Los siguientes personajes pertenecen a Kishimoto yo solo los tomo prestados con el fin del entretenimiento.

¡Hola lectores ¿Cómo están?! Yo ando de festejo, acabo de aprobar un trabajo muy difícil de la universidad y pensé ¡Què mejor forma que celebrar ello, publicando un nuevo capítulo de esta historia! Así que aquí me tienen, tarde, cansado y algo despeinada ¡Pero muy emocionada de volver!

No los demoró más, nos leemos abajo.

Summary: Cuando el humo se disipo lo vio, aquel tablero con el nombre brillando de Naruto Uzumaki, las gradas y en el centro del campo de los examenes chunnin.

-¡Hiashi Hyuga, ven por tu nieta!

El shinobi que habia secuestrado a Himawari. Habian viajado al pasado


..

...

...

El guardián del sello III 鳥

Un grito.

Naruto se detuvo, un sudor helado recorrío su cuerpo. Miro a la niña.

-No... -ella le susurro.

Volvió a escucharse, más intenso, más dañino y aún asi ni siquiera fue entendible. Era un sonido hueco, gastado, casi sofocado como si la víctima de la tortura apretara sus labios con sus dientes, rompiendo su piel, pero negada a mostrar su dolor.

-Abuelito.

Lo había dejado.

-¡Abuelito!

¡Lo estaban lastimando!

-¡Himawari espera!

Los reflejos de Naruto fueron rápidos y la tomo entre sus brazos, antes de que escapara.

-Sueltame ¡Sueltame oto-san!. -grito.

-¡Detente Himawari! -la pegó a su pecho.

La niña daba patadas y manotazos desesperados al aire.

-¡No! Tengo que ir con oji-san ¡Déjame ir con mi abuelito!

Naruto ahogo una maldicion ante un puntapié que recibió en su rodilla, pero ni aún así la soltó. Sacó una fuerza que no creía posible y la sujetó con firmeza contra él.

-¡Le hice una promesa al viejo dattebayo! -alzo la voz. -No te soltaré Himawari.

Fue ahí que lo vio. Sintió que el aire quedaba atorado en su garganta y por una milésima de segundos, su agarre se volvió dudoso.

-Realmente es cierto, eres una Hyuga dattebayo.

Las venas aparecieron alrededor de los ojos de la niña y un Byakugan joven tomaba lugar en sus ojos llorosos. Las patadas y manotazos perdieron fuerza hasta detenerse y su cabello cubrió sus ojos ahora blancos.

-Es mi culpa ¿Cierto? -su labio tembló y sus palabras salieron en un hipo. -Ese hombre esta castigando a mi abuelito porque Hima tiene ojos azules.

-Himawari.

Ella tembló, pudo sentirlo claramente. La soltó y ella no escapó, solo quedo ahí, tan perdida y pequeña, en ese inmenso pasillo, que le comprimia el corazón.

-¿Oto-san?

Se vio reflejada en la misma mirada azul que había heredado.

-Himawari. -puso sus manos sobre sus hombros. "Acá estoy dattebayo, no te dejaré" quise decirle pero no sabía cómo. Abrió la boca y la cerró.

Para alguien que había pasado toda su vida solo, todo esto era tan nuevo. Además ella...

-Papá.

Había muchas cosas que no entendía pero ella insistía en llamarlo así y con ello despertaba algo en él.

Un sentimiento que no sabía que nombre darle, pero se exparcia en su pecho de forma tan dolorosa cómo bella.

-No es tu culpa, no digas eso dattebayo. -su voz fue suave; demasiado suave. -El viejo solo te está protegiendo porque te quiere.

-¿Me quiere...?

-¡Hai! -sonrio enormemente, para luego soltar una risa exagerada. -¡Hasta un tonto como yo sé da cuenta de eso, de veras! Así que no estés mal dattebayo, yo...

-¡Papá!

Oculto su pequeño rostro contra su pecho y dejó pasó a las lágrimas apretando su sudadera naranja con sus puños.

Él con temor de romperla aún más de lo que estaba, la rodeó lentamente con sus brazos, cerrando el abrazo.

-Todo estará bien, no llores. Yo te protegere Hima, te lo prometo.

Ella asintió aún insegura de dejar su escondite en su pecho.

Permanecieron varios minutos así hasta que Naruto se rasco la mejilla nervioso y volteo el rostro algo ruborizado.

-Yo... -la miro de reojo. -¡Yo creo que los ojos de Himawari son muy lindos! -solto rápido y más alto de lo que hubiera querido.

Ella se sobresalto y levanto la vista.

-Oto-san. -El Byakugan había desaparecido y ahora sólo quedaba una mirada enrojecida por el llanto.

Naruto hizo una mueca con los labios, definitivamente no le gustaba aquella expresión. Así que determinado pero con su rostro cada vez más rojo, le dijo.

