Toriniku Miso

De cómo se anuncia un compromiso

La cotidianidad en el envoltorio con papel por los años que llevaba despachando órdenes para llevar fue lo que actuó mecanizando las manos, el papel y el cordel porque los ojos y la mente en general no se apartaban de la mujer que tenía al frente intentando en vano penetrar la delgada capa del haori que usaba.

Y no, no es que fuera un pervertido.

Él era un hombre por demás decente…

Pero con todo y eso, la cosquilla de retirarle la prenda para apreciar a más detalle su figura se estaba volviendo más insoportable que el olor del cloro que el vecino usaba para "desinfectar" su local. Tragó grueso y estiró las manos para entregar el paquete a la mujer que tenía al frente. Ella por su parte, con una mano pasó un mechón de cabello por detrás de su oreja buscando el monedero al mismo tiempo.

—Eh… Nara-sama. — llamó el hombre haciendo que la aludida levantara la vista al mismo tiempo que su esposo que estaba detrás y al tener el mismo apellido reaccionó igual.

— ¿La semana pasada fue lo del Kitakata Ramen?

La mujer dudó un momento.

—Sí ¿Por qué?

Pero el cocinero tartamudeaba sin dejar de mirar, o intentar hacerlo, por debajo del haori.

—Discúlpeme el atrevimiento pero quizás entendí mal… ¿Está usted embarazada?

—Sí, ya estoy en el séptimo mes. — respondió con una pequeña sonrisa de orgullo, entonces el ninja despreocupado que la acompañaba volvió la mirada hacia nada en particular con las bolsas de compras, estampadas con logotipos alusivos a bebés, colgando de él como perchero.

— ¿Séptimo?

Para ese momento Yoshino ya había entendido la razón de tener los ojos del cocinero clavados sobre ella. Con un movimiento de hombros la prenda que la cubría bajó hasta los antebrazos dejándole ver a él por fin una situación poco usual en una mujer que se supone está en el último trimestre de gestación. La silueta femenina no se notaba distinta en absoluto, si acaso una leve, muy leve envergadura en el abdomen que incluso podía pasar desapercibida como un simple aumento de talla, dos a lo mucho.

—El médico está algo preocupado. — le comentó entrecerrando los ojos.

—He tratado de comer muy bien pero no he ganado mucho peso y hay veces en las que pasan horas para conseguir que se mueva.

Pasó una mano por su casi inexistente envergadura abdominal y volvió a colocarse el haori en su lugar.

—Por eso vamos a consulta casi cada quince días. — concluyó tomando lo suyo y entregando el importe.

—Y como a veces pasan horas antes de que logremos que se mueva… no siempre tengo tiempo de cocinar.

La pareja se despidió y salió del lugar.

.

La media tarde era el tiempo más relativamente desolado del día y por esa misma razón era el horario escogido por Kushina para llegar. Los ojos de la chica miraban con tremenda atención el pequeño horno en el que momentos antes el cocinero había metido un pollo entero, desplumado, lavado y untado con generosa dosis de mantequilla y hierbas que no identifico a ignorancia en temas de alta cocina, o cuando menos en temas que no incluían un abrir de latas y dos minutos a fuego bajo. La luz encendida dejaba ver el interior dorándose con parsimoniosa lentitud e inevitablemente activando uno de los clichés más característicos del embarazo obligándola a luchar contra el poderoso antojo de saltar la barra y comerse el pollo a medio cocer.

—Te juro que te pago cuando pueda regresar al servicio. — le murmuró al verlo preparar el acompañamiento del pollo.

—No te preocupes por eso ahora, lo importante es que tu niño nazca bien, sigo sin entender cómo te atreviste a seguir en servicio.

—Soy Jōnin, pero cuando llegué a Konoha no se nos hizo válido el rango así que estoy al servicio como Chūnin. Con las pagas de ese rango tengo que dar la mensualidad del departamento con las respectivas facturas de luz, agua y gas, también saco para los gastos médicos… ¿Sabías que el servicio militar de Konoha no cubre los gastos médicos? Si te rompes una pierna en misión lo pagas de tu bolsa y no dan indemnización durante tu tiempo de incapacidad… No tengo parientes, nadie podía cuidar de mí por nueve meses… Tengo algo ahorrado, pero no es… suficiente…

El silencio de ella se cortaba solo por el ruido del jengibre, la cebolla y el ajo al ser freídos en aceite de sésamo. Ella permanecía recargada en la barra con las manos sobre la cabeza y el cabello hacia el frente cubriéndole parte del rostro.

Kushina ladeo un poco el cuerpo casi ocultándose cuando al negocio entraron una niña acompañada de un hombre adulto de cabello castaño claro y una pequeña barda de unos dos días sin acercarse a una hoja de afeitar.

