Lo Mein
De cómo empezó la rivalidad entre Maito Gai y Kakashi Hatake
El cronómetro avanzaba en retroceso marcando que debería pronto poner a cocer esos fideos para confirmar que había bajado el tiempo que le tomaba estirarlos. Kushina debió preguntarle primero el plan a proceder para mantener al ninja ocupado antes de directamente comprometerlo a eso.
Dio un par de lanzamientos más ante los eufóricos ánimos que le daba el joven de prominentes cejas.
— ¡Vamos! ¡Los fideos no son enemigos dignos para el cocinero más rápido del mundo!
Para cuando la campanilla sonó la primera vez la pasta ya estaba cociéndose pero sin perder tiempo el wok ya rebosaba de ajo, jengibre, pollo y camarón, pequeños trozos de filete de res friéndolos y moviéndolos de un lado a otro solo dando pequeñas sacudidas al wok, vertió los zanahorias habiendo cortado estas tan rápido como le fue posible apenas siendo consciente de que sin duda había mejorado su tiempo, le siguió el germen de trigo que sacudió frenéticamente para quitarle el exceso de agua. Los músculos atenazados de sus brazos respondían mecánicamente al ir y venir de la pasta terminando de prepararla en cuestión de minutos y pasándola a freír en otros pocos; la orden completa desde amasar hasta servir con la salsa de soja estaba lista. Sin embargo, como para cada ocasión debía ser un platillo distinto para que se notara el tiempo real que le tomaba preparar cada uno, era un poco frustrante tener que hacer todo desde cero sin poder tomar algo de lo que ya tenía.
— ¡Eso es! — exclamaba el extraño joven de verde empezando a comer rápidamente, el plan era que en cuanto terminara el último sorbo ya estuviera lista la siguiente orden. En palabras de la pelirroja que lo había alentado a ir a ese local en el que usualmente no entraba; solo un shinobi con su fortaleza podía poner a prueba la velocidad del cocinero.
Llevaban dos días y medio con eso y ya había comido todas las variedades hasta quedar rendido, tan lleno que era incapaz de moverse por el resto de la noche, y aunque había que reconocer que el entrenamiento de cocina funcionaba para el hombre, había algo que lo incomodaba a Gai de sobremanera y no era el hecho de que posiblemente no quería volver a ver un bol de ramen por lo que le quedaba de vida, más bien, era que cada vez se sentía "fuera de combate" con mayor facilidad, que su rutina de penitencia por las madrugas se veía afectada por una terrible indigestión que le doblaba el ánimo.
—Vamos muchacho. — le dijo de momento el hombre sin detener su labor al notarle un poco más lento al comer.
—Si no te terminas ese bol te serviré dos órdenes de carne de cerdo. — agregó señalando la bodega donde guardaba los cortes que había comprado por la mañana.
—Ya déjenlo, ya no puede, le va a dar un ataque si sigue comiendo así. — comentó Minato repartiendo las cuatro órdenes que había pedido entre los miembros de su equipo.
— ¡No me voy a rendir! — exclamaba el chico retomando su ímpetu al básicamente tragarse la pasta y demás condimentos apenas masticando.
—Gracias. — susurró por mera cortesía carente de verdadero agradecimiento uno de los pupilos del rayo amarillo de Konoha. Menos de un par de segundos habían pasado desde que el bol fue dispuesto al frente suyo y este ya se encontraba vacío. Se puso de pie dispuesto a marcharse cuando Gai lo interceptó totalmente desconcertado.
— ¡¿Cómo hiciste eso?
El otro no respondió y trató de evadirle para salir, pero el maestro de taijutsu se lo impidió:
— ¡Te reto! — le gritó en la cara siendo olímpicamente ignorado y dejado de lado.
—No lo hará. — comentó la chica del equipo terminando su bocado.
—No va a ceder a un reto sin importancia. — agregó el Uchiha haciendo gala de su falta de refinamiento en la mesa.
