Antes Draco se sintió completamente solo, perdido en un mundo de extraños que le acusaban de mortífago despiadado gracias a las mentiras de Rita Skeeter. Estuvo en un mundo donde no creía tener ningún sentimiento.

Solo confiaba en sus amigos, Daphne, Blaise, Theo y Pansy, los únicos que le entendían. Ellos eran los únicos que entendían lo que era llevar el peso del apellido encima, lo que era no contar con más elección que convertirse en un homicida solo para salvaguardar a sus seres amados.

Entonces a su vida lúgubre llegó la oportunidad de darle una vida mejor a su sobrino apareció de pronto.

Antes su vida y cielo se encontraba nublado, pero ahora está despejado.

La llegada de Teddy y los Gryffindor ahuyentó el miedo, Le trajo de vuelta a la vida. De ahora en adelante despertaría todos los días, para observar a la mujer que ya era su esposa, le gustaba mucho su manera de ser, le hacía tener una sonrisa en su rostro.

No más lágrimas, no más dolor porque se querían, Hermione le ayudó a comprender que el amor es la respuesta a todo cuanto es y necesitaba. Hoy en día gracias a Teddy sentía que era un hombre mejor.

Su ahora esposa le enseñó a valorar más las cosas muggles por que le compartió pequeñas cosas de su vida, como películas, música comidas, bailes... No podía negar que junto a Teddy estuvieron llorando cuando vieron la muerte de Mufasa en la película del rey León. Se hicieron fanáticos de Disney, adictos a las películas y demás chucherías que tuvieran el logo del ratón.

El pequeño le dio fuerzas, cuando no creía ser fuerte, obtuvo esperanza cuando toda creía que ya su fe estaba perdida, Hermione le abrió los ojos cuando no podía ver que el amor que entre ellos se hizo presente un año después de que vivieran juntos, sus amigos siempre estuvieron esperando a que se dieran cuenta. Y ella le propuso matrimonio... Una bruja excelente que le encantaba su elocuencia y personalidad.

— ¿Estás bien? — Hermione acaba de despertar y notó como su esposo la miraba fijamente con una diminuta sonrisa.

— Pienso en lo maravilloso que es tener una familia, Teddy es un niño espléndido. — el rubio le acarició la mejilla. — Le hemos enseñado a amar, es bondadoso como ninguno. Además, Delphi disfruta de nuestra compañía, es la niña más inteligente que he visto. Mi hermanita es un amor.

— Los niños son lo que nosotros les damos, han recibido tanto amor que no podrían herirse o lastimarnos. — la castaña tomó la mano del rubio. — tengo la idea de que debemos esperar a que Teddy tenga once años para darle un primo.

Draco la miró con complicidad. — es lo mismo que quería decirte. Señora Malfoy me has leído la mente.

— Bueno señor Malfoy, es porque yo soy como tú. — le besó la punta de la nariz. — pensamos en todo.

Él la miró con amor — ¿alguna vez te sentiste como una inadaptada?
Como si todo dentro de ti fuera oscuro y retorcido. Soy distinto y...

— Soy una rata de biblioteca, una mujer muy moral y entenderás lo que era ser vista de mala manera por mi procedencia. — Hermione le puso un dedo en la boca a su marido para que no hablase, durante la luna de miel él pidió perdón tantas veces como le fue posible. — pero está bien ser diferente, porque yo también lo soy, amorcito.

— Me gusta cómo suena esa palabra... Amorcito — Draco le acarició — Me ha salvado señora Malfoy.

— Cada vez que dices señora me siento anciana.

— Solo es el título porque ya llevas mi apellido. — Él le sonrió.

— Lo sé y me gusta... Hoy volveremos a casa donde tú eres el rey y yo la reina y nuestro pequeño Teddy el príncipe. Ya debe haber ganado peso por todo lo que Molly lo debe haber alimentado.

— Debemos volver... Pero antes...

Iba a darle una mañana caliente.


Teddy estaba en casa de Molly en compañía de Victoire y los gemelos Peter y Fabián. Observaban como la lluvia que caía sobre los cristales y como la tarde se veía opacado por una fina neblina.

El cabello de Teddy se tornó negro, sus ojos azules tomaron el color negro… su tez tomó un matiz mucho más pálido que el tono de piel de su tío Draco. Se sentía muy triste, no hallaba razón del porqué le dolía el pecho, su corazón lo sentía en la garganta y había una sensación de querer escapar e ir al bosque.

Victoire le tomó la mano y el pequeño metamorfomago la miró, su miedo empezó a desaparecer gradualmente hasta que Molly apareció con una bandeja de tarta de melaza y varias tazas de chocolate con leche.

— A ver mis niños, no estén pegados a la ventana o van a atrapar un catarro — Les sonrió — Sus padres y tíos llegaran mañana.

La bruja observó el cabello y los ojos de Teddy, parecía un niño depresivo con ese aspecto, gracias a Merlín sabia como contrarrestar esa situación. — Les contaré una historia — al decir esas palabras Teddy volvió a llevar su cabello azul. — El cuento de los tres Hermanos.

— Sii — Saltó Fabián de alegría. — amo ese cuento.

Los pequeños tomaron asiento mientras sostenían con sus pequeñas manos la tarta de melaza.

— Había una vez tres hermanos que viajaban por un camino sinuoso y solitario a la media noche…

— Al atardecer — Peter interrumpió — mamá dice al atardecer.

Molly sonrió y procedió a contar la historia, los pequeños comieron y bebieron. Les cantó nanas y los arrulló. Se sentía una abuela dichosa e inevitablemente pensó en los caídos de la guerra, se limpió las lágrimas con las mangas de su suéter, Tonks y Remus estarían felices por cómo estaba creciendo su hijo, tal vez Percy tendría dos hijos o hijas que le dirían abuela, pero no todo puede remediarse.

En cuanto Arthur llegó, le ayudó a llevar a los niños a las habitaciones que les correspondían. Ambos se abrazaron en el umbral de la puerta, observaron los rostros de los pequeños. En verdad se aman a los hijos, pero con la llegada de los nietos descubrieron que existía algo más allá de toda emoción. No se dejarían llevar por el dolor. ¡No más dolor!