- Son azules como... Como el cielo dattebayo. Si eso... -volvio a esquivar la mirada. -¡Si esos viejos no se dan cuenta es porque son unos idiotas, de veras! –dijo convencido.

Una risita escapó de la heredera y Naruto sintió su cuerpo relajarse. Los ojos de la niña, volvían a brillar, pero de una forma ajena a toda tristeza. Estos expresaban pura travesura y diversión.

-¡Oto-san dijo malas palabras! -lo señaló.

-¡¿Eh?! Oh -levanto sus manos y se apresuró a corregirse. -¡Tu no debes repetirlas Himawari! Eso yo lo dije porque soy algo tonto pero ¡Ahhgg! No debí decir eso dattebayo, yo...

-Arigato, oto-san.

Himawari le sonrió con dulzura, casi tímida, fugaz y con un suave rubor cubriendo sus mejillas.

Se parecía a, "Hinata dattebayo..." pensó.

Rápidamente ella se resfrego con el puño sus ojos, desterrando el llanto y soltando una risa en el medio.

-Tengo los mismos ojos que oto-san, ojos tan bonitos como el cielo.

-Hima.

¿Qué había hecho como para merecer una hija así?

El que siempre había estado solo, ahora sabía que en un futuro tendría una familia, su familia. No le importaba el ¿Cómo? O ¿Cuando?

Solo escuchar a esa niña, solo verla... Se resfrego los ojos antes de siquiera llorar.

"Ya no eres un niño dattebayo, eres padre ahora" se regaño. Infló el pecho y se golpeó la cara negado debía llorar delante de su hija.

-Tienes razón Hima. Tienes los mismos ojos que yo dattebayo. -se señaló. -Y tu oto-san es muy guapo. ¿No?

Ella se rió y asintió varias veces.

-Papi es el más lindo.

-¿Hima?

Ella de repente había guardado silencio, sus ojos miraron hacia la salida. El inicio del césped verde y Naruto casi temió tener que retenerla, pero nuevamente la infante volvía a sorprenderlo.

Ella lo miró con determinación en sus ojos.

-Yo sere fuerte Oto-san. ¡Lo seré por el abuelito!

El gennin sonrió enormemente.

-¡Bien dicho Hima! No vamos a rendirnos dattebayo.

Le extendió el puño y ella le devolvio el gesto.

-¡Hai!

~•~鳥~•~

-¡Ya basta, va a matarlo! -el grito del prodigio se hizo oír entre la agonía del viajero

Pero Katetsu lo ignoro, al igual que lo hicieron todos. Neji Hyuga no tenía poder alguno sobre las decisiones del clan.

Solo pudo mirar imponente, sosteniendo la mano de su prima, que lloraba rogando que esto acabará.

-Oto-sama. -sollozaba

Hiashi yacía en el piso, sus ojos amenazaban con cerrarse. Podía sentir la mirada de todos encima suyo, pero nada de eso le importo. Los prejuicios, las normas, las sanciones, hasta el dolor en su frente no se comparaba con la paz de saber que su nieta no había presenciado esto.

-¡¿Por qué te resistes, Hiashi?! ¡¿Por qué recibes el castigo que merecía esa niña?! -exigio Katetsu.

Hiashi se levantó tambaleante con el cuerpo pesado pero la mirada decidida. La sangre caía de su marca recién hecha y su aspecto mayor mostraba una imagen moribunda.

-Porque... -su voz fue agitada. -Es mi familia.

Katetsu grito furioso y su palma abierta impacto contra su estomago, haciéndolo caer de rodillas.

Hiashi tomo grandes bocanadas de aire y levantó apenas su rostro para encontrar a su padre parado justo enfrente de él.

-Oto-sama. -susurro.

Takahiro lo miro desde la altura y sin expresión alguna en su rostro.

-Haz cometido un grave error Hiashi. Reparalo y todo esto acabará.

Él líder toseo, intento levantarse más sin éxito. La sangre marcaba lágrimas en su frente que caían manchando los pies de su padre.

-El error... -toseo con fuerza. -Lo estoy reparando ahora, oto-sama.

Takahiro frunció el ceño.

-Le das la espalda a tu juramento ¡A tu clan! –Elevo la voz.

-Le hice una promesa a mi hija. -el fuego ardió en sus ojos y su mirada no dudo cuando lo vió. -Jure qué protegería a Himawari.

Por varios segundos ambos se miraron, un duelo en silencio, pero cargado de historias, prejuicios y dolores no dichos.

Takahiro fue el que puso final a ese encuentro, dando un paso atrás.

-Entonces no hay nada que pueda hacer por ti.

Movió su cabeza haciendo un asentimiento mudo y Katetsu sonrió.

Las manos del viajero se movieron ágiles y la marca volvió a quemar sacando un alarido quebrado del portador.