—Pero si quieres te lo convenzo.
— ¿Y cómo harías eso?
Obito soltó una carcajada seca escupiendo algo de comida y ganándose un golpe por parte de Rin.
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Surrealista era combinar cerdos voladores con margaritas bailarinas en un prado rosa intenso bajo un cielo amarillo lleno de macarrones de espinacas.
Absurdo era figurar a un Uchiha, que no fuera Obito naturalmente, llorando sin consuelo mientras ve un documental de vida salvaje.
Totalmente imposible ver a un Hȳuga en un bar público perdido en alcohol y cantando el último éxito de la radio.
Inadmisible incluso podría ser concebir a Ayame, su pequeña hija, limpiando por voluntad su habitación.
Pero la escena que tenía al frente era más increíble que todo lo anterior. No habían pasado más de dos horas desde que Obito había salido jurando que haría que su compañero respondiera al reto cuando Kakashi regresó al local y tomó lugar en la barra manteniendo el porte firme que lo caracterizaba.
—Terminemos con esta estupidez de una vez. — dijo sobrentendiéndose la situación a la que se refería.
Curiosamente se tardaba menos en preparar órdenes mayores que una sola, y le causaba menos molestia tener que invertir tiempo, energía y material en porciones pequeñas. Las dos órdenes salían al mismo tiempo y las dejaba a la par para que no empezaran con el dilema de que uno terminó antes porque se le sirvió primero.
No lo negaba, tenía bastante curiosidad en ver cómo demonios hacía Kakashi para comer tan rápido sin atragantarse y sin dejarse ver la cara, apenas desviaba un momento la vista y ya el plato estaba limpio. El chico genio de plateada cabellera al paso que iba le llevaba una arrolladora ventaja de seis bol a Maito, que trataba con todas sus fuerzas de tardar menos cada vez, pero la presión de su estómago apresado en fuertes y tonificados músculos empezaba a resentirle.
De los originalmente cuatro testigos del evento, pronto llegaron más y curiosos, ya fuera por el concurso de glotonería o por ver si de casualidad le veían la cara a Kakashi, el remolino de gente creció considerablemente abarrotando el lugar dejando casi afuera a una de las clientas habituales del lugar que terminó por usar sus habilidades ninja para colarse.
— ¡Gai-kun! — exclamó la pelirroja al ver al chico.
— ¡Está al borde del colapso traqueal! — exclamó sintiéndose importante usando el término, claro que su diagnóstico había sido acertado si el chico fuera un perro de raza enana y tuviera una debilidad crónica de los cartílagos de la tráquea. Bueno, no había sido una buena comparación, lo había oído de Tsume y le gustó como sonaba y al parecer nadie tenía la información para contradecirla.
— ¡Resiste Gai-kun!
El maestro de taijutsu tambaleó, dejó caer los palillos y el banquillo no pudo detenerlo en su caída.
Kakashi no se inmutó ante lo sucedido con su contrincante, se puso de pie, giró sobre sus talones y la arrogancia de su presencia le abrió camino hasta la puerta perdiéndose de vista.
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Respiraba jadeante, toda la situación ya rayaba en lo absurdo, Gai desde hacía unos días que había dejado sus rondas madrugadoras pero tenerlo ahí todo el día comiendo y en calidad de porrista personal era ya demasiado, y ni hablar de la inversión económica que implicaba la competencia de glotonería en la que por alguna razón ya había partidarios de cada bando de asistían y con un consumo mínimo solo veían como el resultado se apretaba cada vez más.
Ya era tiempo de terminar de una buena vez por todas con esa absurda situación…
— ¡Ya! — exclamó dejando todo lo que tenía en las manos en la barra de preparación.
— ¡Ya no puedo a seguir con este concurso! — exclamó cruzándose de brazos.
— ¡Pero estaba tan cerca! — reclamó Gai poniéndose de pie sobre el banco y levantando el puño.