—Bienvenida Hana-chan, buenas tardes Inuzuka-sama…

—Mi mamá quiere fideos de pescado. — se apresuró a ordenar la pequeña alzándose sobre las puntas de sus pies para alcanzar la barra.

— ¡Ah! ¡Tsume-sama! No la veo desde… bueno, "esa" noche ¿Cómo está? — preguntó recordando que ciertamente desde lo ocurrido con Anko no la había vuelto a ver.

—Bien. — inquirió la niña tomando asiento en uno de los bancos mientras esperaba.

—Embarazada— agregó el hombre rascándose el mentón.

—Muy embarazada.

— ¡Pero qué buena noticia, hombre! — exclamó el cocinero, sin embargo el que se convertiría en padre por segunda vez parecía dudarlo.

—Sí, nace por este mes y justo ahora se le dan sus antojos más raros… Fideos de rape, aquí en Konoha no se consiguen y no tengo ganas de ir al país de las olas solo por unos fideos, y como le llaman de buena manera sobre su arte de los fideos pensé que…

—Shisui-san dijo que su tío Fugaku fue a Suna por camarones gigantes… Aca… Acamayas. — interrumpió Hana sin estar segura sobre si lo había pronunciado bien, pero al no recibir corrección de nadie asumió que estaba en lo correcto.

— ¿Mikoto-sama también espera hijo? — interrumpió el cocinero.

—También se supone que sea de este mes…— intervino el padre.

—… Pero a final de cuentas los antojos de una mujer embarazada se deben de cumplir.

Diciendo eso, y mientras el reloj marcaba que faltaban veinte de los cuarenta y cinco minutos para que el pollo saliera del horno pasó a preparar la rara variedad de fideos que implicaba harina de pescado, una que no usaba mucho y que no era de sus favoritas, pero como el mismo había dicho, a una mujer embarazada no se le dice que "no".

— ¿Uzumaki-san? — preguntó de momento el hombre dirigiendo la vista a la cohibida mota roja del final de la barra. Por respuesta ella levantó vagamente la mirada consiguiendo a la vez que quien la llamaba soltara un bufido de molestia.

—Entonces sí te suspendieron por embarazo, pensé que te habías pasado de lista con Hokage-sama y lo demás eran cuentos de Tsubaki-baka.

El hombre bufó de nuevo ahora pasándose la mano sobre el cabello corto y rebelde.

—Otro año como Chūnin, no hay nadie para completar el equipo— se quejó.

—Los años pasados no fueron mi culpa, yo acabo de llegar.

—Con mayor razón… no llevas ni un año y ya andas de…

— ¡¿De qué? — preguntó exaltada la pelirroja.

El dueño del local que había estado preparando las dos órdenes que tenía que servir frunció las cejas.

—Tranquilo hombre no exaltes de esa manera a una mujer…

—… De zorra.

Kushina ya se había puesto de pie pero antes de que su puño saliera despedido al rostro del hombre uno más lo había intentado siendo atrapado por el ninja en el intento.

—Rin…— llamó la pelirroja al ver el esbelto cuerpo de la kunoichi frente a ella. La castaña lucía más delgada de lo que habitualmente era y solo las marcas de pintura en su rostro disimulaban los ya prominentes pómulos.

Hana también se había puesto de pie y una vez que su padre hubo soltado a la chica fue la pequeña Inuzuka quien se lanzó en contra de Rin.

— ¡No te metas con mi papá! — le exigió tras haberla hecho chocar contra la pared al empujarla.

—Déjala princesa. — llamó a su hija el otro que igualmente había sido golpeado por Kushina momentos después.

En un acto bastante imprudente el cocinero dejó su espacio seguro al otro lado de la barra y corrió a sentar de nuevo a la kunoichi que había salido en defensa de su honor mancillado. Aunque en realidad no le costó mucho trabajo pues ella misma había sentido desfallecer.

Rin tomó lugar al lado de la mayor.

—Esa no es forma de expresarse de una mujer. — reprendió.

Otro bufido de parte del ninja.

—Regresaremos más tarde, aún tengo que pasar a comprar un pastel de fresas. — fue lo último que dijo para luego salir seguido de su hija que se había aferrado a su pantalón.

— ¿No ha comido Minato? — preguntó el anfitrión tras servirle agua a la pelirroja y salvar el sofrito de cebolla, jengibre y ajo pasándole a poner champiñones, miso y salsa de soja.

La pequeña negó con la cabeza mientras empezaba una rápida revisión médica.

