Běijīng kǎo yā
De cómo Hiruzen Sarutobi no puede ser padre de todos
—No te muevas y sopla. — decía un compadecido padre ante las lágrimas que desbordaba su hija entre los tirones inevitables que tenía que dar al frotar aceite en el mechón de cabello donde una rosada goma de mascar se había hecho un nido particular. La niña por su parte, con un popote muy pequeño metido entre la piel y la carne de un pato desplumado, resoplaba entre sus chillidos para tratar de facilitar la presentación de la piel cuando se cociera.
Nuevamente soltó un gemido cuando su padre trató de pasar un peine por el nudo pegajoso.
— ¡Iruka es un estúpido! — chillo soltando el popote.
— ¡Ya vas a empezar a hablar como tu madre! — reprendió el hombre poniendo más aceite al tiempo en que ella volvía a soplar la piel del octavo de quince patos que tenían que preparar para una cena al otro día.
Usualmente el hombre se mostraba un poco reacio a salirse de su margen de comodidad dentro de la cocina, que eran básicamente los fideos. Pero Hiashi Hyūga quería honrar a sus invitados… lo que era contradictorio porque ese pato era en realidad la cosa más común de hacerse, tanto como el arroz hervido.
Y como era una cantidad considerable, la barra de ramen había abierto más tarde de lo usual para dedicarse a hacer el tedioso soplado de patos. Con lo que no contaba era que su hija aparecería llorando y con una aparatosa cosa rosa en el pelo, que después escuchó entre lágrimas, había sido una bomba de goma de mascar reventada a propósito.
Bajo otras circunstancias Ayame habría corrido con su madre a la florería, pero por dos razones eso ya no era posible. En primera porque la florería había anunciado su cierre por una temporada, con la muerte de la señora Yamanaka el esposo debía además de seguir activo como ninja, cuidar a su pequeña hija, lo que no le dejaba mucho tiempo para un negocio. Y segundo, la madre de Ayame se había inscrito como voluntaria de tiempo completo en los cuneros apenas el maestro Hokage les había enviado cortés mensaje explicando que Naruto no podría quedarse a vivir con ellos.
Si Naruto no iba con ella, ella iría con Naruto.
A veces pensaba que aquello que le susurró en la recepción de su boda, algo de tener doce hijos, iba muy en serio.
Frunció el ceño cuando notó que en lugar de resbalar, la goma de mascar perecía quedar más pegada.
—Ni hablar, vamos a tener que cortar.
— ¡Papá!
Pero más que una sugerencia fue un informe, las tijeras ya habían hecho lo propio y para cuando Ayame se llevó la mano a donde debiera estar su larga coleta, se percató que a lo mucho tendría el largo a la altura de su oreja, "como niño".
Resuelto el problema, la cortina de metal ahogó sus quejas y la luz del medio día iluminó toda la estancia. Lo segundo que vieron fue la humareda de un cigarro entrando presurosa.
—Ya lo apagué. — se excusó parcamente aunque la leve nube se había arrastrado un poco junto con él.
— ¿No ha venido Kurenai? — preguntó con la misma seca cortesía, el cocinero negó y confirmó lo evidente haciéndole saber que acababa de abrir. Enseguida le ofreció asiento, mismo que tomó a la par que pedía un poco de sake. Momentos después y ante la ceja arqueada que cuestionaba su edad se limitó a señalar su banda ninja y alegar ser Chūnin, argumento contra el cual el cocinero no podía objetar nada y procedió a dársela.
La joven morena no tardó en aparecer, igualmente sin ánimos pero con más calidez que el chico saludó a los anfitriones y tomó lugar en la mesa de Asuma mirando con reproche la botella y pidiendo para ella un aperitivo.
Iniciaron una conversación casi a susurros y en más de una ocasión llegó a sacar una cajetilla de cigarros, tomaba uno pero enseguida lo devolvía a su lugar regresando todo a su chaleco en una evidente muestra de ansia controlada.
A medida que seguían intercambiando comentarios y el movimiento de la cajetilla entrando y saliendo del bolsillo se hacía desesperante, las facciones de Kurenai se endurecían levemente.
—Asuma, ya basta. — cortó de tajo la kunoichi.