-¡Te niegas a escuchar aún cuando se trata de tu propio padre, Hiashi!

Su grito se entremezclaba con las exigencias del Hyuga.

-¡Deroga esa anulación!

Pudo sentir su propio poder volverse en su contra. Sus ojos abrirse enormemente, el Byakugan arder y en esa neblina de agonía; lo escuchó.

Un llanto agudo y estridente, cargado de vida y emoción recién descubierta. Alguien lloraba por primera vez y ese mismo dolor que lo sumergía en la locura, invocaba una suave voz que lo llamaba en la lejanía.

Palabras sueltas, distorsionadas, pero hubo un momento en que las amenazas de Katetsu se diluyeron y entonces con ojos vidriosos, lo vio.

La portadora del llanto... Una bebé, de 2 Kg 300 gramos, cabellos oscuros y rostro enrojecido por el esfuerzo.

-Ella es Himawari tu nieta.

"¿Mi nieta?" Sus dedos se arrastraron por la tierra, pero su mente le hizo una jugada. En vez del duro suelo tocaba una manta y no cualquier mantilla, era ¡Esa mantilla! la lila, suave, afelpada con aroma de colonia de bebé y leche agria.

-Mi nieta.

Casi pudo ver a Hinata asintiendo con suavidad mientras le extendía el pequeño bulto a sus brazos.

Pero la realidad se le interponía y detrás de su hija seguía Katetsuo. El Hyuga sudaba pero la mirada asesina persistia en sus ojos.

-¡No me importa quedarse sin chackra! Me llevaré al límite si con ello sucumbes Hiashi. ¡Activación!

Pero esta vez no hubo dolor alguno o tal vez había sentido tanto, que su cuerpo se había adormecido. Ahora la sensación era totalmente diferente.

La marca ya no ardia, sus ojos no picaban, nada lo molestaba porque no sucedía, sino que estaba...

Hiashi aspiro con fuerza.

El aroma a hospital, la luz tenue del sol ocultándose, el sonido del tic-tac del reloj marcando las 19:15 de una tarde calurosa y el perfume de girasoles recién cortados.

-Himawari.

Maravillado pegó la frente contra la niña y como si ella lo reconociera abrió por primera vez sus ojos mostrando un intenso color azul.

Sintiéndose desarmado, el duro líder

solto casi en un sollozo.

-Himawari, soy el abuelito. -le susurro

Hinata sonrió y èl le devolvió el gesto con los ojos llenos de orgullo.

-Es perfecta.

El sueño terminó y la realidad lo abofeteó. Desplomado, agotado, con el sudor en su frente y en la lejanía el pequeño bulto de violeta que se esfumaba llorando.

Su nieta, Himawari "Aún debo llevarla a casa" se recordó a si mismo.

Fue ahí que tomo fuerzas y para asombro de todos, se levantó. Con una mano en su pecho y lágrimas de sangre en sus ojos, se alzó orgulloso ante su clan.

–¿Es todo lo que tienes, Katetsu? –le pregunto. Pura soberbia y orgullo destilaba aún en su aspecto demacrado.

Katetsu se relamio los labios, sintiendo el sabor de su propio sudor, pero en vez de rendirse, enojarse, solo sonrió. Sonrió enormemente y solto una carcajada estridente.

–Eres un guerrero muy valiente Hiashi, fortaleza no te falta. –le reconocio. –Si pensarás de forma correcta, serías él líder al que todos admirarian. Pero en vez de eso insistes en ser necio. –su sonrisa se congelo. –En vez del honor y el respeto, eliges revelarte. –su mueca se endureciendo, sus labios se tensaron. –Le das la espalda a tradiciones que forjaron nuestro poder ¡Rompes las normas! –grito al final y luego negó con la cabeza, chasqueando con la lengua. –¿Y todo esto por qué? –lo miro con cinismo. –Una mestiza, una débil e inservible niña.

–¡No te permito que hables así de mi nieta!

–¡¿Y qué harás al respecto?! –lo enfrento. Se relamio los labios gustoso. –Nada. No puedes hacer nada porque eres un cobarde Hiashi Hyuga.

Se acercó, cuando ambos hombres tuvieron el rostro del otro a solo centímetros, Katetsu soltó èl ataque, uno mucho más fuerte que cualquier marca maldita.

–Siempre lo fuiste Hiashi, por eso tu hermano está muerto y tú no. –le susurró.

Atacó directo en el orígen de la culpa.

El anciano se congelo, Katetsu aprovecho y punzo aún más en la herida de antaño. Pero esta vez se dio vuelta y encaró al clan, con la diversión bailando en sus ojos.

–Sabes Hiashi he estado pensando que podría llevarte a hacer tal locura y ahora que veo la razón... –se río y negó con la cabeza, como si solo pensarlo fuera chistoso. –Es tan gracioso, pero es esperable de ti. ¡No pudiste salvar a tu sobrino, así qué ahora pretendes lavar tu culpa con tu nieta!

