Naruto Ramen

De cómo llegó el Kyūbi a Konoha

Un silencio más paradójico que incómodo se extendía desde hacía unos momentos solo vagamente interrumpido por el hervor del agua en las parrillas posteriores del local.

— ¿Cómo? — preguntó el estupefacto hombre a la risueña kunoichi pelirroja de prominente abdomen.

—Naruto. — respondió ella con ancha sonrisa.

—Minato-kun lo escogió, aunque fue en realidad gracias a Jiraiya-sama que lo puso como protagonista de una de sus novelas.

La cara del cocinero no tenía descripción, se había torcido en un gesto de incomprensión total acompañado de rubor y contracciones divertidas en los párpados.

—El Icha Icha no, tiene más libros. — agregó ella empezando a tomar las pastillas apiladas en la barra junto a un vaso de agua.

Pero aún con todo y que no se trataba de un protagonista de una novela erótica, el nombre en si le era imposible de asociar con otra cosa que no fuera pasta de pescado al vapor prensada, rellena de hierbas aromáticas, enrollada para volver a prensarse y que cuando se corta forma espirales…

—Y ¿Rin-chan? — preguntó él desviando el tema del nombre elegido para el primogénito del cuarto maestro Hokage conocido como "Rayo amarillo de Konoha" y la llamada "Habanera sangrienta"…

Naruto Namikaze, también llamado "Espiral de pescado"…

Rió por lo bajo añadiendo al agua en hervor huesos de pollo, ajo, jengibre, cebolleta verde, zanahorias y cebollas.

—Bueno, no importa que tan ruda se ponga Rin-chan, yo tengo un nivel más alto, no puede vigilarme todo el tiempo.

— ¿Con qué te atosiga esta vez?

—El hospital… ha sugerido una clínica no muy lejos de aquí donde tienen paquetes para el llamado "Parto en agua" que incluye una sesión relajante postparto, desayunos, comidas y cenas incluidas.

—No suena mal.

Los platos que estaba preparando desde antes pasaron a sus lugares frente a comensales que llegaron antes que la pelirroja y conversaban sobre sus asuntos modulando su voz de modo que si era perceptible el barbullo sin necesariamente tener un escándalo.

—También está en lista la opción musical del palacio de parteras de Madam Shijimi que asegura "excelencia en la bienvenida al mundo de tu bebé". Y cuando digo "palacio" créeme que no es en sentido figurado, es un palacio con todas las letras ganadas.

—Tampoco me parece del todo mal, aún tienes la chequera de Minato, Hokage-sama ¿No?

—Eso considerando que sea parto natural. — la chica desvió el tema, aunque más bien podría considerarse que se "rehusó a dejar el tema".

—Hasta ahora no hemos tenido problemas, fuera de mi anemia casi curada, Naruto-kun está perfectamente, pero Rin-chan insiste en considerar la opción de la cesárea, que sería en el hospital de aquí y lo más especial que podría ocurrir es que convenza a Tsunade-sama, si es que la encuentra, de ser ella quien me atienda.

— ¿Qué es lo que más te agradaría?

—Que… que no haya problemas. — respondió arrugando la nariz.

Un trozo de cerdo pasó a una sartén junto con la salsa de soya. Finalmente Kushina sonrió mirando su plato ser minuciosamente preparado en perfecto orden: Salsa de soya y cerdo, fideos recién terminados de cocer, caldo de verduras, cebollino picado, fajitas de cerdo y…

— ¡Eso es crueldad! — exclamó señalando con el par de palillos nuevos que ya había tomado a la espera de su almuerzo.

El gran acto de crueldad consistía en cortes de Naruto flotando en el caldo…

— ¡Con que aquí te habías metido! — interrumpió una anciana entrando al local.

— ¡Te he dicho que no te pasees sola! — reprendió tomándola por la muñeca para levantarla. Kushina por su parte parecía resignada y el cocinero le indicó que se llevara el bol, al parecer la mujer mayor no iba a esperar a que se lo pusieran en paquete para llevar.