Los fideos ya estaban cocidos dispuestos en el bol y bañados con la sopa que acababa de preparar. Pronto el timbre del horno sonó y con guante en mano sacó la charola humeante del pollo, fileteó algo de carne y las puso sobre la sopa, se giró para pasar el paquete metálico de queso crema y tomando una porción generosa con el cuchillo le dejó caer sobre la piel dorada que por acción del calor empezó a derretirle.

—Cocina saludable para embarazadas…— dijo finalmente poniendo fin a la martirizante espera de Kushina.

—O para trabajadores incansables. — agregó dándole a Rin de la misma preparación una porción para el nuevo Hokage.

—Minato-sensei sigue trabajando fuerte, aunque se ha conseguido tener un tratado de paz en tiempo récord aún hay muchas cosas por hacer.

—Me imagino…

Kushina había empezado a comer con el ánimo más mermado que antes.

— ¿Todos dicen lo mismo? — preguntó de momento ella a la pequeña que esperaba una orden de fideos fritos adicional a lo que ya llevaba. Los ojos de Rin trataron de evadir la pregunta pero a final de cuentas se tenía que dar por enterada.

—Algunos… a muchos realmente no les importa pero las kunoichi son las que están más insistentes en el tema. Konoha no tiene cuerpo de ninjas femeninos efectivas en algo más que medicina o genjutsu… como te mostraste superior a ellas en asalto, les resulta maravilloso haber encontrado algo con lo que pueden desacreditar todo tu expediente.

— ¿Por no estar casada?

Rin volvió a negar.

—Ya que no eres originaria de Konoha, el haber entrado a la oficina de Hokage-sama sin permiso a tomar documentos oficiales, aunque sean tuyos pone entre dicho tus intenciones en la aldea.

Kushina abrió los ojos de sobremanera.

—Me… ¿Me están investigando?…

—A todos los que llegaron del remolino… Danzō-sama y el consejo de ancianos solicitaron un voto de no confianza.

— ¡¿Qué?

—Es difícil que ellos tres se pongan de acuerdo en algo, pero hicieron que Minato-sensei y una comisión asignada por ellos incluido el tercer maestro Hokage revisaran papel por papel para asegurarse de que no faltara otra cosa…

—Estúpida. — se dijo a si misma Kushina dejando los palillos a un lado.

—Estúpida, estúpida ¡Estúpida! ¡Sabía que lo mejor era largarme de Konoha!

—No lo haga por favor Kushina-san. — intervino Rin.

—Minato-sensei está tratando de aclarar todo y cuando todo termine…

La kunoichi menor guardó silencio al momento en que entraron algunas personas más, de entre ellas se distinguían cabelleras rojas y doradas propias de la aldea del remolino, mismas que no tardaron en tomar posición alrededor de Kushina.

—Esto ya ha ido demasiado lejos Kushina, solo ve y plántale la cara a Hokage-sama— dijo uno de ellos tendiéndole un pergamino con el sello de Konoha.

—Nos han llamado a auditoria a todos.

— ¡Ah! El cielo tenga a tu madre en gloria y menos mal que murió antes de verte así.

— ¡¿Cómo pudiste?

—De verdad que no me creo que te hayas tomado el descaro de mentir a la aldea que nos tendió mano amiga.

—Por defenderte Lee-san propuso que tu comportamiento es un trauma de violación, lo que de paso explicaría tu embarazo.

—Es lo que hemos estado defendiendo ya que no has acudido a las citaciones y si vas no dices mucho que valga la pena.

Pero a todo la pelirroja no respondía nada, era sencillo decir que con solo la verdad todo terminaría, pero era tan simple que costaba trabajo sacarlo de la garganta, porque a lo largo de las habladurías lo que empezó como un simple secreto se le escapó de las manos. Lo que menos quería ahora era desacreditar la imagen de Minato adjudicándole un hijo que nadie creería que fuera de tan distinguida figura heroica, un hijo llamado bastardo solo por la circunstancia de su concepción.

No la había buscado antes de ser Kage, mucho menos desde que asumió el cargo.

Demasiadas responsabilidades pesaban ya sobre el ninja como para ahora acercarse con el nombre manchado y un hijo imprevisto.

Ella lo tenía claro, no podía simplemente obligarlo a estar con ella por algo que al parecer no había trascendido más allá de la consecuencia biológica que crecía dentro de ella.

Y ella lo aceptaba, ella cargaría con todo lo que pudiera… porque a final de cuentas seguía queriéndolo tanto…

—Más les vale callarse. — inquirió Rin al borde de las lágrimas, mismas que Kushina se tragaba en silencio.

— ¡Esa no es forma de hablar de la prometida de Hokage-sama! — chillo ante la atónita mirada de todos.


Cometarios y aclaraciones:

n.n'

Realmente no tengo comentarios…

¡Gracias por leer!