De cómo casi desaparece Konoha
Habían dejado de preguntar qué ocurría desde hacía una media hora, nadie sabía o bien no querían decir, la desorganización evidenciaba la completa sorpresa de aquél hecho, y la vaga sorpresa de descubrir que el "refugio" era un claro en el bosque en un rincón de la aldea no calmaba los ánimos de una población que en menos de una hora ya había visto diezmado su número.
Para ese momento los ninjas más jóvenes habían sido llevados junto a los civiles en una supuesta primera línea de defensa en caso de que surgiera un ataque enemigo, o al menos eso les habían dicho a la mayoría y el rumor se corría entre los grupitos que habían formado. Pero había algo más que no habían querido decir, y si era más alarmante que una posible invasión, realmente no querían saberlo.
Ayame había enterrado el rostro en el delantal blanco de su padre.
—Shisui-kun se fue. — dijo no queriendo llorar por lo asustada que estaba.
El hombre frunció el entrecejo, el chico ni graduado estaba ¿Por qué no permanecer junto a los demás estudiantes?
Puso atención y confirmo que incluso los Hyūga habían dejado su barrio para unirse a los demás, pero de los Uchiha, no había rastro alguno.
— ¡No déjenme! ¡Mis padres están peleando! — gritaba un muchacho tratando de soltarse del agarre que le habían hecho para retenerlo.
— ¡Tengo que ir con ellos!
—Iruka, cálmate, no vas a ayudarlos yendo.
Pero el joven parecía no escuchar y con más fuerza casi consigue soltarse, pero esta vez fue Gai quien le detuvo jalándolo por la ropa de manera un poco brusca pero efectiva que consiguió dejarle sentado, enseguida le aplicó un tipo de llave sin contener su fuerza.
—Si consigues soltarte de mí, puedes ir, yo me encargaré de que no te detengan.
Iruka soltó un quejido ahogado por orgullo y aunque ya sabía que no se libraría de Gai, siguió intentando con más fuerza incrementando también su llanto desesperado.
Aquél no era el único que estaba al borde de un colapso, eran varios los que habían perdido a alguien y corrían de un lado a otro buscándole. Otros parecía que el impacto había sido mayor no haciendo particularmente nada.
El cocinero abrazó con más fuerza a su esposa e hija queriendo decirles que todo iba a estar bien. Sin embargo, los recuerdos de su aldea natal que seguramente también asaltaban la mente de su esposa que lloraba silenciosamente recargada en su hombro, se rehusaban a darle un poco de optimismo, por lo que cada que abría la boca reseca solo salía algún monosílabo inentendible.
— ¡Gai! ¡¿En dónde está Kakashi-kun? — preguntó Rin apareciendo de pronto.
—No lo sé— le respondió.
Ella pareció ignorarlo y se dio vuelta, estaba temblando, llevaba la ropa manchada de sangre y eso alarmó más a los civiles que alcanzaron a verla.
—Rin. — la llamó Kurenai haciendo que girara.
—Ven acá, no puedes dejar que te vean así. — le explicó calmadamente queriéndola apartar de una mujer que sin fundamento aseguraba a estridentes chillidos que era la sangre de su esposo.
— ¿Has visto a Kakashi-kun? — le preguntó.
—No, no lo he visto.
Y con eso bastó para que dejara de ponerle atención, avanzó hacia Asuma y le repitió la pregunta recibiendo una negativa que consiguió que repitiera la rutina con Genma y luego con cualquier otro ninja que se le cruzara en el camino.
—Alguien le tiene que decir. — dijo Gai seriamente sujetando el brazo de Iruka que había conseguido soltar luego de mucho trabajo y contorciones casi imposibles para una anatomía promedio.
—Rin. — el valiente fue Asuma.
—A Kakashi lo llamaron al frente.
Casi enseguida tuvo que lanzarse para atraparla antes de que saltara hacia los árboles para evadir a quienes la rodeaban y correr de regreso a la aldea.
— ¡Déjame! — chilló pataleando completamente fuera de sí.
—No, Rin, A Kakashi lo llamaron porque es ANBU, nosotros no podemos hacer nada al respecto.
— ¡Tengo que ir! ¡Suéltame! — le exigía, pero Asuma la tenía bien sujeta y sin planes de hacerle caso por más que lo quisiera.
— ¡Kakashi! ¡Kakashi!
— ¡Rin! ¡No seas ridícula!
— ¡Suéltame! ¡Kakashi!
Kurenai hizo una indicación a su compañero para que se la llevara y lo mismo para Gai que no conseguía cuando menos callar al estudiante que tenía apresado, los civiles se estaban alterando con la escena que estaban montando incitándolos a ir ellos también por sus familiares perdidos.
