Capítulo 4

Itachi

Tiré mis llaves en el mostrador tan pronto como entramos al apartamento. Sakura se dirigió directamente al baño y yo al dormitorio. Tan pronto como me metí en la cama, revisé mi correo electrónico y me sorprendí cuando vi que tenía más de veinte respuestas a mi anuncio.

—Sakura, date prisa, cariño.

Entró en el dormitorio con nada más que sujetador y bragas, con el cabello recogido en la parte superior de la cabeza.

—Maldita sea mujer. Me estás matando. —Sonreí mientras la veía quitarse el sujetador y ponerse la camisa de dormir que sacó del cajón.

—Compórtate, señor Uchiha —dijo mientras se sentaba a mi lado.

—Mira, nena. Todas estas respuestas a mi anuncio.

—Eso es genial. ¿Vas a comenzar a entrevistar pronto?

—Sí. Empezaré mañana por la mañana.

Dejé mi teléfono y envolví mis brazos alrededor de ella, jalándola cerca de mí e inhalando su olor mientras se acurrucaba contra mi pecho.

—Me encantó que tomaras medio día libre en el bar y lo pasaras conmigo. Cuando abra el estudio, me temo que las cosas se van a poner tan ocupadas que ya no tendremos tiempo el uno para el otro.

—Aw, cariño. No digas eso. Siempre tendremos tiempo para nosotros. Haremos tiempo. No te preocupes por eso. Recuerda, no importa cuán loca se vuelva la vida, siempre habrá tiempo para nuestro amor.

Sonrió mientras me miraba.

—Así fue como se te ocurrió el nombre para tu banda.

—Sí. Así fue —dije mientras besaba su cabeza.

—Te amo, Itachi. Buenas noches.

—Te amo más, Sakura. Buenas noches cariño.

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Me desperté con el aroma del café subiendo por mi nariz. Abrí un ojo y vi a Sakura sentada sobre mí, sosteniendo una taza de café en mi cara.

—Buenos días —dije mientras me frotaba los ojos.

—Buenos días. Es hora de levantarse, dormilón. Tienes entrevistas que hacer y tengo una tienda para montar.

Le quité la taza y me senté.

—Ok. ok. Estoy despierto. Pero me niego a salir de esta cama hasta que mi hermosa novia me dé un beso.

—Creo que eso se puede arreglar. —Sonrió mientras se inclinaba y me besaba.

Saltó de la cama y sacó un vestido de verano del armario.

—Estoy muy emocionada. Le envié un mensaje a Temari y Ino y les dije que hoy las llevaré a un lugar. Voy a sorprenderlas y llevarlas a la tienda. ¡Van a alucinar! —chilló.

Ver la emoción de Sakura era increíble. Estaba tan feliz de que finalmente iba a vivir su vida como fotógrafa con su propio estudio. No quería nada más que fuera feliz. Mi teléfono sonó era un mensaje de texto de Sasori.

Amigo, joder, hombre. Ino está tan hormonal que me está volviendo loco. En un momento nos reímos juntos y al siguiente me está gritando.

Me reí.

Cuídala y sólo acéptalo. Es la madre de tu hijo. Recuerda eso.

De alguna manera, sabía que dirías algo así.

—Parece que Ino está siendo excesivamente hormonal con Sasori. —Me reí.

—Ya era demasiado hormonal cuando no estaba embarazada. —Sonrió Sakura.

Me levanté de la cama y salté a la ducha. Cuando terminé, Sakura estaba de pie en la puerta del baño, mirándome.

—¿Quieres algo de esto? —Sonreí.

—Sí, pero más tarde. Necesito establecer algunas reglas para ti cuando entrevistes a estas mujeres que solicitaron ser tu asistente.

—¿Oh en serio? ¿Y qué reglas serían esas? —pregunté con una sonrisa mientras me secaba.

—No deben ser atractivas. Deben estar completamente vestidas y deben tener la personalidad de un felpudo. En realidad, una lesbiana sería perfecta.

Me acerqué a ella y coloqué mis manos en sus caderas.

—¿Realmente te preocupa, nena?

—Soy una mujer y, a veces, una mujer puede ser insegura cuando se trata de otras mujeres que trabajan con el hombre que ama.

—Por favor, Sakura, me conoces mejor que eso —dije mientras le besaba la frente.

—No es en ti en quién no confío, son las otras mujeres. Quiero decir, mírate. Eres un hombre increíblemente sexy y cualquier mujer sería estúpida si no intentara atraparte. Me enfrento con ello cada vez que salimos.

—Te amo a ti y solo a ti, nena. Lo sabes. Basta de tonterías. Pero tendré en cuenta tus reglas. —Le guiñé un ojo.

—Gracias cariño. De acuerdo, ¡voy al estudio! Te amo. —Sonrió mientras me despedía.

—Yo también te amo, Sakura. Diviértete, te veré más tarde.

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Cuando llegué al bar, Sasori estaba allí, haciendo un cableado en el escenario.

—Amigo, ¿cuándo vienen las chicas? Creo que necesito estar en las entrevistas contigo para que puedas tomar la decisión correcta.

—No vas a participar de las entrevistas, vas a ser padre.

—Sí. ¿Cuál es tu punto?

—Enfócate en tu hijo.

—Hombre, Ino está rompiendo mis bolas. Ya sabes, la amo, pero luego la odio. ¿Sabes lo que quiero decir?

—En realidad, no lo sé —dije mientras caminaba hacia mi oficina.

—¿Qué está pasando contigo? —preguntó Sasori.

—Nada. Es solo que Sakura está preocupada por a quién contrataré como mi asistente.

—¿Por qué estaría preocupada? Eres... tú. —Se rio.

—Exactamente, y se lo dije.

—Las chicas son raras. Probablemente sea solo algo hormonal como Ino.

—Sakura no está embarazada.

—¡No, todavía no! —Guiñó un ojo.

Cuando estaba a punto de echarlo de mi oficina, vi a una morena parada en la entrada.

—Bueno, hola, ángel. ¿Cómo puedo ayudarte? —Sasori sonrió mientras le tomaba la mano y la besaba ligeramente.

—Tengo una entrevista con el propietario, Itachi.

—Bueno, ese sería...

—Yo —dije mientras salía de detrás de mi escritorio—. Soy Itachi Uchiha.

—Hola, señor Uchiha. Mi nombre es Konan Chase.

—Konan, me encanta ese nombre y también tú. —Sonrió Sasori.

—Sasori, lárgate de aquí.

—Me voy. Me voy —dijo—, tal vez Konan y yo podamos hablar más tarde. —Sonrió.

Cerré la puerta y sacudí la cabeza.

—Ignora a mi amigo. Tiene demasiada testosterona.

Soltó una risita y se sentó en la silla frente a mí.

La entrevista fue buena y estaba muy calificada para el trabajo, pero tenía otras personas que evaluar entre hoy y mañana, así que le dije que me gustaría volver a hablar con ella. Después de llevar a Konan a la puerta, tomé asiento en el bar.

—¿Cómo estuvo? —preguntó Tenten.

—Es buena. Muy calificada Me gusta. Es una buena candidata.

—Es muy bonita —dijo Tenten mientras limpiaba un vaso.

—No me di cuenta.

—Buena respuesta. —Sonrió.

—La próxima debería estar aquí en unos cinco minutos. Solo envíala a mi oficina.

—Lo haré, jefe.