La larga cabellera roja desapareció y él solo podía mirar el rollo de pescado que tenía a un lado. Se llevó una mano al pecho, tenía una terrible angustia creciendo… eso o el indicio de un infarto.

.

—Anda, come. — sugirió el cocinero a la agobiada kunoichi. Rin por su parte se acomodaba el cabello por enésima vez en el rato que llevaba ahí esperando.

—No la he visto desde ayer en la mañana, y las últimas dos semanas me ha sido casi imposible encontrarla. — se quejó golpeando la barra.

—Ya está en días, de hecho yo digo que ya se pasó casi un mes, pero bueno podría tener mis cuentas mal por la amenorrea de Kushina-san y recién cumplir nueve y no diez como creo.

—Tranquila, dale un respiro.

— ¡Si el bebé permanece más tiempo podría tener complicaciones mayores!

—Rin-chan, Kushina es adulta, y quiere a ese bebé.

— ¿Aunque le vaya a poner nombre de comida?

— ¿Ya sabías?

—Sí, lo decidieron hace unas semanas en una visita de Jiraiya-sama.

—Rin-chan, sácame de una duda, me da pena preguntarle a Kushina directamente ¿Ya están casados?

—No que yo sepa…

Se reabrió el silencio. Rin estaba angustiada, la forma en la que jugaba con el plato lo rebelaba.

La ruda mano del hombre se aproximó hasta su cabeza sorprendiéndola. Desde que iba a comer a ese lugar, y eso fue desde que se inauguró el local, jamás le había visto tener un contacto tan físico con un cliente, ni con Kushina que era la más desinhibida.

—Tranquila Rin-chan…

Y le hubiera gustado decir que todo iba a estar perfecto y el pequeño pelirrojo, o rubio, iba a venir a comer ramen antes de llevarse un biberón a la boca y todos reirían de eso. Pero no pudo avanzar más allá de esa palmada afectuosa.

.

Terminó de acomodar los platos en su sitio. Las impecables torrecitas de porcelana apiladas de diez en diez se enfilaban con pulcritud en la alacena, todas excepto una al final que solo contaba con nueve miembros presentes.

Justo se disponía a cerrar las puertas cuando una poderosa sacudida le hizo perder el equilibrio dejándole bocabajo en el piso de la cocina. Los bol cayeron haciéndose pedazos, las ollas y sartenes también cayeron de sus sitios. Todo el local temblaba y por lógica había que deducir que la aldea también.

¿Qué no habían solicitado que el entrenamiento con invocaciones gigantes se hiciera en los campos más lejanos?

Mascullando un acta informativa con demanda de cobertura de daños se puso de pie en cuanto pudo y entre tropiezos salió del lugar que seguía estremeciéndose. Varios vecinos que también empezaban a cerrar sus negocios salieron a la calle levantando la mirada a lo que había aparecido de improvisto a mitad de la aldea.

Habían visto las ranas de Jiraiya.

Habían visto las babosas de Tsunade.

Habían visto las serpientes del desaparecido Orochimaru.

Pero aquello en definitiva no parecía en absoluto una invocación ordinaria. Un alarido furioso de la criatura y un acertado zarpazo a un ninja que había saltado a su encuentro les dejó en claro que no era ni normal ni bueno. Por unos momentos el hombre se quedó de pie mirando absorto al demonio rojo. Sus vecinos pasaron a su lado corriendo una vez comprendida la situación de inminente peligro acentuada por el grupo de ninjas que habían aparecido exigiendo una evacuación. Para cuando su cerebro hubo asimilado que era una orden militar y no una sugerencia de procedimiento sus piernas torpemente iniciaron el camino.

Estaba temblando, la temperatura de su cuerpo había descendido bruscamente… pronto inició el fuego, los gritos aumentaron, la confusión no aminoraba. A cada movimiento del animal el suelo se estremecía haciendo caer a más de un civil.

