¡Feliz navidad! Estuve escribiendo este los últimos días en los que he estado muy ocupada pero me pareció bonito celebrar la navidad con esta idea de Sekki como bebé obidei que tiene ya un año desde que la pensé y que tanto comenté con Lybra (gracias por las ideas que siempre me traes). Sé que debo uno de intruso, el nuevo capítulo está medio escrito y lo quiero tener listo para día de reyes. ¡Suerte a mí misma!
—¿Qué...?
Obito boqueó, inseguro sobre cómo acabar la pregunta. Deidara y él se miraron y sus ojos abiertos de par en par le hizo saber que estaba tan desconcertado como él.
—¿¡Cómo que un hijo!? —exclamó Deidara.
—¡Eso! —se sumó Obito. Miró de nuevo el orbe de humo blanco que flotaba en el aire sobre la mano del shinigami.
El ser de larga cabellera blanca y piel púrpura rió con sequedad.
—Qué vergüenza tener que ser yo quien les explique esas cosas —dijo y la uña puntiaguda de su dedo índice trazó un círculo en el aire—. Cuando dos almas pasan mucho tiempo juntas en el más allá, a veces una pequeña parte de ambas se desprende y se une, formando una nueva alma. Este pequeño ha estado un par de meses flotando por ahí hasta que lo detectamos.
—Entonces es una mezcla del alma de Deidara y la mía —dijo Obito.
El shinigami sacudió la cabeza.
—Es un alma nueva, independiente de las de ustedes dos. O lo que es lo mismo, su hijo —dijo estirando el brazo. Obito y Deidara examinaron de cerca aquel pequeño orbe—. Un acontecimiento muy difícil de observar, pero a veces sucede.
—Supongo que ahora nos lo tenemos que quedar, hm.
Deidara trató de tomar el orbe. El shinigami lo retiró de su alcance.
—No.
—¿¡Qué!? —chilló Deidara, mirándolo contrariado—. ¿Qué va a pasar con... Eso?
—Es un niño —afirmó el shinigami.
Obito y Deidara se miraron aún más confundidos que antes.
—Oh.
Obito sintió ganas de llevarse el orbe y no dejar que aquel ser lo tocase más.
—¿Por qué no nos lo podemos quedar? —preguntó—. ¿Qué le va a pasar?
—Las almas que no han experimentado la vida material no pueden quedarse aquí. Son las reglas del Gran Rey Enma.
El shinigami se cambió el orbe de mano y este empezó a brillar y expandirse. Deidara dio un paso al frente. Obito lo tomó de los hombros y apretó por si tenía pensado encararse con quienes mandaban en el más allá.
—¿¡Qué le está pasando!?
Cuando el resplandor desapareció, el orbe había tomado la forma de un bebé vestido con un pijama de color blanco. Obito y Deidara se acercaron a mirarlo más de cerca. El niño tenía el aspecto de un bebé de unos tres meses. Su cabeza estaba recubierta de pelusa de color claro y aspecto sedoso. Obito se preguntó qué iba a ser de él y como iba a sobrevivir por su cuenta en un mundo que tanto dolor le causó a él.
—Me niego a que lo envíen al mundo, hm —sentenció Deidara.
—Yo también —agregó Obito, su memoria revisitando los momentos más duros de su infancia—. Va a crecer como un huérfano. No es justo.
Las pupilas amarillas del shinigami se fijaron en él.
—Uchiha Obito, más de un niño creció huérfano como consecuencia de tus acciones en vida. No fue justo para ellos tampoco —dijo y la mandíbula de Obito se apretó—. Es lo que tienen las almas que se generan a partir de otras. Siempre acaban heredando algo de karma.
Obito no contestó. Sin mover un dedo ya le había vuelto a arruinar la vida a alguien. Dicho alguien siendo su propio hijo.
Su hijo.
Aún no era capaz de asimilar la idea.
—¿Puedo sujetarlo un rato al menos? —preguntó y para su sorpresa, el shinigami accedió y le ofreció al niño.
—Les dejo un rato a solas con él. Después contactaré con un santuario para su entrega en el mundo material —les dijo antes de desaparecer.
Obito acunó al niño en sus brazos. Deidara se volvió a echarle un vistazo y él se preguntó que se le estaba pasando por la cabeza.
—Es tan pequeño —murmuró, comparando el tamaño de su pulgar con el de la mano del bebé—... Y va a estar tan solo.
En la mente de Obito sólo había malos recuerdos. La noche del ataque del nueve colas. Naruto llorando en sus brazos. El kunai en su mano. La mirada de terror y odio del que fue su sensei. Una mirada que ahora comenzaba a comprender.
—Lo siento —agregó. El niño abrió los ojos despacio e inmediatamente, Obito sonrió y se le hizo un nudo en la garganta—. Oh, hola.
—Al menos no tiene mucha pinta de Uchiha —dijo Deidara.
Obito rió.
