Capítulo 6

Itachi

Sakura y yo nos sentamos en la cama y compartimos cajas de comida china. Había pasado tiempo desde que estuvimos tan relajamos, sin nada que hacer.

—¿Me vas a contar sobre las chicas o qué? —pregunto.

—¿Que chicas? —Sonreí mientras le daba un trozo de carne de cerdo de mis palillos.

—¿Las chicas que entrevistaste hoy?

—Oh, ellas. ¿Qué hay de ellas?

—¿Te gustó alguna?

—Hay una chica que creo que sería buena.

—¿Es fea?

—¡Sakura!

—¿Es lesbiana?

—¡Sakura!

—Vamos, Itachi, dame algún dato.

Agarré la botella de vino de la mesita de noche y le pedí a Sakura que me diera su vaso. Mientras le servía un poco, comencé a hablarle sobre Konan.

—Su nombre es Konan Chase y está muy calificada. Tiene mucha experiencia de secretaria y es genial con las computadoras.

—¿Cómo es? —preguntó.

—No lo sé, Sakura. Para ser honesto, ni siquiera me di cuenta.

—Mentiroso.

Me reí.

—Nena, esto me duele. No hay ninguna razón para que actúes así.

Se dio la vuelta, se levantó de la cama, y fue al baño, cerrando la puerta detrás. Parecía molesta, pero no entendía que había hecho para hacerla sentir de esa manera. Llamé ligeramente a la puerta.

—Sakura, cariño, ¿estás bien?

—Estoy bien. Solo tengo que hacer pis.

Estaba mintiendo porque nunca cerraba la puerta cuando orinaba. Giré la perilla y la abrí para encontrarla apoyada contra el mostrador con lágrimas corriendo por su rostro.

—¿Qué pasa? —pregunté mientras me acercaba y la abrazaba.

—Lo siento, Itachi.

—¿Fue algo que dije? —pregunté al mismo tiempo que limpiaba suavemente las lágrimas de sus ojos.

Asintió.

—Cariño, háblame.

—Dijiste que no hay razón para que esté actuando así. Tengo una razón y esa razón es la que me trajo a Santa Monica en primer lugar.

Cerré los ojos porque me sentía como un completo bastardo. Pasé por alto completamente sus miedos y lo que Hidan le hizo. Mantuve su rostro en mis manos.

—Mírame. Te amo, Sakura Haruno. A ti y solo a ti. No sé cómo dejártelo más claro.

—Lo sé. Esto es algo que necesito resolver por mi cuenta. No tiene nada que ver contigo, Itachi. Es lo que Hinata y Hidan me hicieron. Necesito superarlo.

—Tal vez deberías llamar a la Dra. Senju y hablar con ella al respecto. No quiero que estés molesta por esto. Necesito contratar un asistente, cariño. No tengo otra opción porque me estoy ahogando.

Enterró su rostro en mi cuello y rozó suavemente sus labios contra mi piel.

—Lo sé y lo siento. Te amo, Itachi, y prometo no decir una palabra más al respecto. Me siento como un idiota.

Sonreí levemente mientras besaba un costado de su cabeza.

—No eres un idiota. —Moví mi mano por su camisa y comencé a acariciar su espalda. Gimió e inclinó su cabeza hacia atrás. Mis labios rozaron suavemente su piel mientras me acercaba cada vez más, presionando mi pene duro contra ella. Sus manos viajaron hasta el botón de mis jeans mientras los desabrochaba y bajaba la cremallera. Miré a sus hermosos ojos mientras le levantaba la camisa por la cabeza y rápidamente desabrochaba su sujetador, soltando sus pechos y llevándomelos a la boca. Liberó mi pene, que estaba latiendo por ella, y lo acarició arriba y abajo con su suave mano. Levanté su falda, bajé sus bragas, y agarré sus caderas, colocándola en el mostrador del baño.

—Te necesito dentro de mí ahora —susurró mientras besaba sus labios.

Mis dedos frotaron suavemente su clítoris y luego encontraron su camino dentro de ella, sintiendo su excitación. Estaba más que lista.

—Estás lista para mí, cariño —dije entre besos mientras la acercaba al borde del mostrador y me empujaba en su interior de un solo golpe. Ambos jadeamos al mismo tiempo. Puso sus manos sobre el mostrador y arqueó su espalda mientras me agarraba a sus caderas, entraba y salía de ella.

—Itachi, ¡oh mi Dios!

—Vente para mí, cariño. Estás muy mojada y quiero más. Quiero sentir que te vienes sobre mí.

Sus gemidos se intensificaron y la sentí apretarse a mí alrededor. Estaba lista para explotar y yo también.

—Saku, no puedo contenerme más.

Envolvió sus brazos a mi alrededor y clavó sus uñas en mi espalda cuando ambos nos vinimos al mismo tiempo. Lentamente me moví dentro y fuera, mientras vertía hasta la última gota de placer dentro de ella. Nos sonreímos mientras empujaba algunos mechones de su cabello detrás de su oreja.

—Nunca podré tener suficiente de ti. Podríamos hacer el amor un millón de veces en nuestras vidas y aun así no sería suficiente —dije.

Llevó su dedo a mi boca y trazó el contorno de mis labios, luego rozó suavemente su boca contra la mía. Sus piernas todavía estaban envueltas firmemente a mí alrededor y todavía estaba dentro de ella. La levanté del mostrador y la llevé al dormitorio, tumbándola en la cama, meciéndome sobre ella.

—¿Sientes eso? —pregunté mientras tomaba su pezón duro en mi boca.

—Sí. —Rio.

—¿Debemos?

—Por supuesto. —Sonrió.