No podía evitar tener recuerdos de un hecho acontecido hacia años y en el que casi no pensaba: la destrucción de su aldea natal.

Dejándose arrastrar por el pánico de los otros empezó a llamar a gritos a su esposa e hija, cosa que de pensarla en frio no tendría sentido porque ellas estaban al otro lado de la aldea.

La gente abandonaba sus casas como podía y se unía al flujo de gente que se empezaba a aglomerar en las calles, empujones, tropiezos, confusión.

Un niño se soltó del agarre de su madre que siguió avanzando con el hermano menor en brazos. Nadie se detenía al escuchar su llanto ni siquiera a tratar de levantarlo, lo más importante era salir de ahí a toda costa. Un hombre robusto corría con una maleta en brazos. Su pesado cuerpo se abría paso por si mismo entre la gente, de vez en cuando miraba hacia atrás para confirmar que aquella amenaza que de repente había aparecido en Konoha les miraba correr. Ese gesto, la demás gente y el tamaño del pequeño no le dejaron ver que estaba por arrollarlo…

… Con ese niño Genma tenía dos en brazos. Bufó molesto. No solo los civiles estaban confundidos, los propios ninjas no sabían si ayudar en la evacuación o ir contra el zorro. El Hokage no estaba y el retirado tercer maestro se estaba haciendo cargo. Por el momento optó por dejar a los niños en el refugio, buscar a los padres ahí era imposible.

— ¡Maldita sea! ¡Si gritan no me escuchan a mí! ¡Cállense de una jodida vez! — chilló Anko a una turba de gente que se había armado en un cruce de caminos y no avanzaba hacia ningún sitio. Pero nadie parecía poner atención a lo que la joven kunoichi decía, querían correr, pero no sabían hacia donde.

— ¡Avancen hacia acá! ¡El refugio es por aquí! — gritaba otro ninja.

— ¡Ayame-chan! — gritaba con desesperación un hombre ataviado con un delantal banco aún sin comprender que su hija no podría escucharlo.

— ¡Tsubaki-chan! — volvió a gritar con más desgarradora desesperación.

— ¡Tsubaki-chan!

En medio de todo el conflicto la silueta masculina fue rápidamente identificada, tomada por la casaca y levantada con fuerza hasta un tejado.

—Su esposa y Ayame están ya en el refugio, las llevó Shisui. — dijo Rin con los puños apretados.

—Lo llevaré con ellas

— ¡Tsubaki-chan! — volvió a gritar el dueño de la posiblemente desaparecida barra de ramen con el rostro descompuesto en una mueca de dolor.

—Tranquilo por favor si todos se ponen histéricos la evacuación no va a resultar.

—Mi hija… mi Tsubaki— sollozó.

Rin agachó la cabeza y levantó su mano emanando un chakra verde perfectamente visible incluso para el hombre que al ser tocado por él se desvaneció. La kunoichi no podía evitar sentir pena por el hombre, algo había escuchado de Minato, que había perdido a su hija mayor cuando desapareció la aldea del bambú. Con este ataque era comprensible que se hubieran confundido sus recuerdos, lo acomodó como pudo para no afectar su camino por la diferencia de estaturas y corrió al refugio.

— ¡Rin-chan! — gritó Gai alcanzándola y arrebatándole al hombre para cargarlo él.

— ¿Qué sucede?

— ¿Hokage-sama no está contigo?

—No, tampoco lo he visto ¿Y Kakashi-kun?

—Estaba a mi lado pero lo perdí hace unos momentos, creo que lo llamaron al frente.

Rin se detuvo.

—Gai-kun, por favor lleva al señor al refugio, Kushina-san no me va a perdonar si algo le pasa.

— ¡¿Qué vas a hacer?

—Voy con Kakashi…

— ¡Rin-chan! ¡Espera!


Cometarios y aclaraciones:

-.- trato de acomodar lo que se puede, los avances del manga me dan hasta aquí…

¡Gracias por leer!