Bi Bim Naeng Myon
De cómo Orochimaru empezó su decadencia en Konoha
— ¿Entonces?
—No.
—Pero…
—Pero nada, no van a ir ustedes solas a la mitad del bosque.
—Hana-chan y yo podemos cuidadnos, ¡Y no solo vamos nosotas!
—No.
La niña hizo un puchero, pateo el piso y salió de la cocina, del local también y se perdió de la vista de su padre andando en dirección a su casa.
—Valla carácter el de la niña ¿Eh? — dijo un nervioso Obito que estaba sentado a la barra. Un humeante bol de ramen fue puesto en la mesa frente al frente suyo y poco le faltaba al Chūnin para lanzarse encima y devorarlo sin dejar rastros de nada, ni siquiera del recipiente de cerámica o los palillos de bambú.
—Valla Obito-kun, parece que es tu platillo favorito. — dijo enfatizando de manera ligeramente tétrica el sufijo mientras veía al chico abstenerse por sacar su lado "animal hambriento".
—Sí, un poco.
—Come, no te sientas mal, la casa invita ya que estamos celebrando.
—… ¿Qué exactamente?
El chico estaba incómodo, se notaba, había bajado las gafas naranjas de su frente a sus ojos y se removía bastante en la silla ante la mirada del hombre del otro lado de la barra.
—Que Ayame-chan es bien recibida en una casa tan importante como la Uchiha, por supuesto.
— ¡Ah! Eso, si aunque tiene ya varios días de que pasó ¿No?
—Sí, pero tú eres un Uchiha, Obito-kun, contigo mi festejo se extiende sin vencer, come.
—Gracias… Itadakimasu— dijo con un hilo de voz mientras tomaba los palillos y comenzaba a comer. Al negocio entraron otros tres chicos, Genin que no tenían mucho de haberse graduado según se notaba, estaban atados por las muñecas entre ellos y a distancia se veía que la situación no hacía feliz a ninguno.
—Yo quiero del lado de la pared— dijo el que tenía el cabellos más revueltos y una banda blanca sobre el puente de la nariz.
—No Kotetsu idiota, ahí voy yo. — le recriminó el otro chico cuyo flequillo le tapaba uno de sus ojerosos ojos.
—Izumo, hay dos paredes— aclaró la chica del equipo
— ¡Cállate tú! Contigo no hablamos— le gritaron los dos apenas terminó de pronunciar palabra.
—Bueno ¡Yo me quedo con la otra pared y ustedes peléense por esa, par de imbéciles!
Un jaloneo y más reclamos se hicieron presentes, un jarrón pagó y Obito giró la cabeza con un rápido movimiento.
— ¡Yo no fui! — se excuso innecesariamente porque era obvio están él del otro lado, mientras los otros tres empezaron a pelear ahora por quien había tenido la culpa hasta llegar al extremo de que ella sacó un kunai. El dueño del lugar temió lo peor, pero la chica se limitó a cortar las sogas que los mantenían juntos y una vez libres de los nudos cada uno se colocó en esquinas diametralmente opuestas.
—Novatos, ya se soportarán. — dijo Obito por lo bajo y queriendo cambiar el tema que preveía, sacaría el hombre y no tenía nada que ver con el clima.
—Por favor ¿Tu equipo les va a dar el ejemplo? — respondió el mayor básicamente burlándose de la total indiferencia en entre los pupilos del rayo amarillo de Konoha.
—Pero hablemos de otras cosas…
.
Las semillas de ajonjolí que acababa de seleccionar llevaban tostándose una par de minutos. Las sacó del fuego y las empezó a triturar con calma con ayuda del mortero blanco de porcelana. Una vez terminado el polvo lo dejó de lado para empezar a freír el resto de la preparación.
