Kitakata Ramen
De cómo se enteró Konoha de Naruto
—Toma Rin-chan. — dijo el hombre tendiéndole a la kunoichi un empaque de papel blanco.
—Dile que cuando tenga tiempo siempre será bienvenido.
—Gracias. — respondió ella tomando cuidadosamente el envoltorio caliente.
—Aunque no creo que sea pronto, el Sandaime dejó todo en orden pero son tiempos difíciles, Minato-sensei está trabajando mucho últimamente.
—Si me imagino… ¿Sabes cómo está Kakashi-san?
—Él entró en… no lo sé, no lo he visto.
Los ojos de la chica nublaron un poco y ahogó un quejido, oficialmente ya no tenía equipo, dejó el monto sobre la barra pese al comentario del hombre de que se trataba de una cortesía y salió sin decir más nada. Por su parte el cocinero se quedó absorto el sitio por el que había visto salir a la castaña hacía unos momentos, tan jóvenes eran y simplemente su vida se arrebataba en cualquier momento, regresó a la realidad cuando un par de mujeres entraron conversando.
— ¿Es en serio?
—Te lo juro.
La expresión de sorpresa en el rostro de una de ellas era incluso exagerada.
— ¿Y tú como sabes?
—Es mi vecina, ayer le mandaron la notificación y como ella no le dejaba pasar se lo dijo afuera y todos los del pasillo escuchamos.
— ¡Pero qué impropio!
Las dos llegaron hasta la barra y pidieron para llevar tres y cinco raciones respectivamente de Kitakata ramen. Él indico que tomaran asiento mientras servía.
Empezó a amasar los fideos, y entre indignaciones y cuchicheos siguieron con lo suyo. Una tercera mujer entro, su semblante serio y porte rígido casi le hacían jurar que venía del departamento de cobranzas, claro que por tener todo al corriente descarto la posibilidad de que viniera de manera profesional.
—Buenas tardes Yoshino-san. — llamaron las otras dos al verle.
—Buenas tardes, Yuki-san, Tsubaki-san… parece que a todas se nos hizo tarde— agrego ella pidiendo dos órdenes igualmente para llevar para luego sentarse junto a ellas aceptando la previa invitación para hacerlo.
—Yoshino-san ¿Ya te conté la noticia del año?
— ¿Minato Namikaze el Kage más joven de la historia? — pregunto la otra con tono de burla.
—Yamanaka-san me conto hace dos semanas— agrego.
— ¡No! Eso cualquiera lo sabe. Mira, es de la niña que llego con los del remolino, la pelirroja escandalosa ¿Como se llama?
—Kushina Uzumaki.
—La misma.
Y en ese momento el único hombre del momento aguzo el oído; "me estoy haciendo de lo peor", pensó al darse cuenta de que estaba por escuchar con toda su atención un "chisme".
— ¿Que con ella?
—La suspendieron.
— ¿Intento matar a Hokage-sama?
—No.
— ¿Fallo misión importante?
—No.
La mujer llamada Tsubaki parecía disfrutar de la información de primera mano que poseía y que las otra no era capaz siquiera de imaginar. La compañera original que había llegado junto con ella permanecía en silencio con una sonrisa boba esperando que Yoshino adivinara, pero la seria mujer no parecía estar ni vagamente cerca.
—Vamos Yoshino-san ¿Por qué suspenden únicamente a las kunoichi?
—… Está… ¿Embarazada?— pregunto estupefacta rompiendo el semblante por uno mucho mas incrédulo. Por respuesta solo recibió una leve inclinación de cabeza seguido de un aparatoso brusco movimiento del cocinero que por girar el rostro termino quemándose con los bordes calientes de las ollas puestas al fuego.
— ¡¿Cuándo se caso?
—Ese es el punto querida, no lo está y la suspendieron porque había robado los registros médicos de su archivo.
— ¡¿Es que pensaba seguir haciendo misiones en ese estado?
—Si te soy sincera no se que le pase por la cabeza, solo lo siento por el niño, mira que tener una madre así de impropia… ¿Qué clase de educación le va a dar? Si es que se la da, así como es de libertina tendrá suerte si no termina muerto.
—Tsubaki-san, creo que Kushina-san ya es un adulto y sabrá que hacer…
— ¿Y cuando regrese a misiones? ¿Se lo va a llevar? De verdad que no la entiendo, ese comportamiento tan ridículo para una mujer de su edad ¡Y sin esposo! ¿Cuándo se ha visto eso?
