Kanto Ramen

De cómo desaparece el Clan Uchiha

Naruto miraba con curiosidad desde su lugar al otro lado de la barra la forma en la que el cocinero se encargaba de absolutamente todos los pedidos y la atención de la cocina con una eficiencia notable. Permaneció cayado luego de que le explicara la razón por la que Ayame no había estado ido su auxilio aquél día tan agitado, ni el anterior, ni el de antes, ni la semana pasada, ni en todo el mes… no se sentía bien.

—Hey, Naruto-kun— llamó el hombre deteniendo sus movimientos un momento.

— ¿Qué pasa viejo?

— ¿Puedo pedirte que le lleves algo a Ayame-chan? No estoy seguro sobre si ha comido lo que le dejé para el desayuno.

— ¡Claro! ¡Puedo hacerlo! ¡Dattebayo! — aseguró con emoción como si le hubiera encargado una misión ninja oficial que era lo único que hablaba. Le entregó entonces un paquete para llevar y el niño salió corriendo como alma que llevaba el diablo, solo que destilando puro entusiasmo.

Teuchi le miró desaparecer y movió la cabeza, si tan solo pudiera hacer que algo de ese entusiasmo pasara a Ayame…

Hizo tronar su cuello dirigiéndose a los cortes de cerdo que ya se cocinaban con el sake.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que su preciosa hija parecía apagarse dejando apenas una escueta figura de lo que fue?

Ya ni siquiera peleaba con ella por trivialidades como a quien le tocaba fregar las ollas, e incluso eso extrañaba.

Aunque si pudiera culpar a alguien sería a Shisui. Todo había cambiado en ella desde su inesperada visita con nueva novia al lado, supuso que su repentina desaparición fue a fuerza de orgullo y no estaba del todo alejado, al buscarla, la encontró en su habitación llorando y no hubo modo de que pudiera consolarla, era como si desde ese día le hubieran arrancado algo que a la fecha no podía saber ni qué era.

Y no contento con haberle paseado a la chica enfrente, vienen con la noticia de que se había quitado la vida, esa misma noche.

La salsa ya estaba lista, sirvió un poco en los bol que tenía que entregar para luego combinar con caldo de huesos de pollo, jengibre, zanahoria, ajo, cebolleta y algas kombu.

Soltó un suspiro cansado, a veces, y aunque ya era un adulto le costaba tanto entender la lógica con la que se movían los ninja. En situaciones como esas la sensación de ser como especies distintas lo embargaba y llenaba de una sensación extraña que imposibilitaba la empatía con la que solía escuchar los problemas de clientes que prolongaban su visita a más de diez minutos que era generalmente el tiempo en que los comensales entraban y salían con el estómago lleno.

¿Qué edad tenía el muchacho? ¿Quince? Sí, era mayor que Ayame por dos años.

Solo de imaginar una situación tan desesperante que lo arrastrara a tan fatídica decisión se le cansó la mente, pues no hallaba algo que pudiera doblegar a alguien que supuestamente estaba dedicado a enfrentar todo lo que se pusiera e su camino.

¿Demasiada presión? ¿Muchas expectativas que cumplir?

Estaba realmente agradecido de que Ayame renunciara, tal vez ese no era su destino, la vida tendría otras cosas para ella. No era como si para sobreponerse a cualquiera de las cosas que seguramente habría visto Shisui, bastara con tener más fuerza de voluntad y pensar de una manera más positiva. Tristemente su hija no funcionaba así, y se le agotaban los recursos.

La dejó llorar el primer día, y la semana entera luego de enterarse de la noticia.

Permitió que se quedara en casa el resto del mes para superar aquel golpe que cortaba de tajo las esperanzas de volver a estar juntos.

Sin embargo el tiempo pasó, y ella no daba rastros de mejora, es más, hacía unos días en que no había manera de hacerla comer cuando antes al menos luego de mirar el plato hasta por una hora, consumía la mitad de la ración.

La regañó, la sermoneó, la abrazó, le suplicó, casi la obliga a comer metiéndole todo directamente en la garganta y a rastras la llevó con él la negocio, pero nada parecía devolverle esa alegría a los ojos, ese tono coqueto a su voz, ese color a su piel pálida, ojerosa y manchada.

Buscó ayuda, pero físicamente no tenía nada, las recomendaciones de los médicos no iban nunca más allá de "descansar y comer bien", como si no entendieran que ese era el problema, que no dormía, que no comía. Le habían recetado algunas pastillas, unas para dormirla por fuerza y otras del tipo alimenticias, como las que daban a ninjas para sus misiones, solo que a un nivel diferente o eso le explicaron.

Con todo y eso, mejora no había, el último recurso era Naruto, el único al que no despedía cuando trataba de animarla.

.