—Y pensar que estaba funcionando. — murmuró desanimada Kushina.
—Era obvio que no iba a ser una medida permanente. — aclaró Minato desde su sitio en medio de sus otros dos alumnos.
— ¡El hombre se convierte en lo que él cree de el mismo! ¡Si yo me mantengo diciendo a mi mismo que no puedo hacer cierta cosa terminaré por no poder hacerlo! ¡Pero si yo tengo la creencia de que yo puedo hacerlo, yo seguramente voy adquirir la capacidad de hacerlo inclusive si yo no pude hacerlo en el principio!
—Deberías escribir libros de autoayuda. — masculló Kushina recargando la cabeza sobre la barra dejando dispersa su cabellera roja.
— ¿Es en serio? — la voz de Kakashi nunca se oía a menos que fuera para determinar estatus en la gente o breves explicaciones de lo que se "debía" hacerse en algún momento, por lo mismo, inevitablemente cualquiera giraba el rostro para verle en cuanto murmuraba, además de poco, su tono era bajo y la tela de la máscara ahogaba la mayor parte del sonido.
— ¡Sí! ¡No voy a seguir con esto…!
—Perfecto— el ninja no esperó más y se puso de pie caminando a la salida.
— ¡Hey! ¡No! ¡Espera! — reclamaba el chico de poblada ceja.
—Cumplí con lo que tenía que cumplir. — se limitó a decir abandonando finalmente el lugar.
—Obito. — preguntó Rin mirando a su compañero.
— ¿Qué habías hecho para que Kakashi-kun viniera?
—Kakashi nunca que le dice que no a un superior, pague como misión D el que ayudara al viejo a "ser el cocinero más rápido del mundo" — dijo como si se tratara de la cosa más natural del mundo.
—Que forma más estúpida de gastar el dinero.
—Oh, vamos Rin-chan, debiste verlo al tercer día de venir a comer, lo seguí hasta su casa y lo primero que hizo fue vomitar. — comentó como si eso fuera una situación graciosa.
— ¡Pero no le vi la cara! — exclamo desanimado.
—Se dio cuenta de que lo seguía y hasta las nauseas perdió ¡Debiste ver sus ojos todos rojos!
Una pequeña aurea asesina inundó el lugar, Minato se puso más derecho en su asiento relajando un poco el cruce de sus brazos solo por si acaso debiera reaccionar, Kushina apenas levantó la mirada tratando de ver por entre los mechones desiguales de su flequillo, Rin se hizo hacia atrás pensando que dejar a Obito seguir hablando solo desencadenaría desgracias.
— ¿Kakashi hizo qué cosa? — preguntó con tétrica voz el cocinero.
— ¡Lo vomitó! — repitió el Uchiha entre sonoras carcajadas.
— ¡Pero eso sí! ¡Todo el camino de ida con su jeta de "nada me importa"!
El aura negativa se intensificó dramáticamente al sentirse realmente ofendido ¡el genio Hatake Kakashi había insultado su trabajo!
—Gai-kun. — dijo el hombre interrumpiendo al muchacho que seguía con frases sueltas de superación personal sin haberse interrumpido pese a que Obito seguía riendo y contando detalles asquerosos sobre lo que había visto.
—Gai-kun… ¡Esto no termina hasta que termina! — exclamó furioso, emoción mal interpretada por el maestro del taijutsu.
— ¡Esa es la actitud! ¡Iré por Kakashi-kun! — exclamó eufórico corriendo tras los pasos del otro ninja.
—Presiento que esa competencia irá para largo. — repuso Minato estirando los brazos y mirando a Kushina que seguía sobre la barra, se veía agotada…
Cometarios y aclaraciones:
^.^
Y más Gai-sensei para rato
¡Gracias por leer!
XD ya saben, un comentario no cuesta nada y hace felices a los autores especialmente a aquellos que casi mueren por culpa de huelguistas.
