Shao Hsing

De cómo Konoha se despide de un joven ninja

Se había jurado romper sus costumbres de discreción para decirle a Minato lo que había escuchado de la kunoichi pelirroja. Pero cada que tenía al ninja rubio enfrente era totalmente incapaz de articular oraciones coherentes al respecto, sabía que ese silencio estaba mal, pero a la vez comprendía perfectamente que no tenía derecho alguno para develar el secreto de la chica, mismo que duraría quizás un par de meses hasta que fuera evidente lo obvio.

Veía comer a uno y a otro a diferentes horarios evitándose en la medida de lo posible.

Él, por el remordimiento de su manera de concluir una noche íntima.

Ella, por mero instinto de proteger lo que quedaba de relación ya fuera meramente amistosa.

Jiraiya había dado su opinión, y pese a que se inclinaba porque fuera del conocimiento del rayo amarillo de Konoha su no planeada paternidad, igualmente respetaba la postura de la chica y dejaba su imponente figura al margen de la situación. Por su parte, el cocinero, al sencillo estilo profesional optó por fingir ignorancia de los detalles.

— ¿No estás emocionado Kakashi-kun? — preguntó ligeramente sonrojada la kunoichi que entrenaba Minato, por respuesta el otro chico ni siquiera se molestó en emitir cuando menos algún ruido que demostrara que le había escuchado.

—Déjalo Rin-chan. — decía Obito arrugando la nariz.

—No se va a molestar en contestarle a un ninja de rango menor, ahora que es Jōnin definitivamente ni el suelo que lo sostiene lo merece ¡Oye! — exclamó interrumpiéndose a sí mismo al recibir un ya acostumbrado golpe-pellizco-mirada fulminante de parte de su compañera.

Vació el vinagre de arroz en la olla que tenía al lado totalmente enajenado de la acostumbrada rencilla que sostenían dos de los alumnos de Minato, le pasó el azúcar moscabado, jugo de piña, salsa de tomate y soya molida.

—Así que Kakashi-san pasó el examen. — soltó al aire el cocinero mientras encendía el quemador de su parrilla para poner al fuego su mezcla.

—No pareces feliz ¿No te da gusto? Tú lo entrenaste, sería para tenerte irradiando orgullo, algo así como orgullo paternal. — agregó tratando de empezar a sacar el tema.

—No es que no me dé "orgullo", es que no creo que haya sido lo mejor, al darle un rango más alto por default se le vienen misiones más complicadas y… Obito y Rin también son alumnos míos, a los tres he tratado de enseñarles por igual, pero… nos están empezando a asignar misiones del nivel que se supone tiene un equipo con dos Jōnin…

Minato frunció el seño aferrándose más a la pequeña copa de sake que había estado sorbiendo desde que llegaron.

—La guerra continúa. — dijo con cierto tono de amargura. El cocinero guardó silencio, no era común que el rubio comentara abiertamente inquietudes personales, pero últimamente había estado hecho un manojo de nervios. Quizás ya se presentía lo de Kushina, o quizás la presión de ser el próximo líder de la hoja, o quizás la misión que les acaban de entregar.

— ¿Ya listos? — preguntó girando para ver a sus chicos, Kakashi que no había siquiera tocado el plato de ramen, seguramente por algún tipo de trauma camuflado causado por Gai, y Obito a punto de ser asesinado por Rin.

— ¡Hey viejo! — exclamó Obito interrumpiendo su discusión con la kunoichi de su equipo justo antes de que esta le apuñalara por insultar a Kakashi.

— ¿Eso que huele tan mal es la misma salsa de la otra vez? — preguntó arrugando la nariz al sentir el olor acido picarle las fosas nasales.

— ¡¿Cómo que "huele tan mal"? — respondió el otro sintiendo insultada su cocina.

—Bueno, no son rosas y manzanilla…

— ¡Esta salsa será la cúspide de mi recetario!

—Si no, puedo decirle a mi tío que te la patente en el libro de venenos…

Una cuchara de madera salió volando rozando la cabeza del joven ninja que solo atinó a agacharse para evitar un golpe.

El cocinero tomó del cajón otra cuchara para mezclar su preparación con tremenda furia.

— ¡Hey, viejo! — volvió a llamar Obito saltando hasta la barra.

