspecto ninja no se preocupaba tanto, Minato había dicho que era buena y sus notas altas respaldaban eso, así que si la probaban en ese aspecto sería capaz de defenderse sola, de cualquier forma, no podía ayudarla mucho con eso porque no tenía ni idea de lo que se necesitaba para ser ninja...

Por experiencia en su matrimonio sabía que una mujer que sabe cocinar bien obtiene méritos extras para congraciarse en presencia los suegros. Para fortuna de Ayame, no había tenido la mala suerte de su madre al tener que superar una casa de cocineros y aunque jamás había vuelto a pisar la cocina desde que la presentó a sus padres como su novia, había logrado deleitarlos con sus conocimientos culinarios.

.

No había dormido, y parecía que Ayame tampoco, pero debía enseñarle esa receta.

—Ya te enseñé a estirar fideos, pero sé que no puedes hacerlos muy delgados sin que se te rompa la masa así que diseñé un platillo donde no necesitas dejarlos exactamente como yo.

El hombre le enseñó a la pequeña la nueva técnica, solo había que dejarlos más gruesos y lisos, sin giros o ligas, eso era todo. El caldo era el especial, y entre los delirios de la madrugada terminó por dejar el de cerdo y combinarlo con condimentos fuertes; pasta de ajo y toubanjan; la pasta de chile no le haría daño a quienes acostumbraban hacer jutsus de fuego.

La dejó sola preparando los cortes de chuleta que debían servirse en el plato, de hecho la dejó hacer todo sola, él se limitó a dar las indicaciones.

Sin duda ya tenía más hábiles los movimientos de manos y aunque no tomaba el cuchillo correctamente a su gusto; los cortes en la carne los hacía rápidos y precisos, los vegetales no duraban mucho en la tabla y ponía bastante atención a cada cosa que se le decía siguiendo con exactitud las instrucciones.

—Usa las hojas de kombu.*

—Me gusta más la wacame.*

—La wacame se va a desbaratar y te va a quedar un caldo verde que nadie se va a querer comer.

La niña ya tenía todo listo en un lapso de tiempo relativamente corto. Ahora venía la parte de la presentación del platillo. Primero los fideos, luego el caldo y los condimentos al final poniendo especial atención en la cantidad de pasta de ajo, procurando no ensuciar los cebollines y brotes de bambú, manteniendo la chuleta tan rosada que pareciera falsa.

Y al fin estaba listo.

Tomó una cuchara y probó la sopa, el sabor penetrante de la combinación de condimentos le dejó una sensación caliente y suave en la boca pese a ser un plato bastante intenso. Distinguió perfectamente todos los sabores que combinaban perfectamente e incitaban a la lengua pasearse por el paladar recogiendo los restos del caldo que podía haberse quedado ahí, ni siquiera el ajo lo arruinaba como era de esperase haciéndose notar en todo su esplendor, más bien realzaba a los demás de una forma magnífica, especialmente con el toubanjan. Juntos raspaban ligeramente la garganta pero causaban una salivación deliciosa que sin duda convencía al comensal a seguir degustando.

Pero había algo distinto en este ramen al que él preparó en la madrugada, otro sabor que de alguna manera complementaba sin recargar de más, un toque que aligeraba la sal del concentrado de cerdo, puso atención al plato queriendo encontrar ese ingrediente extra.

—Le pusiste wacame— le dijo a su niña sacando de debajo de un corte de chuleta una pasta verdosa que sin duda era el alga ya rehidratada y casi por disolverse en el resto del plato caliente.

—Te dije que me gustaba.

.

A eso de las seis de la tarde se dio cuenta que viviendo en una aldea ninja no había posibilidad alguna de mantener las cosas aisladas. El local estaba lleno, y aunque todos habían pedido orden para comer ahí, también todos hablaban de lo mismo.

— ¡Obito me dijo que Ayame-chan hizo el Omiai Uchiha! — dijo Minato apareciendo de pronto en la cocina y asustando de sobremanera al pobre hombre que estaba en ella.