—Eso es bueno —respondió. Cabello y ojos claros. Obito no había visto demasiados en su vida, pero le pareció el niño más bonito del mundo—. No debería estar encariñándome tanto pero —el bebé bostezó y el corazón de Obito latió con fuerza—. No es justo.
Cuando la primera lágrima rodó por su mejilla dañada, Obito le pasó el niño a Deidara, que tardó un segundo de más en reaccionar. Dándose la vuelta, se alejó unos pasos.
—¿Dónde vas?
—No quiero que me vea así —dijo Obito y se limpió la cara con la manga. El niño emitió un leve quejido y él se dio la vuelta—. Lo estás sujetando mal.
Obito tomó el codo de Deidara y lo subió un poco, después movió su brazo derecho.
—Todo un experto te has vuelto de repente, hm —respondió Deidara.
—Hice de canguro en algunas misiones de rango D.
Deidara resopló.
—Rango D —el niño estiró el bracito y agarró el cabello de Deidara. Obito lo miró, riendo mientras otra lágrima se le escapaba—. No quiero que crezca en un templo.
—Yo tampoco —respondió Obito.
—¿No hay alternativas? ¿No lo podemos dejar con alguien de confianza?
Obito suspiró.
—No me queda nadie ahí abajo. Y Kakashi no merece ponerse a cambiar pañales y dar biberones y... Bueno, todas las cosas que hay que hacer para criar a un niño durante tantos años.
Sí, él se merecía vivir en paz el resto de su vida cuidando a sus perros y leyendo literatura mala. No era justo con él darle más responsabilidades.
—No pienso dejar a mi hijo a cargo de ese arrancabrazos, hm —gruñó Deidara. El niño protestó y dio un tirón del cabello de Deidara—. Y a él tampoco le gusta la idea.
—No voy a pedirle a él —respondió Obito—. Y deberías hablar con más suavidad. Podrías asustar al bebé.
—No me parece que esté asustado —dijo Deidara, doblándose a la vez que el niño tiraba de su cabello—. Tu amigo me debe una disculpa, por cierto.
—¿Estás dispuesto a perdonarlo? ¿En serio?
—No, sólo quiero escucharlo decirlo para responderle: disculpa no aceptada.
—Ya me parecía —dijo Obito e intentó hacer que el niño aflojase el puño—. No seas malo, suéltale el pelo a papá.
—Papá —repitió Deidara—. Te has acostumbrado rápido.
—No se puede quedar con nosotros, así que mejor lo aprovecho ahora que está aquí —a Obito le dolieron sus propias palabras—. Quién sabe cuando volveremos a verlo.
Obito consiguió soltar el mechón de Deidara y el niño gruñó, intentando alcanzarlo. Sólo se calló cuando Obito se lo dio de nuevo.
—¿Sabes qué? Quédate con mi pelo si tanto te gusta, hm —Deidara concentró chakra en su uña y cortó el mechón. El niño agitó su brazo, balbuceando cosas sin sentido—. Estoy pensando que mi madre se lo puede quedar.
—¿Crees que acepte?
—Sí, lo hará —respondió Deidara—. Sé que no va a dejar que un nieto suyo en manos de cualquiera.
Obito tragó saliva.
—No hay mucho más que podamos hacer estando muertos.
—Bien. ¿Dónde está el tipo de los cuernos para darle la noticia?
Como si lo hubiera invocado, el shinigami se materializó en el aire.
—¿Listos?
—Hemos pensado que vamos a dejarlo con su abuela, hm —respondió Deidara.
El shinigani le sostuvo la mirada unos segundos.
—Como prefieran, pero la comunicación va a ser complicada —dijo y un portal se abrió en el aire—. En el santuario lo cuidarían bien.
—Él ya tiene una familia —dijo Obito.
—Lo pueden intentar —respondió el shinigami—. Pero recuerden que una vez dejen al niño, pasará a pertenecer al mundo de los vivos. No podrá verles ni oírles.
Deidara asintió y pasó por el portal. Obito lo siguió y en seguida reconoció la casa en la que estuvo una vez durante aquella misión en Iwa.
—Esta valla no era blanca —dijo Deidara, mirando alrededor—. Y los árboles están mucho más altos. La carretera no estaba asfaltada. ¿Y qué hace ese restaurante ahí donde estaba el huerto del vecino?
—Parece que Iwa se modernizó también —dijo Obito y miró al niño—. Al menos le ha tocado una época de paz. Me deja más tranquilo.
Ambos atravesaron la pared, buscaron en el salón, la cocina y el patio. A Obito le preocupó no encontrarla en casa pero al volver a entrar, el sonido de una radio les llegó desde alguna parte.
—Trabajando con la radio puesta. Algunas cosas nunca cambian, hm —dijo Deidara.
Obito sonrió.
—Pórtate bien con la abuela, ¿de acuerdo? —dijo haciéndole cosquillas al niño. Al escucharlo reír, Obito sonrió con tristeza—. Sé bueno y hazle caso en todo.
—Bueno, no en todo —agregó Deidara—. Serás un gran artista como yo. ¿Verdad?