— ¡No volveré a preparar nada para ti! — se adelantó el otro mirándolo aún con las pupilas destellantes, el chico rió tontamente rascándose la nuca.

— ¡Oh! ¡Vamos! No te enojes, que si me empiezas a odiar no podré comer en ningún lado y tendré que vivir de frutas y vegetales crudos.

El hombre arqueó una ceja y miró tanto a Minato como a Rin, fue la chica quien resoplando con fastidio y recordando momentos vergonzosos, además de reavivar la llama de su furia, la que respondió.

—Nos han vetado de todos los lugares decentes para comer… por culpa de él. — señaló con mirada fulminante.

— ¿Podríamos dejar de perder el tiempo e irnos ya? —intervino Kakashi poniéndose de pie evidentemente dispuesto a marcharse con o sin equipo.

—Regresaremos en unas dos semanas viejo, más te vale esa cosa sea comestible para cuando regrese ¡Y yo seré el primero en probarla!— amenazó Obito señalando enérgicamente la cocina.

— ¡Nunca retes a un hombre orgulloso de su trabajo! — respondió con el mismo ímpetu levantando en alto la cuchara dejando caer algo de la mezcla oscura sobre su delantal blanco.

Solo Minato permaneció serio, y no es que fuera particularmente efusivo tampoco, pero estaba realmente muy apagado en comparación a otras ocasiones.

"Pero no están listos, no Obito y Rin" era lo que se leía en su cara.

— ¿Cuánto te debo viejo?

—Págame cuando regresen. — se apresuró a decir agitando las manos frente a su rostro.

Minato inclinó la cabeza y salió junto con los chicos del local siguiendo al nuevo Jōnin que les había dejado atrás.

Les miró desaparecer en el bucillo de la calle, giró la vista de regreso a su olla, metió la cuchara para tomar un poco de la mezcla marrón y la colocó en el dorso de su mano para probarla.

Su diafragma se contrajo violentamente al tiempo en que su quijada se tensaba dolorosamente debido al poderoso ácido, la lengua se retorcía dentro de la boca queriéndose frotarse en el paladar totalmente escaldada desde la primera prueba. Por orgullo propio no lo escupió. Tenía dos semanas para lograr que esa cosa fuera comestible.

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Cuatro cucharadas de vinagre de arroz, una de azúcar moscabado, una de jugo de piña una de salsa de tomate, una de soya molida, dos de fécula de maíz, tres de agua…

Oficialmente la olla no servía más, algo había salido mal y todo se pegó dejando un penetrante olor a quemado.

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Una cucharada de vinagre de arroz, dos de azúcar, por aquello de que quedara demasiado ácida de nuevo. Tres cucharadas de jugo de piña que había comprado con el especialista en la materia: el vecino de la izquierda, no fuera que él no supiera hacer jugos y por eso quedaban raros. Solo media de fécula para que no quedara gelatinoso otra vez, omitió la soya que absorbía todo el líquido y un poco más de agua…

Parecía caramelo, de eso que cuando uno deja una paleta al sol de verano y regresa por ella a las dos horas.

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Intentos doce, quince y veintidós simplemente eran porquería indigerible, trece, diecisiete, diecinueve y veinte causaron agruras. Diez, once, dieciocho y veintiuno simplemente debieron ser vomitados.

El veintitrés le causó un retraso de dos días porque simplemente sintió arder sus papilas gustativas y perdió sensibilidad.

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Tiró todo nuevamente al cesto de la basura, cucharas, ollas y adefesios culinarios por igual. Se dejó caer sobre una silla con los brazos cruzados, bufando su molestia repasaba mentalmente todo el hecho, sintiéndose terriblemente humillado por una miserable salsa que tenía ganas de hacer.

Más que nada era una variante de la salsa de soja tradicional, quería algo especial porque tenía el sueño dorado de que hasta el plato más típico en su local fuera diferente y de ahí sueños de fama, gloria y fortuna y un espacio en los anales de la historia gastronómica de todas las naciones… recordado para la posteridad cómo el "Cocinero de la aldea del bambú refugiado en Konoha y difusor de la alta cocina del bambú"… pensándolo mejor necesitaba un nombre más corto y menos redundante.