—Sí ¿Tan malo es? Eres la vigésima persona que viene a gritármelo.

—El Omiai es una ceremonia de matrimonio.

—Algo así dijo Mikoto-sama.

— ¡Tiene cuatro años!

—Falta una semana para que cumpla cinco, tranquilo, ni que la hubiera vendido.

El shinobi recobró la expresión neutral del rostro y se pasó una mano por el cabello rebelde moviendo la cabeza de un lado al otro.

Otro susto para el cocinero, este ocasionado por un grito a todo pulmón proveniente de la entrada del local cuya puerta corrediza quedó hecha trizas en los muros de ambos lados.

— ¡¿Cómo pudiste hacerle eso a tu hija? — la kunoichi estaba furiosa con la sangre violentamente aglomerada en sus mejillas, de nuevo camuflándole el rostro entre la larga melena roja.

— ¡¿Cómo pudiste dejarla en la casa de esa prepotente?

— ¿Quién? — preguntó confundido el rubio.

—Mikoto-sama— le respondió el otro que consideraba la seria posibilidad de ocultarse detrás del shinobi a cada paso que la chica avanzaba.

— ¿Te preocupa que Mikoto-san le diga que se pare derecha y no el hecho de que el Omiai es para matrimonio y Ayame-chan tiene cuatro años?

— ¡Cállate principito! ¡Esa mujer es diabólica pero ustedes no lo ven porque siempre les pone la cara de sumisa tonta!

Otra discusión de avecinaba peligrosamente pero en ese momento una pequeña ataviada en un kimono rosa pasó corriendo el pasillo de las mesas arrojándose de un salto al cuello de su padre donde se soltó a llorar.

Los shinobi se quedaron callados al igual que el resto de los comensales.

Como buen padre solo acertó a abrazarla fuerte no pudiendo evitar el sentir una culpa enorme por haber aceptado que hiciera la ceremonia sin preguntarle primero si se sentía lista.

El silencio abismal de todos los presentes enmarcaba más el llanto de la niña y llegó un momento en que la tensión se volvió demasiado incómoda, pero tampoco había alguien capaz de tomar la iniciativa de marcharse primero, después de todo, estaban ahí para conocer la decisión del clan, obvia en esos momentos.

—Ayame-chan…— susurró el padre levantando el rostro de su niña, tenía los ojos hinchados y rojos, le temblaban los labios y estaba bastante sonrojada.

—Yo…

—Fugaku-sama dijo que… que… ¡Qué eda pedfecta!... en dealidad dijo "pedfecto" a secas, pero Mikoto-sama dijo que se defería a mí.

Esta vez la niña se llevó las manos a la cara y siguió llorando pero ahora también se intercalaban unas ligeras risas nerviosas, o de felicidad según se viera, desatando entonces el murmullo de nuevo, como cuando se suelta un globo inflado a su máxima capacidad casi a punto de estallar.

Todos se mostraban sorprendidos y aunque el anfitrión tardó un poco más en reaccionar, al cabo de unos minutos tomó a su hija de la cintura y la lazó al aire atrapándola de nuevo en la caída. Su futuro estaba asegurado, después de todo, viviendo con el clan más poderoso de una aldea ninja ¿Qué peligro podía haber?

— ¡La casa invita las ordenes de todos! ¡Itadakimasu!


Cometarios y aclaraciones:

*Sobre el Omiai del clan Uchiha, que es casi invento mío (porque el Omiai es tradición japonesa, yo hice la versión "Uchiha"), pueden encontrar otra referencia en el capítulo 22 de mi fic Kunoichi.

*Kombu: Alga para cocina japonesa, de sabor intenso y textura firme, suele venderse en tiras desecadas que luego se ponen a remojo y se emplea como base de los caldos ya que es muy rica en yodo.

*Wacame: Ver primera nota del capítulo dos. Pero en resumen también es una alga solo que más suave.

¡Muchas gracias por leer!

Y como dice una amiga: recuerden que los reviews son la felicidad de un autor! (aún si no les gustó u.u) y más en su cumpleaños XD