—Cálmate Tsubaki-chan. — dijo su amiga tomándola del brazo para sentarla, pues se había puesto de pie por la indignación.
Los trozos de cerdo cubrieron los fideos finalmente cocidos y escurridos, el caldo los baño junto el jengibre picado y el cebollín… puso una sartén al fuego y camino hasta el refrigerador para sacar el pescado, empezó a filetearlo…
—Yo sabía que era una de esas mujeres, desde que llego al edificio supe que no valía la pena, los hombres se aprovechan de mujeres estúpidas como esa.
¡Al demonio! ¡Que se fueran de una buena vez!
Con velocidad sorprendente los paquetes fueron dispuestos en la barra con un rudo golpe del bol desechable que usaba para servicios fuera del local. Las tres giraron a verle, tenía el rostro colorado y la mirada baja.
—Tsubaki-san. — llamó Yoshino poniéndose de pie y tomando lo suyo.
—Yo creo que lo que haga o deje de hacer Kushina-san no es de tu incumbencia.
—Por gente así decae la moral de la aldea— refutó la aludida molesta pues no había tenido el apoyo que esperaba para la causa de difundir la historia.
— ¿Por gente que se mete donde no la llaman? Lo entiendo perfectamente. — Esta vez fue el hombre el que hablo sin bajar el tono rojizo de su rostro o siquiera disimular su molestia en la voz.
.
Terminaba de montar los bancos sobre las mesas y tomó su escoba para empezar a barrer. Su estado anímico no cambiaba y los últimos clientes del día lo habían notado comiendo en silencio sin quejarse aunque más de uno miró extrañado su plato por unos momentos.
Esconder un embarazo era bastante estúpido considerando que los bebés no nacían del tamaño de un huevo de gallina, quizás los primeros meses, pero ya era demasiado que nadie notara la ligera curva que se formaba en el perfil de una delgada mujer que de la nada había empezado a usar chaquetas y ropas que de no ser porque sabía que no tenía parientes, diría que serían de su padre.
Apretó los dientes y las manos sobre la vara de madera y cada vez que pasaba las cerdas atadas sobre las baldosas lo hacía como si quisiera despegar estas del suelo.
Minato ya estaba enterado del asunto al menos y había hecho lo más prudente para no arriesgar la vida del pequeño al poner a la madre en situaciones de demasiado esfuerzo, pero ahora le martillaba la duda sobre si sabía o no que él era el padre. Bufó finalmente cambiando el sitio por donde insistentemente pasaba la escoba para enfocarse en otra sección que corrió con la misma suerte.
Poco a poco pudo constatar que el trabajo se hallaba perfectamente hecho y se disponía a recoger la basura cuando el olor a quemado le llegó de golpe sobre el rostro apenas dio un par de pasos camino a la cocina. Sacado de su ensimismamiento corrió encontrando una sartén completamente negra puesta al fuego sin que hubiera sobre ella rastro de algo que haya puesto a… ¡Freír!
Como pudo se acercó a apagar la toma de gas, usando algunos paños de limpieza tomó el mango de la sartén; la llevó fuera para luego tirarla y a patadas cubrirla de tierra. Para cuando sintió el peligro haberse ido se llevo las manos a la cintura, los riñones le dolían seguramente por la tensión que había estado guardando desde la tarde. Arqueó la espalda hacia atrás y estiró los brazos haciendo tronar sus articulaciones.
— ¿Por qué tenía eso ahí? — se preguntó regresando la vista al casi carbonizado utensilio de cocina.
— ¿Y por qué no me llegó el olor antes?
Por un momento se detuvo a pensar la razón de ser para un descuido que pudo haber terminado bastante mal. Él no era ningún novato, y si su padre o su abuelo le hubieran visto ese sartén se lo estrellarían en la cabeza sin duda alguna. Pero no dio con la respuesta. Ya con el artefacto aún caliente, pero al menos a una temperatura soportable regresó para terminar lo que estaba haciendo dejando al otro en el bote de la basura.