La mañana siguiente tras la visita se Shisui, luego de tener el estómago y la cabeza revueltos, había decidido con firmeza que le odiaría, por haberse atrevido a semejante vileza sin sutilezas. Y lloró por algo que se llamaba despecho aunque de momento no tenía el nombre para asignar el sentimiento.

Por la noche, cuando finalmente pudo calmarse se miró al espejo, desarreglada, con el rostro enrojecido, los ojos hinchados. Se lavó la cala sintiendo el frio calmante tocar su piel, y como un impulso decidió pasar del lavabo a la bañera, abrir las llaves sin esperar que el agua se calentara y meterse para apagar el sofoco de su cuerpo, para sacarse la sensación que le había quedado de estar húmeda, sucia, algo como pegajoso que se había adherido a ella con cierta repulsión.

Al salir todo en el departamento le pareció extraño, como si todo fuera nuevo, miraba sus muñecas que aún conservaba con aire ausente y melancólico, recorrió la cama deshecha nuevamente embargada por el asco pero con fuerzas renovadas arrancó del diván las sábanas y con ellas envolvió a las únicas testigo de lo que ahí había pasado llevándolas enseguida al primer nivel junto con la basura.

La joven sonrió a Naruto cuando abrió la puerta de su departamento, y él supo que esa sonrisa era por demás falsa y hueca, porque él las conocía bien, eran las de cortesía hipócrita que le dirigían cuando el tercer maestro Hokage estaba presente. Frunció el ceño irritado porque de todas las personas, ella le dedicara aquella mueca, pero casi enseguida supo también, que no era por él.

— ¡No puedo creer que si te sientes mal el viejo te obligue a comer cerdo! ¡Dattebayo! ¡Es para que estés comiendo helado! Bueno, a mi no me molestaría comer ramen todos los días, y de hecho como ramen todos los días, en el desayuno, el almuerzo, la cena… ¿No quieres que vaya por helado?

Nuevamente sonrió, con ese reflejo quebrado pero un leve rayo de sinceridad.

—No gracias Naruto-kun… tienes razón, no debería obligarme, el cerdo no es mi favorito…

El rubio respondió con una carcajada, había dado en el clavo, tal vez se hacía más listo y perceptivo.

—Pero imagino que de todos modos hay que comer. — dijo levantando el paquete por encima de su cabeza.

Ella se apartó para dejarle entrar.

— ¿Segura que no quieres que vaya por helado?

—…Segura…

Abrió el empaque, ya era tarde y el sol había muerto en el horizonte en algún momento en que no se dio cuenta, el vapor aromático llegó a su nariz, pero aunque levaba dos días solo bebiendo un poco de agua, su estómago se mostró reacio a darle la bienvenida al platillo causándole más nauseas que la obligaron a hacerse para atrás.

—Ayame-neechan, tú siempre me dices que los niños que no comen bien no se vuelven fuertes, así que lo mismo te digo, tienes que comer y regresar al Ichiraku, el lugar está muy solo sin ti.

Con media sonrisa trató de agradecer el comentario, nuevamente hizo el intento levantando los fideos para llevárselos a la boca…

Los devolvió al recipiente casi enseguida, completamente incapaz de tragarlos.

—Lo siento… usó demasiado aceite de soja, es muy amargo…— se excusó.

Naruto molesto arrugó las cejas e iba a decir algo, pero un grito proveniente de la calle les hizo girar la cabeza a la ventana.

— ¡Alguien llame a los ANBU! ¡Oh! ¡Por todos los cielos! ¡Alguien! ¡Alguien!

Naruto salió disparado a la ventana viendo a una anciana mujer que reconoció casi enseguida como la dependienta de una tienda de confites. Sus gritos alarmaron enseguida a más vecinos y aunque más de uno trato de detener su carrera, la mujer sacaba fuerzas de su arrugado cuerpo siguiendo por la calle que sin duda, la llevaría directamente a la explanada de la torre Hokage.

— ¡Un demonio! ¡Ha sido un demonio! ¡Alguien que los ayude!

No daba mucha información y a primera instancia parecía que nadie entendía el porqué de la angustia.

— ¡Nos van a atacar! ¡Nos van a atacar! ¡Ya les han matado a todos! ¡Alguien!

Finalmente un ninja con uniforme salió a su encuentro sujetándola con fuerza por los hombros agitándola en un movimiento brusco pero efectivo para que por segundos saliera de su impacto.

—…Yo… Sasuke-chan me pidió un regalo para su hermano… el barrio… el barrio está… ¡Todos están muertos!

Y la pobre anciana colapsó enseguida.

— ¿De qué habla esa señora?

Pero la pregunta de Naruto no tuvo respuesta y ni siquiera pudo saltar para investigar, corrió al lado de Ayame que también se había desmayado.


Cometarios y aclaraciones:

Buee, yo sé, que esto requiere muchas explicaciones, pero no podía escribir todo aquí XD el lado amable de eso esq seguiremos con fic para rato… mm si un ratito más.

¡Gracias por leer!