Shichimi Tōgarashi
De cómo el cielo se empieza a despejar
—Realmente yo no estoy muy de acuerdo. — objetaba Rin arrugando el entrecejo y torciendo hacia un lado la boca.
—Las mujeres de mi aldea lo comían y no tenían ningún tipo de problema.
—Como médico no puedo aceptar una creencia popular que no está basada en pruebas concretas.
— ¡Mírame a mi Rin-chan!
El cocinero levantó los brazos con el pequeño mortero blanco en mano. La kunoichi se llevó las manos a la cadera poco pronunciada lanzando más líneas para la discusión que se llevaba en torno a la dieta que Kushina debía de llevar, misma que se había prolongado por casi una hora según comprobaba la pelirroja mirando el reloj que descansaba al lado del horno.
—Rin-chan. — llamó la mujer mayor consiguiendo su atención sin mucho problema.
— ¿Qué sucede? ¿Se siente mal? ¡Déjeme ver si el bebé está bajando!*
Sin dejarla contestar la pequeña castaña se abalanzó sobre ella colocando las manos en el abultado vientre.
—No Rin, estoy bien, solo se me olvidaron mis pastillas…
Y sin dejarla terminar de nuevo la menor sacó de su bolsa un montoncillo de frascos. Entre las etiquetas, mayoritariamente color rosa se leían cosas como "Acido fólico" "Vitamina B6" "Complejo vitamínico" "Acetaminofenol" "Aspartame" "Famotidina" "Prednisona" "Ibuprofeno"
— ¿Cuáles?
Kushina miró de soslayo y con cierta incredulidad la farmacia portátil que le habían presentado.
—No las trajiste, se han de haber quedado en el desayunador, son las del frasco amarillo. — dijo sin mucho ánimo.
Rin parecía alterada no creyendo que precisamente a ella se le hubiera olvidado algo así, sin decir más salió corriendo, con toda seguridad, directo al departamento.
—Esa niña vuelve a ser la de antes. — comentó él mientras agregaba a su mortero la piel de una mandarina.
La pelirroja le sonrió.
—Con alguien tiene que pelear…
Por unos momentos los dos permanecieron en silencio, la muerte de Obito estaba muy reciente para la niña y el peso de sentir que todo había sido por su culpa no aminoraba el sentimiento que la consumía. Sin duda la había pasado mal, perdió a un compañero, regresa a Konoha y su maestro debe asumir un cargo de tiempo completo, y quien pudiera haberle dado un respaldo se había refugiado en el cuerpo ANBU mermando cualquier posibilidad. No se podía culpar a Kakashi, había estado en una larga y densa etapa de aislamiento, y el único lazo que había formado muere en una batalla sin posibilidades de salvarle. Tampoco a Minato, él se había puesto por objetivo conseguir un periodo de paz para que no hubiera más bajas, y lo estaba logrando, aunque lo más que había hecho por su alumna de manera particular fue tenerla de asistente con tal de hacerla sentir útil. Si bien a últimas fechas, según notaba el dueño de la barra de ramen, fungía de enfermera particular de tiempo completo.
—Y… luego de la escenita, Minato… Hokage-sama ¿No ha dicho nada?
Ante la pregunta la chica reacciono como si le hubieran acertado un balde de agua fría para luego colorarse de manera brusca.
—Estamos viviendo juntos…— tartamudeo.
El anfitrión buscó un puñado de semillas de una estantería en la parte alta donde en cajoncitos de madera se leían etiquetas de lo que contenían, añadió sésamo, amapola y cáñamo al mortero donde un polvo naranja tomaba consistencia.
— ¡Pero no por lo que dijo Rin! — agregó enseguida.
—Me mandó llamar a su oficina, como fue orden directa no podía negarme. Me entregó una carta de naturalización, oficialmente soy ciudadana del país del fuego. Antes de irme empezó a preguntar y terminamos hablando largo y tendido…
—Ya sabe que es suyo ¿Verdad?