—Quizás deba ir a ver a Kushina-chan. — dijo para sí mismo, pero en seguida el recuerdo de las mujeres por la tarde le llegó junto con un agregado imaginativo, pero a la vez intuitivo, de más palabreríos que se extenderían por la villa le pego visualmente. Una gota de sudor bajó por la sien, si iba personalmente de seguro no lo pasarían por alto y tal vez hasta le adjudicaran al hijo. Negó levemente viéndose en una situación incómoda donde su esposa saldría de por en medio con Ayame en brazos rogándole que no la dejara en una escena bastante dramática… o quizás y con mayor seguridad, su esposa saliendo con la maleta de cuchillos dispuesta a sacar a la kunoichi reprimida que llevaba en su interior… también podría ver a su esposa tranquilamente sonriéndole mientras le decía que confiaba plenamente en él y sabia que una atractiva mujer pelirroja, mucho más joven y entusiasta era solo un cliente frecuente…
—Irá Ayame-chan— resolvió tras ver sus panoramas.
.
— ¿Qué fue lo que preparó ayer? — le preguntaba Yoshino Nara desde el otro lado de la barra.
—Pedí Kitakata Ramen pero me dio otra cosa, no me quejo, de hecho me interesó bastante el pescado.
Confundido el cocinero levantó una ceja, se llevó una mano al mentón y trató de recapitular lo que en su episodio de furia atenazada había hecho.
Estirar fideos medianos, hervirlos, servirlos, filetes pequeños de cerdo hervidos, picar jengibre procurando dejar también el jugo, picar cebollín… poner el caldo de cerdo ¿Habría notado que usó jengibre en lugar de galangal?... fileteo y puso el pescado cerrando la tapa…
Fileteo y puso el pescado cerrando la tapa…
Una sartén vacía y quemada…
Fileteo y puso el pescado cerrando la tapa…
… el pescado iba crudo…
Sus ojos usualmente entrecerrados se abrieron ante el espanto de la idea ¿Lo había lavado siquiera? Lo compró en la mañana, era fresco y de eso estaba seguro, de ahí se fue al refrigerador, del refrigerador a la barra… empezó a trasudar ¿Lo había lavado? ¿Lo había lavado?
—El pescado… estaba crudo. — empezó a decir con la culpa mordiéndole el orgullo, la conciencia y la decencia profesional. Su padre no solo le habría estrellado la sartén caliente en la cabeza, le habría arrojado toda la vajilla, le abría golpeado con todos los cucharones hasta doblarlos…
— ¡Oh! — exclamó la otra.
—Ya entiendo, por lo caliente lo mejor era dejarlo así para que se cociera algo así como al vapor capturando todo el aroma de las especias. Un truco muy astuto para que no se deshiciera por sobre cocimiento. Tendré que hacerlo un día. Gracias ¡Hasta luego!
Y antes de que la confesión terminara la señora había dejado el local.
Si, su padre le habría hecho sufrir tormentos inimaginables por semejante indulgencia… no, no había lavado el pescado. Las aguas del estanque criadero estaban ahí, las manos del pescador, de los otros clientes que revisaban la mercancía, del pescadero al despachar y que estas personas a su vez debieron haber tocado muchas otras cosas antes… Se llevó las manos a la cabeza mirando el techo de la cocina con desconsolada amargura.
— ¡Soy un hereje pecador! ¡Ancestros míos perdónenme! — exclamó con lágrimas en los ojos.
—Tranquilo viejo, quizás no tanto como yo.
Bajó la vista dejando su dramatismo para encontrarse con una mujer bastante delgada, más de lo que recordaba, con una mirada apagada casi tanto como su cabello y su actitud en general, algo como un fuego extinguiéndose…
Cometarios y aclaraciones:
En un cap de Naruto, mucho después de este, cuando Ayame se va y llegan dos tipines a ayudarle, me dio mucha curiosidad lo perceptivo que es el hombre con respecto a la higiene, normal en un cocinero, pero nadie es perfecto y me lo imagino haciendo drama por una distracción XD
Ejem, tranquila la gente que esperaba más sobre Obito, créanme que aunque no lo parezca sé lo que hago.
¡Gracias por leer!
P.D.- Fic nuevo: "Sublime Colapso" - colectivo, crossover y caótico.
Sifu Sihaya / Higurashi Fanfiction Studios / El Gran Kaiosama / Filippy / Shirabe Tsuki Yoru / Harmonie Roux / BeleroFonte / Daphne-gabycoco / bladz-liska / Kakushi Miko / Omtatelo / Mishima Arashi / Kaiserofdarkness / Lian Sarageth / Nekos dream y su servidora Kusubana Yoru
Unen sus plumas (en realidad procesadores) en un fic… ¿bueno? ¿malo? ¿entretenido? Ustedes decidirán.