De momento cayó a su lado un joven ninja, su cuerpo temblaba, llevaba lentes oscuros y por ello no alcanzaron a ver su mirada que sin duda reflejaba el horror que se vivía en el centro de la villa. Su pecho se expandía y comprimía a una velocidad exagerada, su inhalación jadeante se cubría con la mano que se había llevado a ella. Se dejó ir de rodillas y Kurenai se acercó a asistirlo.
—Hokage-sama…— dijo entre lo pesada que su respiración se había vuelto. Pronto el movimiento forzado de sus pulmones se acompañó con pequeñas convulsiones propias del llanto.
—No digas lo que pasó. — le susurró Kurenai sospechando las malas nuevas que traía, a toda costa quería evitar el pánico, pero tal parecía que nadie más tenía esa prioridad porque el sujeto evidentemente la ignoró.
—Hokage-sama ha muerto.
La esposa del cocinero soltó un grito.
— ¡Como en la aldea! — dijo ella soltando a llorar más fuerte y refiriéndose a la caída su anterior hogar, que al morir el noble gobernante de la aldea junto con todos sus escoltas, el lugar completo sucumbió en cuestión de minutos.
— ¿Cuál de los dos? — preguntó Asuma teniendo en conocimiento que a su padre aún le llamaban con ese título pese a que el cargo oficial lo tenía el rayo amarillo de Konoha.
—Minato…
Por unos segundos Rin había acallado sus gritos para escuchar al ninja pero la nueva noticia le reavivó las fuerzas y en una maniobra se soltó de Asuma, este no reaccionó al momento asimilando la noticia que la demás gente ya empezaba a rumorear hacia aquellos que no habían podido escuchar directamente.
— ¡Rin-chan! — gritó Gai olvidándose completamente de Iruka que estaba ya adolorido por la enérgica llave que le había mantenido preso. El joven del traje verde la alcanzó para derribarla.
— ¡Rin-chan! ¡Espera por favor!
Pero ella ya no lo escuchaba, sus propios gritos no se lo permitían.
— ¡¿Kushina? ¡¿Kushina estaba con él? — alcanzó a gritar.
— ¡¿Y el bebé? ¡Tengo que ir por él!
Los ninjas mayores que habían sido relegados de la ofensiva contra el zorro estaban tratando de calmar a la gente y a los más novatos, pero la noticia había terminado de romper la poca serenidad que conservaban.
El shinobi más fuerte de toda la aldea estaba muerto…
Si el más poderoso ninja no consiguió sobrevivir ¿Qué iban a hacer ellos?
Si el maestro Hokage no pasó la noche ¿Qué sería de los demás?
¿Qua iba a pasar?
¿Qué debían hacer?
Kurenai no pudo evitar levantar las manos para concentrar atención, necesitaba saber si su padre estaba bien. Se trataba de un combate, sin duda no tendría problemas para localizar un tipo de energía tan peculiar. Sentía varias presencias conocidas, otras no tanto pero dando lo mejor de sí. Encontró al tercer maestro Hokage, más conocidos, varias presencias se apagaban súbitamente y otras lo hacían con la lentitud propia de la agonía
— ¿Solo un Hokage? — insistió Asuma para descartar la posibilidad de que su padre también hubiera caído, una pregunta un poco impertinente, pero de verdad quería saberlo.
El que había traído el mensaje asintió.
—La pelirroja del remolino estaba con él, no vi mucho, usaron un jutsu combinado, nos mandaron a dar apoyo pero llegamos tarde y… y…— no pudo decir más se soltó a llorar.
—El bebé. — repitió Rin.
— ¡¿En dónde está el bebé?
—No creo que haya sobrevivido.
Gai tensó más los músculos esperando que Rin forcejeara, pero al contrario, su cuerpo delgado desfalleció en sus brazos.
Los sollozos y el pánico agotaron pronto a todos. Y de momento, en medio de todo el cansancio se percataron del silencio que reinaba en el lugar. No había más maldiciones, explosiones o poderosos rugidos. El follaje del bosque no les permitía saber qué pasaba más allá, pero ese silencio solo podía significar una cosa…
La luz del amanecer aclaró las ideas.
Ya todo había terminado.
Cometarios y aclaraciones:
Bueno, ya terminó el flashback del manga, así que estuve en libertad de escribir sin que me salieran con sorpresas.
Tenía entendido que lo del refugio y la planificación de evacuaciones fueron a raíz de precisamente esto, por lo que me empeñé en resaltar el desorden. Recordarán además que el objetivo de este fic es una perspectiva casi civil de los hechos, por lo que tampoco podía redactar de nuevo la escena del sellado (y no tendría mucho caso si Kishimoto ya lo hizo) Como sea, espero que pese a la tragedia, este cap haya sido de su agrado.
¡Gracias por leer!