Generalmente no le preocupaban tanto los asuntos shinobi de la aldea pese a vivir en una que se podía posicionar a la cabeza sin mayor problema. Era feliz en su ignorancia al no saber todo lo que se ocultaba bajo el emblema de la hoja o detrás de los edificios militares que de vez en cuando llegaba a ver cuando caminaba por las calles.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Sí, sin duda la ignorancia hacía felices a las personas civiles.
No le molestaba el hecho de que el clan dejara que Shisui viera a Ayame solo para mantenerlo controlado en una reciente etapa de rebeldía, bueno si le molestaba que usaran de chantaje emocional a su hija, pero de todo lo que había dicho Obito lo último se llevaba el premio ¿Cómo podía haber un ninja tan idiota cómo él que anduviera soltando esa información como si nada?
Terminó de cortar el tofu y lo pasó a la sartén donde se había estado calentado el aceite para dorarlo junto con el pimiento rojo y los champiñones.
¿Cómo podía haber gente así? ¿Cómo podía siquiera imaginar que su propia hija se había puesto una meta inconscientemente similar?
Vertió la salsa de soja viendo como la consistencia viscosa de la misma cubría los ingredientes.
Y esa niña, Anko, su hija la idolatraba ¿Y si…?
No, movió la cabeza de un lado a otro, tenía que dejar de pensar en eso o terminaría encerrando a Ayame bajo llave en su habitación.
El chime sonó y colocó una tapa sobre la preparación, tenía cinco minutos mientras se cocía eso para atender al cliente. Se trataba de una mujer de cabello castaño, corto y alborotado, lo más distintivo de su persona era las marcas rojas en el rostro y que las pupilas de sus ojos eran rasgadas. Además del enorme espécimen cuadrúpedo de pelo negro que la acompañaba. Vestía el chaleco verde y los pantalones amplios, así que sin duda era ninja de la hoja.
—Huele demasiado bien eso. —dijo el can con voz profunda.
—Aunque yo no usaría tofu. — agregó ella arrugando la nariz.
—No me gusta ni a mí, ni a mi hija.
El cocinero estaba un confundido, el tofu que usaba era natural y no tenía aroma, al menos no uno que él encontrara… un momento, ¿El perro hablaba?
—Tsume Inuzuka, soy la mamá de Hana. — se presentó tendiendo la mano derecha que fue recibida por una torpe imitación del gesto por parte del hombre que no despegaba la mirada del animal.
—Y él es Kuromaru. — indicó la mujer sonriendo socarronamente tratando de imaginar lo que le pasaba por la mente al escuchar hablar a su compañero, era tan divertido ver la cara de los civiles cuando Kuromaru decía algo.
—Si le molesta puede quedarse afuera ¿Eh?
Pero no hubo respuesta.
—Kuromaru, espera afuera, creo que el señor se pone nervioso.
El aludido obedeció y movió su imponente cuerpo a la entrada.
—Ayame-chan me pidió que hablara con usted para que le diera permiso de ir al campamento con Hana-chan y las otras niñas de la clase. Comprendo que le dé algo de desconfianza, digo, no lo culpo, Hana-chan y Ayame-chan son amigas desde que empezó el curso en la academia y yo apenas me vengo a presentar. Pero le garantizo que es totalmente seguro, iré yo, Kuromaru y llevaré a otros perros del clan. No va a pasar nada.
Él se limpió con un pañuelo una ligera capa de sudor que se había formado en su nariz y mejillas e indicó a la señora que pasara con él a la cocina, le ofreció asiento en la mesa del centro y pasó a atender su preparación removiéndola un poco, vertió unos camarones y los fideos que tenía escurriéndose a un lado. Apagó la parrilla y volvió a cubrir para que los camarones se cocinaran solo con el vapor.
Dio un trago amargo de saliva, en la mañana y desde la tarde anterior no le había dado permiso a Ayame porque ciertamente, como había señalado la señora, no conocía a ninguna de las chicas con las que supuestamente iría.
