Pakoras
De cómo Iruka madura un poco
—Naruto-kun… respira. — dijo el cocinero interrumpiendo el incesante parloteo del chico que había llegado a toda prisa directo desde la academia a contar todo lo que había pasado. Obedeciendo el niño jaló una profunda de aire para enseguida seguir.
—… Iruka-sensei dijo que teníamos que tomar en serio el entrenamiento porque ser un ninja es cosa seria…
— ¿Iruka? ¿Umino Iruka? — volvió a interrumpirle.
—Eh… sí, creo que sí.
— ¿Umino Iruka es maestro de academia?
—Pues sí, supongo ¿Qué tiene de malo?
—Nada Naruto-kun… ¿Qué tal si lo invitas a venir?
El rubio guardó silencio removiéndose en el banco, pasó un poco de saliva y se le notaba evidentemente incómodo. Lugo de un rato movió la cabeza negando rotundamente.
—No creo que quiera venir…
El hombre le miro deteniendo su labor unos momentos, se daba una idea por la que estaba seguro de que no vendría, y tal vez podría ser cierta. No sería ni el primero ni el único que albergaban en su pecho el sentimiento de rechazo por aquél niño que no fue vanagloriado como el héroe que era.
—No creo que no le guste mi ramen.
—… No es por eso…
—Deberías intentarlo. — sugirió retomando sus labores cortando una papa cocida en dados a sabiendas que lo que no dijo fue "es por mi".
—Hoy prepararé algo especial, en honor a tu primer día de clases. Haz los deberes y date una vuelta por aquí ¿Quieres?
Naruto, que ya se había puesto de pie para irse asintió escandalosamente para luego terminar yéndose a saltos con un solo pie casi al tiempo en que Ayame regresaba de ir a entregar algunos pedidos, fue un saludo y despedida, la chica movió la cabeza de un lado a otro al verle chocar con algún peatón para enseguida salir corriendo pidiendo perdón.
—Necesito que vayas a ver a alguien…
.
Escuchó el concierto de campanas de un enorme reloj exhibido en la tienda de antigüedades le recordó que serían las cinco en punto de la tarde, renuente, molesta, "indignada" y sin hablarle por haberla "obligado" a ir a extender una invitación a cenar a "un idiota", Ayame cortaba coliflor, el pimiento y la cebolla en trozos pequeños, al terminar inmediatamente empezó con las hojas de col y las espinacas.
Él se había entretenido con el Garam masala mezclando la canela, el clavo, nuez moscada, pimienta negra y vainas de cardamomo negro en ausencia de semillas verdes de cardamomo. La mezcla de especias empezaba a soltar un olor penetrante no propiamente como el chile, pero sí bastante agudo gracias especialmente a la canela. Para cuando en su mortero de porcelana quedo un perfecto polvo marró, vertió el contenido en otro recipiente de mayor tamaño que contenía agua fría, semillas de cilantro molidas, harina de trigo, harina de garbanzo, bicarbonato de sodio por aquello de que necesitaba elevarse la masa, y para hacerlo reaccionar, una cucharadita de jugo de limón con algo de chile seco en polvo.
A la pasta cremosa que había resultado le agregó las verduras picadas que ya Ayame terminaba pasando ella inmediatamente a los quemadores poniendo una sartén a fuego medio con abundante aceite. El hombre entregó a su hija la mezcla y empezó a hacer fideos.
Escucharon a alguien entrar, era Naruto que juraba ya haber terminado sus pendientes de la escuela, y por alguna razón, creyeron en ello, no tenía porque mentir puesto que era el primer día de clases. Tal vez en una semana o dos, dudarían de aquella afirmación.
—Ayame-neechan ¿Estás bien?
La chica le miró de reojo dando un si falso. Tomó dos cucharas bañadas en aceite para que la preparación no se pegara y empezó a freír por aproximadamente unos cinco minutos olitas doradas pequeñas porciones de la mezcla formado bolitas doradas retirarlas que retiraba con la espumadera para dejarlas escurrir sobre papel absorbente.
— ¿Uzumaki Naruto?…— el chico giró sobre el banco sorprendido al encontrarse con su maestro de la academia entrando al local.
—Iruka-sensei— respondió el otro a modo de saludo.
—No esperaba encontrarte aquí. — dijo tímidamente sentándose a su lado en la barra.
—Entonces es cierto. — intervino el cocinero mirando al joven.
—Umino Iruka, se ha vuelto maestro.
El aludido sonrió rascándose la cabeza.
—Bueno, sí.