—No le dije nada, ni él lo preguntó, solo me pidió que viviera con él, si para cuando pudiera volver al ejercer yo no quería seguir ahí me podía ir… se lo diré, pero cuando sea tiempo.
Otro rato de silencio.
Algas Nori y Sansho, el hermano bastardo de la pimienta Sichuan de su país, se unieron a la mezcla que ya despedía un aromático olor.
—Yo creo que lo supone. — agregó Kushina cruzándose de brazos.
— ¿Qué clase de idiota cuidaría a un hijo que no es suyo? Además sabe que él fue…— el rubor la cubrió vagamente obligándola a bajar la vista.
—Bueno, él fue mi… primer…
—Y si te conoce sabrá que no pudo haber nadie más. — intervino el otro al comprender lo complicado que le resultaba el tema a ella.
Ella asintió retomando al instante la actitud jovial que ya creía desaparecida en ella.
— ¡Vamos hombre! ¡Hace hambre y tú nada más juegas con tus polvos! ¡Termina de una vez la cosa!
—Shichimi Tōgarashi. — corrigió él.
—Y estos polvos son toda la gracia de lo que te voy a preparar…
Kushina se mecía en el banco y aunque el cocinero estaba tentado a decirle "Te vas a caer" dudaba que para una kunoichi adulta la indicación tuviera algo de sentido.
La olla que había puesto al fuego ya hervía junto con tres cucharadas de dashi granulado con muy poca sal. En ese momento en que el burbujeo del agua se intensificaba añadió dos puerros lavados y cortados en rodajas muy finas incluyendo las partes verdes. Y mientras esto se cocía se giró a otra barra para cortar los doscientos gramos de filetes de cerdo en tiras finas para luego agregarlos al caldo, cortar dos cebolletas igualmente en tiras y la infaltable salsa de soja junto con una cucharadita de vinagre de arroz.
Preparar los fideos le tomó otros cinco minutos, los dispuso en dos bol, cubrió con el caldo, carne y verduras. Velozmente una cebolleta fue picada en fino y puesta sobre la sopa como mera decoración.
Al final, tras toda la espera luego de la meticulosa preparación, el morterito blanco hizo su aparición, él hombre tomó una pizca y le esparció sobre el caldo empezando a colorarse este en tonos naranja y despidiendo un fuerte y envolvente olor que se espacia gracias al vapor del caldo.
Kushina le miró incrédula.
— ¿Solo eso? — preguntó esperando que vaciara todo el contenido.
—Es condimento no ingrediente principal.
Enseguida el plato tomó su lugar en la barra frente a la pelirroja que seguía mirando los puntitos ocre desprender su color entre el caldo blanquizco con curiosa velocidad. El olor se colaba entre sus fosas nasales, lo primero que identificaba era la mandarina, y en realidad lo único que identificaba era precisamente aquella fruta cítrica. Sin embargo, no era no hubiera más cosas, había algo más y no solo porque había visto la preparación completa lo sabía, la mezcla de olores fuertes, cálidos, ácidos y… le gustaba. No se había llevado bocado a la boca pero le gustaba el llamado plato tradicional de la cocina para maternidad de la aldea del bambú.
— ¡Itadakimasu!
— ¡Kushina-san! — gritó Rin reapareciendo en el local con un frasco amarillo en mano.
— ¡No se ha tomado el Pramigel! — advirtió prácticamente arrebatándole el plato de las manos y antes de que alguien pudiera objetar ya había sacado un frasco, una cuchara y en la boca abierta de Kushina en lugar de salir una queja, entró la suspensión con acción gastroprocinética, antiemética, antiácido neutralizante y demulcente, indicado por la gastritis aguda que había desarrollado luego del precario control de embarazo que había llevado en los primeros trimestres.
—Rin… — dijo Kushina tragando el medicamento.
—Esa era después de comer.
Rin abrió los ojos de sobremanera.
—La que va antes es el Omega. — agregó finalmente recuperando su plato sin mucho esfuerzo. Cuidando de no quemarse sopló un poco y de nuevo se quedó en el aire su intento de bocado.