Pero después de la conversación con Obito…
Niño idiota, le había incrementado la paranoia y pensar que solo quería saber porqué los Uchiha habían aceptado a Ayame y terminó enterándose hasta de que Minato era candidato a ocupar el puesto de Kage y muchas otras cosas más como esa que le tenía tan turbado.
¿Y si se lo decía a ella? Esta kunoichi tenía una hija, podría también preocuparle el asunto, pero también era ninja ¿Qué tal si estaba del lado de él?
Eran demasiadas las dudas que le martillaban la cabeza, se debatía entre decirle o no, tenía que sacar eso a como fuera lugar o el asunto lo carcomería desde dentro. Y se supone que nadie atendía la cuestión por ser solo especulaciones del clan Uchiha que atendía la jefatura de policía. Un caso aislado que los miembros de la casa del abanico trataban como si un ladronzuelo de vajillas fuera. Estaba confundido, era un algo muy importante y no tenía ni idea de cómo proceder.
Su nerviosismo estaba a flor de piel, ella lo percibió, no se trataba de "mamá de" conoce a papá de" para que la hija pueda ir a dormir a casa de su amiga. Era más que eso, su nariz no la engañaba nunca.
—Hoy me enteré de algo— se animó él finalmente hablando y tomando asiento frente a la mujer sirviendo un poco del té que había preparado en la mañana.
—Uno se los legendarios sannin… me dijeron que estaba experimentando con niños…
— ¿Orochimaru?
—… Sí…—respondió con algo de desconfianza ¿Alguien más lo sabía y lo tomaban a la ligera?
—No crea que ya lo sabía, pero de los tres es el que tiene facha de genio incomprendido.
El silencio se hizo en el lugar, la mujer giró la vista a la zona de las mesas emitiendo un leve gruñido, de pie frente a la barra se entraba un chico enmascarado.
—Kakashi— llamó el hombre un poco asustado, por respuesta el chiquillo movió la expresión de sus ojos de seria a molesta, dejó un papel sobre el mostrador, hizo unos sellos y entre una nube de humo desapareció del lugar.
—Veré todo el asunto, no me gusta como pinta y es extraño que las cosas vallan como si no pasara nada.
Vio a la kunoichi ponerse de pie y salir por la puerta, Kuromaru que había permanecido en la entrada también se levantó y siguió a la señora.
.
Las manos le temblaban, sirvió las raciones y puso un poco de ajonjolí sobre los camarones que ya habían terminado de cocerse. Sentía la boca seca y la mente nublada, pero al menos su cuerpo aún obedecía a la rutina de servir a los comensales.
Ayame se había ofrecido a ayudarlo esa noche que había demasiada gente y la dejó hacerlo un rato, sabía que quería hacer méritos para que le diera el permiso, pero la envió a casa apenas por la puerta cruzaron los tres sannin.
La mesa para ellos tenía ya vacías unas tres botellas de sake que había sacado de la bodega a petición de la legendaria curandera.
Se sentía extraño, torpe en cierta manera.
No estaba seguro pero juraba que las pupilas doradas del invocador de serpientes se clavaban en su nuca, podría ser simple paranoia suya o quizás estaba tan nervioso que para un ninja era como un letrero que anunciaba que algo tramaba.
Sentía que el corazón le bombeaba con demasiada fuerza, un mal presentimiento.
Una silueta femenina, menuda y de andar veloz entró al local directo a la cocina.
—Ayame-chan tiene escuela mañana y no ha hecho los deberes— le dijo su esposa con cierta molestia evidentemente creyendo que su hija se encontraba ahí ayudando como camarera.
Sintió como toda la sangre del cuerpo se le helaba. Se quitó el delantal blanco para dejárselo a su mujer y salió a la calle.
Cometarios y aclaraciones:
A quedado muy corto, pero es que en realidad era exageradamente largo y decidí publicarlo en dos partes, de momento les dejo la duda ¿En dónde está Ayame?
¡Gracias por leer!
