Compango Ramen

De cómo Naruto se enamora de Sakura

Frunció el ceño extrañado e hizo sonar el bol contra la barra. Sin embargo, nadie parecía hacerle caso.

Las conversaciones como murmullo habían dejado de ser exclusivas de filas de espera de carnicerías, mercados y cajas de supermercados para convertirse en algo tan de moda que en todos lados se usaba. La otra diferencia con el chismorreo que conocía, era que no se trataba de él, el tema de conversación.

—Hoy fui a la biblioteca. — sentencio alegremente como quien declara haber resuelto el problema de la paz mundial.

Teuchi lo miro por el rabillo del ojo aun dándole la espalda mientras revisaba un caldo de verduras y emitió un pequeño ruido sin expresar nada, sin embargo, Naruto lo entendió como que siguiera.

—Nunca antes había ido, pero Iruka-sensei me castigó y me dejó hacer una investigación, entonces fui, y me perdí un poco ¡Ese lugar es norme! ¡Dattebayo!

El cocinero giró y le sonrió absteniéndose de revolverle el cabello pues se encontraba trabajando y nunca debía tener contacto con otra cosa que no fuera la cocina y la comida. Y aunque en realidad no le molestaba la plática insulsa de Naruto, estaba preocupado por muchas otras cosas, entre ellas el chismorreo de la gente.

Aquella mujer que había colapsado en medio de la calle fue la primera de varios que con morbosa curiosidad se habían acercado a los altos muros que rodeaban la propiedad del clan, pero luego de un espantoso día lleno de pánico presintiendo una incursión enemigas, finalmente se pudo poner orden en la villa. Serían las tres o cuatro de la mañana cuando las fuerzas shinobi consiguieron un poco de serenidad en las calles por las que corrían varias familias dispuestas a abandonar la villa.

Misma Ayame había tenido una crisis de pánico, Naruto, con dificultades porque la joven le doblaba estatura, había conseguido cargarla y llevarla hasta la barra tras haberse desmayado. El niño estaba asustado, no entendía nada y al parecer nadie más, para cuando su hija pareció reaccionar debió sujetarla con fuerza, no gritaba nada coherente, y lloraba como si conociera a todos dentro de aquél barrio.

— ¡Creo que no vio cuando me fui! ¡Pero me ayudo a encontrar el libro de historia que necesitaba! ¡¿Por qué hay tantos libros de lo mismo? ¡Dattebayo! Pero nunca había visto a una niña tan bonita.

Por unos instantes el hombre regresó la vista a su joven cliente ¿Le estaba hablando de una niña?

—Ya veo. — dijo escuetamente para no mostrarse grosero.

—…Bueno, Ayame-neechan también es bonita pero no como ella, son bonitas diferentes y…

Si Ayame estaba mal antes de esa noche, la situación había empeorado y su desesperación de padre alimentada por la impotencia para ayudarla consumía su atención y pensamientos a tiempo completo.

Había recortado los horarios del Ichiraku entre semana, ya no abría los domingos y había cancelado el servicio para banquetes a domicilio. Con todo no podía pensar que no hacía algo productivo por ella.

Cobro algunas órdenes, se encaminó a la salida, cambio el letrero para no recibir más clientes y regresó al interior a terminar de atender a los últimos.

—… ¡Y ella terminó un libro cuando yo solo iba tres páginas! Así que debe ser muy lista…

Naruto empezó a hablar más rápido, sabía que era hora de despedirse, pero no quería hacerlo sin contar la cosa más "impresionantemente genial" que le había pasado en la aburrida semana de teoría histórica preguntando retóricamente una que otra vez si había parte práctica en la clase impartida por el ninja más viejo que había visto, incluso más que el Hokage y eso ya era mucho.

—…ypenséquepodíaserotrodía…

Teuchi ya no entendió lo último, sonriendo con sinceridad lo envió a casa, que se bañara y terminara los deberes. El niño asintió, tomó lo que le quedaba de sopa y emprendió la carrera rumbo a su departamento.

.

El movimiento en las calles era demasiado aún, incluso el sol daba su último recorrido antes de empezar a sumirse tras las montañas y las copas de los árboles que rodeaban la villa. Pasó a varios locales comprando algunas cosas, diferentes variedades y más opciones. El pastelero ofreció una tarta especial de fresas y limón, en la tienda de confites le aseguraron que sabor de los Daifuku de fresa y judías dulces le encantaría, pasó por algo de fruta, verduras…

La llave entró tediosamente en el cerrojo, anunció su llegada y lentamente se encaminó a la cocina para dejar sus comprar y preparar la cena.

Notó enseguida el silencio del piso, pero estaba completamente seguro de que Ayame estaba en su habitación, y decidió "molestarla" para cuando ya tuviera listo algún menú para presentarle.

Su hija siempre había tenido predilección por los platillos que incluían abundante agua, no estaba seguro si era a fuerza de costumbre por el negocio familiar o un gusto innato, pero pensaba tratar de hacerla comer con el gusto de otros tiempos. Sacó de la nevera un caldo de alubias blancas y sacó de una bolsa de papel, de las que acababa de comprar, un trozo de embutido.