—No te pongas de su parte, desde lo que pasó con la kunoichi de Minato se ha dado el lujo de ser padre de todos, paseándose por ahí y sermoneando a la gente en lugar de ponerse a tender las otras cuestiones que preocupan a la aldea…
—Hokage-sama quiere levantar la moral, si no…
— ¡¿Si no, qué? ¡No puede culparse toda la vida por lo que pasó con la kunoichi de Minato!
El moreno había golpeado la mesa con una de sus poderosas palmas dejando apresada su cajetilla quedando esta deformada. Ella lo silencio y se puso de pie
—Asuma, no eres un niño, por amor del cielo ya madura, lo que te molesta no es que quiera ser el padre de todos, es que contigo no fue así.
El muchacho se puso de pie y salió aventando con poca cortesía el importe de su consumo resoplando algo que solo la chica escuchó. Ella dejó el lugar poco después disculpándose por "la escena" y el comedor se sumió en el silencio.
Tratando de no hacer conjeturas erróneas sobre lo que había gritado Asuma respecto a Rin, que por obviedad de razones era la única kunoichi de Minato, empezó a frotar enérgicamente el exterior e interior de los patos ya soplados con una mezcla especial de cebolla, jengibre, sal, cinco especias y el vino.
Ayame separó los labios del popote con que soplaba a los patos que faltaban y su expresión se volvió sombría.
El grito fue tan desgarrador que aún le ahogaba el corazón ¡Le costó tanto poder reconciliar el sueño sin tener que ver una y otra vez ese rostro tan desesperado! Cada que recordaba la impotencia con que abrazaba a Naruto sentía ganas de llorar otra vez… harta de no poder hacer las cosas, de no poder ayudar a la personas que para ella fueron importantes, fastidiada de todo…
… Los patos que ya estaban frotados fueron sacudidos para retirar las partículas adheridas a la piel, y enseguida sometidos a un laborioso proceso para escaldarlos en agua hirviendo con sal, pintarlos con miel disuelta en la salsa soya y… Teuchi no pudo evitar sonreír cuando la campanilla sonó y giró la vista hasta donde su hija con nuevo corte de pelo de espaldas a él soplaba más piel.
— ¡Ayame! — la voz sonó más animada al llamarla, y ella pasándose el dorso de la mano se limpio las absurdas lágrimas que estaban por salir y corrió al lado del hombre que con la mirada señaló la entrada del local antes de ir él a la parte de atrás para colgar sus aves para que se secaran.
— ¡Shisui-kun! — exclamó corriendo a su encuentro.
—Ayame…
Ella se estremeció, esa voz, ese condenado tono de voz era el que tenía Konoha desde lo ocurrido con el zorro del que nadie hablaba… Apagado, muerto y como anunciación de malas noticias. El niño apenas levantó un poco los bazos para responder escuálidamente el abrazo de la niña tratando con todas sus fuerzas de regalarle una sonrisa que sin embargo, nunca salió.
Hacía solo uno o dos años, Ayame no sabía distinguir más que cuando alguien estaba molesto y cuando pretendía conseguir algo, como su madre que hablaba dulcemente. Pero ahora no podía decir lo mismo, simplemente estaba casi segura de que ese día sería tan pesado y difícil como cuando se quiere tragar saliva luego de haber llorado mucho tiempo.
—Tu pelo…
La observación ella la excuso torpemente sin poder despegar los ojos de aquella mirada que antes fuera negra y ahora solo era oscura y perdida.
¿Ese era su Shisui?
Repasaba ávidamente cada gesto queriendo reconocerlo tras su largo encierro pero…
Ella tomó la mano del chico para conducirlo a una mesa lejos de la de la entrada debido a algunas miradas despectivas que se dirigían al abanico que ostentaba la casaca de él, pero este presentó resistencia y en dos líneas consiguió que ella lo soltara y dejara marchar.
…Tan frustrada de soñar y mirar que en la realidad nada cambiaba… tan frágil…
Y solo pudo llorar.
Shisui no la vería más.
Cometarios y aclaraciones:
Amm llegamos a la parte en la q los Uchiha empiezan su "complot"…
¿Se entiende que pasó con Rin?
Asuma deja la aldea, eso tenía que acomodarlo, e Iruka… bueno, aún no le toca la terapia reformadora del tercero.
:D no se olviden de darse una vuelta para la colección de terror, los links en mi perfil
¡Gracias por leer!