Miró el calendario de reojo mientras terminaba de servir a los clientes que entraban… dos semanas, tenía que salirle la receta ese día así no durmiera en toda la noche…

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—Ayame-chan— llamó el hombre a su hija que repasaba algún pergamino de moldeado de chakra, la niña respingó para denotar que si le había escuchado.

— ¿No sabes cuándo se harán las votaciones para Hokage?

—Esta noche— respondió sin tomarle mucha importancia al asunto.

— ¿No esperarán a Minato-san?

—Supuestamente regresan esta noche, mandó un escrito diciendo que hubo un problema pero esta noche regresan.

— ¿Y les dijeron eso en la academia?

—Solo los Jōnin votan, pero de esas todos nos enteramos, al menos los que ponemos atención.

—Ya veo, ya me tenían preocupados, fue un retraso muy grande.

—Un mes y medio…— completó la niña cerrando el libro.

—Papá… invité a Hana-chan a dormir… como sus papás van a ir a la junta… se quedaría sola.

— ¿A qué hora llega?

—… Eh… ya llegó. — repuso sonriendo y mirando al otro lado del local donde se asomaba una niña pequeña de castaños cabellos y peculiares marcas rojas en las mejillas.

—Buenas noches. — saludó un poco cohibida.

—No tardo en cerrar niñas, solo esperen un momento y nos vamos ¿Si?

Las dos asintieron, Ayame dejando su sitio en la barra de servicio y Hana pasando por completo, apenas se acercaron empezaron el cuchicheo clásico como si no se hubieran visto en mucho tiempo siendo que no hacía menos de seis horas se había despedido en la puerta de la escuela.

Justo terminaba de dejar todo en orden sellando el recipiente con la prueba de salsa treintaicinco que era oficialmente la ganadora y con arrolladora ventaja, solo esperaba que no se cortara al otro día que era cuando seguro Obito vendría a reclamar su plato.

Cerraba con llave los cajones, puertas y ventanas, si bien no podía evitar con eso a un ladrón, al menos las alimañas no entrarían en su cocina. Solo faltaba la de la entrada principal y estaba apagando las luces para salir cuando una sombra veloz pasó a su lado directo a darle el encuentro a las niñas, gritó queriendo advertirles al ser totalmente incapaz de hacer algo más. Ayame soltó un chillido y se aferró al brazo de Hana que acertó a saltar hacia atrás.

El hombre volvió a encender las luces debelando entonces a la sombra como un agitado Shisui arrodillado frente a su hija. El niño que a lo mucho llegaría a su cintura permanecía inmutable en el suelo respirando entre jadeos y temblando ligeramente.

—Ayame-chan. — la llamó casi en un suspiro logrando que esta liberara a su amiga del agarre.

— ¿Estás bien Shisui-kun?

—Siempre se nos ha dicho que un Uchiha es el modelo de ninja perfecto— dijo en voz baja.

—Que somos guerreros natos, no simples aldeanos… siempre orgullosos de haber nacido en la casa del abanico, porque somos superiores a los demás— siguió sin siquiera levantar la mirada.

—Por eso… por eso el clan siempre renegó de Obito, incluso yo… ¿Por qué me daría orgullo decir que mi hermano mayor era un imbécil?

El silencio se hizo presente, ni siquiera el dueño del local se habría imaginado que Obito fuera el hermano mayor de Shisui, por un momento pensó que quizás el cerebro del chico se lo habían dejado al menor en todo caso, pero el tiempo pretérito que había usado el niño le hizo acallar violentamente cualquier tipo de broma.

—Él me pidió más de una vez que me disculpara contigo porque eras lo único que valía la pena de mi vida y nos peleamos una tontería…— Shisui apretó los puños y no pudo evitar que rodaran unas lágrimas por sus mejillas, ahogo un quejido.

—Antes de irse de misión me dio una carta, firmada por ti, pero solo un ciego se lo habría creído… la escribió él… él de verdad quería que estuviera contigo, de verdad intentó ayudar y yo… él…— la voz terminó de quebrarse y soltó un llanto silencioso.

Y ni así en tan triste silueta llegaba a verse como un niño, un pequeño hombrecito comido por la culpa.

—… Obito está muerto…— sollozó…


Cometarios y aclaraciones:

u.u

Favor de insertar el Kakashi's Gaiden para mayor información… y en este capítulo le decimos adiós al ninja de las gafas naranjas…

¡Gracias por leer!