Los miembros del clan se miraron asombrados, estupefactos y Katetsu saboreo cada gesto, de ojos abiertos y máscaras de frialdad rotas. Hasta Takahiro se había mostrado sorprendido por la noticia, pero ni la expresión del antiguo líder, se comparaba con la que tomo lugar en el gennin.

Neji se había paralizó, su tez se tornó más blanca de lo habitual y el agarre de sus manos, aquella que tenía unida a su prima se tornó más duro.

La miró, volteo el rostro casi en automático, esperando que lo que había escuchado fuera un error auditivo.

–Hinata-sama.

Pero la Hyuga estaba igual o peor que él, sus lágrimas se habían congelado en los bordes de sus ojos y lo miraba con la boca abierta.

–Estoy... –ahora se dirigió al portador de la noticia. Katetsu volvió a reírse.

–¡Estas muerto! –gozo. –Tú, Neji Hyuga estás muerto y fue protegiendo a la heredera de la familia principal. –sonrio de lado y saboreó cada palabra. –Cumpliste con tu destino como heredero del Bouke. Felicitaciones.

–¡Suficiente!

–¿Haz decidido reaccionar Hiashi? –miro al anciano. – Todo esto es tan divertido. No quieres que la historia se repita, pero aún así no dejas de ser un cobarde. –lo señaló y con asco escupió. –¡Yo tuve la valentía de actuar según mi ideales! Pero tú Hiashi...Tu guardaste silencio. –le recriminó.

–Pero ya no más. –alzo el mentón y enfrento a su clan, con una mirada dura y determinada. –Mi sobrino murió de forma honorable, al igual que su padre ¡Fue su deseo! Y no te permito que digas lo contrario Katetsu.

El hombre bufo y Hiashi formó una mueca con sus labios, ante la expectativa que se formaba en su interior.

Era momento de devolver el golpe, palabra por palabra.

–Te diré algo más; a tí y a todo nuestro clan. –miro a su padre. – Mi sobrino, Neji Hyuga estaba destinado a tomar mi lugar, el hubiese liderado tanto el Bouke como el Souke.

El ataque había funcionado. Sus palabras descolocaron por completo tanto a Katetsu, como el clan.

"Ya es momento" pensó.

Aprovechando esos segundo de distracción y asombro, movió casi de forma imperceptible su mano adentro de la manga de su Hakane y sentio la textura del papel rozar su dedo.

–¿Cómo?

Acomodo su mano fuera, cómo si nada hubiese sucedido. No hablo. Katetsu apretó sus dientes y sus ojos ardieron en cólera, mientras volvía a preguntar.

–¡¿Cómo?!

Hiashi se mantuvo sereno y el tono de su voz, fue la prueba de ello.

–Mi hija Hinata renunció a todo poder cómo primogénita de la familia principal, una vez que contrajo nupcias, pero yo mucho antes de que ello sucediera ya había tomado mi decisión.

–No puedes estar hablando enserio –camino de un lado a otro. –¡Ese niño..!

–¡Ese niño era el prodigio de nuestro clan, Katetsu! –le alzó la voz. Katetsu se detuvo y lo miro, todos lo hicieron y Hiashi no dudó en decir aquello que jamás había revelado. –Y yo estaba orgulloso del hombre en el que se había convertido. – Cerró sus ojos un momento, dejándose llevar por los recuerdos de un pasado culposo. –Tienes razón, no solo hago esto por mi nieta. –miro al gennin.

–Hiashi-sama.

–Neji fue la prueba de que él clan necesitaba cambiar y Himawari es la muestra de que mi sobrino logró quebrantar su destino.

Neji contuvo el aliento, por un momento creyó que era una mala jugada de su percepción, tanta información que asimilar, pero no, no había duda. Hiashi le sonrio, fue tan fugazmente que apenas resultó un destello, pero ahí estaba.

Cuando Hiashi volvió a enfrentar a Katetsu, Neji estuvo seguro de ver una

una fuerza emanar del interior e instalarse en los ojos del hombre.

–No dejaré que destruyas su voluntad, ni tú ni nadie, se interpondrá con lo que aquí empezó.

–¿Y qué harás? ¡No tienes poder alguno aquí, Hiashi! Tus hombres ya no te respetan ¡Mírate! Eres solo un pobre y débil anciano. –se jactó.

No podía negar eso, su cuerpo aún estaba resentido de los efectos de la marca. Cada uno de sus músculos agarrotados, el Byakugan inestable y su chackra débil.

–No puedes ni mantenerte en pie. –se le burló, pero Hiashi se mantuvo decidido.