—Entonces aquí está el Omega. — señaló la pequeña kunoichi tendiéndole dos cápsulas color ámbar. La pelirroja hizo un mohín.
—No me gusta oler a vitaminas.
—No son vitaminas.
A regañadientes la mayor aceptó el vaso de agua que le ofrecían y se tragó las dos cápsulas. Con su habilidad ninja que no se había mermado del todo, por segunda vez rescató su plato y rápidamente trató de comer algo cuando Rin nuevamente interpuso otro frasco entre su boca y los palillos con fideos.
—Son las cuatro treinta y dos minutos, hora exacta para la progesterona micronizada
— ¿No puedo comer primero?
—La importancia de tomar los medicamentos en intervalos exactos radica en la efectividad para el relevo de agentes activos en tu sistema, si te dejo comer primero habrá no menos de quince minutos de retraso… y si permito que eso pase habrá problemas con el acomodo del bebé, es demasiado activo y podría causar más problemas con la bolsa del líquido amniótico, de hecho agradecida deberías estar de que te dejara levantarte de la cama.
Kushina suspiró.
—Faltan tres semanas para a fecha programada ¿No es normal que la bolsa deje salir su líquido?
—No— la decisión de Rin era inapelable.
—Los niños nacidos con una diferencia de más de dos semanas antes de las cuarenta muestran signos físicos de su nacimiento prematuro y también pueden desarrollar otros problemas como: ictericia, hipoglicemia, hipocalcemia, síndrome de distrés respiratorio, displasia broncopulmonar, hemorragia intracraneal, retinopatía prematura, enterocolitis necrosante, raquitismo…
Y la kunoichi médico seguía hablando mientras ya veía mentalmente al pequeño en una incubadora en el ala de terapia intensiva del hospital lleno de tubos y rodeado de médicos metiendo agujas en su pequeño cuerpecito. De momento lo que pareció exagerado se volvió una mueca de dolor sincero.
—Kushina-san, por favor, solo no quiero ver sufrir a la gente que quiero, no mientras yo pueda hacer algo para evitarlo.
La pelirroja sonrió y le acomodó el cabello, le tomó el frasco y obedientemente se tomó lo que correspondía junto con los otros medicamentos que ya estaba consciente, se encontraba en horas de tomar. Dejó el bol a un lado, ahora debería esperar al menos una hora antes de poder comer algo.
.
Definitivamente no iba a tirar un plato especial, así que para cuando Rin dictaminó que podía tomar los alimentos, el anfitrión ingeniosamente había puesto a hervir un poco de agua en un recipiente grande donde después sumergió los bol para transferirles calor uniforme e indirectamente por convección térmica*. Un truco útil cuando no podía desmontar un plato que no quería tirar, ni tampoco simplemente vaciarse de regreso a la olla principal pero necesitaba comerse caliente.
También le sirvió a Rin que había callado su sermón luego de la espontánea invocación al recuerdo de Obito.
—Rin-chan, come rápido que ya perdimos mucho tiempo y quedamos que hoy íbamos a comprar las cosas para el cuarto del bebé. — dijo Kushina separando sus palillos.
El cocinero arqueó una ceja.
—Creí que estabas suspendida.
— ¿Eh? Sí, si lo estoy ¿Por qué?
—Kushina-san, él quiso decir "Creí que no tenías dinero"
La pelirroja rió escandalosamente llevándose una mano a la cabeza cambiando radicalmente su expresión por otra un poco espeluznante al tiempo que sacaba de su bolsa una cartera larga de piel negra.
—Pero tengo la chequera de Minato-kun ¡Itadakimasu! — exclamó lanzándose sin interrupciones contra el plato que había estado torturándola desde hacía largo rato.
Cometarios y aclaraciones:
* "Se baja el bebé" frase coloquial para designar el inicio para trabajo de parto
*También conocido como "Baño María"… no sé, poner un horno de microondas habría sido por demás fuera de lugar, recuerden el tiempo que es.
n.n
Un cap bonito (según yo) porque… que creen? u.u el zorro llega en el siguiente…