El niño gorgeó agitando la mano que aún sostenía el mechón de pelo rubio y Obito pensó en todas las cosas que iba a perderse. Sus primeros pasos, su primera palabra, su primer cumpleaños. Sabía que era una disputa que jamás ganaría pero por unos segundos consideró llevárselo de vuelta.
—Lo será. Sólo espero que también herede lo mejor de mí y no lo peor.
Obito dejó un beso en lo alto de su cabeza y siguió a Deidara hasta el taller familiar. Ahí estaba la mujer que conoció una vez, con blanco entre el castaño claro de su cabello y más arrugas alrededor de sus ojos verdes pero pintando aquel jarrón con el mismo esmero con el que una vez la vio hacerlo. Deidara la observaba en silencio y él decidió darle espacio y esperar a que reaccionase.
—¿Cómo vamos a hacer esto, hm? —preguntó Deidara.
Obito sacudió la cabeza.
—No lo sé, tal vez... Intenta volcar algo —dijo, examinando el taller. Sus ojos se detuvieron en una fotografía de Deidara en los primeros años de su adolescencia—. ¿Qué tal?
Deidara miró a donde Obito señalaba, después asintió y le pasó al niño.
—Veamos.
Caminó hasta la foto e intentó golpearla pero su mano sólo la atravesaba. La madre de Deidara frotó sus brazos y Obito notó que la piel se le había erizado.
—Rin me dijo que tomar energía de aparatos eléctricos funcionaba —dijo Obito.
Deidara miró hacia la radio, una serie de interferencias acallaron la canción en antena. El siguiente golpe logró tirar el porta retratos. La madre de Deidara se volteó de repente, mirando a través de ellos. Obito lo vio enfocarse en la radio. La luz de la lámpara parpadeó y la emisora fue cambiando hasta encontrar la palabra.
—...Abuela.
Ella se levantó de golpe y tomó el retrato.
—Deidara... ¿Eres tú?
—¿Dónde vamos a dejarlo? —preguntó Obito.
—En el futón de la habitación de al lado —Deidara echó un último vistazo a su madre y lideró el paso hasta el dormitorio. Una vez allí los dos miraron al niño—. Una vez que lo dejemos, pertenecerá aquí.
A Obito se le escapó un suspiro pesado.
—Es la hora, pequeñín —dijo y alzó a su hijo en brazos haciéndolo reír—. Hasta pronto.
Las lágrimas hicieron acto de presencia y Obito se lo volvió a dar a Deidara.
—Hazlo tú.
Deidara agarró al niño de las axilas.
—Recuerda esto. La belleza está en la fugacidad del momento, hm —dijo y lo depositó con cuidado en la cama.
Nada más dejarlo, sus manos atravesaron las del niño que, confundido por la repentina desaparición de ambos, comenzó a lloriquear. Obito abrazó a Deidara y lo apretó con fuerza contra su pecho.
—Estará bien —dijo Deidara.
—Lo sé. Pero... No le hemos puesto nombre.
—Mi madre le pondrá uno, no tiene sentido que lo hagamos nosotros si no lo podemos comunicar.
La madre de Deidara entró, vio al bebé y examinó el mechón de pelo en su puño cerrado.
—Deidara... Sólo tú podrías venir a dejarme un bebé en la casa más de diez años después de irte.
—Así es la vida. Algo tan raro y me pasa a mí, hm —dijo y las cortinas se movieron levemente sin la ayuda de ninguna corriente de aire.
—A nosotros —agregó Obito.
La mujer sonrió como si los hubiera escuchado.
—Gracias por venir a verme —dijo y tomando al niño, lo arrimó a su pecho—. Y gracias por traer a Sekki.
No sé si expliqué esto ya. Pero la idea de Sekki como niño obidei se me ocurrió hace poco más de un año. Alguien me dijo que en Boruto hay un arco que transcurre en Iwa. Yo amo Iwa porque es el hogar de Deidara y me decidí a verlo (incluso si no veo Boruto) para aprender más sobre Iwa y usar esa información en mis fics.
La primera vez que vi a Sekki pensé "se parece un montón a Deidara". Y estaba muy emocionada porque le hubieran hecho esta especie de homenaje jajaj. Después cuando lo vi interactuar, vi que su personalidad a penas era como la de Dei. Su personalidad era clavada a la de Obito. Torpe, nervioso, obstinado y quiere ser Tsuchikage, el mismo sueño de Obito. También es un poco orgulloso como Deidara y pensé: Físico de Deidara (pelo más oscuro porque Obito es moreno y ojos verdes (en genética, padres de ojos oscuros y azules tienen niños de ojos verdes). Personalidad 95% Obito y 5% Deidara. Este niño es bebé Obidei! Desde entonces he querido escribir de ello y este es mi primer intento. Como Sekki es un huérfano que vive con su abuela (igual que Obito) me pareció que esta historia encajaba en lo que vemos en Boruto. Estoy muy emocionada de poder escribirlo al fin y a todas las personas que les he hablado de mi idea les ha encantado así que espero que les guste el fic. Que pasen un bonito día.