–Me dices necio, pero él que se niega a ver la realidad eres tú, Katetsu. –limpió su frente manchada de un manotazo. -No me asustas, nada hará que deshaga lo que empecé. ¡Mi nieta no pagara por mis errores!

-Maldito.

-Me subestimeste, ignoraste algo muy importante. –su mirada fue helada y sus palabras seguras. –Soy el abuelo de Himawari por eso ¡Llegaré hasta las últimas concecuencias si con ello mi nieta es libre! –el pergamino oculto, salió de su ropa, cayó a sus pies y antes de que algún Shinobi pudiera reaccionar, llevó su pulgar a su boca y con la sangre en su dedo movió ágilmente sus manos –Kuchiyose no Jutsu (Jutsu de invocación)

Un haz de luz lleno el campo y el escaso chackra de su cuerpo fue absorbido.

-Estas tan cegado por las tradiciones Katetsu, que no puedes verlo. -su voz perdió fuerza. -El verdadero poder de los Hyuga. –y del baho blanco, dos mujeres emergieron.

-¡Oto-sama! / ¡Oto-san!

Hiashi se hubiese desplomado si un fuerte agarre no lo hubiese frenado.

-Padre

-Hinata.

Una visión borrosa de su hija adulta, le fue devuelta.

- ¿Qué pasó? -La voz de Hinata sonó más frágil de lo que ella quiso y el peso muerto de su padre, la hizo terminar en el piso con él agotado sobre su regazo.

-Himawari. –se apresuró a decir Hiashi. –Ella está a salvo.

Hinata sintió el agua colarse en sus ojos, pero rápidamente los cerro, negada a llorar ante él. En cambio, su voz vuelta un susurro quebrado, mostró lo que la invadía.

-¿Qué hizo, oto-sama?

La marca del pájaro enjaulado brillaba de un intenso verde en su frente arrugada.

-Lo que debía hacer para proteger a mi nieta.

La mirada decidida, pero cargada de afecto, le dijo mucho más que las palabras. Hinata tomo una bocanada de aire y su voz se tornó más segura.

-Entiendo. –seco la única lágrima, casi invisible, que se había empecinado en caer y levantó la mirada determinada.

-Hanabi.

Su hermana que había permanecido paralizada atrás suyo reaccionó.

-Si Nee-sama

Rápidamente la pequeña Hyuga se agachó y tomo el cuidado de su padre, mientras Hinata se paraba prestando su atención a los habitantes del pasado.

Nadie dijo nada, los viajeros procesando la marca, los habitantes de ese tiempo asimilando a la mujer que tenían enfrente suyo.

Pero después el silencio fue roto y el causante fue un genio.

-Hinata-sama.. ¿Es usted?

-Ni-san

Neji abrió sus ojos incredulos, está Hinata distaba mucho a la que conocía. La bondad y suavidad seguía rigiendo en sus gestos y rasgos, más sus ojos habían cambiado.

–Hinata.

–Lamento los problemas que te hayamos causado Ni-san. Pero me encargare que esto termine. Te lo prometo.

Ambos lo supieron, había más en esas palabras de lo que se escucho.

Su mirada en antaño caracterizada por temerosa y tímida, ahora era dura e fría mientras miraba al responsable de todo esto.

-Katetsu. –si hubo nervios no lo mostró, sí hubo miedo lo bloqueo.

-Lady Hinata.

-Sabe lo que sucederá ¿Cierto?

Katetsu sonrió.

-Soy concientes de los castigos que acarrean mis acciones Hinata-sama. Pero poco me importa si se trata de un propósito de bien

-¿Proposito de bien? -dijo entre dientes.

-El prestigio. –le aclaro. –La imagen que tanto intentan destruir.

-Marco a mi padre.

-Una medida que no salió como esperaba.

–El Jutsu iba para...

–Asi es, estaba destinado para Himawari-sama. –no se altero, ni se preocupo. Amago a encogerse de hombros. –Pero no voy a negar que fue útil a mis propósitos -reconocio. -Su padre ya es un hombre mayor que carece de comprensión Hinata-sama y lo que ve... -abrio sus brazos señalando todo a su alrededor. -Esta fue una medida desesperada para ser escuchado. Necesitaba testigos que concordaran conmigo.

–...

–...

Los pies de deslizaron por la tierra, adoptando una posición que ya le era natural, su palma se levantó, las venas se asomaron aún costado de sus ojos, su contrincante la imitó.

-No le perdonaré lo que hizo

-No esperaba que lo hiciera.

El enfrentamiento comenzó.

~•~鳥~•~

Hanabi con su Byakugan, examinaba rápidamente a su padre. El anciano, agotado, se había permitido cerrar sus ojos un momento, mientras sentía las manos de su hija, presionar partes de su torso.

-Tiene varias laceraciones, fracturadas varios de las costillas. Pero el mayor riesgo es que se le han cerrado la circulación de chackra en sus brazos y algunos puntos centrales en su cabeza eso... –no se animó a decirlo en voz alta, más en su cabeza

"Es el efecto de la marca".