—Me parece bien muchacho, mientras no enseñes a tus alumnos como romper el orden y la tranquilidad de las personas.
Iruka se sonrojó, bajo la mirada y empezó a juguetear con los dedos esperando que Naruto no preguntara, lo que afortunadamente sucedió pues el chico estaba más interesado en robarle las bolitas fritas a Ayame que evidentemente no se había dado cuenta.
Ninguno de los adultos dijo nada, por el contrario Teuchi se apresuró a servir los fideos en sus respectivos bol, caldo de cerdo, y las frituras dispersas. Sin vergüenza alguna sacó de una botella de salsa de mango marca de supermercado.
—Nunca he podido hacer que no quede ácida. — se excuso destapándola y poniendo un poco sobre el plato de Iruka, iba a hacer lo mismo con Naruto pero Ayame le detuvo.
—Para Naruto-kun preparé chutney de mango. — dijo con una sonrisa precisamente poniendo una cucharada de algo naranja-amarillo en el del rubio.
—Ayame-chan, no seas preferente con los clientes…
—A Naruto no le gusta el tamarindo— aseguró.
— ¿Verdad?
—… ¿No? — pero el niño solo lo había preguntado pues en su vida había probado esa salsa, sin embargo, ella lo tomo como una aseveración irrefutable y así lo hizo ver.
—No le hagan caso. — dijo el anfitrión invitándolos a empezar, gesto no necesario con Naruto a quien ya debía prepararle otra ronda.
—Itadakimasu— dijo Iruka separando los palillos.
.
—No lo haré.
Ayame se había cruzado de brazos para reforzar su decisión.
—Ayame, eso fue muy grosero, un verdadero acto de vandalismo que yo no te he enseñado.
—No fue un acto de vandalismo, fue un justo castigo, y no voy a disculparme.
—Sí lo vas a hacer, y lo harás en tu nombre y en nombre del Ichiraku Ramen.
—No.
Y la discusión siguió por un largo rato más, y pudo haberse prolongado por horas si no fuera por los clientes que entraban. Naruto nuevamente entre ellos.
— ¡Ayame-neechan! — grito con una sonrisa amplia en la cara.
—Iruka-sensei habla gracioso. — dijo riendo un poco.
— ¡Eso ha sido lo más brillante que a alguien se le puso ocurrir! — insistió alcanzando el banco en un salto lleno de energía. Por su parte le hija del cocinero levanto el rostro con orgullo.
—Eso Naruto-kun, es el poder del Bhut Jolokia.
— ¡Fue increíble!
— ¡No la alientes Naruto! ¡Eso fue grosero! ¡Y va a disculparse con él!
—No, no lo haré.
—No vamos a empezar otra vez, vas a ir o…
—No es necesario.
Iruka volvía a entrar moviendo las cortinas de papel para pasar. Ciertamente, como decía Naruto, su voz se escuchaba extraña, y el cocinero inmediatamente supuso que se había dañado el tracto bucofaríngeo. Sonrojado como se encontraba, hizo una reverencia disculpándose en nombre de Ayame por haber saboteado la salsa de tamarindo.
El muchacho de tez morena entrecerró los ojos sonriendo y llevándose una mano a la nuca, gesto que por lo visto era muy frecuente en él.
—En realidad soy yo quien vino a disculparse. — dijo tranquilamente dirigiendo el rostro hasta la camarera.
—Me lo merecía, lo sé. La goma, la tinta, aquél ciempiés… creo que te hice pasar muchos malos ratos, y estabas en tu derecho de un desquite.
Acto seguido él hizo la reverencia.
—Por favor acepta mis disculpas.
Ayame se había puesto roja de vergüenza, apenas y mustio algo como que estaban a mano, y enseguida ella también se disculpó. Apenas se hubo creado un silencio cordial, el ninja dejó el sitio.
—Naruto, no olvides tus deberes, nos vemos mañana en clases.
El chico hizo un mohín pero aceptó siguiéndolo con la mirada hasta que se hubo ido.
—Yo… no sé, creí que seguiría él, y de nuevo yo, y luego él…— expresó tímidamente con un cucharon que no soltaba.
Su padre la miro unos instantes moviendo la cabeza en un gesto resignado. Ayame seguía siendo una niña. Luego miro hacia la puerta, y pensó que si ese hombre era el maestro de Naruto, el chico estaba en buenas manos.
Cometarios y aclaraciones:
Blee, ya sé, quedó corto, pero me gustó.
Retomamos la ternura, les dije, las cosas pintarán bien :D
¡Gracias por leer!