En lo personal a él no le gustaban, eran demasiado pesados, pero la naturaleza de Ayame era contrariarlo, y su fascinación por las cosas extrañas que llegaban en carros de comerciantes internacionales, era el único motivo por el que en alguna ocasión para un niño que no quería comer, cortaba una salchicha en forma de pulpo.

Arrugó la nariz. Odiaba las salchichas.

Un escalofrío le recorrió la espalda, una corriente de aire frio entró a la cocina y dejando los trozos de Compango caminó apresuradamente a los dormitorios.

La puerta estaba cerrada con seguro, pero él tenía llave y sacándola del delantal que no se había quitado, la abrió encontrando a Ayame en el alfeizar con los pies colgando hacia la calle. No pudo ocultar su pánico, y ella lo notó.

—No voy a lanzarme. — dijo suavemente mirando de soslayo con esos ojos castaños y vidriosos bordeados por ojeras.

—Ayame…

—Naruto-kun vino en la mañana. — comentó cerrando los ojos y dejando que el aire frio le diera en la cara.

—Ya veo, por eso llegó tarde…

El hombre se acercó hasta la cama, que era lo más parecido a un asiento que había cerca de la ventana.

—Traje Daifuku de fresa y judías dulces.

Y venía de nuevo el tema. Teuchi miró hacia el piso, ya lo había intentado todo ¿Acaso si fuera posible, se lo contaría su madre?

Una mujer entiende a otra, el vínculo misterioso y maravilloso de una madre y una hija tal vez podría hacer algo por Ayame y su exigua felicidad.

Hacía muchos días que él esperaba que simplemente llegara gritando: "¡Mañana vamos a almorzar al parque!", realmente se había imaginado aquello más de una vez, casi viéndola saltando dentro del local, alzarse sobre el mostrados y luego de que él le dijera que no porque desde que su abuelo inauguró solo las guerras podían hacer que cerrara.

Aunque en su caso era mentira, ya lo había hecho un par de veces por motivos menores.

Y verla inflar las mejillas, patear el suelo y cruzarse de brazos le haría reís y terminar accediendo.

Pero no paso eso, por mucho que lo esperara, desde ese día Ayame miraba fijamente cada objeto del piso, de la barra, como si todo fuera nuevo para ella, lo miraba a él y a Naruto, las únicas personas que la visitaban, con aire ausente y melancólico.

Sus ojos de niña se habían apagado y ni siquiera sabía por qué.

—Gracias, no tengo hambre…

Su pequeña sonrió cuando le dijo aquello, pero él supo que esa sonrisa era falsa y vana.

¡Lucia tan distinta!

Su cabello largo desde la broma de Iruka años atrás, pasaba de castaño brillante a rojizo opaco, tenia ojeras grandes y oscuras que contrastaban con su piel amarillenta, los labios partidos, más delgada, mucho más de lo que con la ropa holgada pretendía disimular.

—Comí algo de fruta hace rato. — agregó ella, nuevamente sonriendo con esa sonrisa que hacía que su corazón se quebrara más, esa sonrisa fingida y rota, con una mentira grande pues no había nada en la cocina porque él lo había comprado todo hacia unos minutos.

No podía soportarlo, se levantó de la cama en un abrupto movimiento y la abrazó por la espalda aferrándola a él como no lo había hecho nunca, temiendo perderla aunque ella le había asegurado que no saltaría.

—Por favor, Ayame...—suplicó con los ojos llenos de lágrimas. Ella no mostró sorpresa, solo miro al vacío bajo sus pies con ausencia, tampoco lloro. Tan solo se permaneció quieta sintiendo la calidez de su padre, la desesperación que le había infligido.

—Dime qué debo hacer para que vuelvas.

Se contagió del sentimiento, pero a la vez le daba miedo decirlo, le invadía la vergüenza por contar un secreto que solo ella y sus muñecas, desde hacía un año en la basura, conocían y guardaban con recelo.

—Naruto-kun dice que le gusta una niña. — comentó.

Teuchi no respondió a eso.

—Yo le hice prometer que… que daría todo por ella, que… que la esperaría todo el tiempo que fuera necesario hasta que ella pudiera entregarse completamente…

Por primera vez en mucho tiempo pudo sentir sus ojos humedecerse, hacía tanto que había dejado de llorar que la sensación era extraña, pero de manera natural las lágrimas regresaron a ella, el secreto en su pecho hizo palpitar su corazón con fuerza y el estómago de agitaba violentamente.

—Papá…

El secreto hacía sufrir a los dos, y eso no era justo.

—Shisui…


Cometarios y aclaraciones:

Bueno, planeaba robarme el slogan de una película para incluirlo pero no se prestó la narración, igual se los dejo:

"Uno deja de comer porque está muy lleno, o muy vacío"

Malos Hábitos-Simon Bross

Mm, si es recomendable.

¡Gracias por leer!