Tomo una bocanada de aire tembloroso y se obligó a sí misma mover sus manos.

-Hanabi.

La pequeña Hyuga ignoro el llamado de su joven padre y siguio atendiendo al herido en sus brazos.

-Hanabi. -alzo la voz pero la mirada helada que le dio su hija por sobre su hombro lo paralizó.

-No tengo porque responder ante usted.

Hiashi abrió sus ojos asombrado. Hanabi no se amedrentó, sino que sus ojos se mantuvieron fijos en el líder de esos tiempos.

-¿Sabe lo lastimado que está? ¡¿Lo sabe?! Usted no es mi padre, sino un cobarde que permitió que esto sucediera.

El joven Shinobi no pudo contratacar por más quejas que recibió de sus hombres, solo guardo silencio. Dio un paso atrás y Hanabi volvió a retomar su trabajo con total frialdad.

El viejo Hiashi abrió sus ojos. Entendía

perfectamente lo que su yo del pasado sintió, más tenía en claro que ese remordimiento no era precisamente hacia èl.

-Hanabi. –la llamo.

-Debo destrabar los bloqueos y atenderemos las heridas superficiales cuando volvamos. Pero una vez que tenga chackra podrá moverse.

Ella le hablaba pero se negaba a mirarlo.

-Hanabi mírame. -pidio. –Hanabi.

Ella apretó sus puños y su labio tembló.

-Debio activarlo antes. -susurro

-No podía hacerlo mientras él tuviera a Himawari.

-¡Aún así! -le grito y entonces lo miro más no fue tan fuerte y esquivo la vista rapidamente al encontrar esa marca en la frente de su padre.

-Aun asi no debió venir solo, debió dejarnos... -trago con fuerza al sentir su garganta seca. -Dejarme ayudarlo.

–Yo...

El grito de Hinata los interrumpio. La ex Hyuga yacía en el piso, Hanabi al instante quiso levantarse, más la mano de su padre la detuvo.

-¿Oto-san?

-Esto es algo que ella debe hacer.

Los ojos del líder eran decididos. Hanabi lo miro a él y luego a su hermana, que ya se estaba levantando.

–Hai...

Lo entendió.

~•~鳥~•~

Lo que Katetsu tenía de viejo, tenía de astuto. No era un Shinobi mediocre, sus movimientos eran elegantes, fluidos. No gastaba chackra de forma imprudente, cada ataque era metódico, pensado antes, durante y después de su ejecución. Sus manos se movían rápidas y lo peor era la convicción de acero que lo impulsaba.

Katetsu estaba convencido de su causa, él creía que era lo correcto y esa firmeza lo hacía un enemigo aún más letal.

Camino hacia la mujer, que yacía nuevamente a sus pies.

–Hinata-sama, el eslabón débil del Souke. La niña de la que hasta su propio padre se avergüenza. –nego con la cabeza, dando un aire de ofendido. –Qué vida plagada de errores ha tenido. –el filo de una kunai brillo en su mano, aquella manchada de la sangre de Himawari. Su sonrisa fue tan perversa como entusiasta. –Pero yo puedo darle una muerte digna, no se preocupe ¡Esto acabará ahora!

Y cuándo amago el cuerpo de la kunoichi se esfumó.

-Un clon. -sintio lo frío del hierro en su cuello.

-El matrimonio no solo me dio un nuevo apellido Katetsu-san.

–¿La subestime Hyuga-san? –pregunto con ironía.

–Desde el momento que insiste en llamarme así.

Para asombro de todos, Hinata dejo caer el arma justo a los pies del hombre.

Katetsu tomo distancia, ella adoptó postura de batalla.

El anciano se limpio la sangre del labio y admiro el camino rojo que dejaba en su piel, se había confiado, pero no sucedería otra vez.

–Entonces ¿Cómo debo de llamarla Hinata-sama? O mejor dicho ¿Quien es usted realmente?

–La madre de la niña a la que secuestraste. No te perdonaré haber tocado a mí familia.

Sin más palabras, se abalanzaron uno sobre el otro. El Taijutsu de ambos comenzó a relucir. Una vía cerrada, otra, brazos, torso todo lo que tocarán los dedos de su contrincante en su cuerpo.

–¡Hakke Rokujūyon Shō! –grito ella

Bloqueó, contrataque.

–¡Hakkeshō Kaiten! –se defendió él.

Evasión. Se movía rápidos, tratando desesperadente de leer al otro.

–Hakke Kuushou (Palma al vacío)

Hinata contuvo el aliento, ante el impacto de esa palma, justo sobre su estómago, fue tal la fuerza que su cuerpo fue despedido e impacto contra los grandes muros que rodeaban el campo de batalla.

–¡Nee-sama!

Un hilo de sangre caía por la comisura de su boca, sus ojos por un momento se desenfocaron y el dolor del impacto de en su cabeza lleno sus oídos de un zumbido.

Katetsu sonrió, Hanabi se levantó, más la mano de su padre, la retuvo nuevamente.

–Oto-san

–Confia en ella. Lo lograra.

–¿Ahora puede verlo Hinata-sama? No hay forma de que derribe siglos de tradición. Ya acabó.

Hinata ignoro las palabras del hombre, porque su atención estaba centrada más allá. Sus ojos, recobraban la claridad y con ello, la mancha amarilla se hacía más nítida. Un niño se asomaba por los pasillos.

"Un clon" pensó al ver las líneas de chackra internas y entonces sonrió divertida, habían cosas que no cambiaban.

–Yo... –limpio la sangre de sus labios. –No me rendiré... –lo miro a él, sus palabras iban dirigidas al rubio.–¡Porque ese es mi camino ninja! –La furia y determinación brillo en sus ojos siempre pasivos.

Se levantó y los escombros cayeron a sus espaldas. Katetsu apretó con fuerza sus dientes, su mandíbula tembló ante la presión y entonces todos atónitos, miraron como los puños de su heredera brillaron de chackra.

Todo pasó tan rápido, que Katetsu ni pudo esquivarlo.

–Jūho Soshikken: (Puño suave: Golpe de los leones gemelos)

Cuando el gran ataque lo impacto, no hubo vuelta atrás, el anciano cayó de rodillas ante ella, escupiendo sangre justo a sus pies, completamente derrotado, pero con el alma prepotente.

-¿Por qué no lo acaba? ¡Hágalo! –exigio, llenándose del sabor de su propia sangre. –Corte mi garganta pero otros tomarán mis ideas. –se jactó.

Hinata lo ignoro, ella solo alzo la mirada, enfrentando a todo el clan con una expresión dura e irreconocible. Secándose la sangre de sus labios, pasó entre ellos sin inmutarse siquiera, hasta llegar al gennin rubio.

–Naruto-kun.

–¿Hinata-chan?

La mujer asintió.

–¿Mi hija está contigo?

–Oh... -el clon sacudió la cabeza, haciendo un lado el asombro. –Si dattebayo, ella está bien. La lleve a un lugar apartado.

–Arigato. –le sonrió.

Naruto se rió nervioso, por alguna razón que no comprendía, la forma en que la mujer lo miraba, lo volvía tímido. Había tanto amor, gratitud y lo mejor aún reconocimiento en aquella mirada lavanda.

Ella lo estaba viendo de verdad.

–¿Podrías traerla? –le pidió. –Ya todo acabó.

El rostro del gennin se endureció y miro al hombre causante de todo esto.

–¿Estas segura dattebayo?

–Tiene más del 90% de su chackra sellado, no puede moverse. –le aseguró.

–Vaya, te volviste muy fuerte dattebayo.

Hinata se rió, cubriendo su boca por un momento.

–Para poder acompañar a Naruto-kun. –le respondió sin dudar.

Naruto abrió sus ojos asombrado, sintiendo un calor llenar su rostro.

–Oh yo, dattebayo Hinata. –no sabía que decir y su lengua se trababa por los nervios, haciéndolo más inentendible. –La verdad es que no entiendo, todo...

Hinata le sonrió con la dulzura y paciencia que le dio el ser madre

–No te preocupes Naruto-kun. Todo tomara su lugar, cuando sea el momento.

El clon asintió convencido, para después sonreír enormemente

–¡Hai Ya vuelvo Hinata, espera aquí.

La presencia se esfumo y todo lo vivenciado llegó al portador, que sonrió.

–¿Oto-san? ¿Qué sucede?

Naruto se levantó y le extendió su mano a la niña.

–Vamos Hima. Tu mamá vino a buscarte.

Los ojos de la Uzumaki brillaron emocionados.

–¡Hai!

Ambos salieron de la habitación que sirvia de enfermería y solo minutos después, Naruto apareció de la mano de una niña.

–¿Himawari?

–¡Oka-san!

Himawari se soltó y corrió a los brazos de su madre. Hinata se agachó y la envolvió rápidamente pegándola protectora mente a ella.

–¿Estas bien? ¿Te hiciste daño?

Himawari se apresuró a negar con la cabeza.

–No Oka-san. El abuelito y Oto-san me cuidaron.

Hinata se dirigió al gennin. Si antes Naruto pensó que aquellos ojos lavanda desbordaban de emoción, no era nada comparado con ahora.

Había tanto, demasiada calidez ahí que solo pudo reírse de forma escandalosa llevando una de sus manos tras su cabello.

–Bueno yo no hice mucho dattebayo, en realidad fue el viejo, yo solo...

Unos brazos lo rodearon y de repente vio su cuerpo rodeado de un suave perfume a lavanda.

–Arigato Naruto-kun.

La cabeza de el reposo sobre el hombro de la mujer y con manos temblorosas le devolvió el gesto, al igual que hizo con su hija.

"¿Por qué es tan difícil respirar dattebayo? Quiero llorar y no se porque ¿Qué me pasa?"

Pero una calidez en su mejilla lo despertó y antes de procesarlo ya estaba completamente rojo y con la mano en su rostro, dónde segundos atrás le fue dejado un pequeño beso.

–Sabia que podía confiar en ti. –le dijo ella mientras se levantaba.

–...

–¡Papi está rojo!

El grito lo despertó y la vergüenza se acrecentó aún más en Naruto.

–¡Es el sol Hima! ¡Es solo el sol dattebayo, es que hace calor!

Hinata se rió

–Nee-sama. –la llamo Hanabi

–Hai. –acaricio los cabellos de su hija y su sonrisa se disolvió.

Hinata se acercó hasta su padre y entre ambas hermanas lo levantaron.

–Solo pude tratarle las heridas superficiales. –le comento Hanabi.

-Cuando estemos de regreso te llevaremos a un hospital, oto-sama.

-No, aún no...

Miro fijamente a sus hijas, Hinata fue la primera en asentir en silencio y soltar a su padre.

–Puede hacerlo luego. –intento convencerlo Hanabi.

–Estare bien.

Hanabi dudo un momento, pero luego al igual que su hermana, soltó su agarre. Hiashi tomo una bocanada de aire y se irguio complementamente.

–Viejo.

Naruto miro como Hiashi Hyuga caminaba hasta un pergamino que parecía haber quedado olvidado en el fulgor de la batalla y lo tomaba decidido.

-¡Hiashi! –una voz lo detuvo.

Su padre, había avanzado hacia él. Pero Hiashi hizo oído sordos a sus palabras y comenzó a caminar con pergamino en mano, hacia el centro del campo.

La furia endurecia más y más la expresión de Takahiro.

-¡Hiashi te lo prohibo! Es una orden.

El líder del clan se detuvo y el agarre en su pergamino se endureció.

El lord Hyuga volvió a hablar.

-Vuelve aquí y disculpate. Suficiente vergüenza le has provocado al clan ¡Retactate y comportate como el líder que debes ser!

-¿Es él cierto padre?

Takahiro frunció el ceño y su mandíbula tembló en ira

-No me repetiré Hiashi.

-Hiciste algo tan cruel oto-sama...

Lo miro, pero no hubo mella de odio en sus ojos, solo lástima, lástima y tristeza hacia el hombre enfrente suyo.

Volvió a caminar, aún con el reproche a sus espaldas. Avanzó un paso y otro más hasta que sintió que su fuerza de voluntad se quebraba.

Dudaba. Apretó el agarre en el pergamino.

Estaba rompiendo todo aquello en lo que alguna vez creyó y ahora el temor ante lo desconocido, el pánico de volverse a equivocar lo arrinconaba.

Pero entonces una voz lo llamo.

–Abuelito.

Miro a la niña por sobre su hombro, Himawari se había alejado de su madre y ahora estaba aún lado de Takahiro.

–Himawari... ¿Qué haces cuando tienes miedo? –le pregunto.

–Canto una canción.

Hiashi sonrió, era una respuesta esperable viniendo de ella.

–¿Puedes cantar para mí?

La niña asintió varias veces y no pasaron ni segundos, para que su voz aguda e infantil llenará el campo de batalla.

El pergamino se abrió y cayo al piso.

"Himawari, por favor... Jamás dejes de mirarme" levantó dos de sus dedos. La voz de Himawari siguio sonando.

El Byakugan tomo lugar en sus ojos adoloridos.

La miró a ella, la razón de todo, su todo y en aquellas gemas ojos encontró la certeza de estar haciendo lo correcto.

El pergamino brillo y el guardián del sello finalmente sería liberado.

Continuará...


Y así llegamos al final de este capítulo. No sé ustedes, pero yo por poco lloró, entre la escena del nacimiento de Himawari y la canción del final, todo resultó muy emotivo.

Fue un capítulo lleno de acción y mucho para debatir ¿No creen? Repasemos: ¿Qué les pareció Hinata y Hanabi? ¿Les gustó el momento de Naruto con su hija? ¿Y la revelación de la muerte de Neji?

Espero haberlos dejado tan emocionados, cómo lo estoy yo por saber sus opiniones.

Nos leemos muy pronto y recuerden, solo les toma tres segundos hacer feliz a esta escritora. ¡Besos...!

PD= Si les interesa buscar la canción, es muy hermosa, es de Kira Kira Boshi y se llama Twinkle Twinkle Boss Start, es una canción infantil japonés.